Vallejo & Co. presenta una entrevista que sucedió en el domicilio de Rodolfo Hinostroza en Miraflores, Lima, un día de enero (verano limeño y con sol) de 1986. El poeta preparó un platillo con un pez espada fenomenal y una ensalada mixta exquisita. Vinos, canciones, y alegría, hasta cantó: «A los bosques yo me interno/ a echar mis penas llorando…». La misma se ha mantenido casi sin publicar, hasta este rescate.

 

 

Nota y entrevista por Miguel Ángel Zapata*

Crédito de la foto www.vifestivaldepoesiafiestadeldiantre.wordpress.com

 

 

 

El aire articulado de Rodolfo Hinostroza

(Lima: 1941-2016)

 

 

Este primero de noviembre falleció el poeta peruano Rodolfo Hinostroza en la ciudad de Lima a los 75 años de edad. Hinostroza publicó poesía, ensayo, novela, cuento, memorias y ediciones de gastronomía peruana y astrología. En poesía destacan sus ya memorables libros Consejero de lobo (La Habana, 1965), Contranatura (Barcelona, 1971), y Poemas reunidos (Lima, 1986). También publicó: Memorial de Casa Grande (2005), y Nudo Borromeo y otros poemas (2006). Hinostroza recibió el Premio Maldoror de Poesía, de 1972 (cuyo jurado estuvo presidido por Octavio Paz); el Juan Rulfo de Cuento, de 1987; el segundo premio de la Academia Nacional de Gastronomía de España, de 2007; y el Premio Nacional de Cultura de Perú, de 2013.

 

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La orquesta de cristal tocando el huayno Huacchapuquito. Dirige Frido Martin y ejecutan los poetas (izq. a der.) Pedro Granados, Rodolfo Hinostroza, Kreit Vargas, Vladimir Herrera, José Córdova y Edgar Saavedra. Crédito: Blog Laguna Brechtiana.

 

Hinostroza fue esencialmente un poeta. Junto con Antonio Cisneros (1942- 2012) construyeron una poética personal (en estilos distintos) que abrió una grieta disímil y saludable para la poesía peruana a partir de la década del sesenta. Dos ríos, dos piedras de arena y cemento. Hinostroza, lector de Góngora, Mallarmé, Vallejo, Saint John Perse y Pound, no creó una escuela literaria ni mucho menos un estilo exageradamente barroco para el disfrute de poetas y lectores “cultos”. Como se sabe, toda poesía excesivamente localista o nacionalista tiende a desaparecer en las fosforescentes dunas de la provincia.

En cambio, la obra poética de Hinostroza, como la de César Vallejo o César Moro, se mantuvo bajo el signo de la intransigencia, y supo combinar una crítica acérrima al poder, el devenir de la Historia, la presencia de la vida acelerada, el amor y el tiempo. Hinostroza recoge lo contradictorio y esencial de la poesía peruana y de otras latitudes: el poeta va contra la corriente (símbolos, grafías) recuperando un tipo de narratividad resquebrajada, sonidos y emblemas de la poesía en búsqueda de la plenitud, pero siempre manteniendo un ritmo casi musical aún dentro de lo complejo de su lenguaje: “Una oleada de pájaros migratorios pasa sobre tu frente/ la niña de los naranjos eras/ nada es verdad pero el exilio/ una banda/ una música/ caracolas marinas/ yo más muerto que vivo/ pateando cráneos de caballos sobre la playa…” (“Problemas de Brabancio”).

Hinostroza pertenece a la estirpe Hinostroza. Sus poemas son siempre un encuentro con la lucidez, mezcla de una cadena de símbolos y grafía, lirica de las calles, prados, y seres humanos que transcurren contra todo tipo de norma condenatoria. Difícil seguirlo, difícil imitarlo.

 

El literato Rodolfo Hinostroza (1941-2016). Crédito Baldomero Pestana.

El literato Rodolfo Hinostroza (1941-2016).
Crédito Baldomero Pestana.

 

 

«Creo que la maravillosa escuela que tenemos es la palabra,

porque quién mierda le enseña a uno a escribir poesía».

