Por Damaris Calderón*

Selección por Aleyda Quevedo Rojas

Crédito de la foto www.lalibelulavaga.com

 

 

El lenguaje de lo que se hunde.

7 poemas de Damaris Calderón

 

 

Oscuro

 

Todo debe ser demasiado.

El dolor de la palabra dolor

arrastrando el peso de sus coyunturas

el dolor  inarticulado

el dolor de las articulaciones  las vejaciones

de las prisiones las cárceles de aire

el dolor que embota  amputa  anestesia

el dolor que debe doler

las luces crueles de las linternas crueles

como guiños de ojos

crueles que no veremos más

la aguja entrando en la carne

el manotazo de la noche

el zarpazo   el lanzazo de la noche

los lanzas

el alcohol de la noche

el océano de la noche

el destilado del sol los borrachitos

el hueso el osobuco el costillar la costilla humana

la borrachera la tarantela la vida sin herrar.

 

 

Por la borda

 

Sol frontal

occipital

salteador de caminos

hablando el viento sur

y el ciclón tropical

(la voz de mi madre).

El pájaro que picotea el vidrio

y se refleja en la ventana

mitad sinsonte mitad tordo soy yo.

La mujer que avanza de espaldas.

He aprendido con las raíces

el lenguaje de lo que se hunde

y la muerte llega a mi casa

con la vivacidad del verano.

 

 

 

Para cerrar los ojos

 

Toda mi vida soñé con los caballos.

Ser un caballo.

Astas de viento.

Ancas de viento.

El vigor de los jóvenes potros.

 

Ahora que voy a morir

déjame ver los caballos otra vez.

 

Cuando la lengua se deshace

sin palabras ni tierra que pronunciar.

Cuando la espuma deja a mis pies

un cerco efímero

Y todo es borrado por las aguas

barrido por la niebla

déjame ver los caballos otra vez.

 

Una carrera.

Otra carrera.

Ninguna carrera.

Cuando el manzano es la memoria del manzano

…………..su cáscara.

Déjame ver los caballos otra vez.

Puro vigor.

Puro deseo animal.

El macho monta a la hembra.

Muerde el pelaje.

Dobla las patas.

La penetra.

Escucho el relincho.

Tiemblo más que la hierba húmeda.

Vencida.

Despojada del hábito de ser humanos

déjame ver los caballos otra vez.

 

La poeta Damaris Calderón recibiendo el Premio Fundación Pablo Neruda (2019)

 

Mis 5 malditos minutos

 

Por mi arte pasé hambre

Pasé hambre por mis 5 malditos minutos.

Bukowsky

 

Doblándome

(literalmente)

como el insecto que carga una hoja

el doble de su peso

despreciando a Simon y a Peggy Guggenheim

y a su colección de perros

y a su colección de cuadros

y a su museo de arte de mascotas

de la que yo misma entré a formar parte,

escribí.

……………Y la palabra fue el hueso

arrancado a la noche

el cuerpo humeante el deseo

un oper kaut al estómago.

Y la muerte me alcanzará de todos modos.

 

 

 

Mi corazón es una trampa para osos

 

Mi corazón es sordomudo

Mi corazón es una trampa para osos

De mi corazón la gente entra y sale

Como la sangre por una arteria

Mi corazón es borracho

(bebe el día y lo transforma en alcohol)

(bebe la noche y la transforma en destilado)

Mi corazón es un incendio

Es el viento

Mi corazón es una ola

(se repliega y arrasa).

Es un pirómano

Es una flecha

(se atraviesa a sí mismo).

Es un minutero

Una bomba

Un cuentamillas.

Es hereje

Es zurdo

Es una víscera

Amorosa.

Mi corazón es un niño

Al que le falta la respiración.

 

 

 

Ningún poema es más grande que tú

 

Me gustaba “el arte de perder”.

El agujero en el buche.

Decir

(escribir)

en imperativo:

“No, no fue un desastre”.

El desastre sigue ahí.

El reloj de mi madre

sigue en mi mano, invisible.

