Por Mario Pera

Crédito de la foto (Izq.) Ed. Paracaídas)/

(Der.) el autor

 

 

Entrevista a Cristhian Briceño*

sobre la trama invisible (2016)

 

 

Mario Pera [MP]: Es la segunda edición de la trama invisible, poemario que publicaste por primera vez hace 3 años. En esta nueva edición, ¿ha variado algo en ella respecto a la edición inicial? ¿Quizá has corregido, añadido o suprimido algo en pro de la mejoría del texto para darle más unidad o un mejor ritmo?

Cristhian Briceño [CB]: Básicamente he corregido cada texto; en algunos casos ha sido mínima la intervención, como añadir o suprimir un signo de puntuación, replantear un adjetivo, etcétera, y en otros casos (en menos de diez ocasiones) he decidido que sería mejor reemplazar íntegramente un texto por considerarlo demasiado ingenuo al punto de que me ha sorprendido haberlo incluido en la primera edición.

Creo que gran parte de esta edición que le he hecho al libro está influenciada por una reseña que hizo José Carlos Yrigoyen a la primera edición y que siempre he valorado, ya que, además de haber sido la primera que alguien le hizo a uno de mis libros, fue bastante sincera. De cualquier forma, la cantidad de textos no ha sido alterada.

 

 

[MP]: ¿Por qué escribir la trama invisible en prosa y no en verso? ¿En qué momento decidiste que ese registro era el adecuado, la prosa sobre el verso?

[CB]: El libro empezó siendo un proyecto fallido de novela iniciado en el año 2008, cuando aún me encontraba estudiando en San Marcos, y de la que sobreviven varios fragmentos a partir de los cuales se superponen los demás textos, de forma que la unidad esté sugerida, a pesar de la aparente dispersión de ideas y recursos que empleo para organizarlas.

Elegí la prosa porque, en este caso, me permitía ofrecerle al libro una narratividad y un nivel de exploración que difícilmente habría logrado con el verso, ya que por entonces no podía escapar del rigor clasicista y la temática barroca que venía proyectando al momento de ensayar un poema.

 

Cristhian Briceño recibiendo el Premio Cuento de las 1000 Palabras del semanario Caretas.

Cristhian Briceño recibiendo el Premio Cuento de las 1000 Palabras del semanario Caretas.

 

[MP]: En la trama invisible haces varias alusiones a las distintas artes (literatura, música, cine, pintura), autores (de ciencias o artes) y siglos hasta lo contemporáneo. Ello demanda un lector con un amplio bagaje cultural o lecturas previas. ¿No podría ir ello en contra del lector de la obra, en tanto que aquellas referencias la pueden volver inexpugnable?

[CB]: Ni lo pensé. En esa época leía ciertas cosas como Peter Weiss y un poema cuyo título he olvidado pero que trataba sobre una peregrinación por los círculos del Infierno y por Arezzo y Ravena y Bolonia, y el encuentro entre Dante y Giotto, y El lector de Pascal Quignard, y los Diálogos marinos, y La campana catalina, e intentaba/escribía muchos poemas de una rigidez soporífera como los que obtuvieron un premio en el Copé, y, además, no tenía una conciencia plena sobre lo que significaba un lector, ni entendía, como dice Vollmann, que el público es una organización. Todo fue producto de mi ignorancia, en todo caso. Pero ahora me pregunto cuántas personas pueden apreciar en toda su magnitud un poema tan maravilloso como El arcoíris de Antonio Cisneros y sus referencias. Mi mochila de referencias no es tan pesada, pero cada vez que lo leo siento eso que se supone hay que sentir.

 

 

[MP]: Pienso en la pregunta anterior y quisiera que nos cuentes, ¿cuánto te tomó y cómo fue el proceso de creación del texto original?

[CB]: Tenía una novela inconclusa sobre la universidad y los amigos y situaciones que me habían pasado durante el año y medio que llevaba estudiando en San Marcos, pero me aburrió/me desinteresé, y luego noté que podía desarmar la novela y eliminar el 99.9% de ella y quedarme con algunos fragmentos que me gustaban y que consideraba basura, pero basura útil a partir de la cual armar una novela sin argumento o un poema en prosa o algo cuya clasificación sea tan ambigua y problemática que oculte sus incorrecciones con eficiencia. Esa fue la estrategia, en resumidas cuentas. A partir de todo esto, empecé a escribir textos que abordaran temas de la novela fallida, como mis miedos juveniles o una exploración de la sexualidad, eso. Y de entre estos miedos y exploraciones está, evidentemente, el miedo a escribir y la exploración al momento de escribir. No recuerdo cuánto me tomó, pero fue rápido.

 

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[MP]: ¿Eres una persona religiosa? Hay una alusión casi constante en el poemario a Dios, la deidad, e incluso a la Biblia. ¿Le cabe algún rol a la religión en la poesía o viceversa?

[CB]: Creo en Dios y creo, también, que la Biblia me da una idea de Dios, aunque la considero más como una obra de arte cuyo valor reside en la creación de personajes inmortales a la altura o incluso superiores a Áyax, Segismundo o Yago. En la universidad escribí un ensayo sobre cómo Platón construye a Sócrates-personaje, y cómo los cuatro evangelistas construyen el personaje Jesús, que, sin duda, es mi favorito de toda la literatura. Así como Borges no puede imaginar el universo sin el verso “Ah, bear in mind this garden was enchanted”, yo no puedo imaginar la literatura sin los versículos que dan cuenta del Centurión rogándole a Jesús por su amante o a Saqueo trepado en un árbol. Esto no significa, para nada, que crea en la Iglesia como institución regente de nuestra vida espiritual. De ninguna forma.

Sobre el rol de la religión en la poesía, creo que es obvia y antigua; según dicen, la poesía es inspiración divina o contemplatio o etcétera. Como superstición está bien, como forma elevada de explicarla, aunque no tenga un asidero real. La religión en la poesía, como referencia, puede servir para potenciar el texto y darle coger de rebote el sentido y la magnitud colosal/épica de los textos bíblicos. P. ej.,  el supuesto paralelismo entre Benjamin y Jesucristo en El ruido y la furia.

 

 

[MP]: ¿La trama invisible es nuestro hilo existencial? ¿De alguna manera se emparenta con Las inmensas preguntas celestes?

[CB]: No lo pretende ser ni pensé en el último Cisneros. Es una colección casi al azar, un momento de mi vida cuya importancia radica en no parecerlo, sino perdería todo su valor por ser un objeto demasiado personalizado sobre alguien sin ninguna importancia, un don nadie.

 

 

[MP]: En relación a la pregunta anterior, “(…) ver a ese tal Verástegui, joven genio poético y mulato epicúreo de la década de los setenta” me hace pensar en algunos de tus referentes poéticos peruanos. ¿Qué otros poetas nacionales valoras o han nutrido tu obra poética y por qué?

[CB]: Doy por descontado a Vallejo: es el único que me ha hecho llorar, por cierto. También debo mencionar a Martín Adán, sobre todo La campana catalina. Hinostroza, Cisneros, sobre todo Cisneros, por su ingenio y rigurosidad, que es algo que tiendo a valorar. Me gusta Chirinos Cúneo y Ojeda. El libro de las señales, Al norte de los ríos del futuro.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1986). Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos Perú. Ha obtenido la XXV edición del Cuento de las 1000 Palabras de Caretas (2012) y el premio Copé Plata de la XVI Bienal de Poesía (2013). Ha publicado en poesía Breve historia de la lírica inglesa (2012), La comedia inmóvil (2014) y La trama invisible (2013; 2016) y, en cuento, Alaska (2013).

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