Entrevista a Rodolfo Hinostroza

 

 

 

Miguel Ángel Zapata [MAZ]: Podríamos comenzar hablando de lo culto, lo cultural, en tu poesía, donde la inteligencia del conocimiento cumple un papel fundamental dentro de tus versos…

Rodolfo Hinostroza [RH]: Claro, esto no lo hago de manera intencionada, pero es una poesía cultural y culta y, en ese sentido, recoge muchas tradiciones poéticas: Mallarmé, la Biblia, entre ellas. Además, he escrito un ensayo sobre Mallarmé, pero no se puede decir que porque escribo un ensayo sobre él me inscribo en la onda de la poesía de Mallarmé. Incluso se me ha acusado que mi poesía pertenece al Culteranismo.

 

 

[MAZ]: Entonces tenemos que remontarnos a los clásicos, se percibe en tu poesía su presencia, tal vez por tus imágenes tan inusuales y transformadas a tu contexto y poética personales.

[RH]: Sí, mucho, mucho. Por ejemplo, más imágenes tiene Góngora que Quevedo. Hay una catarata de imágenes en Góngora maravillosas. El mismo dice en un verso: aire articulado, es un poco el aire articulado lo que hace Góngora, o sea articula el aire. Sus versos son aéreos. Hay una especie de espacio interno en Góngora que hace que todo lo que haga sean construcciones góticas: el espacio interior es gótico. Él me ha dado mucho. Tú estás hablando de la imagen, ¿no? Y claro, en lo que se refiere a la imagen, Góngora, también Saint John Perse, es un mago. He pensado mucho en relación a Pound, se me ha relacionado mucho con Pound, quien es un poeta formidable; sin embargo, creo que he leído mal a Pound.

 

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Los poetas Blanca Varela y Rodolfo Hinostroza. Crédito Herman Schwartz C. 1987

 

[MAZ]: ¿Y el paisaje del Perú ha influido en tu poética, tu niñez…ese paisaje abrupto y bello, los Andes de Huaraz, la sierra purísima incomparable…todo esto ha influido en tu formación como poeta?

[RH]: Dicen que todos los huaracinos son poetas porque Huaraz, donde me he criado, es una región tan bella. Allí pasé mi infancia entre montañas, nevados maravillosos (el Huascarán) que son impresionantes. La ciudad fue destruida por el terremoto. Sí, yo me he criado en esa ciudad, entre el aire, las estrellas, en contacto con la naturaleza, entre el aire que siempre he creído yo que ha condicionado mi poesía. Por ejemplo, he sentido el aire transparente, el aire articulado como en Góngora, ya que el aire es para mí natural, así como para otras personas es el mar, el agua, y se sienten maravillosamente en una playa.

 

 

[MAZ]: Los sonidos, la fonación, son el 99,9% de tu trabajo; ¿te asaltan de repente y escribes el poema…?

[RH]: Leo mis poemas interiormente. Mi padre era poeta, ya fallecido, y él me lo transmitió. Un día me leyó uno de sus poemas, el que yo más admiraba de él. Me contó que lo había hecho cuando atravesaba el patio de la casa y, de repente, la inspiración lo atacó como una fiera, lo plantó en el sitio y, allí mismo, sacó lápiz y papel y parado escribió todo el poema: «en fuente y cántaro la inicial frescura…». Me encantaba por ese sonido tan hermoso que tenía, esa musicalidad, y él lo escribió asaltado por la inspiración.