Y la casa.

Y la frazada con sangre.

Y los continentes.

He visto gente

(la mayor parte)

vivir y morir sin literatura.

Y respiran

y se duermen igual.

El sol se pone

sin literatura.

El gusano no perdona.

Y hay ojos luminosos

sin letras.

 

 

Sin paracaídas

 

De abismo en abismo

desprendiéndome de todo lo minúsculo

desconocida como la palma de mi mano

en el cielo de Quito vi la gran fiebre

la gran res pastando

la gran res luminosa que nadie puede tocar

la manada el piñón de palabras saltando

las venas indígenas azules

ruido

ecuatorial

el centro del mundo

un órgano

una música feroz

un plato de tripas calientes

la catedral del oro

el hambre del oro

la devoción del oro

la miseria del oro

la acuarela violenta de Quito

las calles que suben al cielo de Quito

el empedrado

que baja a la boca del infierno.

El cielo la página de Quito

el poema hecho de la saliva espesa de la noche

noche de fiebre y de objetos de apariencias de nombres

que cambian de sitio.

Antes estuve acá ahora allá cortada

por el espejo el reflejo ecuatorial

cargando en mulas mis antepasados

una recua de mulas

abuelo va cortando el aire con un cuchillo

el aire a cuentagotas se deja apenas respirar

subiendo a la tierra bajando al cielo

echando sangre de narices

estallando como un bumeran o como un boeing

volando sobre la sábana sobre la frazada de alpaca

empalada por dos indios amarrados los ojos

en el delirio de la fiebre del plátano.

La fiebre que envidian los que no llegan al centro del mundo

al centro del ombligo

al centro del hambre

al centro del hombre

a la mitad del miedo.

Las islas esparcidas como cuentas

como ojos arrancados relumbrando

platería joyas sombreros bisutería

el museo del hombre

costa de Guayaquil

hecha a los peces a los guacamayos

a la alegría de la camisa de fuerza del turista multicolor

Cuenca

atravesada por los cuatros ríos

el dolor de los techos de tejas y el sonido de las goteras de la lluvia

el balido del ovillo de lana

el balido de la oveja antes de ser carneada

SE ASAN CABRITOS

SE ASAN CHANCHOS

SE ASAN CUYES FRESCOS AL HORNO

AQUÍ

Las calles empinadas

Las catedrales las iglesias la devoción

La flema la flama el escupitajo la sangre de narices

Los angelitos negros

( a la virgen le cortaron las tetas).

Las palabras palpitando como animales temblorosos en cuatro patas

el crepúsculo rojo sangriento

una víscera humeante

Las palabras atravesadas por la taquicardia

el cielonegroaplastante asfixiante de Quito

el vientre     la gran res

la medida de mi muerte y sus ojos novillos.

 

 

 

 

 

*(La Habana-Cuba, 1967). Poeta, narradora, ensayista, filóloga, editora y pintora. Licenciada en Letras por la Universidad de La Habana (Cuba) y magíster por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (Santiago de Chile). Reside hace treinta años en Chile. Se desempeña como profesora en la Universidad Finis Terrae (Chile) y realiza talleres de creación literaria. Es miembro de la Sociedad de Escritores de Chile y de la Sociedad de Estudios Clásicos de Chile. Ha obtenido el Premio El Joven Poeta (Cuba, 1987), el Premio Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1989), el Premio Revolución y Cultura (Cuba, 1994), el Premio de poesía de la Revista Libros de El Mercurio (Chile, 1999), Beca Simon Guggenheim (poesía, 2011), el Premio Altazor a las Artes (poesía, 2014), el Premio de la Crítica a la mejor obra publicada en Cuba (2018) y el Premio de la Fundación Pablo Neruda (Chile, 2019). Ha publicado en poesía Sílabas. Ecce Homo; El remoto país imposible; Duro de roer; Los amores del mal; Parloteo de Sombra; Las pulsaciones de la derrota; Mi cabeza está en otra parte; El tiempo del Manzano, entre otros.

 

 

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