La presente entrevista fue publicada por su autor en la revista Quehacer, N° 99, Lima, enero-febrero de 1996, pp. 7 y ss.

 

 

Por: Abelardo Sánchez-León*

Crédito de la foto: Cortesía Archivo Blanca Varela

 

 

Entrevista a Blanca Varela:

«Fuera de la Poesía, todo es caos»

 

 

No acostumbra a conceder entrevistas así nomás. Pero con su generosa benevolencia, nos entregó mucho de su vida, de sus experiencias personales, de sus reflexiones y de sus afectos como mujer, como madre, como compañera, como ciudadana. Y, por supuesto, como poeta; y aunque a  ella no le guste, como la gran poeta que es. Blanca está en plena actividad creadora. De ello dan fe sus dos últimos libros, Ejercicios materiales (Lima: Jaime Campodónico Editor) y El libro de barro (Madrid: Ediciones Tapir), ambos de 1993, igual que su Poesía escogida: 1949-1991 (Barcelona: Ediciones Icaria). Sus textos anteriores aparecen reunidos en Canto villano (México: Fondo de Cultura Económica, 1986). Pero está activa no sólo como poeta. Ahora también nos sorprende como regidora de la Municipalidad de Barranco, porque sintió que era su deber aceptar el reto de hacer algo por su pobre distrito cuando la convocó Mario Zolezzi, su actual alcalde.

 

 

I

 

Abelardo Sánchez-León [ASL]: Como mujer, ¿escribir poesía en el Perú fue difícil?

Blanca Varela [BV]: No creo que sea por una cuestión de sexo que ha sido difícil. Escribir poesía es difícil para cualquiera. Yo no escribí poesía para los demás, te voy a confesar, era una manera de irme haciendo como persona. Era una búsqueda de libertad.

 

[ASL]: ¿Cuándo empezaste?

[BV]: Muy pequeña, porque mi familia era de letras. Era una familia donde todo el tiempo se hablaba de crear cosas, y eso a mí me molestaba un poco, pero estaba en el aire. Oía recitar poemas a mi abuela, mi madre hacía poemas, había todo un lenguaje incorporado al lenguaje familiar que era parapoético. No creo que fuera estrictamente poético.

 

 

[ASL]: Siempre se habla de que los poetas tienen una infancia si no infeliz, solitaria. ¿La tuya fue así?

[BV]: De alguna manera. No es que yo no fuera familiar. En la casa había mucha reunión, mucha conversación, pero me sentía muy distante en algunas ocasiones. Desde muy pequeña me daba cuenta de las cosas; yo vivía dentro de una familia que está esperando que se le haga justicia por algún lado; justicia divina. Pero sí: yo tuve una niñez muy triste; triste no, dura, a pesar de no haber carecido de cosas. No he tenido que hacer cosas horribles de niña. He sido más bien una niña protegida dentro de un hogar, pero he sido muy infeliz, muy atormentada, y por razones como el tiempo, el tiempo en abstracto, no que no me alcance el tiempo, el tiempo, la muerte. Esas ideas me venían permanentemente. Saber, por ejemplo, que conozco a una persona, que puedo tener una relación con alguien y que eso va a terminar. No va a terminar necesariamente con la muerte, porque hay varias maneras de morir, y eso yo lo sentía muy fuerte.

 

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Serafina Quinteras (seud. de Esmeralda Gonzales) madre de Blanca Varela Gonzales.
1919.
Crédito de la foto: Diego Goyzueta

 

[ASL]: Siempre se habla de tu mamá, pero de tu papá poco…

[BV]: Porque mis padres se separaron cuando yo era muy pequeña.

 

[ASL]: ¿Y veías a tu padre?

[BV]: ¡Claro que sí! Era un gran amigo mío, pero no vivimos con él. La figura en la casa ha sido la figura materna. La mujer no solo ha sido la persona fuerte, sino la única persona en la casa; mi madre y mi abuela.

 

 

[ASL]: ¿Tú sientes que en esa época la sociedad limeña era un obstáculo para que la mujer se desarrollase intelectualmente?