Yo conocí el patio y sentía justamente esa sensación, que de repente te asalta el poema y te viene entero. Por ejemplo, en «Imitación de Propercio», ese poema que he leído tanto y ha sido bastante conocido, ese poema lo escribí de un tirón. En junio del 68 tuve un tremendo choque llegando a París. Hay imágenes en ese poema que evocan situaciones muy precisas, caminatas, por ejemplo, por el barrio latino a las cuatro o a las cinco de la mañana, saliendo de los bares con Jorge Eduardo Eielson, quien era mi anfitrión. Él me hizo conocer París, me llevó a los bares, salíamos y encontrábamos a los muchachos, a la juventud francesa que había hecho todo eso, todo ese inmenso despelote. Allí hablo: esperan con enormes grupos el metro de las seisla noche fue de amor y mariguana…yo estaba como invadido por imágenes que me entraban en tropel, y un buen día, una noche antes de partir a Normandía con mi mujer francesa, comencé en casa a escribir el poema, lo seguí escribiendo en el tren, llegamos y el poema lo estuve escribiendo durante dos días. En este poema lo que corregí cuando lo terminé fue mínimo. Saqué cuatro versos corregidos. Estuve atento y escribí todo lo que tenía que escribir. Hay una especie de autocontrol cuando uno escribe. Puedes estar arrebatado como se dice, por la inspiración, en que tú estás escuchando el verso, la musicalidad.

 

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A veces lo escribo [el verso] a mano, porque soy muy visual, para ver cómo se ve. Soy auditivo y visual, quiero ver el verso cómo queda en la página. Este interés me viene desde siempre. Cuando yo llegué a París, me fui a vivir cerca de la Rue de Rome, cerca de donde Mallarmé tenía su casa y él en esa época me fascinaba, me intrigaba, y cada vez que pasaba por su casa, veía ahí una placa: «Mallarmé». Leí Un coup de dés creo que cuarenta veces, penetré el secreto del famoso poema, el famoso poema visual, el primero que se hizo. Este poema era un misterio, un enigma para mí, no sé si era por mi francés insuficiente que fue mejorando con el tiempo, o bien porque bueno, era el primer poema espacial, no sabía muy bien por qué se le había ocurrido a Mallarmé hacer un poema en el espacio. Era el momento de la poesía moderna, de las grandes corrientes que penetraban.

He tenido una relación muy intensa con el espacio, esto me hizo descubrir cómo Mallarmé había montado su poema de una manera fantástica, difícil e inteligentísima, había descubierto cosas sobre el espacio y sobre la lengua impresionantes que yo creí dilucidar en un artículo. Fíjate que hicimos publicar el libro de Mallarmé Un Coup de dés tal como él lo deseó y esto no hacía sino revelar en mí una gran admiración por el espacio, por todo lo que es el espacio. Hace rato que estoy hablando del aire, del aire de Huaraz, de Mallarmé y de Góngora. La altura, la Sierra no determina únicamente el indigenismo, puede determinar también una abertura sobre el espacio, cierto modo de percibir un espacio. En consecuencia, la imagen en el espacio. Esto podría ser una parte de mi poética.

 

 

[MAZ]: Entonces tu poética tiende a la dispersión del sentido y de la forma…

[RH]: Mi poética está marcada por la unidad y la diversidad llevadas a extremos a veces bastante grandes. Quiere decir que, por ejemplo, la idea de identidad creativa si soy surrealista, y si soy surrealista entonces no soy poeta, porque no puedo cambiar de línea, como hay mucha gente como pintores que dicen ¿y ahora qué hago? Hago reflejos, y si no hago reflejos no soy tal.

Hay un estilo que se identifica con el hombre y se lo come, se lo traga. Hay gente que vive estilizando la imagen de su propia creación, redondeándola, mejorándola, empeorando, pervirtiéndola a veces ellos mismos, la van malogrando, manipulando, o engrandeciendo también. El caso primero es el más común. Creo venir huyendo de esa alternativa centrípeta que va hacia una especie de purificación del individuo, de lo más individual del individuo, lo más distintivo del individuo. Yo trataba de hacer un tipo de poética centrífuga, en lugar de irse al centro del individuo (eso era antes de conocer la obra de Marcel Duchamp), quería crear un mundo lleno de personajes diversos sostenidos por una unidad misteriosa, partiendo de un sujeto que busca voluntariamente una dispersión.

 

 

[MAZ]: De ahí tu afán de búsqueda en otras formas y estilos, quiero decir la narrativa, el teatro, la novela, ¿no?

