Por Jessica Freudenthal Ovando*

Crédito de la foto (izq.) el autor /

(der.) Plural Ed.

 

 

El aleteo de una especie extinta:

apuntes sobre Simulacro de mudanza (2018),

de Anuar Elías

 

 

Anuar Elías Pérez** obtuvo este año el Premio Nacional “Yolanda Bedregal” de Bolivia con su poemario Simulacro de Mudanza. El libro está dividido en tres partes (casi podría decirse “actos” a la manera teatral o cinematográfica: “Como una enfermedad incurable”, “El aleteo de una especie extinta” y “La esperanza de un brote”. De versos cortos y sintaxis enrevesada, nos presenta la ya conocida metáfora de la casa en deterioro como reflejo de sus habitantes; esa es, de forma simplificada, la consigna o sinopsis de este libro. Sin embargo, en la poesía, a diferencia de la novela, no se trata del qué sino del cómo, y definitivamente Anuar Elías propone una mirada renovada a la alegoría de las relaciones de pareja. Nos sitúa en una distopía particular, la del aquí y del ahora, en el “hogar” de una pareja: microcosmos donde se recrean las escenas de los protagonistas incógnitos. La soledad de esta especie en extinción y la extrañeza de las situaciones exponen un mundo singular y a la vez ordinario.

Conociendo el amor de Anuar Elías por el cine y el teatro, mientras leía los poemas, me imaginaba cómo Yorgos Lanthimos (Canino) y Lars Von Trier (La langosta) hubieran filmado ciertas escenas del libro, que además tiene algo del humor cortante del realizador Roy Anderson (Canciones del segundo piso). Estos cineastas, además de haberse ocupado de temas literarios, coinciden en presentar tópicos relacionados al absurdo de la existencia humana; la violencia (tanto explícita como sutil) en distorsionadas relaciones de familias y parejas, y distopías del presente. Veamos cómo se presentan en Simulacro de Mudanza:

 […] se nos ha visto imitando / el aleteo de una especie extinta / limpiando superficies imaginarias / con el aliento / o simulando / —en cámara lenta / el trayecto de un estornudo

 

La escena anterior es perturbadora e inusitada. En la primera persona del plural el yo poético evoca casi siempre un “nosotros”. Sin embargo, es aparentemente una sola voz en el poemario, que entre la narración y la descripción se dirige a un “otro” (recuerdas?) que no responde, es decir, no hay diálogos ni interacción entre voces. Somos así conducidos entre la tensión del humor negro y el surrealismo de las escenas, cuasi, teatrales:

XIX

Pasábamos horas / imitando una hoja seca /tratando /de mantener la pose /con exactitud /a veces días sin comer /ni dormir /hasta que uno de los dos /se desmayaba

 

EL poeta Anuar Elías

 

En “Simulacro de mudanza” los protagonistas son dos personas que nunca se identifican ni por nombre, género o edad. Son personajes planos, en el sentido de que es escasa la información que tenemos sobre ellos, no conocemos sus rasgos físicos, y es mediante muy pocos detalles que logramos saber algo de lo que sienten, o atisbar lo que piensan. Es la voz poética la que va pautando, de forma sucinta y lacónica, algunas pistas:

[…] nosotros que dominamos bien / el arte de las apariencias / adoptamos en público / —quizás por conveniencia / ciertos modales / como tomarnos de la mano en señal de afecto

 

Camaleónicos, estos personajes anónimos son artistas de la simulación. Sus simulacros no son solo de la mudanza física de la casa o los muebles, si no que aparentan las emociones delante de los otros. Quizá por ello es difícil conocerlos y delinearlos por completo, saber quiénes son, cómo se ven, cómo se llaman. De esta forma, la intriga es otro recurso para dar forma a la atmósfera intoxicada y difusa, los lectores no terminamos de saber quiénes son, ni qué está sucediendo o por qué:

Acuérdate de los / primeros años / cuando nos daba el ánimo / para sacar juntos / la basura y el sarro no era / materia de conversación ahora que / tomar impulso es / otra forma disimulada / de retroceder

 

Los personajes por momentos parecieran autómatas, seres despersonalizados, fríos. Si bien son personajes dinámicos, en el sentido de que sufren cambios en el relato (Simulacro de mudanza podría ser leído como una narración), la transformación es mínima y está relacionada con el retroceso y la muerte. Por ello, el tiempo es otro recurso importantísimo para dar el efecto de “mundo” o cronotopo distópico; la lentitud, el ritmo pausado que se refleja en la aparición de las manchas de humedad. El tiempo de este libro, por momentos parece casi detenido en un cuadro gótico, suspendido en la palabra “uncanny” lo que debería permanecer oculto, pero ha salido a la luz:

La humedad se expande / por toda la casa /como una enfermedad incurable /ya no queda refugio / ni escondite seguro / para nosotros / en el descuido de una mancha / el agua se convirtió en / elemento inútil de sanación o limpieza

 

En este “hogar” la pareja va perdiéndolo todo, y así surgen otros temas como “lo familiar y lo extraño” en la convivencia de pareja, la soledad y la incomunicación:

En nuestros gestos /que a otros resultaban / insignificantes / podíamos predecir el estornudo.

