Por: Mario Pera

Traducción: Karina Colonia

Lo encontré sentado en el lobby del hotel Bolívar. Eran las 9 a. m. y leía un periódico local con interés. Me acerqué; le comenté que le había hecho una entrevista vía internet hacía unas semanas y le agradecí por haberse tomado un tiempo para responder. Aunque su semblante por lo general era serio, cada tanto sonreía, nada exagerado por cierto. Esa fue mi primera impresión al conocer al poeta brasileño Lêdo Ivo (1924-2012).

Pese a sus 87 años, me sorprendió su vitalidad y ánimo. Como si se tratara de un mochilero, caminaba por las calles aledañas al hotel para conocer un poco más el Centro de Lima. Era, además, el primero en bajar al lobby al ser convocado junto a otros poetas para cumplir con las presentaciones del Primer Festival Internacional de Poesía de Lima. Quienes nos encontrábamos a su alrededor nos contagiábamos con su espíritu vigoroso y su pasión por la literatura y, en especial, por la poesía.

También era el primero en participar de las actividades sociales del festival, siempre rodeado de jóvenes poetas. En otro de los eventos planeados (un paseo en el Mirabus por las principales zonas turísticas de Lima) observaba los diversos lugares por los que transitábamos siempre preguntando qué era aquello o en qué parte de la ciudad nos encontrábamos. La Huaca Pucllana lo impresionó, aunque no pudo recorrerla por completo. Ya en Barranco, improvisó en el Puente de los Suspiros, junto al poeta venezolano Teódulo López Meléndez, algunas estrofas de la conocida «Flor de la canela» cuando nos encontramos ante la estatua de la recordada Chabuca Granda.

En sus presentaciones hubo un lleno total. Recuerdo haberlo visto complacido y emocionado al leer el poema «Mi patria» en la embajada de su país en nuestra capital. Así como cuando escuchaba en silencio pétreo, y con los ojos hundidos en la mesa de lectura, al poeta Juan Carlos Mestre leyendo (como un juglar del siglo XXI) el conmovedor «Cavalo Morto», en el que Mestre hace de Ivo un personaje inmortal en su imaginario poético: el resucitador de caballos y de evangelistas; aquel que sólo puede ser resucitado por el sastre de las mariposas en ese mágico lugar.

Y cada vez que lo recuerdo retumba en mis oídos, casi como un mantra, el verso: «Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo».

El poeta nos dejó en este mundo en la víspera de la Navidad. No fue precisamente en Cavalo Morto, y sí en ausencia del sastre de las mariposas. Sin embargo, Lêdo Ivo resucita a través de sus versos, y por ello cada vez que leemos alguno de sus poemas nos convertimos en aquel personaje prodigioso resucitador de poetas y, en nuestra voz, Lêdo Ivo vuelve a la vida.

Hace unas semanas, Mestre nos comentó que aquel 23 de diciembre el poeta se encontraba cenando con su familia, acompañado por varias botellas de vino. De pronto se sintió fatigado y subió a su cuarto de hotel a descansar. Estoy seguro de que la muerte no lo sorprendió, que fue él quien decidió permitirle custodiarlo en ese nuevo viaje y que, mientras transitaban, le dijo con voz serena: «Voy entre la multitud y mi nombre es Nadie…».

Todo lo demás es parte de una conversación eterna.

 

1. Lêdo, tu producción literaria abarca desde poesía, hasta cuento, crónica, ensayo, cuentos infantiles, etc. pero siempre retornas a la poesía. Habiendo transitado por tantos registros para expresarte, ¿por qué has escogido principalmente la poesía? ¿Qué te ofrece la poesía respecto de los otros géneros literarios que hacen que regreses constantemente a esta?

No fui yo quien escogió la poesía. Fue la poesía la que me escogió. Desde la adolescencia la practico o intento practicarla, obedeciendo al misterio de una vocación que va más allá de la reflexión crítica. Los otros géneros que se asocian a mi trabajo —romance y ensayo— se integran en el ámbito poético.

Me considero fundamentalmente un poeta, empeñado en el uso supremo del lenguaje, que recoge y almacena cierta experiencia personal y estética. Pero un poema no es solo un lugar de ocultamiento y despersonalización. Y ante el lector, renuncia a su significado inicial o supuesto, y se convierte un objeto plurisignificativo.