[RH]: Sí, me dediqué a escribir cuento, teatro, novela, y además a tomarlo de manera seria, porque claro, hay poetas que jamás han ganado un concurso de cuentos, o si escriben cuentos éstos no son de un nivel muy alto, en consecuencia, no van a ganar ningún concurso. Y dentro del jurado que me ha dado este premio (el «Juan Rulfo») no creo que había ni un solo poeta. Severo Sarduy escribió unos poemitas que más son divertimento que poemas. Son oficios difíciles de manejar, escribir un cuento, un poema, una pieza de teatro. No me digas que escribir un cuento es fácil, es jodidísimo, y una pieza de teatro es ya verdaderamente terrible. O sea, dominar varias técnicas de expresión creo que forma parte de mi poética y eso podría ser el núcleo mismo de mi poética, esa dispersión.

 

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[MAZ]: Aire también recortado…

[RH]: A mí me gustan las cosas muy claras, que sean muy claras, una especie de aire para que se recorten contra estos sonidos, para que recorran este ámbito los sonidos.

 

 

[MAZ]: ¿Te consideras primero poeta antes que todo?

[RH]: Me considero poeta esencialmente. Siempre he sido poeta porque la poesía es lo que más me gusta, es la relación más inmediata que tengo con el mundo.

Miguel Ángel, me decías que Jorge, que con Jorge Eielson habían hablado mucho de música hace poco, ¿no?

 

 

[MAZ]: Sí, de la matriz musical, maravilloso.

[RH]: Fíjate, yo te hablo de espacio. Mira, Jorge Eduardo me dijo una frase justamente en aquellos días en que yo llegaba a Europa. Estábamos en un bar de París y le hago a Jorge la pregunta de cajón, que por qué se había cambiado de la poesía a la pintura, y me dijo ¿sabes por qué?, porque el espacio es vida. Lindo, ¿no? Me encantó. Yo me dije, sí pues claro, si para mí siempre ha sido así. El tiempo me dijo qué es lo que maneja la palabra. Después comencé a acercarme a la pintura, durante todos los años que viví en París. Es decir, la pintura me pareció y siempre me sigue pareciendo, me refiero a la pintura de los años que yo he vivido, de los años 60, 70, una de las aventuras intelectuales más interesantes que yo he vivido.

 

Los poetas Antonio Gamoneda y Rodolfo Hinostroza.

Los poetas Antonio Gamoneda y Rodolfo Hinostroza.

 

[MAZ]: Hablemos del premio fundamental, el «Maldoror» que te fue otorgado en Europa. ¿Un premio te puede cambiar la vida?

[RH]: Bueno, yo tenía el manuscrito hacía un año en un cajón de mi escritorio. Lo había mandado a una serie de editoriales a ver si me lo publicaban, pero ni siquiera habían enviado un acuse de respuesta. No sabía si había llegado. Estaba en mis primeros años en París, cuando mi mujer me dice que había leído una noticia en el Le Monde, donde decía que había un concurso que convocaba Barral Editores, que era una editorial muy importante, y cuyo presidente del jurado era Octavio Paz. Entonces me animó a presentarme por la garantía.

Hay premios, hay miles de premios en el mundo, pero hay pocos premios en el mundo que tengan un jurado tan brillante, presidido por Paz y por gente que sabía muy bien de este asunto. Entonces me presenté sin mucho ánimo de ganar. Me decía, bueno, a mí me gustaría que me lean y sabía que dentro del jurado había gente vinculada con editoriales, lo que me interesaba era que me leyesen para luego proponerles a ellos la publicación de mi libro. Y lo gané para gran sorpresa mía, porque verdaderamente me sorprendió. Yo pensaba ocupar un honroso tercer puesto. Eso fue una cosa muy importante para mí, cambió cosas en mi vida, pero no sé qué cambió.

 

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[MAZ]: Pero el ganarlo te alegraría hasta los cielos de Huaraz, ¿no?

