Por Aleyda Quevedo Rojas

Crédito de la foto (Izq.) www.skeimbol.com /

(Der.) Ed. Polibea

 

 

 

En mitad de un equinoccio: apuntes para un debate

sobre la curaduría literaria

 

 

¿Cuánto importa la existencia de una poesía ecuatoriana en Europa?, ¿a quiénes les interesa?, pienso en éstas dos preguntas al leer los poemas de los 25 ecuatorianos que componen la antología En mitad de un equinoccio, panorama de la poesía ecuatoriana contemporánea, Editorial Polibea.

Dibujar la arquitectura de una antología de la poesía ecuatoriana contemporánea, implica una serie de decisiones que requieren de un concentrado trabajo investigativo y un conocimiento más o menos extenso y profundo de la lírica del Ecuador, remarcando en los poetas contemporáneos; más aún cuando se trata de publicar en un sello editorial español y poner en circulación el libro para la venta y exhibición en librerías de varias ciudades de España y Ecuador, pensando en que el Ecuador que escribe no es precisamente el que más se conoce e interesa en España; y pensando también en que el mercado del libro español es muy competitivo. (Algunos datos señalan que el tiempo de vida de un libro que se pone en circulación, si no logra cierto éxito, en menos de 48 horas pasará a ser un libro muerto y saldrá de las estanterías).

También pienso que ésta antología es el tercer esfuerzo que se ha realizado para difundir la poesía ecuatoriana en España. La primera fue Antología del siglo XX en Ecuador, publicada por la editorial Visor y preparada por el poeta Edwin Madrid que reunió 22 poetas y se publicó en 2007, con un tiraje de 4,000 mil ejemplares que han circulado en todo el Continente. El segundo esfuerzo fue financiado y solicitado por el Ministerio de Cultura a la editorial Alfaguara, y fue encargada y preparada por el poeta Iván Carvajal y el investigador Raúl Pacheco en 2010, con un tiraje de 2,500 ejemplares.

 

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Y ésta antología, vendría a ser la tercera que da cuenta del estado de salud del que goza la nueva poesía del Ecuador con 25 voces. Pero, cómo lograr el andamiaje de una antología plural, consistente, abierta a todos los ojos-sensibles, y lo suficientemente rica, para que los lectores de España se entreguen con emoción y entusiasmo en sus páginas, sin dar lugar a dudas o suspicacias, de ningún tipo. Desde luego, pienso que quizá ésta fue una de las esenciales preocupaciones y la gran meta de Verónica Aranda y Siomara España, responsables de éste libro, quienes en una primera etapa seleccionaron 50 poetas para el análisis de los dos curadores del proyecto, la poeta y editora Mercedes Roffé y el poeta Jorge Posada; Aranda y España son las editoras que estuvieron a cargo, además escribieron el prólogo y son quienes han venido presentando el libro, durante el mes de noviembre de 2017 en tres ciudades del Ecuador y lo harán, según me contaron, en 2018 en varias de España.

 

Lo primero que hago es poner en valor el esfuerzo de mis colegas y desde allí, en el mejor sentido de debatir y profundizar en lo que implica curar, diseñar, armar y preparar antologías, anotaré algunas fallas y errores de ésta antología, que les comentaré más adelante.

Entonces, hasta aquí tenemos un libro de 241 páginas preparado por una española, una argentina radicada en Estados Unidos, un mexicano y una ecuatoriana. Y es bajo el lente de éstos cuatro lectores de poesía que nos llega En mitad de un equinoccio, del que soy parte como poeta incluida; pero al que me referiré como lectora de poesía y como antologadora, pues he tenido la ardua tarea de preparar varias antologías de la poesía ecuatoriana contemporánea para revistas digitales e impresas, así como libros para sellos editoriales de algunos países.