 

 

2. Has comentado en otras entrevistas que de niño no tuviste un gran acercamiento a la lectura, tu padre era abogado y no existía una biblioteca en tu casa que te incentive a leer. Sin embargo, de modo súbito nació en ti, aún siendo niño, una inquietud por leer y, luego, por escribir. ¿Cómo fue ese primer acercamiento a la poesía? ¿Fue la lectura de algún poemario o poeta en particular lo que te «convenció» de escribir poesía?

En Maceió, la ciudad portuaria, marítima y lagunar en la que nací, no había biblioteca, y en mi casa no había libros de literatura. En la biblioteca de una hermandad religiosa y una librería local, fui encontrando libros que se ajustaron a mi hambre de lectura y a mi curiosidad. Eran libros de aventuras, de piratas, búsqueda de tesoros en las islas de los mares del Sur, de naufragios.

Es así que, desde la infancia, me vi marcado por el sentimiento de la imaginación, del otro lado de la vida y del mundo. Pero no fue un libro el que me marcó decisivamente. Fue un poema, en este caso, «Les effarés» de Rimbaud, que leí en un periódico cuando tenía 14 años. Fue para mí una epifanía, con su musicalidad, materialidad y emblema de la impureza del mundo. De adulto, fui el primero en traducir al portugués Une saison en enfer (‘Una temporada en el infierno’) e Illuminations (‘Iluminaciones’).

 

3. Es frecuente que los escritores tengan reparos respecto a sus primeras publicaciones, las que casi siempre consideran defectuosas y, más aún, precipitadas. Tus primeros poemarios, As imaginações y Ode e elegia, los publicaste con escasos 20 años. ¿Sientes que debiste esperar algunos años más para condensar mejor las propuestas de esas publicaciones, o estas vieron la luz en el momento preciso al menos para ti como artista?

Considero a As imaginações (1944) (‘Las imaginaciones’), publicada cuando tenía 20 años, una obra juvenil, a pesar de que aparecen temas y ritmos que estarán presentes en obras posteriores. Creo que fue en Ode e elegia (1945) (‘Oda y elegía’), publicada al año siguiente, que pude presentarme por entero, utilizando un verso respiratorio, extenso pero exacto, y configurando plenamente mi espacio. Pues para mí la poesía es un canto, un cantico, un encantamiento del uso del lenguaje, una celebración del mundo, y una reflexión sobre la condición humana.

Matthew Arnold considera a la poesía como una crítica de la vida. Y lo es. No hay que olvidar que nosotros, los poetas, somos críticos. Y esa crítica se inicia en la elaboración del poema, en ese encuentro de la memoria y la imaginación con la técnica poética y los mecanismos internos de la creación artística. Aunque, a lo largo de mi carrera literaria, se ha destacado mi papel en la práctica del soneto y en la producción de poemas sumisos a las leyes métricas —aunque muchas veces traté de transgredirlas—, estoy seguro de que mi contribución más sustancial, fue en el territorio del llamado verso libre —es decir, del verso largo y respiratorio—. La poesía es el ritmo. Y es en la utilización de este ritmo primordial, que pretendo realizarme plenamente.

 

 

4. Perteneces a la generación literaria de la posguerra, llamada la Generación del 45. Se ha señalado que es una aquella es una generación distinta, pues no se vuelca hacia la propia tradición literaria brasileña, sino que expande sus lecturas, diversifica sus propuestas estéticas, etc. ¿En qué reside la trascendencia de la generación del 45 para la literatura brasilera y, en general, latinoamericana?

Nadie nace solo, hijo de sí mismo. Todos tenemos un origen, un sello genético, biológico, familiar, geográfico, cultural. En mi caso personal, como poeta, pertenezco (o pertenecí) a la llamada generación del 45, que en el Brasil, le siguió al modernismo de 1922.

Al contrario de los modernistas, que eran regionalistas y habían rechazado el pasado y la tradición, mi generación era internacionalista y dotada de ese sens of past que T. S. Eliot considera esencial en la práctica literaria y poética. A diferencia de los modernistas, que imitaban y absorbían a Marinetti y a Blaise Cendras, los poetas de mi generación se volcaron hacia T. S. Eliot, Saint-John Perse, Valéry, Jorge Guillén, Rilke, Yeats, Ungaretti, en un proceso de actualización cultural que dio un nuevo rumbo a la cultura brasileña.

Después, pasada la hora de la eclosión y la efusión, los caminos se diversificaron, la inclemencia del olvido borró numerosos nombres, y la creación poética volvió a ser lo que siempre fue: una aventura inconfundible e individual, el ejemplo de una voz intransferible, un canto en la oscuridad. Y la referencia generacional se volvió cronológica.