 

La anterior es una de las escenas más delicadas e hilarantes que muestran la extrañeza y familiaridad del comportamiento de esta pareja que se mimetiza en sí misma, que parece mudar uno en el otro y el otro en el uno. En este espacio, el reflejo que los personajes ven de sí mismos es deforme y una sensación de anomalía se perciben en el aire cargado de humedad. Nuevamente aparece el expelo o estornudo, cuando en el poema X la voz poética reflexiona sobre el chisme en el vecindario, acerca del comportamiento del par:

[…] simulando / —en cámara lenta /el trayecto de un estornudo

 

La convivencia de pareja en este libro es un ejercicio de resistencia, un “predecir de trucos y mañas”, un aprender a leer las manchas de humedad y el polvo acumulado, calcular la distancia entre los objetos, evitar las huellas de las cosas en las alfombras, regar plantas marchitas… El mundo degradado, universo que va tornándose inhabitable. En este “acto amoroso” todo forma parte de “el arte de las apariencias”. Los personajes de Simulacro de mudanza hacen justamente eso: “simulan” y prácticamente representan sus papeles, para seguir manteniendo o aparentando ser una pareja, un hogar, una institución:

[…] bailamos hasta el agotamiento / la extraña danza/ de la renovación /luego al colocar todo como estaba / reparamos en aquello que con tanto empeño / seguimos llamando hogar

 

 

Así, las acciones pasivas de renovar el plaqué, perseguir ofertas o abrir cajas, reflejan el vacío de estos especímenes algo consumistas, que se llenan al perfeccionar técnicas de higiene, dándole forma al polvo, doblando la ropa sucia y fregando la vajilla con shampoo: vivir acompañado a modo de salvarse, escribe el autor.

La metáfora de la casa derruida como reflejo del espacio mental de los habitantes, se ve sobre todo en las manchas de humedad como un padecimiento sin remedio. Todo empieza con los malos presagios de la cristalería rota, pasando por las plantas marchitas que se continúan regando, el polvo acumulado, el tedio y la soledad.  

Como señalamos, otro de los temas importantes es la violencia, explícita e implícita. Veamos parte del poema II:

[…] algo en el camino te despierta/estiras la mano y giras / lentamente la perilla de la radio / de pronto un auto nos impacta / y tu cuerpo que prensado contra el asiento

 

Y más adelante:

Discutimos con lujo de violencia / esperando que la gravedad / nos empuje /—una vez más / al coito

 

La violencia, en estos seres solitarios, también se manifiesta silenciosa en el brillo de los cuchillos, en el sarro, en los electrodomésticos; avidez que se mimetiza entre una casi desapercibida sucesión de acontecimientos. Quizá por ello solo la tensión y los objetos los mantienen juntos por un tiempo, el culto al creador del acero inoxidable para salvarse de morir llenos de sarro y humedad, oxidados y descompuestos.

El poemario tiene un final perturbador, pero sobre todo inesperado. No puedo revelarlo pues, como todo buen libro vale la pena el recorrido. Para finalizar, una de las imágenes más inusitadas y agudas, y que, definitivamente pondría en un corto o una obra de teatro:

Muchos años después de / la primera mudanza / un ataque inesperado de hipo / nos devuelve la risa / y con ello la incertidumbre / del próximo espasmo / que bien podría ser / el último.

 

Los invito a leer este libro, en el que, si leen con atención, podrán escuchar, y quizás ver “el aleteo de una especie extinta”.

 

La Paz, 12 de abril de 2019

 

 

 

 

*(Madrid, España, 1978). Poeta y ensayista. De nacionalidad boliviana. Estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana, Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid (España), Literatura en la UAM Iztapalapa (México) y Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés (Bolivia). Mención de honor en el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal (2003). Ha publicado en poesía Azul (1998), Hardware (2004, 2009), Poemas Ocultos (2006), Demo (2013) y El filo de las hojas (2015); y en ensayo Julio de la Vega: Obra Poética (2008), Cambio Climático: panorama de la joven poesía boliviana (junto a B. Chávez y J.C.R., 2009).

 

 

 

 

**(México D.F.-México, 1983). Poeta. Es cofundador del Laboratorio de Arte Contemporáneo Boliviano Replicante y forma parte del Colectivo Lee. Ha participado en el Festival Días de Poesía y Bolivia 09 o érase una vez (2009) y en el II Festival de Poesía Amazónica Beni-Moxos (2014). Obtuvo los premios Arte joven (2010), con el cortometraje Quehuaya ganó el premio Amalia de Gallardo y Eduardo Abaroa (2017) y el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal (2018). Como actor participó en el Fitaz (2012), Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz (2013) y Santiago a Mil (2014). Ha publicado en poesía la plaquette Acero Inoxidable (2015) y Simulacro de mudanza (2018).

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