[BV]: Yo creo que sí, pero nosotros fuimos muy marginales. Yo digo que si mi padre y mi padre se hubiera quedado juntos, yo hubiera pertenecido a una clase social muy especial, una clase que fue alta, venida a menos por falta de dinero, pero más o menos relacionada con lo que era Lima. Pero mi madre, que fue una mujer muy independiente, muy valiente, en el momento de la ruptura del hogar asumió totalmente nuestra educación, el colegio, los gastos, todo. Mi padre era un hombre inteligente, culto; a él le debo mi amor por la literatura. Pero tuvo una vida muy fácil; fue un típico señorito de Lima, al cual lo mantuvo su madre, la familia misma, que nunca pensó seriamente en el trabajo.

Después, cuando fue un hombre mayor, fue un amigo estupendo. Nosotros lo veíamos todas las semanas, y después, cuando estuve en San Marcos ―yo soy  sanmarquina, sabes― llevaba a mis amigos a visitar a mi papá, porque mi papá trabajaba con Ezequiel Balarezo, que tenía un periódico que se llamaba La Noche, un vespertino donde tuve mucha relación con escritores, porque ahí estaban Pepe Diez Canseco, Alfonso de Silva, el músico, Osmán del Barco.

 

 

[ASL]: ¿Qué visión tienes del hombre peruano?

[BV]: Yo creo que necesita protección. Es un poco infantil. En las clases altas más todavía. No sé si tú sabes, pero me han contado que en la sierra las mujeres mayores tienen maridos más jóvenes. Yo tuve una cocinera en casa de mi madre, cuyo marido era su sobrino, tenía 25 años y ella parecía de mil, pero seguro tenía 60. ¡Y su sobrino era su marido! Ella lo protegía, lo mandaba, era una cosa muy curiosa.

Es que resulta que a los hijos los preparaban para las grandes ideas, para las grandes profesiones y para que hicieran el papel «noble» en la vida. La clase alta fabricaba señoritos, si no héroes o políticos o letrados. Las mujeres siempre hemos llevado la parte más pesada, la casa, porque siempre tienes que trabajar en la casa, preocuparte de la casa, y al mismo tiempo no hay dinero y tienes que salir a trabajar a la calle.

 

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El matrimonio Blanca Varela y Fernando de Szyszlo.
Lima, c. 1950, Parque de la exposición.
Crédito de la foto: autor desconocido. Cortesía Archivo Blanca Varela.

 

[ASL]: ¿Cómo te han visto tus hijos, tu marido, tus amigos como poeta? ¿Han respetado ese espacio más bien masculino?

[BV]: ¿Tú crees que es masculina la poesía?

 

 

[ASL]: No, creo que es más masculina por quienes la han hecho.

[BV]: Existe una suerte de pudor que tiene el hombre peruano. El hombre peruano, el hombre limeño, diríamos, no quiere hacer el ridículo, siempre quiere estar bien ubicado, bien parado. A las mujeres nos pueden engañar, las mujeres sobrevivimos al engaño; un hombre, mientras no sea público, o lo ignore, el engaño tampoco lo toca, pero si se hace público, el hombre se deshace. ¿Es verdad o no? ¿Tú qué piensas de eso?

 

 

[ASL]: Yo creo que se va acostumbrando…

[BV]: Lo que pasa es que una madre que escribe poesía y un padre pintor son un par de personajes muy pesados, ¿no crees?, sobre todo que no son malos, porque si fueran malos entonces dirían: «ay, mi mamá, qué huachafa», pero ellos no creen eso, ellos tienen mucho humor. Cada vez que pueden hacer humor sobre mí o sobre su papá, lo hacen con mucha gracia, hay una cierta burla amorosa. A mí me parece que es una burla lógica. Yo les pregunté una vez: «¿Ustedes no se avergüenzan de nosotros?» Porque me acuerdo de un amigo que decía que ellos se avergonzaban de sus padres: «a mí mi mamá y mi papá me dan vergüenza». Hay gente que es así. Los hijos a veces se avergüenzan de sus padres.

 

 

[ASL]: Una vez me dijiste que la mujer es más apasionada. ¿Sigues pensando así?

[BV]: El hombre tiene más temor de salir al aire, exponerse al comentario. Yo creo que eso la mujer lo ha perdido, no le importa.

 

[ASL]: Pero los hombres que escriben poesía no pueden tener ese temor al ridículo.