 

 

5. Sin duda la poesía encierra en sí la memoria histórica mundial. En tu opinión, ¿la poesía se conserva en el inconsciente colectivo heredado desde hace milenios y es debido a ello que cala en las personas de modo más profundo, quizá, que otras expresiones artísticas o géneros literarios?

Rindámonos a la evidencia y a la verdad de que la poesía es un misterio. Es un arte. Como la música, la literatura, la pintura, la escultura, la danza, ella es una de las referencias fundamentales de la creatividad humana, de la capacidad que tiene el hombre de inventar para pode ser y existir. Por lo tanto, es una actividad profundamente personal, regida por el misterio de la vocación, y profundamente colectiva, desde que cada poeta pertenece a una tribu inmemorial que procede del inicio de los tiempos. «Todos somos seres colectivos», advierte Goethe. Esto significa que no sabemos dónde empezamos, ni dónde terminamos, dónde somos nosotros y dónde somos los otros, y aún si nosotros somos los otros.

En mi caso personal, lo ancestral tiene un gran peso. La cuna, el origen, el lugar de nacimiento, la sangre inmemorial, la memoria ancestral tiene un alto significado e importancia para mí y, sin duda, están presentes en mis poemas y prosas.

 

 

6. Hablando de ello, en cuanto a la elaboración de tu obra poética, ¿podrías comentarnos a grandes rasgos tu método de trabajo? ¿Esperas a que la inspiración llegue o crees más en el trabajo esmerado y constante para la elaboración de tu poética? ¿Cuánto corriges antes de saber que un poema está terminado?

No tengo un método. Soy un ametódico. Con base en mi experiencia personal, entiendo que la inspiración es el momento en el que el poema surge de las profundidades del inconsciente o del subconsciente, y se convierte en lenguaje. Es el momento de la iluminación, en que soy visitado por mí mismo, por ese yo que está dentro de mí y es mi yo poético y creativo. Y tal vez ese yo no sea una realidad existencial, y si una invención meramente intelectual. Valéry dice que los dioses dan el primer verso de gracia. Prefiero que los dioses, de cuya existencia dudo, me den solo el tercer verso del poema. De los dos primeros yo me encargo.

Y completo tu pregunta diciendo que, para mí, el relámpago de la inspiración es el resultado de un trabajo oscuro y silencioso, de un aprendizaje perpetuo. Soy un eterno aprendiz, un alumno de mí mismo.

 

 

 

7. ¿Qué tan cercana es la poesía brasilera a la poesía de portuguesa y a autores portugueses como Mário de Sá-Carneiro, Fernando Pessoa, Teixeira de Pascoaes o Luís Vaz de Camões? Por cuestiones históricas y de lengua podemos suponer que la literatura brasilera debe vincularse con la portuguesa, pero ¿ese lazo o vínculo existe realmente?

Desde su independencia política, en 1822, Brasil comenzó a implantar su independencia cultural y estética, distanciándose de Portugal, y buscando nuevos modelos y fuentes de inspiración, especialmente en el romanticismo, el realismo y el parnasianismo europeos del siglo XIX. Actualmente, son dos literaturas distanciadas una de la otra.

También hay que destacar que, con sus 200 millones de habitantes, en contraposición con los 10 millones de Portugal, Brasil es hoy el gran estuario de la lengua portuguesa. Es la misma lengua, pero el portugués hablado y escrito en Brasil cuenta con un alto grado de diferenciación en relación al «portugués portugués».

 

 

8. Me imagino el mundo que usted conoció en su juventud, tan distinto al actual, un mundo en el que escribir poesía era algo diferente al hacerlo hoy en día. ¿Cuál es el papel del poeta, de la poesía, en un mundo como el que ahora vivimos?, en constante cambio por los avances de la tecnología, la convulsión social y las crisis económicas. ¿Cómo ves a la poesía en el contexto tecnológico actual? Libros en formato virtual, medios masivos de comunicación como blogs y web al alcance de todos, etc.

Con la aparición de nuevos lenguajes generados por la escala tecnológica, la literatura vive hoy un momento de cambios vertiginosos. En el caso de la poesía, el libro, con sus pequeños tirajes, se está convirtiendo en una especie de soporte. La difusión de la poesía se hace hoy a través de los festivales, blogs, portales web, discos, redes sociales, etc. La poesía se está volviendo Internética, habitando el universo electrónico.

