Vallejo & Co., presenta un análisis crítico del último libro de poemas de Renato Pita Zilbert: El animal muere en los límites de un país conocido (2015).

 

 Por: Luis Enrique Mendoza

Crédito de la foto: Izq. Paracaídas Ed.

Der. Facebook autor

 

 

El animal…, o la poesía animista

de Renato Pita Zilbert + 3 poemas

 

 

Inscrito en la ruta del chamanismo amerindio, el último poemario de Renato Pita, «El animal muere en los límites de un país conocido», propone una continuidad lírica-ontológica entre el hombre y su entorno. Atrás quedaron los poemas intimistas e inexistentes de “Para salir el sol contigo” (2012). Esta nueva entrega muestra una voz apuntalada, consciente de su lugar de enunciación y comprometida con la “política cósmica” de los pueblos amazónicos. No en vano Renato es un eficaz comunicador y activista de los derechos de los pueblos indígenas.

El libro estructura una crítica al statu quo occidentalizante bajo el auspicio de tres epígrafes. El primero -que da nombre al libro y que abre la primera parte- es un verso del escritor catalán Pere Gimferrer («El animal muere en los límites de un país conocido y allí los ojos se le abren»), el segundo es del poeta argentino Roberto Juarroz (“venían de desmorir”), y el tercero es del artista peruano Jorge Eduardo Eielson (“El sol del caos es grato a la serpiente y al poeta”).

Sin hacer proselitismo, el libro hace suyos los saberes y prácticas indígenas y los enfrenta al discurso del capitalismo saqueador. Apliquemos algo de antropología contemporánea. El texto no opera por acumulación de imágenes, sino por reciprocidad de perspectivas. No objetiviza el entorno, lo personifica. No apunta a «algo», sino a «alguien». No quiebra las relaciones entre naturaleza y cultura, las recombina. Así, lo que está en juego en este libro es el rescate de un discurso históricamente postergado, “el perspectivismo chamánico amerindio como política cósmica” (Viveiros de Castro). Aquí un botón:

 

otro ejemplo

 

UN HONGO ANCHO Y FABULOSO (COMO DE OTRO MUNDO) VIVE

en la lupuna, árbol ingobernable por su altísima talla como

estatua de la libertad [otra libertad] escaso por la tala, el triplay,

entre otros.

 

un hongo habita la lupuna y ambos son seres nobles [categoría

de otro mundo, nobleza de otro mundo] como también lo son

insectos, roedores, aves y demás compañía [otros compañeros,

otros vínculos, prácticas, etcétera].

 

es que de pie y entera, la lupuna es más y mejor como mundo

[otro mundo en este mundo] que como materia maderable

 

o sea como cierta esperanza necesitable le necesitamos

 

 

A la discontinuidad entre sujeto y objeto, la poética del libro opone una continuidad entre ambos. La forma del Otro no es la cosa, sino la persona. Surgen varias cuestiones de fondo. La principal es que el yo poético cede paso a un yo “ecosófico” (Arhem/Guattari/Shawi). Lo que significa que el eje vertebrador no gira en torno al ser humano en cuanto tal, sino a los ecosistemas en cuanto tales. En contraste con la lógica naturalista occidentalizante, los poemas de “El animal…” están construidos al hilo de una comprensión eco-lógica entre humanos y no humanos. Los ecosistemas son el centro de enunciación poética.

 

Antes conviene aclarar los términos del debate.

En occidente la subjetivación del pensamiento y la objetivación del entorno ha operado bajo distintas formas y realidades. Uno de ellas viene del naturalismo, lo que se traduce en la imagen de una conciencia que des-cubre-el-mundo a partir del ejercicio “correcto” del entendimiento. Esta es la concepción tradicional del conocimiento, la relación “ego-sófica” de un sujeto con un objeto, de un “dentro” con un “afuera”. Bajo los lentes del naturalismo, el objeto en cuestión (el entorno) se transparenta al sujeto si y solo si este le aplica correctamente el método previamente establecido: la duda metódica, línea directa con el método científico. La polaridad entre sujeto y objeto es vista como necesaria.

 

 

S ——— O

 

De lo anterior podemos sacar tres consecuencias relevantes. La primera es que la fibra de lo Real ha sido tratada, desde inicios de la modernidad, a partir del paradigma naturalista que intenta transparentar un objeto tal a un sujeto tal; la segunda –implícita en la anterior- es que todo aquello que no sea susceptible de ser investigado por el método será excluido del conocimiento; y la tercera posiciona la (supuesta) prioridad epistémica del sujeto humano como eje constructor (destructor) del mundo, por oposición al entorno biótico y abiótico.

 

Conviene dar un salto más.

En el siglo XIX el simbolismo europeo y el decadentismo francés buscaron romper con este marco de referencia. Era el metal negro de la lírica moderna. “Hay cierta gloria en no ser comprendido”, decía Baudelaire. Y para ello se tenía que violentar y replantear la urdimbre del lenguaje y aprovechar las fracturas sociales de entonces. El repertorio suponía una puesta en duda del lenguaje. La conclusión fue radical: lo normal es lo anormal.

En América Latina este proceso se puso en evidencia en el primer tajo del siglo XX, con la poética de Vicente Huidobro (Altazor, 1919), César Vallejo (Trilce, 1922), Pablo Neruda (Primera residencia, 1929), y Oliverio Girondo (En la masmédula, 1954). Todos bajo la memoria tutelar de Rubén Darío y José Martí. Los “maestros herederos de las vanguardias” (Eduardo Milán) vinieron después: José Lezama Lima, Nicanor Parra y Octavio Paz.

