Por Pedro Casusol

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Reuters

 

 

Ferlinghetti: Un beat cumple 100 años

 

 

Lejos de los reflectores y con la tranquilidad que lo caracteriza, el propietario de la mítica librería City Lights de San Francisco y editor de Howl & Other Poems consiguió lo que ningún otro beat pudo, llegar al siglo de vida.

 

 

Setenta años atrás, Lawrence Ferlinghetti no era Ferlinghetti. Era un exoficial americano que había desembarcado en Normandía y se doctoraba en la Sorbona de una París devastada por la Segunda Guerra Mundial. Se apellidaba Ferling, hijo de inmigrantes europeos, y aprovechaba el romance que vivía Francia con sus libertadores americanos.

París era una ciudad barata. Había sobrevivido a la ocupación nazi y la bohemia se mantenía como en la Belle Époque. El exoficial podía encontrar a sus compatriotas merodeando en los cafés del barrio latino. Por ahí andaba Kenneth Rexroth, uno de los padres de la contracultura americana, y George Whitman, quien con muy poco dinero fundó Shakespeare & Co. en la rivera del Sena.

 

Lawrence Ferlinghetti y la 1era edición de»Howl & Other Poems» en días de la polémica.

 

Para convertirse en quien debía ser, Ferlinghetti tuvo que cambiar París por la costa oeste de los Estados Unidos de América. Kenneth Rexroth le había hablado de San Francisco, “una ciudad fascinante donde están ocurriendo cosas”. Cuando llegó por primera vez, en 1951, ya tenía en mente abrir una modesta librería inspirada en Shakespeare & Co., especializada en libros de bolsillo y revistas. City Lights comenzó a funcionar en 1953, de lunes a domingo hasta la medianoche, en la cuesta de Columbus Avenue.

En el epicentro de lo que sería una de las más grandes revoluciones contraculturales de América, Ferlinghetti se colocaba al pie del cañón y se sentía cómodo. Dos años más tarde incursionaba en el negocio editorial con Pictures of the Gone World, su primer libro de poemas, que inauguraba la colección Pocket Poets de City Lights Books.

No sería hasta octubre de 1955 que Ferlinghetti escucharía por primera vez el poema que lo haría famoso. Lo recitaba un joven de lentes en una galería de arte experimental, en un evento repleto de vino californiano que sería recordado como el inicio del Renacimiento de San Francisco. Aquel joven no era más que un poeta de veintinueve años, homosexual y con problemas psiquiátricos, que respondía al nombre de Allen Ginsberg.

Todo cambió esa noche, cuando Ferlinghetti llegó a su casa, se sentó en su escritorio y le escribió un telegrama a Ginsberg, parafraseando una famosa carta de Ralph Waldo Emerson a Walt Whitman:

“Te saludo al inicio de una gran carrera. ¿Cuándo el manuscrito?”.

 

Ferlinghetti posa en la vitrina de libros prohibidos de City Lights.

 

De un porrazo, Allen Ginsberg se convertía en Allen Ginsberg y Ferlinghetti en editor de Howl & Other Poems, el Leaves of Grass del siglo XX, los poemas de la bomba atómica, el grito de quienes se quedaron atrapados en el “american way of life”, el monstruoso rostro de Moloch, “cuyas antenas y chimeneas coronan las ciudades”.

Se imprimieron mil ejemplares y salió a la venta en otoño de 1956. Ferlinghetti, que con los años demostraría ser un editor ducho, tuvo la precaución de consultar con el Sindicato de las Libertades Civiles de los EE. UU., que prometió brindar asesoría legal en caso de que estallara un intento de censura. Cosa que ocurrió.

En marzo de 1957 el administrador de aduanas Chester MacPhee confiscó 520 ejemplares de la segunda impresión de Howl & Other Poems que ingresaban a San Francisco por considerarlo “literatura obscena”. De inmediato, Ferlinghetti mandó a imprimir una nueva tirada dentro de los EE. UU., gesto que no gustó nada a la policía. Arrestaron al dependiente de City Lights y a Ferlinghetti, acusados de vender y publicar literatura que corrompía a menores. “Aquí la policía no permite ningún Renacimiento”, publicó el diario Chronicle.

