Vallejo & Co. presenta un texto leído por su autor para la presentación del libro Miguel Ángel Bustos. Biografía de un poeta militante (2018), de Jorge Hardmeier, presentado en la 44ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, abril 2018.

 

 

Por Reynaldo Jiménez

Crédito de la foto (izq.) www.indiehoy.com

Cari Aimé Stanzione /

(der.) Ed. Lamás Médula

 

 

 

En el aura de lo irreparable

 

 

Leer una biografía nos asoma al diamante siempre incompleto de identidad.

Y aun cuando “nadie conoce a nadie”.

Los testimonios confluyen en la recreación de ese recorrido vital, en su deriva devienen, dan el enredo de un enhebrado: cada relato traza un perfil, trae o distrae un aspecto, recobra y pone a vibrar una parte, aporta y apronta una perspectiva.

Acaso una biografía no quede compuesta sino por aquellos puntos de anudamiento en que anexactamente se entrecruzan las versiones: entrevisiones, reojos, rumores, desmentidas, análisis, anudamientos pasionales, contraposiciones.

No digo nada nuevo al respecto: cada versión recuenta, recuerda desde el lugar particular de la relación de su portador con el biografiado.

Reconstrucción de factores narrantes que habrán sin embargo de eludir cualquier asomo de ficción —exigencia del ideario: además del verosímil, la “verdad de los hechos”—, dentro de sus posibilidades, y aun cuando esa narrativa amalgame múltiples voces, una cierta comunidad de voces (y no necesariamente otras).

Hay un borde filoso ahí.

Materia de reflexiones que acontecen cada vez que se encuentra uno ante un acto de recupero biográfico, como este acontecimiento editorial que nos ocupa.

La paciente búsqueda del investigador no se escinde de la actitud del agitador semántico cuyo vivir y obrar retrata: esbozar la biografía de un instigador en poesía como Miguel Ángel Bustos no podría haberse eximido de una perspectiva micropolítica acorde.

La singularidad de Bustos empalma, acá, con la necesariamente continua revisión —al ras de los matices, su plenificada multiplicación— de tantas heridas en el cuerpo colectivo que los discursos de la macropolítica y los filtros atencionales de la mentalidad dominante no alcanzan a cerrar y más bien al contrario siguen abriéndolas.

El trabajo de actualización de Jorge Hardmeier restaña, como quien restaurase a partir de las trizas al sesgo disponibles, el aura de lo irreparable, alineando en un gesto de justicia (precisamente) poética ese itinerario bustiano, pendiente hasta ahora, en que la desaparición forzada del poeta se imbrica con la previa aparición, desde todo punto de vista inexplicable, del alerta visionario de su inscritura.

Obrar poético de Bustos, en tanto acción multifacetada y plural, que el libro de Hardmeier sigue de lo más cerca posible, sin perderlo nunca de vista.

La militancia de Bustos aludida desde la portada del libro parecería ser percibida, sin reducirle el valor ni el coraje, también como una expansión ética de su poiesis, es decir su práctica.

La tarea del investigador salda a su modo y justa medida la deuda colectiva con esa tragedia y con ese destino, pero también acompaña —lo señalo como su logro más urgente— el misterio propio de semejante presencia.

Enigma indagado, a fin-de-cuentos, donde no se eludirán, por tanto, las posibles contradicciones ahí donde se presenten, incitándolas más bien a interpenetrarse, sin afán de redondeos simplificadores, equivalentes a nuevos allanamientos, a sabiendas de cuánto la contradicción nutre, precisamente, la cualidad abismal implicado en la aparición de un obrar poético marcante para muchos de quienes carecemos de algún nosotros que nos englobe o defina, destinados a la constante transición, en avivamiento, por cierto, como en toda tremenda poesía, de las mutaciones semánticas, de las conexiones interdimensionales, de la reciprocidad siempre asimétrica y aguzadamente irregular de los andariveles-estratos de lo real.

 

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Decir “un poeta como Bustos” implica señalar hacia una inscripción anómala, perturbadora, inclasificable, “un tanto extraña” —como repiten varios de los testimonios compilados— dentro de su propia generación, y hasta, diría, aun en esta época: tanto por su tan texturado imaginario, remixando a su manera distintas tradiciones simbólicas, cuanto por su aunado tratamiento del específico matérico-textural del signo.