[RH]: Sí, pero no me había dado cuenta de cómo iba a ser la cosa. Había ganado un premio, pero no sabía lo que era. Recuerdo un día que vi a Octavio Paz, que estaba de paso por París, quien pidió verme a través de unos amigos. Lo llamo y me acuerdo que estaba muy apurado, se iba a sacar un pasaje para irse a Londres. Lo acompañé en un taxi y en el camino me hablaba me decía: Hinostroza, ¿qué le pasa? Es que usted no se ha dado cuenta todavía de lo que ha hecho, ¿no? ¿No se ha dado cuenta de la trascendencia de este premio?

Claro, este hombre había recorrido todos los senderos de la literatura, conocía perfectamente bien cómo funcionaba este asunto, y sabía que iba a producir un cambio en mi vida y, sin duda, notorio. Pero yo al margen de este premio soy una persona que pertenece profundamente al medio literario, creo que la maravillosa escuela que tenemos es la palabra, porque quién mierda le enseña a uno a escribir poesía, adonde enseñan poesía, dónde enseñan a escribir quiero decir. Los únicos que te pueden enseñar a escribir son los artistas, son ellos los que te enseñan, y ¿cómo te enseñan? Conversando, hablando, leyendo cosas, comentando cosas, esto es cultura viva.

La información de primera mano la tienes de boca de los creadores, y ahí hay un diálogo muy pero muy sustancioso, interesante, rico en lo que se llama el medio, el medio literario. El medio es muy amplio. Universidades, editoras, hay mucha gente metida en esto y ocupamos rangos distintos, pero yo siempre he creído que el creador es el que está por encima de todos. Ha habido el intento de los críticos de expulsarnos del paraíso. De ellos tomar la voz cantante, como decir, bueno, yo soy el que decido en esto, ¿verdad? Es gracioso porque no es posible, porque si no hay materia prima de dónde demonios este tipo va a decidir algo.

La verdad es que nadie, por ejemplo en mi caso, me ha leído como me ha leído Octavio Paz. Volví a leerle mi poesía y se daba cuenta de todo absolutamente, de la menor debilidad, de la menor falla de ritmo, fallas de estructura y me lo hacía notar con una serie de gestos, como si estuvieras en un remate y un pequeño gesto bastase para decir algo; subo tanto, bajo tanto. Era una lectura de poeta a poeta, él sabía muy bien lo que estaba haciendo y yo sabía muy bien cómo lo estaba leyendo. Creo que nunca me ha ocurrido esto, nunca. Los críticos tienen muchas categorías a las que pueden remitirse, pero no tienen oficio, no tienen la más puta idea de lo que pueda ser el oficio poético llevado realmente en sus mejores momentos, donde no saben qué está pasando en cada momento de un poema.

Los versos de Vallejo que a veces no saben cómo los había hecho, hablo del oficio nada más. Por ejemplo, ese verso que cierra en «Himno a los voluntarios de la República» que dice: «… La dirección del agua que corre a ver su límite antes/ que arda». Este verso es sumamente complejo, es bien difícil, es una culminación de un cierre de ese poema que es un gran poema, enigmático, dificilísimo, la maestría de Vallejo para manejar su verso, es realmente impresionante. Metí meses para entender cómo Vallejo había hecho ese verso; o sea cómo lo había hecho hasta poder hacerlo yo. Es un aprendizaje al cual ningún crítico tiene acceso, ellos no saben cómo se maneja este asunto.

 

El poeta con su familia: su viuda Ingrid Sipkes y sus hijos. C. 1990

El poeta con su familia: su viuda Ingrid Sipkes y sus hijos.
C. 1990

 

[MAZ]: Y la crítica en el Perú…

[RH]: Aquí en el Perú, creo yo, que la crítica, los críticos oficiales digamos, los críticos que fingen de críticos en revistas y periódicos de Lima se han quedado bien lejos de la crítica ejercida por los propios poetas. Aquí las generaciones de poetas se suceden en un ritmo acelerado. Por ejemplo, acabo de presentar un libro de la Generación del 80. Son doce poetas seleccionados y estos patas son tipos que devoran libros de literatura. Se conocen mi poesía de memoria, montones de ellos te juro la citan y a veces me siento un poco incómodo.