La censura de “Howl” fue la mejor campaña publicitaria que un libro puede tener. Su editor, encarcelado en los pisos superiores del Palacio de Justicia, sabía que la diosa fortuna estaba llamando a su puerta. El juicio duró todo el verano, con audiencias que se realizaban una vez a la semana, y con el autor lejos de los tribunales —por aquellos meses, Ginsberg se encontraba en un viaje por Europa— Ferlinghetti fue el que dio la cara.

La defensa consistía en acumular cartas y testimonios a favor del poema, por lo que muchos autores desfilaron como testigos. Finalmente, el 3 de octubre de 1957, el juez Clayton W. Horn declaró “no obsceno” el poema, pese a los argumentos del fiscal del distrito, Ralph McIntosh, quien años atrás había intentado censurar también la película The Outlaw y el escote de Jane Russell.

En poco tiempo, diez mil ejemplares del libro estaban en imprenta. La pequeña City Lights se volvió célebre y en los EE. UU. comenzaron a conocer el fenómeno de la generación Beat, tíos abuelos de los hippies y de la revolución psicodélica de los años sesenta, primos hermanos de Ken Kesey y los Merry Pranksters, que distribuyeron el ácido lisérgico en un autobús por todo Norteamérica, y potenciales investigados del FBI. En otras palabras, la censura del poema “Howl” fue un primer intento de la maquinaria de abortar el inicio del algo que parecía el despertar de las mentes.

 

 

Hacia 1959 Ferlinghetti supo que el libro estaba traspasando fronteras y la barrera del idioma. El poeta Fernando Alegría, chileno, había hecho su propia traducción de “Howl” y lo había pirateado libremente en español, traduciendo “caderones” por “hipsters” —que en el inglés de aquella época quería decir “estar en onda”, sin hacer referencia a ninguna parte del cuerpo. La plaga había llegado a Sudamérica. Gonzalo Rojas, entonces profesor de la Universidad de Concepción, envió una carta a City Lights dirigida a Ferlinghetti, invitando a cuatro escritores de la generación Beat.

“Nuestro primer viaje al extranjero como poetas”, exclamó Ferlinghetti.

Invitaron a cuatro, pero a Santiago solo llegaron él, su esposa Kirby y Allen Ginsberg, para participar en el Primer Encuentro de Escritores Americanos, congreso que reunió en la ciudad de Concepción a Ernesto Sábato, Nicanor Parra, Sebastián Salazar Bondy, entre otras importantes plumas de la época, siendo Ginsberg, con su barba a lo Fidel Castro, su militancia homosexual y su vanguardia político-poética, la “vedette” para la prensa y el público en general. Dicen que, preguntado por qué había venido a Chile, el poeta respondió: “Vengo a coger”, y que en una de sus ponencias recomendó “montañas de marihuana” a los poetas chilenos.

El Partido Comunista de Chile organizó una visita a la mina de Lota y una tarde, después de las ponencias, los escritores llegaron a la hora de cambio de turno. Los mineros que habían entrado a las cuatro de la mañana salían con las ropas y el cuerpo ennegrecidos. Gonzalo Rojas, un poco en broma, preguntó: ¿Quiénes son los valientes que se animan a bajar al pique? Era un tajo profundo, había que meterse por las galerías. Solo los poetas beat se atrevieron. Ferlinghetti quedó sorprendido. Es como era la minería en Pennsilvannia en el siglo XIX, sentenció.

De regreso a la universidad, lo esperaba un cuestionario que le había dejado un periodista chileno. ¿Cuál le parece a usted que es la literatura más importante de Sudamérica? Ferlinghetti respondió: “Los rostros de los mineros de Lota”. ¿Qué clase de futuro vislumbra para Sudamérica? Ferlinghetti respondió: “Los rostros de los mineros de Lota”. ¿Quiénes considera que son los más grandes poetas chilenos? Ferlinghetti respondió: “Los rostros de los mineros de Lota”.

El plan de Ginsberg era quedarse en Sudamérica unos meses, vivir del adelanto que Ferlinghetti le daría por los derechos de su nuevo libro, y llegar a la selva peruana para probar ayahuasca, tal como lo había hecho su amigo beat, William Burroughs. A fines de enero, mientras Ferlinghetti y su esposa se alistaban para iniciar el recorrido de regreso, con una parada en Lima para conocer, Ginsberg iniciaba un largo viaje en solitario por Sudamérica que se prolongaría hasta julio.

