Por León Félix Batista

Crédito de la foto Daniel Mordzinski

 

Extranjero En La Realidad

 

Lorenzo es un extranjero en la realidad. Siempre con una actitud de extrañamiento,

intenta entrever los límites de la escritura, de la locura, de la enfermedad,

con una capacidad perceptiva poco común

Pablo López Carballo

Presentación de El cristal que se desdobla (diario),

Amargord, Madrid, 2016

 

 

José Kozer, entre mil otras generosidades para conmigo, fue quien me puso en contacto directo con Lorenzo García Vega*, iniciando los años 90 del siglo pasado. Visita tras visita a la casa de aquél con Guadalupe en Forest Hills, conversábamos —sin falta e infatigablemente— acerca de la obra del rebelde benjamín de los origenistas. Por aquella época yo remolcaba a todas partes sendos ejemplares de Rostros del reverso y de Los años de Orígenes, de los que iba rumiando desde Sunset Park a Queens, durante la hora y media que consumía la Línea R del metro de Nueva York desde mi casa a la de Kozer: iba en domingo, y el tren local tampoco tenía prisa. Llegaba entonces con esos libros en mano —y a veces también con flores o con pan— al jardincito parvo y levemente barroco del maestro.

 

Carta del poeta Lorenzo García Vega a León Félix Batista 1

 

Carta del poeta Lorenzo García Vega a León Félix Batista 2

 

Me lamentaba continuamente de haber llegado a vivir en la gran urbe habiéndose marchado ya de allí Lorenzo. Hubiera sido genial, pensaba, encontrármelo en mis años de empirismo literario. Deberías conocerlo, entonces —me dijo Kozer un día—, comunícate con él: esta es su dirección, anota. Así que me atreví a escribirle al viejo, habitante único a 90 grados Fahrenheit de su propia Playa Albina, y por aquel entonces bag boy casi en retiro en un supermercado Publix de Miami.

No recuerdo muy bien si desde el inicio epistolar le envié mi primer libro, “El oscuro semejante”. Probablemente sí: tan atrevido me recuerdo. Pero es fácil deducir que Lorenzo poseía un ejemplar, porque en esta carta manuscrita suya recensiona mi publicación siguiente, la plaquette Tour por todo (Las hojas del diluvio, Barcelona, 1995), por la cual más adelante me dedicaría su poema “El bidet lírico”, incluido en la sección “Caminandito hasta estar sentado”, segunda parte de “No mueras sin laberinto” (Bajo la luna, Buenos Aires, 2005).

 

Poema «El bidet lírico», de Lorenzo García Vega

 

Con los trazos caligráficos de la mano de Lorenzo sólo conservo esa misiva, dedicatorias, cartoncitos con su letra y una ficha de archivo que acompañaba el envío de su prólogo a El oficio de perder, que le solicité para sacarlo en la abortada revista Rinoceronte 13 —prólogo que habrá quedado en manos, y ojalá que se preserve—, de los poetas cubanos Jesús Blas Comas o Noel Jardines, con quienes perpetraba aquel proyecto. Seguramente hubo alguna más, pero el nómada es disperso hasta en las cosas que dan soporte a su memoria. Tantas veces me he mudado de paredes y país que no sé a cuál lugar debería llamar “casa”.

Esta carta sin embargo bastaría para entender el modo en que Lorenzo y yo nos comprendimos desde el instante inicial, acaso por haber sido ambos exiliados no sólo de un país, sino además de la retórica reinante. La afinidad difícil, el aire de familia del que habla Wittgenstein se manifiesta ahí, en una hoja blanca, carente de líneas, tamaño oficio y doblada en dos. Con líneas azules fuertemente fijas, delineadas correctamente, en esa especie de caos ordenado y natural a toda su escritura. La carta sirve también para captar la concreta nobleza con que Lorenzo García Vega, sin dejar de ser fantasma, trataba a un jovencito como yo, caníbal de palabras queriendo comerse el mundo.

Y lo mejor de todo es ver cómo, en un simple mensaje enviado a un nuevo amigo, resume su propio ser, su poética ritual, su singular estética. Todo aquello —condensado— que Lorenzo proclamaba querer ser, hacer, y nada más: poeta, fantasma, autista, en busca de un lenguaje que lo hiciera sentirse en casa.

 

 

Breve lexicón Lorenzo García Vega

 

Antirabo De Nube

Era que estaba bajo una nube de segunda clase. ¿Se imaginan?

(“Perro negro. Compota de manzana”, cuento autista en Papeles sin ángel).

 

 

Cuba

Formas, formas superpuestas. Formas superpuestas de sucesos dramáticos, últimos. Formas superpuestas de los cubanos en el exilio. Formas en el collage. Pero formas, también, en el sonido. En el sonido que no hay que oír -siempre diciendo lo mismo-, pero que hay que oír con su tremenda, rota, identidad de nuestra patria.