Los poetas se volverán, al mismo tiempo, clandestinos y mediáticos. Son visibles e invisibles, como figuras virtuales. Innumerables poetas ya tienen libros electrónicos (los e-books).

 

 

9. Has sido poeta por más de 60 años Lêdo, has sido parte importante de una Generación literaria que rompió muchos paradigmas en Brasil, tu obra es fundamental para conocer un poco más de tu historia y la de tu país, y tu poesía ha alcanzado un reconocimiento generalizado como la de pocos poetas brasileros, lo que te convierte en una figura, un ícono literario de Brasil y de Latinoamérica. Cuando comenzó para ti esta aventura, la poesía, a tus 14 años, ¿pensaste que el destino te depararía todo esto?

Siempre quise ser poeta y escritor. Busqué un espacio de afirmación y expresión personal. Quería llegar a ser yo mismo. Me alegra el reconocimiento al que te refieres, inclusive, porque me considero un poeta de latinoamericano o iberoamericano. Esa singularidad fue destacada por Juan Rulfo y Carlos Montemayor, y explica la acogida que mi trabajo ha tenido en los países hispanoamericanos, —especialmente en México— y en España.

También hay que señalar, que este reconocimiento es apoyado por incontables amigos poetas en varios países. No estoy solo. Y estaré siempre agradecido a aquellos que, generosamente, me extienden la mano.

 

 

 

 

10.   Finalmente Lêdo, ¿sientes particular entusiasmo por la obra de algún poeta o poetas peruanos? ¿Se conoce algo de la tradición poética peruana en Brasil?

El Perú posee una de las literaturas más vigorosas y creativas de América. Es una de las patrias de nuestra imaginación. El hecho de ser uno de los cuatro países latinoamericanos distinguidos con el Premio Nobel de Literatura, en la persona de Mario Vargas Llosa, da testimonio de su relevancia cultural y artística.

No soy un especialista en su literatura, pero leí y conozco a numerosos de sus escritores y poetas. Subrayo, de manera especial, al Inca Garcilaso de la Vega, el incomparable ensayista y prosista que es Ricardo Palma, el gran poeta César Vallejo. También recientemente, volví a leer El mundo es ancho y ajeno, de Ciro Alegría, con renovada admiración.

Menciono también a Miguel Scorza y a José Maria Arguedas como los testimonios de un Perú en que están presentes, al mismo tiempo, la realidad y la imaginación. Es, en muchos casos, una literatura de indignación, como la de otros países, como el Brasil, divididos entre la extrema riqueza y la extrema pobreza. Yo conozco y admiro la poesía de Arturo Corcuera, Antonio Cisneros, Carlos Germán Belli, Hildebrando Pérez Grande, Javier Sologuren, José Watanabe y Rodolfo Hinostroza.

 

 

 

 

 

Biodata.

Lêdo Ivo. Maceió – Brasil, 1924. Publicaciones en poesía: As imaginações (1944), Ode e elegia (1945), Acontecimento do soneto (1948), Ode ao crepúsculo (1948), Cântico (1949), Linguagem: (1949-1951) (1951), Ode equatorial (1951), Um brasileiro em Paris e O rei da Europa (1955), Magias (1960), Estação central (1964), Finisterra (1972), O soldado raso (1980), A noite misteriosa (1982), Calabar (1985), Mar Océano (1987), Crepúsculo civil (1990), Curral de peixe (1995), Noturno romano (1997), O rumor da noite (2000), Plenilúnio (2004), Poesia Completa 1940-2004 (2004) y Réquiem (2008); en novela: As alianças (1947), O caminho sem aventura (1948), O sobrinho do general (1981), Ninho de cobras (1973), A morte do Brasil (2007); en cuento: Use a passagem subterránea (1961), O flautim (1966), 10 [dez] contos escolhidos (1986), Os melhores contos de Lêdo Ivo (1995) y Um domingo perdido (1998); en ensayo: Lição de Mário de Andrade (1951), O preto no branco. Exegese de um poema de Manuel Bandeira (1955), Raimundo Correia: poesia (apresentação, seleção e notas) (1958), Paraísos de papel (1961), Ladrão de flor (1963), Modernismo e modernidade. Nota de Franklin de Oliveira (1972), Teoria e celebração (1976), A república da desilusão (1995), O Ajudante de mentiroso (2009), en traducción: A Abadia de Northanger de Jane Austen (1944), Nosso Coração de Guy de Maupassant (1953), Uma Temporada no Inferno e Iluminações de Arthur Rimbaud (1957) y O Adolescente de Fiodor Dostoievski (1960).

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