En el marco del III Festival Internacional de Poesía de Lima, que organiza la Nido de cuervos y que se llevará a cabo en la capital peruana entre el 13 y 16 de abril próximo, Vallejo & Co. presenta un conjunto de entrevistas con algunos de los poetas participantes con la intención de conocerlos más a estos y a su obra. ¡Bienvenido III FipLima! ¡Bienvenida la poesía!

 

Por: Mario Pera

Crédito de la foto: www.revistaiman.es

 

 

«En un buen poema caben muchas novelas».

Entrevista al poeta Rafael Soler*

 

 

1. Rafael, estudiaste ingeniería y sociología, pero a la par has desarrollado una importante obra literaria, en narrativa y en poesía, esencialmente. Habiendo estudiado profesiones quizá no tan afines con la literatura, ¿cómo inicia tu relación con la misma? En lo particular, ¿cómo llegas a la poesía y cuáles han sido tus lecturas más trascendentales?

Soy de los que piensan que somos la suma de lo que quisimos ser y lo que creemos ser. Siempre quise ser escritor. Mi condición de ingeniero me llevó pronto a la docencia en la Universidad Politécnica de Madrid. Y mi formación de sociólogo me ofreció nuevas destrezas para el trabajo que en aquellos años desarrollaba como urbanista. Nunca pensé en vivir de la literatura, y sí en vivir para escribir. A estas alturas de la «bida» ―que no es otra cosa que la vida bien bebida― me gusta pensar que el escritor que llevo dentro tiene ahora más espacio para la creación, haciendo buena la afirmación de Bukowski: «cuanto más escribo más me acerco a lo que soy».

A muy temprana edad leí, con pasmo y del tirón, Sinuhé el egipcio de Mika Waltari, y muy poco después Al este del Edén, de Steinbeck. Ahí empezó todo. La poesía llegó luego, con las voces de Vallejo, Machado, Neruda, Miguel Hernández. Yo era muy joven. Ellos, también.

 

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2. En relación a tu manera de crear, ¿eres de los que esperan a que llegue la inspiración o prefieres el trabajo constante para elaborar tu obra? Pienso que quizá para escribir narrativa el método es distinto al que usas para escribir poesía. En ese sentido, esencialmente en poesía, ¿sueles crear una estructura previa para cada poemario y escribes los poemas en base a ella, o te dejas llevar por la plena libertad y escribes poemas esperando que la organicidad del libro la brinde el tiempo o algún otro elemento?

Si tienes talento narrativo y una historia  puedes perpetrar una novela, siempre que encuentres el tono. Hace falta también mucho trabajo y mucha disciplina, pero al final escribes la novela que querías escribir, o una parecida a la que tenías en la cabeza; incluso, si hay mucha suerte, una novela que ni siquiera sospechabas y has cuajado con la ayuda de unos personajes que al final se desbocaron haciendo de las suyas.

La poesía, en cambio, «te escribe». Ahí su grandeza, ahí su misterio, ahí su tiranía. El poeta, desvalido, puede invocar, acercarse a lo inefable, hacer del fracaso algo cotidiano hasta que la inspiración dicta a su antojo aquello que ignoraba. Así, poco a poco, llegan los poemas, incluso los buenos poemas, tan esquivos, y un día descubres el hilo para ese pespunte que necesitan, y nace el libro. Maneras de volver recoge en cuarenta y dos poemas los ecos de treinta años de silencio: Amor kebap, catálogo de encuentros en los que viene una mujer y te detienes, vienen dos y te detienen, vienes tres y tú no tienes; Vivir es un asunto personal, con algunas cicatrices bien llevadas, y La casa helada, que desde un registro a veces irónico mira de frente a ese funerario  trámite final que nunca es bienvenido. Las cartas que debía es un saludable y duro ajuste de cuentas, y tiene por tanto un armazón que el poeta asume y que organiza su escritura. Y Ácido almíbar, mi último libro publicado, reflexiona sobre esa doble falta de respeto que supone que nos nazcan y nos mueran, seis capítulos que son también seis carpetas para contar ese viaje que empieza cuando alzándote de nalgas a un vacío sin fin te precipitan. Libros pues con una organicidad no siempre buscada en su inicial escritura, pero libros de contenido rigurosamente organizados en su composición final.

 

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3. Entre los diversos elementos que retornan en tu poesía, se encuentran la soledad y la melancolía como dos factores sólidos y constantes, casi como un dolor con el que debemos aprender a coexistir porque, de lo contrario,  resulta imposible seguir adelante. El amor asimismo está presente, pero aquel lejano al sentimentalismo sino desde una visión realista, casi existencialista. ¿Qué busca la poesía de Soler: respuestas, la sola posibilidad del manifestarse, la redención por la palabra? ¿Son estos elementos indicados (soledad, melancolía, amor) tópicos que ingresan de manera consciente en tu obra?

«Nacerás cuando ames / y por amado tomarás posesión de cuanto venga / con esa insolencia del que ignora / que habla por él un ignorante» tengo escrito en Ácido almíbar. Creo en el amor, porque el amor mueve los muebles y da sentido a todo. Así que, en efecto es una constante en mi poesía, como son también la soledad bien y mal llevada, los cercanos y los tóxicos, los desmanes de La Parca, el desamparo. La antología que publicaron en Paraguay en 2013 lleva por título La vida en un puño, y no es casual: me interesa cuanto la vida trae y lleva.