[BV]: Pero entonces asumen, en cierta forma, el papel de poetas, coa que la mujer no tiene. Cuando el hombre es poeta exige respeto, porque se siente en una condición particular. Una mujer, además esas cosas, es cocinera, madre, tiene que ir a una oficina, tienen que soportar a un jefe o a una jefa, y, además, quiere estudiar. Yo creo que lo más importante es que las mujeres han comenzado a estudiar.

 

 

[ASL]: Tú estuviste casada con Szyszlo. ¿Cómo fue esa experiencia de matrimonio entre artistas?

[BV]: Como una experiencia que dio buenos frutos para ambos; sí, fue estupenda. En lo otro no funcionó. Szyszlo y yo éramos casi de la misma edad y teníamos los mismos intereses, y seguramente yo estaba más por la literatura, pero gracias a él es que descubrí la pintura muy temprano, aprendí a pintar mentalmente con él, me daba lecciones de alguna manera, lecciones simplemente yendo a los museos. Aprendí a ver pintura no con un diletante, sino con alguien que está metido dentro del oficio.

 

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La poeta Blanca Varela.
C. 1960.
Crédito de la foto: autor desconocido. Cortesía: Archivo Blanca Varela

 

[ASL]: ¿Cómo evalúas tu vida en pareja?

[BV]: Yo creo que en cierto momento de tu vida es indispensable tener una pareja. No tenerla sería una gran pobreza, una gran limitación, un gran egoísmo. Yo creo que hay una época en que estás hecha para dar. Es el momento de tener pareja. Cuando estás absolutamente dispuesta. Y además tienes qué dar. Que no sean conceptos, consejos, palabras. Puedes dar muchas cosas, puedes dar parte de tu vida, tu cuerpo, tu compañía; puedes dar malos ratos. Eso es importante. El amor es importante.

 

 

[ASL]: Hay muchas mujeres que quieren recibir.

[BV]: Yo creo que el hombre es más demandante. Aparentemente, es la mujer, ya que quiere recibir mimos, joyas, que la mantengan. ¡Pero eso no es verdad! Por lo menos, no es verdad ahora. Tal vez, en un momento, era lo que convenía a la sociedad económica de una época que las mujeres tuvieran ese papel. Eran peligrosas, no hay que olvidarlo; siempre han sido peligrosas las mujeres. Es una manera de tenerlas en el harem. La mujer, ahora, creo que no necesita… ¿Sabes lo que necesita la mujer? Buen trato, simpatía y, por cierto, amor, respeto.

 

 

[ASL]: El Perú se caracteriza por tener parejas de una misma clase social.

[BV]: No necesariamente. Pero yo creo que la mujer es mucho más atrevida, más osada. Yo creo que hay mujeres de cierta condición social que se enamoran, entre comillas, y son capaces de bajar cuatro o cinco peldaños sociales por un hombre que les gusta. Por un hombre que les atrae, que reúne ciertas cosas que una mujer quiere tener como pareja, en algún momento de su vida. La mujer no siente que desciende. Cuando el hombre se casa con una mujer de condición social más modesta siente una especie de… Hay un complejito por ahí… Por lo menos en el limeño que yo recuerdo y que conozco; no hablo de las generaciones del 60’ para ahora, pero en las anteriores, sí. Entonces había el concepto de la huachafita, del plancito… ¿Tú crees que eso existe hoy día? ¡Por favor! ¿Tú sabes quiénes planean? ¡Las mujeres! Y las huachafitas son las que se levantan a un niñito por ahí, y no están pensando que se van a casa con él, ni mucho menos.

 

 

[ASL]: ¿Qué piensa la mujer de su infidelidad?

[BV]: La mujer no es infiel por naturaleza. Eso creo que es absolutamente cierto. Una mujer es infiel en cuando comienza a sentir que es maltratada, que no es estimada en a medida en que ella quiere ser estimada. Si el hombre es cordial, compañero, fiel, buen amante en la medida en que puede llegar a serlo, la mujer no le es infiel. Ahora, yo no creo en el amor eterno,  ni en los matrimonios para siempre. Duran, pueden durar, pero no creo que esa sea la constitución de la pareja.

 

 

[ASL]: Ahora todo esto debe tener nuevas reglas de juego…

[BV]: Yo creo que la mujer no es infiel, pero sí es más exigente. Si se casó con un tipo y al cabo de cuatro o cinco años se da cuenta de que eso no funciona, evidentemente la mujer va a tratar de encontrar por otro lado otra manera de soportar la vida.

