La presente entrevista ha sido realizada con motivo de la publicación del poemario El ejército ha huido (2019), de Óscar Pirot.

 

 

Por Blanca Morel*

Crédito de la foto (izq.) Ed. Tigres de Papel /

(der.) Alberto Sibaja

 

 

“Escribir es captar los infrasonidos

que emiten las palabras”.

Entrevista a Óscar Pirot

 

El ejército ha huido es el título del último poemario del poeta mexicano afincado en Madrid Óscar Pirot.  La elección del campo semántico, como ya delata el título, toma su referente en lo bélico.  El poemario está estructurado en cuatro partes: “Desembarco”, “Alquimia del vuelo” “Emboscada” y “Retirada”. En el desarrollo de este trabajo de profundización en las posibilidades del lenguaje con respecto a un tema, Pirot nos devuelve transmutada la idea de guerra en una red de coherencia semántica, así los títulos de algunos poemas son: “submarino”, “ataque”, “ocupación”, “espada” “cuartel” o “catapulta”.  La guerra, la lucha, el combate se hallan en distintas facetas de la naturaleza humana, con este polimorfismo significativo y recorriendo un camino que va de lo universal a lo individual (como posibilidad inmanente de la propia universalidad), los poemas se despliegan desde el interior e impulsados por la tensión que consigue Pirot en el manejo de conceptos, se convierten en artefactos lanzados a la conciencia lectora contra la que impactan.  El lector/a se rinde ante la palabra hipnótica y sobria.  Muchos hallazgos nos regala en este poemario Óscar Pirot y quedamos hermosamente heridos ante la contundencia sutil de ciertos versos: “Herir es dar la carne como ausencia”.

Óscar Pirot, experto artificiero —que no artificioso— de la palabra poética, algo que nos consta por anteriores trabajos como Memoria del agua, Luz anfibia o Bestimenta, responde a las preguntas que le enviamos a su correo para comentarnos diferentes aspectos del nuevo poemario, de su manera de concebir la escritura y de su proceso creativo.

 

El poeta Óscar Pirot

 

Entrevista

 

Blanca Morel [BM]: Se me ocurre ahora al leer estos poemas de El ejército ha huido que el/la poeta es quien deshace el nudo que sujeta el poema y lo libera. ¿Será que el poema es algo previo a sí mismo y necesita ser abierto, desatado por manos firmes que se hundan en lo oscuro, lo velado?

Óscar Pirot [ÓP]: Pienso que los procedimientos que operan en la escritura de un poema están íntimamente relacionados con las nociones de azar, orden y caos presentes en la entropía; por ejemplo, me pregunto hasta qué punto la disposición de cada palabra es el resultado de un ordenamiento verbal y no el producto de una tendencia hacia el desorden del mismo. Maurice Blanchot decía que el caos es la indiferencia sin límites, y es precisamente esa ausencia de forma —esa zona oscura de indefensión— lo que impulsa a la voz a forjar su misterio. El poema emerge desde su propia música deletreada, en ese sentido es algo previo a sí mismo; pero a su vez, esa urgencia reclama sus límites, y es ahí donde las manos desatan el nudo, ya que, paradójicamente, ponerle límites al lenguaje es darle libertad.

 

 

[BM]: En la lectura de este libro se siente un movimiento de drenaje, de vaciamiento. La propia palabra “huida” así lo refiere. ¿De qué te has servido en cuanto al estilo y la forma expresiva de estos poemas para conseguir este efecto y de qué te ha servido a ti íntimamente la consecución de este poemario?

[ÓP]: Tanto la estructura como el polimorfismo del libro están inspirados en algunos de los presupuestos teóricos presentes en El arte de la guerra de Sun Tzu, entre ellos, el del ataque sorpresa, la estrategia combativa, las señales de la naturaleza o la táctica del engaño. De esta forma, el drenaje comienza por desviar la atención del lector mediante una disonancia entre el título del poema y su contenido, creando así un efecto continuo de mutación en la voz poética. En lo que respecta a los beneficios íntimos, esta guerra me ha servido para habitar esas otras vidas de las que estamos hechos y que solo a través de la palabra somos capaces de insinuar.

 

 

[BM]: ¿Cómo comienza a gestarse “El ejército ha huido” y de qué manera evoluciona?

[ÓP]: La figura del arquero siempre me ha seducido en tanto en cuanto representa una inteligente y sensual metáfora de la prolongación de los sentidos. Esa imantación terminó por encandilarme cuando leí un poema anónimo hindú del siglo X que dice: «Admira el arte del arquero:/ no toca el cuerpo y rompe corazones». Así fue como comencé a escribir “Alquimia del vuelo”, una de las cinco secciones que componen El ejército ha huido y que en principio iba a ocuparse enteramente de San Sebastián y Juana de Arco, dos personajes que forman parte de mi iconografía personal y a los que quería dedicarles una suerte de hagiografía poética. Pero de pronto, como si los poemas que llevaba escritos hubieran comenzado a secretearse a mis espaldas, fueron apareciendo brotes de un campo semántico mucho más amplio que finalmente terminarían por ensanchar el embrión de donde habían surgido. Fue entonces cuando decidí abordar el microcosmos de lo bélico y violentarlo con el ungüento de la escritura.