En Lima, el matrimonio fue recibido por Salazar Bondy, a quien había conocido en Concepción. El autor de Lima la horrible escribió en su columna de El Comercio: “Pocos contactos literarios han sido más provechosos para el cronista que el conocimiento personal, en el reciente Primer Encuentro de Escritores Americanos de Concepción (Chile), de dos jóvenes poetas norteamericanos: Lawrence Ferlinghetti y Allen Ginsberg”.

 

En 1961 publicó Starting from San Francisco con Machu Picchu en su portada.

 

Fue el mismo Salazar Bondy, hombre orquesta de la vida cultural limeña, quien organizó el recital de Ferlinghetti en el Instituto de Arte Contemporáneo, que quedaba en jirón Ocoña, justo al costado del Hotel Bolívar. El 5 de febrero de 1960, el autor de A Coney Island for the Mind (1958) leyó sus poemas acompañado por José Miguel Oviedo, quien hizo de intérprete. En aquella presentación, que sería opacada por la que hiciera Allen Ginsberg solo meses después, Ferlinghetti recitó “Puerta escondida”, un poema que escribió entre Chile y Perú pensando en los mineros de Lota.

El 7 de febrero de 1960, Ferlinghetti le escribe a Ginsberg: “Tuve una buena lectura aquí, pagaron 300 soles gracias a Salazar Bondy. Quiere hacer lo mismo contigo”. De regreso a San Francisco, el editor recibió las últimas correcciones del nuevo libro de Ginsberg y este, a su vez, le pedía dinero. Se estableció entonces un complicado vaivén de cartas que tenía a Sebastián Salazar Bondy como tercer punto de un triángulo. Ginsberg estaba atrapado en Santiago, pero la carta con el dinero había sido enviada a Lima.

Pese a todo, Ferlinghetti nunca se consideró a sí mismo un beat. Tampoco tuvo intensión de publicar, automáticamente, todo lo que escribieran estos autores. William Burroughs le envió los primeros textos de lo que más tarde sería Naked Lunch, pero el editor de City Lights se negó a publicarlo. “El viaje de Burroughs llevaba a la muerte”, diría más tarde. Tampoco publicó Mexico City Blues, el libro de poemas de Jack Kerouac. Ferlinghetti prefería la independencia al momento de decidir qué debía publicar.

Allen Ginsberg falleció el 5 de abril de 1997 de un cáncer al hígado por complicaciones de Hepatitis C, presumiblemente contraída en su viaje a Sudamérica. En agradecimiento por haber publicado Howl & Other Poems, y en un gesto de amistad, Ginsberg cedió para siempre los derechos de su primer libro a City Lights. Y así se sigue imprimiendo hasta hoy. Ferlinghetti, por su parte, cumplió cien años este 24 de marzo, sigue lúcido y acaba de publicar sus diarios de viaje: Writting Across the Landscape.

 

Anexo

 

Página de «El Dominical» de «El Comercio» con el poema “Puerta escondida”.

 

“Puerta escondida”, poema por Lawrence Ferlinghetti

(En traducción de José Miguel Oviedo, publicada en «El Dominical» del diario El Comercio, el 28 de febrero de 1960)

 

 