 

Nita Zapata, Josefa Pepa Benavides, Arguedas, Blanca Vy Celia Bustamante en el viejo faro de Puerto Supe, c. 1948.  foto de szyszloarchivo blanca varela

(Arriba) Nita Zapata y Josefa Pepa Benavides, (abajo) José María Arguedas, Blanca Varela y Celia Bustamante.
Puerto Supe, c. 1948. En el viejo faro del puerto.
Crédito de la foto: Fernando de Szyszlo. Cortesía: Archivo Blanca Varela

 

[ASL]: ¿Qué época es la que recuerdas con más alegría?

[BV]: La época en que fui madre, cuando tuve ya mis dos hijos y en que sentí que era como si realmente se hubiera completado un destino. Antes de tener hijos yo era algo más fría, más egoísta. Yo creo que con los hijos comprendí muchas cosas.

 

 

[ASL]: ¿Cuáles?

[BV]: Cierta animalidad que uno tiene, cierta cosa rapaz que a veces puedes tener, o de querer tener cosas para ti. Yo nunca tuve sentido de la propiedad antes de tener hijos. No quería tener una casa, no quería tener responsabilidades. Pero cuando tuve hijos sentí que tenía que hacer determinadas cosas, una misión. Porque a esas crías yo las tenía que proteger y amar. Además, me di cuenta de que uno puede querer mucho más de lo que imagina, de que tenía una capacidad de amor mucho más grande, y de que no estás esperando reciprocidad. Sobre todo yo era una niña sin padre. Al decir sin padre digo sin padre físico, inmediato. Mi padre sí existía. O tal vez lo que tenía era un padre físico, inmediato, y lo que no tenía era el padre. Yo creo que buscaba mucho un padre en mi vida, y no lo encontraba. No iba a convertir a mis pobres hijos en mi padre, porque hay mujeres que hacen eso: les crean a los hijos una responsabilidad tremenda y los hijo están que «mi pobre mamá, cómo la voy a dejar». A mí me dejan y estoy encantada. Me parece lógico que me abandonen.

 

 

[ASL]: ¿Tienes una religiosidad?

[BV]: En absoluto, en absoluto.

 

 

[ASL]: ¿Pero qué es la religiosidad?

[BV]: La religiosidad es una fe, una creencia, una manera de sentir frente a las cosas. No la tengo. ¿Dios? No me hace falta, te voy a decir una barbaridad. No me hace falta ese Dios que te consuela, que te vas a morir y te vas a ir al cielo o al infierno, o que tienes que pagar tus culpas. ¿A quién le voy a pedir perdón de qué? En ese caso, me perdono a mí misma de algunas cosas que fallé. ¡Claro que he fallado en muchas cosas! Pero he encontrado el sentido en el sinsentido, de alguna manera, una aceptación.

 

[ASL]: ¿Le temes a la soledad?

[BV]: La soledad, siempre he pensado que a la larga estás completamente solo, lo cual antes me ponía muy triste, cuando era joven, Y pensaba en el amor. Además, me daba cuenta de que tampoco tenía consistencia para los grandes sentimientos, porque me enamoraba por muy poco tiempo, me enamoraba, creo, de lo inalcanzable. Las pasiones de las que te hablo eran por cosas que cuando las alcanzaba ya no tenían el mismo valor. Eso te va formando una mente analítica de ciertas cosas, y apasionada. Soy apasionada hasta ahora. Digo las cosas con mucha furia, pero detrás de esa furia hay simplemente el convencimiento de que todo es un poco inútil, de que la poesía, por ejemplo, es una especie de cosa gratuita, que es lo maravilloso que tiene, que eso está destinado a la suerte, al destino, al azar, en el sentido de si alguien lo lee o no lo lee. Yo creo que la gran satisfacción que me produce mi poesía es el sufrimiento terrible que tengo cuando la estoy haciendo; es decir, la plenitud que tengo, son momentos en que vivo más. Todo lo demás es rutina, todo lo demás es mucho ruido, mucho desorden. Fuera de la poesía todo es caos. La única vez que encuentro un orden es cuando escribo poesía, esa cosa un poco insensata.

 

 

[ASL]: ¿Tú sabes lo que estás escribiendo?

[BV]: Yo creo que ahora sí, antes no. Antes escribía absolutamente lo que me cantaban los pájaros.

