Por Alejandro Núñez Alberca

Crédito de la foto el autor

 

 

“El fútbol me ha enseñado tanto o más que la literatura”.

Entevista a Diego Alonso Sánchez

 

Con tres poemarios en su haber y numerosos artículos publicados, Diego Alonso Sánchez se perfila como uno de los mayores entusiastas de la poesía japonesa en nuestro país. Una pasión muy diferente, sin embargo, lo llena los fines de semana. Es el amor por su club, Alianza Lima, el cual reconoce como fuente de inspiración para muchas cosas, aunque la literatura, por el momento, no sea una de ellas.

 

Para los aficionados a la literatura japonesa, no es extraño ver a Diego Alonso declamando haikus en alguno de los muchos recitales a los que lo suelen invitar. La misma pasión que expresa en su obra poética está presente cuando dicta su clase de literatura, en el mismo espacio donde estudió: el Colegio Los Reyes Rojos de Barranco, así como en los tiempos libres que pasa con su hijo, Mitsuya Nicolás. Aquel fervor se mantiene cuando Diego se pone la blanquiazul y parte hacia Matute, uniéndose a la hinchada con la cual, desde hace más de veinte años, se siente representado. “Si algo me ha enseñado la vida, es saber amar”, afirma. “Es curioso porque de pequeño yo aborrecía el fútbol”, me cuenta mientras nos acomodamos en una sala de reuniones dentro del colegio barranquino. Del otro lado de la puerta, se oye al equipo de fútbol de menores, entrenando después de clases. Lienzos de los chicos del taller de arte decoran las paredes. Uno de ellos, no muy lejos del poeta, retrata a un pelotero a punto de fusilar.

 

El poeta Diego Alonso Sánchez.
Crédito de la foto Vanessa Martínez

 

Entrevista

 

Alejandro Núñez Alberca [ANA]: Mucha gente no concibe que la literatura y el deporte sean compatibles.

Diego Alonso Sánchez [DAS]: Por lo general, cuando alguien sube al podio de los escritores, la gente le da un estatus de semidios, que no puede mezclarse con asuntos mundanos. Es un prejuicio que está bastante expandido.

 

 

[ANA]: Sin duda es algo que ya tiene tiempo.

[DAS]: Cuando estudiaba Literatura en San Marcos, eso mismo te decían los grupos de discusión marxistas. Que el fútbol te embrutecía tanto o más que la religión. Era un acto no reflexivo, guiado por el impulso y no por la razón ni la conciencia. Pero la verdad es que el vínculo entre la literatura y el fútbol ha existido siempre. Alonso Cueto y Antonio Cisneros son conocidos hinchas del fútbol, Balo Sánchez León, Arturo Corcuera y Gálvez Ronceros también. Muchos de ellos nunca negaron su amor por su equipo, o por el deporte en general. Es algo que quizá sus lectores no recuerdan. Uno puede sacar poesía de cualquier ámbito, solo hay que saber ver, saber sentir.

 

 

[ANA]: ¿Te ha sido difícil encontrar hinchas en círculos literarios?

[DAS]: Tengo amigos con los que juego el fin de semana, algunos de ellos son escritores, otros poetas o editores. Son peloteros, lo cual no quiere decir que sean hinchas. Ubicarlos a ellos es más complicado. En ocasiones pasa que me tengo que ir temprano de un recital. Cuando preguntan porqué, les digo la verdad: que tengo que ir Matute. Me dicen: “¡Pero no te entiendo! ¿Cómo te puede gustar eso?”. Al revés me pasa lo mismo. Cuando me junto con mis amigos para ir al estadio a veces me dicen: “¿Oye, tu eres poeta, no?” [risas]. Muchos de los que asisten a recitales son sensibles a la inspiración, a la pasión. Ven lo que yo veo en el fútbol, solo que en otros lados.

 

 

[ANA]: ¿Y tu amor por Alianza nunca ha dado el salto a la literatura?

[DAS]: Hasta el momento no. Es algo que aún no sé como trasladar. No descarto que en algún momento pueda ocurrir, sobretodo ahora que siento que he culminado un ciclo de influencia japonesa en mi obra. No estoy seguro de que todo lo que uno ame puede llevarse al papel. Otros autores peruanos lo han intentado con el fútbol, y los resultados no han sido tan buenos. Tal vez ese prejuicio sea el que me aleja, o quizá sea un tema que falta madurar en mí. Pero no es algo que me angustie. Cuando tenga que salir, saldrá.

 

 

[ANA]: Tu padre, además de poeta, también es hincha de Alianza.

[DAS]: Así es, pero nunca me obligó a nada. Fui yo quien le pidió ir al estadio. Había empezado a agarrar el gusto recién en secundaria, jugando de arquero en el Estadio Gálvez Chipoco, donde el colegio nos mandaba a hacer educación física. Empezó como algo obligado, un ejercicio de colegio, pero nunca se detuvo. En ese momento yo aún no entendía la lógica de las barras. El partido era el partido. No importaba quién jugara contra quién.

 

 

[ANA]: ¿Entonces por qué ese equipo?