Algunos la respetan y la citan con un afán a veces moralista, y son personas que leen. Y como decía al principio de esta conversación, mi poesía es un objeto cultural no por eso desprovisto de vida, quiero decir que no es un objeto frío, lo cultural es un acto que me lleva a sembrar camotes o a escribir poesía, es el mismo impulso que me lleva a cocinar, a hacer el amor, la pornografía, la inventividad erótica son actos básicamente culturales: no son hacer el amor animalmente sino de una manera creativa, el erotismo es una invención, es cultural el erotismo, así como la poesía, o sea que cuando hablo de cultural no hay que confundir, es una opción que envuelve un poco todo de la vida, la cocina, las artes amatorias, en la poesía son cosas culturales, porque la cultura es la cosa más rica del mundo, es rica en el sentido de rico, de placentero del mundo, y los poetas jóvenes aquí en el Perú absorben muy golosamente y en verdad continúan tradiciones muy antiguas. Han vuelto a leer a poetas romanos, griegos, te hablan de Calino con facilidad, de Cervantes, hay que ver que hay una cultura poética aquí, es una sucesión de generaciones poéticas.

 

 

[MAZ]: ¿Qué planes tienes para volver a publicar poesía?

[RH]: Me gustaría volver a la poesía. Nunca he dejado de escribir poesía de todos modos. Seguiré escribiendo poesía. Tengo también una serie de proyectos. Una novela, por ejemplo, en curso que tiene como mil páginas, que me va a ocupar un par de años, te digo, si todo va bien, estaré disponible para escribir poesía en unos dos o tres años. He publicado poemas en revistas porque estaba buscando tonos.

 

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[MAZ]: ¿Vas a reunirlos en un tercer libro?

[RH]: Cada libro debe ser una creación completa. Cómo ves el mundo en este momento pero con todo, con tus cambios morales, de estilo, tu estilo, los cambios de los años transcurridos. Supongo que habré mejorado porque no vale la pena hacer un libro inferior al anterior, ¿no? Recién he entendido cómo se puede hacer un tercer libro de poesía. He encontrado una manera, un tema, una posibilidad que se me ocurrió el otro día.

 

 

[MAZ]: ¿Cómo?

[RH]: Todo va hacia un solo sentido. Tu vida está orientándose hacia un centro magnético, o sea incurriendo a eso, desgarrar, sacar poemas, negociarlos con este centro. Creo que esto es una cosa seria y voy a tocar grandes temas como la muerte que me ha asaltado numerosamente últimamente. La muerte de mi madre, de mi padre. En lo último de mi vida hay mucha muerte y es la que tal vez va a mover un poco el juego en el próximo libro, que es un elemento que faltaba en mi primera poesía.

 

 

 

 

 

*(Piura-Perú, 1955). Poeta y ensayista. Profesor de Literatura hispanoamericana en la Universidad de Hofstra, Nueva York (EE.UU.). Ha publicado recientemente dos antologías de su poesía: La nota 13 (2015) y Hoy día es otro mundo (2015). Entre sus poemarios destacan Los canales de piedra. Antología mínima (2008), Ensayo sobre la rosa. Poesía selecta 1983-2008 (2010), Fragmentos de una manzana y otros poemas (2011), La lluvia siempre sube (2012), La ventana y once poemas (2014), entre otros. Este año se publicará una antología de su poesía en italiano, Uno scrive poesia camminando. Antologia personale (1997-2015) (inédito, traducido por Emilio Coco). En su obra crítica destacan: Vuela un cuervo sobre la luna. Muestra de poesía española contemporánea: 1959-1980 (2014), La voz deudora. Conversaciones sobre poesía hispanoamericana (con Ilán Stavans, 2013), Vapor trasatlántico. Estudios sobre poesía hispánica y norteamericana (2008), Asir la forma que se va. La poesía de Carlos German Belli (2006), (2005), Moradas de la voz. Notas sobre poesía hispanoamericana actual (2002), entre otros.

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