 

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[ASL]: Tú has escrito siempre, pero por intervalos…

[BV]: Yo escribo siempre unas líneas, pero de pronto tengo temporadas que de esas líneas viene algo más sólido, así como que jalas y es un parto mayor. Entonces, puede publicarse un libro.

 

 

[ASL]: Lo otro es como un calentamiento…

[BV]: Lo otro es como una especie de visión sobre otra manera de ver las cosas que suceden permanentemente, paralela a mí.

 

 

[ASL]: La poesía te produce dolor…

[BV]: Ese dolor tremendo cuando comenzaba a descubrir ciertas cosas, se ha convertido ahora en una certeza; la única certeza que tengo es lo incierto de todo, que todo está un poco prestado, pero que es bonito vivir como si no fuera así.

 

 

II

 

[ASL]: Los problemas sociales, ¿cómo se vivían en tu juventud?

[BV]: Nosotros estábamos muy activos, más activos que ustedes. Eso se me acaba de ocurrir ahora, pero pienso que era así. Nosotros vivíamos todo lo que pasaba en el país, estábamos muy ligados, pero hay que diferenciar una cosa: no escribíamos poesía social. Pero creo que no hay ninguno de nosotros que no tuviera un sentimiento social muy agudo, prácticamente de izquierda.

 

 

[ASL]: Y los cambios del Perú de hoy, eso que se ha dado en llamar el «desborde popular», la «cultura chicha», todo lo que el Perú ha vivido en los últimos treinta años, ¿cómo ha afectado tu vida?

[BV]: Yo creo que es un hecho natural, un hecho simplemente de las políticas anteriores, de la manera cómo se gobernado el país. El movimiento demográfico es grande, la gente no tiene un trabajo. Antes vivían en guetos; los pobres eran un gueto, los zambos vivían en un gueto; en la Lima de mi infancia recuerdo que todos tenían un papel que cumplir. Para nosotros el gran revelador del Perú fue José María Arguedas. Claro, es verdad que conforme han venido los acontecimientos después de Velasco, Sendero Luminoso y todas esas cosas, el Ande se convirtió en un foco evidente de violencia. Pero antes el indio estaba en la puna y Sabogal lo pintaba como el indio de la puna. Ahora no puedes hacer eso. Yo creo que me he movido perfectamente con esas cosas. Ahora, que me guste o no a mí la pobreza, ¡no sé trata de eso!, la miseria me rebela. Ahora soy regidora de Barranco. ¿Por qué diablos crees que yo, una persona tan retirada, se ha metido en esa olla de basura? Hemos encontrado un desarreglo ético increíble, que es lo que te apena, la contaminación que existe en los pequeños empleados, los obreros; los han acostumbrado de alguna manera a conspirar contra ellos mismos, a atacar a sus semejantes. A mí eso me parece terrible, a la gente de su clase, ¿te das cuenta? Te vienen a hablar mal del otro, es horrible. Y los robos a pequeña y gran escala, eso contamina, no hay nada que hacer. Si desde el señor, el patrón, el amo, roba, ¿por qué no va a robar pues el que cobra el boletito para el parqueo, si tiene menos plata que el otro señor? Yo siempre he sido una gran moralista. Yo voy a eso simplemente por repudio a esa gente que dice «qué barbaridad», pero no hace nada. Pero no es que yo crea, como mi querido amigo Mario Vargas Llosa, que yo podía salvar al Perú. Fue un momento en que me dije «voy a meterme para ver qué puedo hacer», pero eso no es política. ¿Qué puedo yo sacar de este pobre y miserable distrito?

 

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Blanca Varela y Fernando de Szyszlo.
París, 1949.
Crédito de la foto: autor desconocido. Cortesía: Archivo Blanca Varela.

 

[ASL]: ¿Tú crees que la violencia política en el Perú ha marcado las relaciones personales?

[BV]: Yo creo que la violencia en general, que no es la violencia del país, la violencia del mundo, sí ha marcado las relaciones de los seres humanos profundamente. Yo sí creo. Pero para bien y para mal. Para mí, aceptar la existencia de una violencia ya es una manera de exorcizar esa violencia. No sé si me explico. En cuanto tú adviertes que existe algo que es destructivo, estás creando ya de alguna manera una forma de oponerte a eso. En la denuncia misma ya existe un anticuerpo. ¿No crees? Pero pienso que las relaciones son hoy más francas entre los seres humanos. Son más abiertas, inclusive entre padres e hijos. Aunque resulten a veces muy dolorosas, pero son más claras. Pero para mí sí es bueno que la gente diga la verdad.