 

4. En 1979 publicaste El grito (1979) y continuaste una carrera literaria en narrativa. No obstante, en poesía publicaste Los sitios interiores (sonata urgente) (1980) para luego entrar en un silencio de casi tres décadas, hasta la publicación de Maneras de volver (2009). ¿Qué significa ese silencio lírico, la necesidad de un espacio, de una reformulación, de abrirte a otros géneros? Tras 30 años sin publicar poesía, ¿te enfrentaste a una nueva manera de acercarte a ella en el hecho creativo?

Fueron años de silencio editorial, pero fecundos en experiencias y escritura. Nacieron sin prisa y a su aire  poemas estimables y sinceros. Hasta que un día sentí la necesidad de volver a primera línea de combate con los míos, los poetas. Y así llegó, tanto tiempo después, mi segundo libro, que solo podía titularse así, Maneras de volver, con la misma voz reconocible con que fue escrito Los sitios interiores, pero con un tono irónico, menos inocente. Un poeta es sobre todo una voz y una mirada. Conservé mi voz, cambió la mirada.

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El poeta Rafael Soler

 

5. Como ya mencioné, escribes tanto narrativa como poesía, ambas con éxito y buenas críticas. A la poesía volviste tras décadas con ímpetu, publicaste tres nuevos libros y dos antologías en cinco años. ¿Qué te ofrece la poesía como género literario que no te ofrece la narrativa y que te hace volver a ella?

En un buen poema caben muchas novelas. Un poema que merezca ese nombre admite muchas lecturas, y en todas puedes encontrar algo nuevo. A cada uno lo suyo, y a la Poesía el lugar con luz que solo ella merece.

 

6. Has ganado varios premios por tu obra. Entre otros, el Premio de la Crítica Literaria Valenciana 2015, el Premio Cáceres 1982, Premio Ateneo de La Laguna 1980, etc. Los premios suelen traer dinero, fama, pero también vanidades y orgullos. ¿Son perniciosos los premios para el escritor? En tu experiencia, ¿han influido, y si es que lo han hecho cómo, estos premios en tu manera de escribir o ver la poesía?

Acudí a los premios de narrativa cuando era un escritor desconocido, tuve suerte y esos reconocimientos me permitieron luego publicar mis novelas en la Editorial Cátedra. Y esa debe ser, pienso, la función de los premios: hacer visible a un nuevo escritor, que luego buscará acomodo en los catálogos de editoriales solventes. ¿Dinero, fama? Es más difícil reponerse de un éxito que de un fracaso, y ¡ay!, del que alimente su vanidad con ese efímero ruido que suele acompañar por poco tiempo al triunfador. El camino se hace con humildad, en soledad y de rodillas. Lo demás, humo.

 

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7. En alguna entrevista dijiste “me devastó Vallejo”. Y es conocida tu particular afinidad por la poesía de este autor. ¿Qué significa en tu obra el legado poético vallejiano? ¿Cómo ha influido esa tensión y el dolor humano del peruano en tu poesía?

Vallejo es mucho Vallejo. Trilce fue uno de los primeros libros de poesía que cayeron en mis manos, y tras una primera lectura decidí empezar de nuevo. Así estuve mucho tiempo. Luego, todo se aquietó, y la obra de Vallejo hizo su labor de lluvia fina, como ocurre siempre con los grandes. La mirada y la voz de Vallejo hacen trascendente lo menudo, universal el dolor, cercano «al que duda de pena o de vergüenza, / aquel que va, por orden de sus manos, al cinema». No hace mucho, releí una antología de Alejandro Romualdo, otro admirable poeta que dio vuestra tierra, muy a su estela, y decidí volver sobre Trilce. Ahí sigo.

 

8. Por lástima, desde hace algunos años existe una mala fama entre los actuales premios que se otorgan en España en los diversos géneros literarios. Respecto a los premios en poesía hay significativas suspicacias respecto a los mismos, a la ética y a la corrupción que los circundan. ¿Qué opinión tienes al respecto?

Un poema no termina de escribirse hasta que encuentra a su lector, y se reconoce en él porque de alguna forma le concierne. El poeta, pues, necesita ser (re)conocido, y lo que busca, y lo que necesita es la pacífica y honorable difusión de su obra. Los premios pueden ser un camino, nunca el único. Niego la mayor: en mi país hay muchos premios solventes, rigurosos y con jurados impecables e implacables. También, lamentablemente, otros de dudosa legitimidad. Quizá, demasiados.

 

La vida en un puño

 

9. Has sido invitado a participar en el Tercer Festival Internacional de Poesía de Lima. ¿Será tu primer encuentro con la tierra de César Vallejo? Qué expectativas tienes?

Siempre quise visitar Perú, y me alegra mucho, mucho, llegar de la mano de la Poesía al encuentro de buenos amigos que participan en FIPLIMA iii, y tuve ocasión de conocer en otros encuentros donde la poesía manda. Una convocatoria tan potente como ésta genera muchas expectativas, y estoy seguro que no se verán defraudadas conociendo la capacidad de trabajo y el entusiasmo de Renato Sandoval y de su equipo. La poesía, siempre la Poesía.

 

 

 

 

 

*(Valencia-España, 1947). Estudió ingeniería y sociología. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica. Ha publicado en poesía Los sitios interiores (sonata urgente) (1980), Maneras de volver (2009), Las cartas que debía (2011), La vida en un puño (2012), Pie de página (2012) y Ácido almíbar (2014); y en narrativa El grito (1979), Cuentos de ahora mismo (1980), El corazón del lobo (1981), El Mirador (1981), El sueño de Torba (1983) y Barranco (1985). Ha sido merecedor de los premios Premio de la Crítica Literaria Valenciana 2015, el Premio Cáceres 1982, Premio Ateneo de La Laguna 1980, Premio Primera Bienal Ámbito Literario 1978, entre otros.

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