(Los años de Orígenes)

 

 

Doctor fantasma

Yo entré en el mundo adulto haciéndome el guillado, pues no podía enfrentar directamente la realidad. Y ahora estoy con el fantasma, que es el que entra y sale de la realidad como de escotillón. Entonces, ¿sigo en lo mismo? No, como acabo de decir arriba, algo he logrado con este fantasma que se me ha aparecido en la vejez: con él puedo jugar más, con él puedo divertirme, y esto importa.

(El cristal que se desdobla, Diario)

 

El escritor Lorenzo García Vega

 

Escritura

Reverso: buscaba, busqué siempre, en la poesía, ese punto, esa irradiación, donde una imagen, una impresión, un roce de lo maravilloso, me ofrecían, de inmediato, junto a lo hiriente de su belleza, el reto como de su estructura, de su revés, de sus orígenes. Paisaje: situarlo –eso me obsesionaba– en lo seco de sus últimos elementos, en una como ascesis cubista. País: y esto de la búsqueda de un posible de nuestro paisaje –esto también me obsesionaba– como lo pobre, como lo escaso, como el sumergirnos, desesperadamente, en lo único que nos quedaba.

(Rostros del reverso)

 

 

Fantasma autista

Comencé, o creí comenzar con una visión: la figura sentada como frente a un mar blanco. La figura miraba para un lado. La figura se levantaba, se iba. ¿Era el retrato de un fantasma? Pero, después supuse que no debería responder más a esa figura.

(“Otro intento autista”, en No mueras sin laberinto)

 

 

Texto autista

¿Me pueden entender? ¿No me estoy volviendo ininteligible?

Pregunto esto porque a veces, en una Playa Albina, puede uno, con los años, irse convirtiendo en fabricante de textos autistas.

¡No exagero! Es así, a mí me ha pasado. Antes, como ya dije, yo tenía cierto movimiento, cierta inteligibilidad. Antes, tenía hasta cierto propósito (descarrilado o no, ya eso es otro asunto) de crecer en un círculo, o de ir hacia el Sur cuando iba hacia el Norte. Pero ahora, desde hace tiempo, o desde que vine a envejecer y morir a una Playa Albina, me temo que sólo puedo estar fabricando textos autistas.

(El oficio de perder, prólogo)

 

 

Zen

Sol de invierno reproduciendo. Reproduciendo cuadrados sobre la sombría extensión de una escalera. El interior era un estar dentro de un centro plástico. Pero el ejercicio zen no le permitía quedarse ahí: sólo se trataba de mirar la balanza, de saber si lo oscuro… o si lo blanco… Esto era una ascesis, esto era dejar de relatarse una experiencia plástica, para tratar de comprender la advertencia zen de que tras cualquier experiencia se encuentra un juicio. Pero esto, también, era quedar girando en un vacío, sin poder relatar esa mancha -mancha fría, reproduciendo-, ese toque en la sombría extensión de una escalera.

(Los años de Orígenes)

 

 

Transcripción de la carta de Lorenzo García Vega a León Félix Batista:

 

Playa Albina, diciembre y 95

 

Amigo León Félix:

es muy grata la espontaneidad que me ha llegado con tus textos. La espontaneidad de poder decirte, sencillamente y sin darle vueltas: eres un buen poeta, amigo León Félix.

¡Qué bueno!

Pocas veces se encuentra uno con poesía que realmente lo asombra. Pocas veces se siente uno en familia con el libro de poemas que recibe.

Pero contigo es distinto y, ¡qué bueno es poder sentirse unido en la expresión con alguien! Tienes el lenguaje que necesito, el lenguaje que me hace sentir en casa.

Así que te agradecí enormemente tu Oscuro semejante, y ahora te agradezco tu espléndido Tour por todo.

Me gustaría hablar contigo.

Estoy terminando un homenaje a Duchamp titulado Palíndromo en otra cerradura. Ahí me refiero a Domingo Moreno Jimenes con su Postumismo Inter-Planetario. Escribiendo esto, y como estoy solo rodeado por todas partes por una poesía que no me interesa, he estado experimentando la deprimente duda de que a lo mejor todo lo que intento es como autismo. Pero no, pero ahora con la compañía de tu poesía, me toco la piel y sé que hablo, que yo puedo.

Así que, de nuevo gracias por tu todo es decible. Me acompaña.

Un abrazo

Lorenzo García Vega

 

PD: ¿Has tenido alguna relación con la revista De Azur, con Leandro Morales?

 

 

 

 

 

*(Matanzas-Cuba, 1926 – Miami-EE.UU., 2012). Poeta, narrador y ensayista. Abogado por la Universidad de La Haba (Cuba) y doctor en Filosofía y letras Representante de grupo Orígenes. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Cuba (1952). Publicó Suite para la espera (1948), Espirales del Cuje (1952), Ritmos acribillados (1972), Los años de Orígenes (1979), Poemas para penúltima vez (1948-1989) (1991), Collages de un notario (1992), Variaciones a como veredicto para sol de otras dudas (1993), Vilis (1998), Palíndromo en otra cerradura (1999), No mueras sin laberinto (2005), Cuerdas para Aleister (2005), Devastación del Hotel San Luis (2007), entre otros.

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