 

 

[ASL]: ¿Te has sentido cómoda viviendo en el Perú?

[BV]: Yo he aceptado al Perú como un reto. Es una manera de ver cómo sobrevives aquí. No se trata de sobrevivir económicamente, sino cómo sobrevives conservándote como un ser humano, que es lo más importante. Cómo no te vuelves indiferente, porque conseguiste una cierta manera de vivir, que es más o menos cómoda, y que te permite vivir de espaldas a la barriada, o de espaldas al malestar de otros. Das una propinita grande o un regalito por navidad a las personas y sientes que ya has hecho ciertas cosas… No. Yo siempre he tenido un espíritu un poco heroico. Siempre he pensado en el héroe. Claro, eso no ha correspondido para nada con lo que me ha tocado vivir, ni físicamente, ni nada. No he tenido las capacidades heroicas, ni las posibilidades. Pero sí me parece que una buena manera de gastar la vida es haciendo cosas para que cambie lo que te rodea.

 

 

[ASL]: La experiencia del Movimiento Libertad, con Mario Vargas Llosa y otros amigos tuyos, no te llegó a convencer como una alternativa política.

[BV]: No. No. Porque yo creo que cada persona debe ocupar su lugar. En el caso de Mario Vargas, y lo voy a decir, fue un despilfarro. Yo creo que es una persona que estaba tan dotada para otras cosas, tan autorizada moralmente ciertas cosas, que meterse en roce político atroz, en general, y en este país en particular, no fue bueno para él. La prueba está en que podríamos haber tenido un presidente increíble como para un país de cuento de hadas, no como para el Perú.

 

 

[ASL]: ¿Y tú crees que la experiencia de Vargas Llosa en la política ha cambiado la imagen que la gente tiene del intelectual? ¿Se ha devaluado imagen del intelectual?

[BV]: No lo creo. Yo creo que Mario hizo un sacrificio importante. ¡Dónde se las razones de un sacrificio; en qué parte de tu historia, de tu ancestro, de tu inconsciente está, no lo sé! Pero indudablemente yo creo en su gran honestidad y en su gran sinceridad en el asunto. Lo que pasa es que no es fácil lidiar con tus semejantes. Es muy difícil enmendar situaciones que vienen mal desde hace siglos, por decirlo de alguna manera. Entonces, tienes que tener realmente un espíritu muy especial para estar en eso. Yo lo sentí casi corno una herida personal. Para mí el hecho de que Mario se metiera en política fue una pérdida. Una pérdida de alguien cuya palabra, creo, era mucho más, tenía más peso, era más trascendente si no se hubiera tenido que mezclar con esa cosa inmunda que es el poder, en general. Esa pequeña cosa que va desgastando, en la cual no sabes por qué, por qué tipo de generación florecen y pululan unos individuos extraños que están pidiendo cosas, que están trabajando por cosas increíbles.

Me acuerdo de que para mí fue una decisión dura no acompañar a Mario, que es mi gran amigo, un amigo entrañable, a quien quiero muchísimo, en una aventura muy peligrosa corno aquella en la que se metió. ¿Tú no crees que era peligrosa? Yo sí creo que era una aventura sumamente peligrosa. Una aventura en la cual si sales ganador, pierdes.

 

 

[ASL]: ¿Tú dirías que hay más similitudes que diferencias entre Javier Pérez de Cuéllar y Mario Vargas Llosa?

[BV]: Bueno, bueno, tienen similitudes en el sentido de que ambos son seres cultos, educados dentro de ciertas formas superiores, por decirlo de alguna manera, han tenido contacto con Europa, con Estados Unidos, con idiomas… Pero yo no creo que lo que motivó a Mario para meterse en política sea similar a lo que ha motivado a Pérez de Cuéllar.

 

cortesía Vivian Lofiego

(De izq. a der.) Desconocido, Blanca Varela y Mario Vargas Llosa.
C. 1990.
Crédito de la foto: autor desconocido: Cortesía Vivian Lofiego

[ASL]: ¿Cuál es la diferencia?

