La provincia de Cáceres, en Extremadura, España, se ha convertido en uno de los principales centros de difusión de poesía latinoamericana. El responsable de ello, José María Cumbreño, nos lo explica.

A pesar de que casi cuatrocientos millones de personas compartimos la misma lengua, por desgracia la literatura española y la latinoamericana a veces parecen miembros de una familia mal avenida. En el ámbito de la poesía, en concreto, resulta muy complicado conocer aquí lo que se está escribiendo allí y viceversa. A lo sumo podemos aspirar a conseguir alguna compilación donde rastrear, entre un aluvión de nombres y textos de distinto tono y condición, la pista de algún escritor auténtico. Da la impresión de que la poesía latinoamericana está, pues, condenada a sobrevivir en antologías. Y una antología ofrece una visión de conjunto, que equivale a decir una perspectiva desenfocada e incompleta.

Quizá fue esa curiosidad por conocer la poesía que se escribe en Latinoamérica lo que nos animó a crear un esbozo de editorial, diminuta, es cierto, pero no por eso menos exigente. Una editorial que prestase atención a los magníficos poetas latinoamericanos que en este momento están en lo mejor de su proceso creativo. Una editorial con vocación internacional a pesar de estar donde está: en Extremadura.

No olvidemos que esta región tradicionalmente se ha considerado una de las más pobres y atrasadas de Europa. Y, aunque la situación ha cambiado mucho, lo cierto es que Extremadura sigue constituyendo la periferia de la periferia. Aquí todo queda lejos. Quizá por eso un proyecto como el liliputiense cobra en este lugar todo su sentido: se hace en una esquina del mundo, pero aspira a ser universal; es consciente de que sus fuerzas son limitadas, pero no su ambición.

Así que puede afirmarse que lo que hace años me llevó a tratar de estar al tanto de lo que se publicaba en Latinoamérica era simple curiosidad. Curiosidad y ganas de aprender de modos de entender la escritura mucho más intensos que la mayoría de los de los autores españoles. Porque ésa es la principal diferencia que encuentro entre la poesía de allí y la de aquí. Sé que generalizar es injusto, claro, aunque, a grandes rasgos, mientras que la poesía española peca de conservadora, la latinoamericana se la juega de continuo, se arriesga, busca, tantea.

De autores como Sergio Raimondi, Luis Arturo Guichard, Maurizio Medo, Emilio J. Lafferranderie, Martín Gambarotta, Cristián Gómez Olivares, Luis Chaves o Mónica de la Torre (por citar sólo unos cuantos) me gusta que practican el equilibrismo sin red. Cuando escriben intentan que su voz sea personal, propia, reconocible. A ello hay que unir que son poetas con una sensibilidad y un talento fuera de lo común.

 

 

José María Cumbreño combina su labor como profesor de secundaria con su carrera literaria.  Ganador del premio de poesía Ciudad de Badajoz en 2003, ha publicado tanto ensayo literario como narrativa o cuento, de lo que es ejemplo su premio de narrativa breve Generación del 27.

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