 

 

[BM]: Podría decirse que el/la escritor/a es como un árbol y cada libro el anillo que deja el paso del tiempo en su interior. ¿En qué momento te encuentras ahora como poeta-árbol?

[ÓP]: Cada uno de esos anillos, además del tránsito de la palabra, lleva tatuado un descubrimiento. Ahora el árbol está en retrospectiva y diagramando el peso de sus frutos. Me viene a la mente el ejemplo de la bola de nieve que Henri Bergson utilizó para referirse a la duración real de la vida y a las capas indisolubles que deja tras su paso. La poesía es, entre otras muchas cosas, una forma de autoconocimiento. Estoy en un momento de relectura y saboreando esas capas destinadas a celebrar el milagro de estar vivo.

 

 

[BM]: ¿Qué lecturas, música y demás afectos te han acompañado en la creación de El ejército ha huido?

[ÓP]: A sabiendas de que la escritura de un libro es porosa y se cuelan aspectos que a uno se le escapan, es inevitable citar a la poeta Anise Koltz como una de las voces principales que me han acompañado a la hora de sedimentar el lenguaje y llevarlo a su estadio más esencial. De igual forma, me ha deslumbrado el trabajo de ecología acústica llevado a cabo por el compositor americano David Dunn en su álbum The sound of light in trees, en el que se dedica a captar los infrasonidos emitidos por los escarabajos para luego imantarlos en un paisaje sonoro. Justo como sucede con la escritura: escribir es captar los infrasonidos que emiten las palabras.

 

 

[BM]: La pandemia ha suscitado que dirigentes políticos de distintos países se hayan referido a la situación actual como un estado de guerra. ¿Te parece apropiada la metáfora en este caso?

[ÓP]: Mas allá de la situación de aislamiento, sospecho que esa comparación es en realidad un maquillaje epistemológico para hacernos creer que tanto las guerras como la exaltación al odio son algo consecuente al metabolismo natural del planeta, tal y como podrían serlo las catástrofes naturales, los periodos geológicos o, en este caso, una emergencia sanitaria. La «necropolítica» abusa constantemente de eufemismos para disfrazar los pactos de muerte dirigida que algunos gobiernos perpetúan sádicamente porque son incapaces de sentir amor, respeto y fraternidad por la vida del otro. Aun así, debo confesar que algunos aforismos militares («En tiempos de guerra todos los días son lunes») me producen un choque entre lo estético y lo macabro. Una señal más de que el arte, incluso en los lugares más temibles, escupe un poco de belleza.

 

 

[BM]: ¿Crees que en la actualidad la poesía tiene un valor de lucha social?

[ÓP]: La poesía es en sí misma una lucha social en la medida en que representa una lucha a favor del lenguaje. En una ocasión escuché a la poeta chilena Elvira Hernández decir que una cerilla, sabiéndola colocar entre las piezas de un engranaje, puede detener o revertir el movimiento de una máquina sin necesidad de destruirla. Precisamente, en un tiempo tan convulso y rizomático como el nuestro, la poesía tiene un valor de lucha social no porque nos dirija masivamente en favor de una causa en concreto, sino porque su más grande compromiso consiste en saber colocar esa cerilla —la palabra— entre el engranaje humano.

 

 

[BM]: ¿En qué andas ahora?

[ÓP]: En un sendero bifurcado: por un lado, estoy frente al bosque de mi tesis doctoral y descubriendo el enorme valor de la escritura académica; y por el otro, estoy intentando sacar a flote un libro de aforismos. A esa bifurcación habría que añadirle las urgencias del día a día, pero, como diría Mafalda, a veces «lo urgente no deja tiempo para lo importante», y lo importante es, ahora mismo, saber andar en el ahora.

 

 

Gracias Óscar. Que como dices se cumpla este deseo que sale de ti en forma de verso con el que concluyes el poemario: “Que en el campo de batalla/ la guerra sea el único/ enemigo a vencer.”

 

 

 

 

*(Madrid-España). Poeta, narradora y periodista por la Universidad Complutense (España) y máster en Literatura comparada y crítica cultural por la Universitat de València (España). Ha participado en la cocreación de la performance y el libro objeto Hypnerotomaquia -batalla en el sueño- (2017). Ha publicado en poesía Bóveda (2008), Pájaro sangre (2016), Pan impuro (2017), La ladrona (2018), No hay domingo al oeste de Omaha (2019); en narrativa los relatos Misión secreta (2019)

 

 

**(Ciudad de México-México, 1979). Poeta y ensayista. Reside en Madrid en donde cursa el Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad Complutense (España). Ha publicado en poesía Memoria del agua (2005), Bestimenta (2011 y 2016), Luz anfibia (2012) y El ejército ha huido (2019); en ensayo sobre Juan Rulfo El muerto era yo (2012), el libro de fotopoesía Tus ramas, mis huesos (2013), el libro-objeto Hypnerotomaquia (2017) y la antología sobre la poeta uruguaya Premio Cervantes 2018 Ida Vitale en la UCM (2019).

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