[BV]: Que Mario ha tenido siempre un espíritu heroico, de alguna manera. Él siempre ha sido atraído por la aventura. Mira, si tú te pones a leer un poco, es decir, si has conocido un poco a Mario de cerca, tú sabes que su gran pasión fueron los libros de caballería. Después, qué hombres lo han conmovido: Malraux, Saint Exupéry a lo mejor; los seres que tienen una cierta aventura en sus vidas, ¿no es cierto? Unos en forma activa y otros en forma literaria, no importa. Yo creo que eso ha creado una especie de mundo que no solamente es mental e intelectual en Mario. Yo creo que ha participado en él una parte más orgánica, más biológica. Yo no creo que ese sea el temperamento de Pérez de Cuéllar.

 

 

[ASL]: Ahora estamos, a finales de siglo, frente a una nueva imagen del político, que pareciera ser que no la encarnan los políticos que tú has descrito. ¿A qué se debería eso de que el peruano está más distante de ellos y está más cerca de un presidente como Fujimori?

[BV]: Creo que el peruano, en general, digamos todos nosotros, que es un inmenso pueblo de indios, ha sido estafado perennemente por los criollos, por los mestizos bien colocados, por los blancos, por los hijos de inmigrantes, por los blancos de ojos azules, que han maltratado al pueblo. Entonces, claro, hay una desconfianza total frente a ese tipo de gente. Yo la tengo. A mí los blancos de Lima, esos blancos, me producen realmente aburrimiento.

Ya no desconfianza, porque ya no son los dueños del país, pero un aburrimiento total. Además se han acabado los inteligentísimos que había. Porque había algunos que eran cultísimos. A ver, hazme un listado de los antiguos aristócratas peruanos que sean inteligentísimos en este momento. Están más bien refugiados en una clase media, en una clase emergente…

 

 

[ASL]: Los escritores también, ¿no?

[BV]: El ser escritor en el Perú es ser clase media media para abajo. ¡Felizmente! Porque somos la gente que hemos podido estar en el centro del caos, en el centro de la manzana, desde donde veíamos cómo se disparaban las otras cosas. Y aprendíamos, y pasábamos desapercibidos. Porque no ha habido nada más boicoteado en este país que un intelectual o un hombre inteligente, un hombre culto o un artista, un creador. Es verdad. Yo creo que es muy importante el hecho de haber pasado desapercibido. Velasco como que saca un poco las cosas, y no les hace un favor a los intelectuales. Ni los intelectuales le hicieron ningún favor a Velasco tampoco. Y ahora lo que estamos viviendo es la medianía, la mediocridad. Yo creo que es la gran mediocridad lo que estamos viviendo ahora.

 

 

[ASL]: Con el gobierno de Velasco sí hubo la participación de los intelectuales.

[BV]: Evidentemente, fue el único momento en que los intelectuales pudieron tener la sartén por el mango, a un precio ―siempre hay un precio que pagar por estas cosas―. Pero ese momento no lo supieron aprovechar.

Muchas gentes creyeron que eran dueñas de la situación, y nunca se es dueño de la situación. ¿Sabes quiénes son los dueños de la situación? Los comerciantes, los empresarios, los que tienen la plata. ¿Cómo crees que te dejan escribir en un periódico, opinar en una radio? ¡Tú eres un asalariado! Tú eres persona a la que en algún momento van a botar. No eres el dueño del asunto. Yo creo que deberían cambiar los términos de propiedad en este país, de propiedad en el mejor sentido. No en el sentido de que te quito tu teléfono, que es tuyo y lo has pagado… De propiedad en el sentido del uso de las cosas.

 

 

[ASL]: El intelectual es consciente de que es un asalariado…

[BV]: Sí, pero el intelectual tiene una soberbia. Hay una soberbia por el hecho de algo cierto, que somos más inteligentes que la mayoría, ¿no es cierto? Hemos leído más libros, hemos escrito más páginas, estamos más atentos a ciertas voces que nos dicen algo. Pero eso no es lo que sirve para sobrevivir sobre la tierra; eso debería mejorar la manera de vivir sobre la tierra, pero no es suficiente. Lo que sirve es una relación más honesta, más auténtica, un mejor reparto de las cosas, y un mejor reconocimiento de quien puede manejar mejor las cosas que otros. Evidentemente, hay algunos que no están dotados para manejar, pero eso no significa que los mejor dotados van a usar a los que no saben manejar las cosas. Hay términos que me parece que no existen en la política peruana; la generosidad, el respeto, el deseo de elevar la dignidad de todo lo que te rodea, de tu país mismo. Somos poco peruanos los peruanos.