Bustos no calza en la secuencia progresiva y serial, localmente acotada, la entidad supuestamente homogénea llamada “poesía argentina”, sino a ese más amplio país continental del cual claramente habló en una de las pocas entrevistas que se le hicieran.

El obrar bustiano sobrepasa el pálido recorte nacionalista, así como sus resignaciones semánticas y consecuentes actitudes modales ante el hecho-objeto-organismo verbal no discursivo, genéricamente sobreentendido en cuanto al cliché “poema”.

Esta biografía viene a completar, con sus lagunas constitutivas, no menos estructurales, lo iniciado con las ediciones todavía recientes de la obra reunida de “Bustos, el Viejo”, gracias a la insistencia y el amor incondicional de Emiliano Bustos, “el Joven”.

Jorge Hardmeier, con paciencia translectora, ha trazado un diagrama que involucra, como parte de su acercamiento, una cronología que avanza y retrocede en el tiempo junto a los vaivenes de la narrativa coral, insertando escritos de índole ensayística, a veces íntegros, cosa inusual en el género biográfico, en torno a zonas específicas de la escritura, los libros de Bustos.

No debe haber sido nada fácil traspasar algunos anillos o aros de fuego, ciertos vericuetos del itinerario cuyos rastros se tornan suscitativos en la diferencia, si no la fricción, entre las versiones, pero asimismo se percibe que en todo momento ha estado en juego, durante el proceso de investigación, una tarea inaplazable, nada menos que bajo el signo apasionado del lector que quiere saber más allá de síntesis y primeras evidencias, buscando compartir un tesoro.

Pesquisa —a veces Jorge se señala detective— que, al devolverle relieve a ciertos aspectos de la persona de Bustos, bordea la marca de algunas de aquellas lagunas, aborda las propias aristas de la memoria en común, o rehíla señales como quien produce, por supuesto, un documental.

Libro que se deja absorber de un tirón, aun cuando los mencionados inserts ensayísticos le exijan al lector algo más que seguir los indicios del documento asociativo, llevando entre líneas a reconsiderar, entonces, no sólo el vértigo bustiano, sino, asumiéndolo como una referencia para la variación, las posibilidades y alcances éticos de la práctica poética —en el sentido, también, de tomar la palabra— a contrapelo de preconceptos generalizadores y en pleno uso, habilitado, flexibilizado del contraste.

El resultado aquí, quede dicho, afortunadamente no encierra ninguna flor disecada en alguna resina narratológica perpetuadora, ninguna imagen unívoca del poeta, en particular y en general; muy al contrario, deja planteada la incógnita —intachable por inachatable— de la experiencia poética, justo, además, en plena “vida argentina” a la que, como Bustos señalara, sin ir más lejos, “le falta poesía”.

Y es corporalmente que sabemos, mordiendo casi la década del 2020, a qué se estaba refiriendo el poeta ya a inicios de los años 70 del siglo anterior.

Si la práctica artística en Bustos queda ampliamente reflejada en este tapiz deslizante, articulado en lo que también tiene de biografema (“historia pulverizada”, según Barthes), es porque en modo alguno subsana el carácter drástico de esta presencia modificante, su rareza entre (y a pesar, cuántas veces) de nosotros.

Cortázar, sobre Néstor Sánchez, dijo algo totalmente aplicable a Bustos: “nombra por primera vez, se niega a la memoria conceptual, a la simplificación mutilante”.

En consonancia con tal capacidad asociativa ha sido, precisamente, el proceder incorporante, no reductivo e irreductible a su vez, asumido en la confección de esta biografía.

La cual, como casi todas, cuando son, al mismo tiempo que proporciona un acercamiento a ese misterio cotidiano llamado persona, permite la ilusión del recuento de (o el encuentro con) lo inenarrable.

Lo inenarrable mismo.

Sólo en un cruce interdimensional afín se podía materializar semejante abordaje.

Auguro el más cálido destino para este Miguel Ángel Bustos. Biografía de un poeta militante, jugado editorialmente por Lamás Médula: a los fieles lectores de Bustos devolvernos mayor conmoción, aun, pero también, y sobre todo, ofrecer, desde la información ampliada, otras posibles entradas conectivas a sus nuevos, latentes, impredecibles lectores.

Prosigue la siembra del sol antiverbal.

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