Quiero anotar algunas consideraciones importantes:

La primera es que todos estamos de acuerdo o casi todos, en que una antología se diseña y arma siempre desde un marcado gusto estético y ético personal, digamos de cada antologador. Así, cada antología es en gran parte el gusto y el universo de lecturas del antologador; como sabemos, todo escritor es lo que lee, en el caso de un antologador, el dicho reza “todo antologador es lo que alcanza a leer y devorar, y lo que la suerte y la red de contactos le permite encontrar”. De ahí que muchos llamen a las antologías, antojolías…

 

 

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La segunda consideración la hago desde mi experiencia como antologadora de poesía ecuatoriana y cubana, como antologadora de una pequeña parte de la gran poesía del universal y prolífico poeta Eduardo Chirinos y de los cuentos del maestro Fernando Iwasaki, y diré que tengo algunas reglas de oro que me guían y que las mantengo como principio innegociable a la hora de preparar una antología:

 

  1. Por principio ético jamás me incluyo en una antología, presione quien presione, lo cual como saben ustedes, en nuestro medio [el ecuatoriano], es moneda común, ha pasado con prestigiosos antologadores como Adoum, Carvajal y con otros menos prestigiosos que igual son autores, cómplices y encubridores de las antologías.
  2. Intentar en todo momento establecer un cierto equilibrio entre hombres y mujeres escritores, lo cual en el panorama de los poetas contemporáneos es menos complicado, porque las mujeres escriben en igual o mayor número que los hombres y con tremenda calidad.
  3. Y finalmente, intento ejercer en toda la extensión de la palabra, lo que implica una CURADURÍA. Es decir, elaborar un comisariado literario entendido como una tarea compleja, porque al igual que un comisariado de arte, el objetivo es determinar qué verá-leerá el público o los lectores en una exposición-antología y cómo lo verá-sentirá, que es la puesta en escena-edición-diseño-impresión-circulación del libro. Me guía éste concepto de Amable López Meléndez, curador jefe del Museo de Arte Moderno de España, “la curaduría es la puesta en escena de la producción artística, pero en el campo de la reflexión, para pensar y analizar la obra”.

 

Partiendo de éste concepto, regreso a nuestra En mitad del equinoccio para comentar que observé que no existe paridad de género en la selección, tenemos 10 mujeres y 15 hombres. Verónica Aranda anota en el prólogo que lamenta que no estén incluidas: Julia Erazo, Carla Badillo y Mónica Ojeda. De esos tres nombres extraño, sin lugar a dudas, a la potente Mónica Ojeda, por su original trabajo con el lenguaje demostrado en su único libro publicado de poesía hasta ahora El ciclo de las piedras.

Me parece que apostar por 25 poetas es un excelente número, porque es ahí donde los criterios de rigor, que la curaduría exige, debían aplicarse para analizar los libros de los poetas, sus procesos de escritura, el nivel artístico alcanzado y sostenido en cada uno de sus libros y desde luego, los hallazgos de esos libros publicados. No se trababa de meter a todos y llegar a 40 o 50 poetas, y colocar en el mismo vagón a todo el mundo, bien sabemos que nunca caben todos porque de lo que se trata es de poner en escena las sensibilidades y estéticas de la contemporaneidad de la poesía ecuatoriana. Pero lamento muchísimo más que la antología no incluyera al gran poeta Mario Campaña nacido en 1959 y en su lugar, luego de la gran poesía de Maritza Cino que abre el libro (lo cual es un enorme acierto), se incluya del año 1958 a Edgar Allan García, que no es precisamente en la poesía el género donde se ha destacado, sino más bien en la literatura infantil; y cuyos libros de poesía son, en mi opinión, de niveles muy irregulares.

 

PORTADA POESÍA ECUATORIANA

 

Error sustancial de curaduría. Más aún si tomamos en cuenta que Campaña reside en Barcelona desde hace años y sigue viniendo al Ecuador, es un notable investigador y ensayista literario de fuerte reconocimiento en España y acaba de recibir el Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade, del cual fui jurado. Sostengo que Campaña y Cino constituyen poetas esenciales de la contemporánea poesía del Ecuador. Sus poéticas revelan la innovación desde la tradición, desde lo moderno y experimental, que inaugurara Hugo Mayo, y que los dos poetas han sabido sostener en cada uno de sus más de ocho libros de poesía, un proyecto total de escritura y arte.