 

BV caratula dominical

 

[ASL]: ¿Cómo has visto estos quince años de guerra con Sendero Luminoso?

[BV]: Ha sido una guerra de roedores.

 

 

[ASL]: Esta no ha sido una guerra romántica…

[BV]: Esa cosa de bastardía que existe en el Perú. Lo repito: aquí hay esas especies de guerras, de pequeñas venganzas, de lucro, de ver quién se come al otro. Y con eso no puedes hacer un país. Nos ha faltado una gesta. Nos ha faltado un enemigo común. Un enemigo común o un objetivo común. No lo tenemos. ¿Tú crees que algo ha hecho a los peruanos sentirse juntos? Ni siquiera, fíjate, la guerra de la independencia. Ni siquiera cuando llegaron los españoles les, porque ya los incas habían fregado  todo el Perú. Yo creo que lo que pasa es que esta es una tierra que nunca ha tenido un dios claro. Es una tierra de nadie donde todo el mundo ha pasado cosas y ha tratado de sacar provecho. ¿No te da esa impresión el Perú?

 

 

[ASL]: ¿Tú crees que la presencia de la mujer en Sendero Luminoso es espontánea?

[BV]: Yo creo que es un uso de la mujer. La mujer es la carne de cañón en Sendero. El hecho de que la hagan sentirse importante y pueda decidir cosas, aunque le digan «tienes que matar» y le ponen un arma en la mano, ha sido usada. Tú no puedes decir que la mujer en Sendero ha sido un alma de Dios. Han sido las más feroces, las que daban los tiros de gracia. Todo era muy salvaje. No se justificaba ese sacrificio de inocentes o de gente ignorante para conseguir algo que no creo que fuera muy valioso que digamos.

Cuando nosotros éramos jóvenes, te cuento, la revolución era una cosa maravillosa, ¿Tú sabes que la revolución era algo maravilloso? ¿Tú sabes que el día que Fidel botó a Batista fue una fiesta general? ¡Todo el mundo tenía una sonrisa de oreja a oreja! Eso era una maravilla para América Latina. No se pudo, ¿no es cierto? No sé, pero no se pudo. Yo creo que ese fue uno de los grandes bajonazos que hemos tenido, en esta parte del mundo, respecto a no haber podido hacer de esa revolución o de esa especie de reivindicación… algo maravilloso.

 

 

[ASL]: ¿Crees que el Perú guarda una reserva ética? ¿O es un país que la corrupción ha ido corroyendo?

[BV]: Yo creo que el ser humano es ético, en la medida en que la ética lo protege.

Porque la ética es el último reducto para sobrevivir. Yo creo que el Perú puede ser un país ético. Lo malo es que vivimos en un mundo de chantajistas. Lo que pasa es que el enemigo es muy grande. Todo lo que se ha acumulado al otro lado es muy grande.

 

 

 

 

 

*(Lima – Perú, 1947). Licenciado en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y magíster por la Universidad de París X Nanterre. Ganó las becas Guggenheim (1980) y la Fullbright (1989). Se ha desempeñado como Director de la revista Quehacer y como profesor de Comunicaciones de la PUCP. Ha publicado en poesía: Poemas y ventanas cerradas (1969), Habitaciones contiguas (1972), Rastro de caracol (1977), Oficio de sobreviviente (1980), Buen lugar para morir (1984), Antiguos papeles (1987), Oh túnel de la herradura (1995) y El mundo en una gota de rocío (2000); en crónica y ensayo: Peru, the new poetry (1977), Tugurización en Lima metropolitana (1979), Risa y cultura en la televisión peruana (1984), El laberinto de la ciudad: Políticas urbanas del Estado, 1950-1979 (1987), Historia del voleybol femenino peruano (1992), La balada del gol perdido: Lima, la seducción de la nostalgia (1993), Fútbol: identidad, violencia & racionalidad (1997) y El viaje del salmón (2005); y en novela: Por la puerta falsa (1991), La soledad del nadador (1996), El tartamudo (2002), El hombre de la azotea (2008) y Resplandor de noviembre (2012).

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