Esta nota fue publicada originalmente por su autor en su blog personal sobre literatura: www.eltonhonores.blogspot.pe

 

 

Por: Elton Honores

Crédito de la foto: Facebook Santuario Ed.

 

 

El fin de algo. Antología del nuevo cuento peruano 2001-2015

(1015, Víctor Ruiz Velazco, ant.)

 

 

Toda antología responde a la sensibilidad del antologador que escoge de entre una serie de libros o autores, los cuentos más significativos o modélicos, no solo desde el punto de vista estético-ideológico sino que reafirmen su hipótesis de trabajo. Las principales antologías editadas en Lima en los últimos años son temáticas (cfr. los trabajos de José Donayre como Horrendos y fascinantes, Ultraviolentos, Se vende marcianos) o generacionales (cfr. las antologías Disidentes de Gabriel Ruiz Ortega o Selección peruana 2000-2015 de Ricardo Sumalavia). La antología de Víctor Ruiz Velazco (Lima, 1982) se sitúa dentro de las generacionales. Se elige 2001 por eventos dramáticos como la Marcha de los 4 Suyos (y la posterior recuperación de la “democracia”) y el Atentado contra las Torres Gemelas, pero podríamos añadir que 2001 es también el año emblemático que plantea la Kubrick-Clarke para pensar en el futuro de la humanidad.

 

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Antologador, Víctor Ruiz
Crédito de la foto: Sandra Enciso

 

Los criterios de selección de esta antología son: a) tener un libro publicado (es decir, se deja de lado a autores inéditos); y b) haber publicado entre 2001 y 2015. El tercer factor que no se indica y que es generacional es que se trata de autores nacidos entre 1969 y 1986,  intervalo que obvia a otra serie de autores que publican en ese mismo intervalo (2001-2015) que relativamente serían menos cercanos como grupo generacional (Ricardo Sumalavia, 1968; Daniel Salvo, 1967; Gonzalo Málaga, 1967; José Donayre, 1966;[…]). Si se observa que son 3 los autores incluidos nacidos en 1969: Ulises González (Huancavelica), Karina Pacheco (Cuzco) y Yeniva Fernandez (Lima) y que solo uno corresponde a 1986 (Cristhian Briceño), son quince los autores que nacen entre 1970 y 1979, y que los son dominantes en el libro.

El título puede resultar engañoso si pensamos esta producción en términos de ruptura con la anterior (“El fin de algo”), pues se observa más bien una continuidad con la tradición urbano-limeña, sobre todo en la línea de Ribeyro (cfr. “Tantas veces la reunión” de Juan Manuel Chávez) y menos con la línea de Arguedas. Esto plantea un problema: ¿es esto en estricto lo dominante en la narrativa peruana contemporánea o responde a lo que mencionábamos al inicio, a la sensibilidad del antologador? Ya David Miklos en Estática doméstica. Tres generaciones de cuentistas peruanos (1951-1981) (México, 2005) sostenía que los dos grandes paradigmas en la narrativa breve peruana eran: Ribeyro o Vargas Llosa, con lo cual el proyecto arguediano había sido ya borrado. La orientación de Miklos está implícita en este libro.

 

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En el cuento peruano es difícil ver la ruptura con la tradición. A nivel formal, el cuento tiene una estructura, una construcción propia del género, que es menos experimental que en la novela. Lo nuevo del cuento peruano podría ―es una hipótesis― encontrarse en el contenido, en específico en los géneros representados. El realismo se supone dominante en nuestra tradición, pero el uso de la ciencia ficción termina no solo por extrañar la realidad del mundo representado en la ficción sino que dentro del panorama tradicional, se constituye en una anomalía, en lo raro en sí. Por ello, si tuviera que ejemplificar el fin de ese “algo”, los casos emblemáticos serían Alexis Iparraguirre con “Proximidad del Huracán” (cfr. Narrativas del caos, 2012) y Pedro Novoa con “Los funerales de Mr. Green”. A diferencia de la ciencia ficción, lo fantástico está siendo aceptado y forma parte ya de la tradición local y tiene en Yeniva Fernández con “Rutka” (cfr. http://eltonhonores.blogspot.pe/2015/03/yeniva-fernandez-siete-paseos-por-la.HTML [y]http://eltonhonores.blogspot.pe/2015/06/yeniva-fernandez-siete-paseos-por-la.html)y “Maldita sea” de Julie de Trazegnies, con esa atmósfera enrarecida propia del cuento extraño y desde el tópico de la “casa maldita”, a sus representantes en este libro.

Otros autores importantes de la antología son Pedro Llosa Velez con “La niña de Onetti”, cuento de orientación policial cercana a los universos onettianos del autor de La vida breve, “The cure en Huancayo” de Ulises González y “El valle de los mutilados” de Sandro Bossio, cuentos de gran poder metafórico ligados al ciclo de la violencia política. Asimismo destacan los textos de Karina Pacheco, Carlos Yushimito, Daniel Alarcón y Dante Trujillo. Si algo hay que destacar de los 19 antologados es la madurez de sus narraciones. En este punto, Ruiz Velazco ha cumplido con seleccionar textos sólidos.

 

 

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Un factor que aglutina a gran parte de los autores es la temática ligada a la familia, al espacio de lo íntimo y en algunos casos la autorreferencialidad. La reiteración a la exploración de los lazos familiares, los afectos, o la disfuncionalidad de las relaciones humanas más que un nuevo interés (un tema “nuevo”) suponen la refracción de su crisis en la sociedad moderna. Es decir, si en el siglo XIX la imposibilidad de la unión matrimonial entre los jóvenes amantes aludía a la dificultad de las recientes naciones para configurarse como tal (como sostiene Doris Sommer en Ficciones fundacionales), en el siglo XXI asistimos a su crisis: la nación ha sido “demócrata”, pero es una institución que no funciona, por ello los ideales colectivos (la justicia social) han decaído para dar paso a los deseos individuales y al hedonismo. La familia es metonimia de la nación y su crisis “afectiva” solo devela la crisis por la que atraviesa el Estado-nación.

Es un lugar común afirmar que no hay pues antología perfecta, pero coincidimos con Jorge Valenzuela, cuando sostiene que en esta hay un trabajo serio de lectura (en ese sentido, el prólogo “Breve paso por la distancia corta en el Perú” da cuenta de los criterios de selección y el contexto en el que sitúa el cuento peruano contemporáneo). El fin de algo ofrece un panorama del cuento contemporáneo y recoge los cambios de sensibilidad al que asistimos en el siglo XXI. Es un trabajo de lectura recomendable para entender lo que el maestro Jorge Basadre denominó “literatura penúltima”.

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