Y al “hablar de una estructura del sentir” que recupera Verónica Aranda evocando a Raymond Willimans, pienso que los lectores no podemos ver y leer en ésta antología, la finísima estructura del sentir que alcanza puntos de altísima calidad en poetas de mi generación, nacidos en los 70, con las voces de poetas que no están en ésta antología y constituyen grandes vacíos ya que, si de lo que hablamos es de mostrar la sensibilidad de lo contemporáneo, deberían estar Juan Secaira, Alfonso Espinosa, Javier Cevallos Perugachi y David G. Barreto. Volviendo a la paridad de género, me queda el vacío de no ver-leer los poemas de la irreverente Andrea Crespo y de Ana Minga. Así como considero un exceso de generosidad incluir poemas de Gabriel Cisneros, Oquendo Troncoso y María Aveiga. Poetas irregulares y repetitivos en sus diversos libros. O sencillamente, diré que no están en mi gusto de lectora de poesía.

Pero lo que propongo es debatir y celebrar la luz de éste equinoccio que circulará en España y que, como me lo reveló Verónica Aranda, se presentará en febrero del 2018 en el “Festival Centrifugados” de editores independientes. Confiemos en que éste pequeño primer tiraje de 120 ejemplares impreso exclusivamente para Ecuador, se multiplicará por varios miles de libros y conectará con nuevos lectores de distintas generaciones de España y de otros países de América Latina. Ahí está el reto de la publicación en España. Hace poco escuché en Quito al crítico español Ignacio Echevarría señalar que, penosamente, para que un poeta ecuatoriano o peruano sea leído en Chile, México o Buenos Aires, debe ser publicado y difundido primero en España, con el respaldo de un sello español. Lamentablemente, las reglas del mercado de la literatura no han cambiado. Por lo tanto la tarea para POLIBEA y para las editoras es muy grande. Y en ese esfuerzo apasionado de difundir la poesía ecuatoriana estamos inmersos todos…

 

El poeta Hugo Mayo

El poeta Hugo Mayo

 

Para terminar, éste breve y sincero comentario crítico, me pregunto, qué pasaría si un “lector antiguo lee ésta antología”, y lo que quiero en realidad imaginar-pensar-creer es que, si Hugo Mayo la leyera, sonreiría relajadamente feliz porque encontró la multiciplicidad del arte con muchas intersecciones entre lo culto, lo popular, lo experimental, lo neobarroco, lo erótico, lo masivo, lo íntimo, magníficamente plasmado en la poesía de Sigüenza, Madrid, Zapata, Mussó, Hidalgo, Lema, César Eduardo, Carrión, Rodinás, Balladares y Martínez. Porque a pesar de ciertos vacíos, ésta antología es una mirada que vale la pena debatir sobre la poesía que se escribe ahora mismo en Ecuador.

 

  • Poetas incluidos en la antología En mitad de un equinoccio, panorama de la poesía ecuatoriana contemporánea: Maritza Cino Alvear, Edgar Allan García, Roy Sigüenza, Raúl Vallejo, Edwin Madrid, María Aveiga, Cristóbal Zapata, Luis Carlos Mussó, Pedro Gil, María Luz Albuja, Ana Cecilia Blum, Gabriel Cisneros, Xavier Oquendo, Aleyda Quevedo Rojas, Ángel Emilio Hidalgo, Lucila Lema, César Eduardo Carrión, Siomara España, Ernesto Carrión, Juan José Rodinás, Augusto Rodríguez, Alexis Cuzme, María Auxiliadora Balladares, María de los Ángeles Martínez y Dina Bellrham.

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