[DAS]: Ese sábado que fui con mi viejo no sabía a qué estaba yendo. Recuerdo entrar a Matute y ver un mar de gente, vestidos con los mismos colores, cantando los mismos himnos. Era la pasión que yo sentía al jugar, solo que en miles de voces. Fue algo totalmente estético, que no tenía nada que ver con el partido. Nunca había visto algo así. Ese partido terminó de convencerme de que mi amor era real. Es una hinchada realmente única. Luego de eso, iba al estadio casi todos los fines de semana que jugara Alianza. Siempre con mi padre.

 

 

[ANA]: Con tu hijo no pasó eso.

[DAS]: Mi hijo odia el fútbol. Sus acercamientos con el juego y con los hinchas no han sido los mejores. No es algo que me haya disgustado, la verdad. Yo lo dejo ser, eso fue lo que hizo mi padre conmigo. Lo último que se me ocurriría sería forzar esa pasión en él.

 

 

[ANA]: ¿Con los años has seguido yendo al estadio?

[DAS]: Trato de mantenerme constante. Hay épocas en que he dejado de ir o he ido poco. Ya sea porque la pasión se enfrió, por falta de tiempo o porque no tenía con quién ir. Tengo muchos amigos hinchas de Alianza, pero no todos van a Matute. Hace unos años un amigo me jaló a la barra de Los de Oriente. En el último par de años sí he retomado la constancia.

 

 

[ANA]: ¿Cuál ha sido el mayor sacrificio que has hecho por el equipo?

[DAS]: Por Alianza he ido a Chincha, a Pisco, siempre con amigos. Pero el mayor sacrificio que he hecho por Alianza es haber ido una y otra vez a ver un fútbol horrible [risas], terrible cualidad del fútbol peruano, y seguir alentando a un equipo que está lejos de su potencial. Y aún así estar presente, por más que no haya nada que pelear, por más que lo hayamos perdido todo y estemos de últimos. Cuando mi equipo juega, tengo que ir.

 

 

[ANA]:  Tú has dicho ser más hincha de Alianza Lima que de la selección peruana.

[DAS]: Con la Selección tengo muchos sentimientos encontrados. Yo pertenezco a la generación del Cóndor Mendoza, de la masacre en el Estadio de Santiago. Tuve que soportar las portadas de futbolistas en los diarios, saliendo de bares u hoteles, borrachos o con vedettes. Era ya costumbre leer la historia del futbolista con muchísimo potencial, pero que, por dárselas de bacán, por el trago o la juerga, nunca se realizó. Siempre me dio la impresión de que no entregaban tanto ahí, en la selección, como cuando jugaban por sus equipos. No tuve una camiseta de Perú hasta los treinta y dos años. Cuando no íbamos al Mundial, prefería alentar al equipo japonés [risas].

 

El poeta y profesor Diego Alonso Sánchez

 

[ANA]: ¿Eso por tu amor a la cultura japonesa?

[DAS]: En mi literatura, mi hijo y la cultura nipona son las más grandes inspiraciones. Sin ambos mi obra hubiese sido imposible, o se hubiera desarrollado de otro modo totalmente distinto. Amo profundamente a mi familia, a mi hijo, a mis amigos, la literatura japonesa, la poesía en general, pero también amo ir al estadio y romperme la garganta alentando a mi equipo. De esa pasión que siento por la literatura, terminar por apasionarme por el deporte no era una posibilidad tan remota. El fútbol me ha provocado emociones tan intensas y variadas como la literatura. Puede que hasta más.

 

 

[ANA]: Hace poco, fieles de la iglesia El Aposento Alto tomaron la explanada del Matute, antes de ser desalojados por los hinchas de Alianza.

[DAS]: Desde hace tiempo conocía su intención de obtener ese espacio. No pensé que llegaría nunca a nada, siendo franco. Cuando vi la televisión fue un espectáculo surrealista. Era la Edad Media en La Victoria [risas]. Los fieles que pretendían tomar un castillo porque Dios así lo había decidido. Mi viejo luego me mandó un mensaje al celular. Me dijo: “Se jodió la cosa, se metió el Comando”. Quizá algunos me lo puedan discutir, pero me pareció una cuestión sumamente válida. Son personas que luchan por un club, no solo por un estadio. Un estadio que, dicho sea de paso, no les pertenece. Lo recuperaron porque es una representación de su vida. Luego se pusieron a barrer y pintar los murales abandonados por el Municipio. Dándose la mano entre sí, trabajando a cambio de nada. Fue algo bastante poético, algo muy digno.

 

 

[ANA]: ¿Es una cuestión moral, entonces?

[DAS]: En esencia creo que lo es. Como sociedad nos cuesta hacer eso. Nos acostumbramos a ser pisoteados, a que nos quiten nuestros derechos, siempre a merced de los poderosos. Los hinchas ese día se daban la mano entre sí, sin que nadie se los pida. Si en el Perú tuviéramos más gente realmente molesta, no nos pasarían tantas desgracias. No las toleraríamos. Si tú no peleas por las cosas que amas, nadie lo va a hacer por ti.

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