Puerta escondida misterio de la existencia

Puerta escondida secreto de vida

Puerta escondida autobiografía de la humanidad

Puerta escondida detrás de la cual el hombre lleva

……….sus pisadas por las calles

Puerta escondida de manos de barro que golpean

Puerta escondida sin manijas

……….cuya vida está hecha de golpes

……….de pies y manos

……….pobres manos pobres pies pobre vida

Puerta escondida diccionario del universo

Puerta escondida con pelo por bisagras

Puerta escondida con labios por cerraduras

Puerta escondida que se abre hacia adentro

……….y que sin embargo gira en ambas direcciones

Puerta escondida paraíso y puerta escondida del infierno

……….con paneles que describen detalles

……….del fin del mundo

Puerta escondida yo veo a través con

……….los ojos ciegos de las termitas

……….que golpean golpean

Puerta escondida del silbato del tren perdido

……….en el libro de la noche

Puerta escondida en las ruedas de la noche yo desatinadamente sigo

……….bebiendo como un rinoceronte

……….a través de las ciudades

Puerta escondida como las alas de palomas mensajeras

……….que han perdido la mitad

……….de su destino

Puerta escondida como las alas de un avión

……….que echa sombra

……….como una piedra negra

……….sobre el blanco reloj de sol de la tierra

Puerta escondida veloz coche de la historia

Puerta escondida del suicidio de Cristo

Puerta escondida del domingo sin iglesia

Puerta escondida palimsesto de mí mismo

Puerta escondida que es Madre

Puerta escondida que es Padre

Puerta escondida con travesaños de papel y cerraduras perdidas

……….separando generaciones

Puerta escondida de los prisioneros de sí mismos

……….encerrados por ellos mismos

……….con llaves de madera

Puerta escondida de la que estoy hecho

……….con las ramas de mis miembros

Puerta escondida de mi visionario ser extraviado

Puerta escondida de la futura vida mística

……….cuando los hombres hablen a los ojos

……….en medio de la nebulosa magallánica

Puerta escondida de los rostros animales sueños animales risas animales

……….y puerta escondida del hombre Cromagnon desaparecido

……….entre las máquinas

……….y puerta escondida de su Inconsciencia Colectiva

……….aún no asumida

Puerta escondida Patética falacia

……….de la evidencia de los sentidos

……….como de la naturaleza de la realidad

Puerta escondida del espíritu visto como una cosa carnal

Puerta escondida hombre ciego con un jarro de lata

……….sobre una esquina rocosa sordo y mudo

Puerta escondida en los pizarrones de las clases

……….de toda Europa

Puerta escondida por el patriotismo progresista y los cerdos mercaderes

Puerta escondida oscura selva de América

……….Golpea golpea en South Dakota

Puerta escondida que vuela sobre América

……….y dobla sobre San Francisco

……….y se hunde en el Pacífico

……….y flota eternamente hacia el mediodía

……….hacia Tierra del Fuego

……….con un golpe, un golpe submarino

……….en la puerta perdida de las minas de carbón en Lota

Puerta escondida balsa hacia las playas perdidas de la luz

……….y puerta escondida empujada por las mareas

……….como la tapa de un ataúd náufrago

……….cargando bocas ciegas pechos ciegos

……….a través de los siglos

Puerta escondida pájaro clavado con sus dobles alas en la luna

……….absorbido por el tiempo

……….ardiente por siempre

……….con la voz de la Serpiente Emplumada

……….aleteando perdido en la eternidad

Puerta perdida de ojos y pechos

……….y vulvas abiertas con una llave

……….de cartílago y sangre

Puerta escondida momia helada del Inca

……….Príncipe de Plomo

……….que fue fornicado hasta morir

……….en el sacrificio del dios sol

Puerta escondida de los Andes

……….en una rasgada niebla de ruinas y perdidos horizontes

……….a diez mil pies

……….con la costa allá a lo lejos

……….todavía perdida entre conquistadores

……….caballos perros y leyes incomprensibles

Puerta escondida por fin desciendo

……….en el perdido término del día

Oscurece

Mientras vamos hacia

Machu Picchu

Algunos indios caminan danzando

Tocando sus flautas y golpeando sus sombreros.

 

 

 

 

 

*(Nueva York-EE.UU., 1919). Poeta, editor, pintor, traductor, crítico literario y activista social. Máximo representante del movimiento poético en San Francisco (EE. UU.). Periodista por la Universidad de Carolina del Norte (EE. UU.), magíster en Literatura en lengua inglesa por la Universidad de Columbia (EE. UU.) y doctor por la Universidad de La Sorbona (Francia). Fundador de la librería City Lights y editor de la casa editorial City Lights Booksellers & Publishers. Se desempeñó como periodista de la revista Time. Obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Roma (1993). Ha publicado en poesía Fotografías del mundo ido (1955), Un Coney Island de la mente (1958), A partir de San Francisco (1961), ¿Tyrannus Nix? (1969), Paisajes de la vida y la muerte (1979), The cool eye (1993), A far rockaway of the heart (1997), entre muchos otros; y las novelas Ella (1960) y Niñito (2019).

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