En el panorama reciente de la poesía latinoamericana (aunque no tan reciente) ha habido varios intentos por romper con la polaridad sujeto-objeto/fondo-forma/naturaleza-cultura. Algunas propuestas son explícitas y otras implícitas. El corte es nítido en Contra natura (1971) de Rodolfo Hinostroza, en Hospital Británico (1986) de Héctor Viel Temperley y en la poética telúrica de los concretistas brasileños. Y podríamos seguir. Sin embargo, lo que debe quedar claro es que el eje programático ha estado ligado a las vanguardias, al giro lingüístico, a la anormalidad, al coloquialismo y al neobarroc(s)o.

 

¿El lenguaje es inicio y fin?

Pero hay nuevas y varias exploraciones. Al menos esa es la hipótesis de trabajo. Una de ellas inicia en “lo político” y acaba en lo lingüístico, y otra arranca en “lo indígena” (que no “indigenismo”) y termina en el lenguaje descolonizado. Ambas propuestas llegan al lenguaje sin partir del lenguaje. Ambas son políticas sin ser proselitistas y ambas son amerindias sin ser indigenistas. Sin duda aún quedan por definirse varias nociones y por tematizar otras exploraciones. Ahí vamos.

Pues bien, este el caso -o podría ser el caso- de “El animal…” de Renato Pita, cuyo juego poético empieza en lo indígena, pero llega a la espalda del lenguaje: el lenguaje cósmico. Un texto inquietante que sugiere que la humanidad -parte de la humanidad- padece de una suerte de autismo poético que subordina a otras especies a su propia reproducción lingüística (¿zoon politikón?) Como afirma el poeta amazónico Carlos Reyes Ramírez, Pita ha salido bien librado en ese intento de “escribir desde otra experiencia”.

A diferencias de las típicas propuestas limeño-céntricas, el yo poético del libro indaga en la naturaleza cósmica de los bosques a fuerza de transmutarse en y con ellos. Los “icaros” o cantos brillan por su existencia. En el mundo indígena el grueso de animales y plantas se conciben como entidades dotadas de un alma, lo que implica reconocerles atributos equivalentes a los del género humano. La conciencia reflexiva, la vida afectiva, la intencionalidad, y los límites entre lo permitido y lo prohibido parecen no ser monopolio de la humanidad. Y esa es la ruta que sigue el libro.

Frente a la indiferencia de la crítica peruana por las lógicas indígenas, Renato Pita ha construido un texto definido por la vitalidad amerindia. Por un ecosistema «consciente de la totalidad de relaciones que se desarrollan en su seno» (Philippe Descola). Pese a algunos tropezones, el balance es positivo: efectividad en lo lírico, riesgo en lo programático y pluralismo lingüístico. Una suerte de animismo poético. Una entrega necesaria en tiempos de intemperie bullanguera. Latinoamérica-Amazonía-Perú: “Aquí anduvo / vivió simple un animal de colores reales”.

 

S ——— O

 

Portada El animal muere en los límites

 

3 poemas de El animal muere en los límites de un país conocido (2015),

de Renato Pita Zilbert

 

 

 

SE EXPANDE UNA PLANTITA EN SU CUERPO DE HOMBRE Y LE TUPE

de follajes / desde donde nace la herida se le abre la trepadora

/ es un cuerpo verde en un cuerpo rojo confundidas las fibras

don caos germen de los tallos / rodea cartílagos rótulas tobillos

aprisionados ojo hoyos abiertos cubiertos / lógicamente el ano

orejas pene o vagina atiborrados salvajes de arbustos propios

no se reconocen / color clorofila de yerba ocupa el cuello

descollado de plantas luxa y crece a las extremidades exánimes

destituidas / falo o vulva dijimos o lo que sea el cenagal silvestre

de donde brota como agua orina tibia verde expandiéndose /

placer según los tallos

 

él o ella recuerda el último pasado cuando bebía agua en el

arroyo y miraba su reflejo en el agua del arroyo mientras oh él

oh ella eran y no el arroyo

 

oh verde decía / verde bermellón y verde agua de la sangre

abandona la orilla del cuerpo por los poros hojas verdes

aparecidas para hacer mejor la fotosíntesis / olor humus lotos

algas matas raíces da igual son olores sin sugerencia en la nariz

finada / igual todo ocurrió con la calma belleza consecuencia

del cuerpo que se deshace como buen arroyo sigue su curso

/ yace huerto abandonado el ex cuerpo / será su forma de ser

perdurable / alimenticio

 

***

 

COMPÁRALA

con la mancha negra sobre la historia muerta

que suprime una laguna por ejemplo.

compárala con lo otro que es el estiércol cenizo

de un ave azul o de un silencioso lagarto verde azul y verde

dos cónclaves invisibles a ti.

 

ahí donde surge hongo o larva es un lugar mejor

que la historia muerta en tus ojos o manos.

 

la pulpa y el acopio duermen extraños a ti y la paciencia

del cuerpo de una madre es simple y la tierra es simple

ahí donde se reintegran los nutrientes, entonces

el seno es simple y sin embargo total y redondo y cónclave

 

Pero tú no eres simple, ni tu historia.

 

***

 

SILBÓ COMO PARA CONTRARRESTAR EL DAÑO. LUEGO

te voy a hacer sentar donde se sientan las aves

te voy a hacer comer donde comen las aves

te voy a hacer dormir donde duermen las aves

te voy a hacer vivir donde duermen las aves

dijo el shawi

 

yo, como paciente

guerrero y aprendiz entre la noche de los árboles la memoria

paseo porque tengo madre que me acompaña y canto

te voy a hacer sentar donde se sientan las aves

te voy a hacer comer donde comen las aves

te voy a hacer dormir donde duermen las aves

te voy a hacer vivir donde duermen las aves

yo como paciente

dijo el shawi

silbó.

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