Por Macarena Urzúa Opazo*

Crédito de la foto (izq.) Ed. Una temporada en Isla Negra /

(der.) Cristóbal Olivares – www.theclinic.cl

 

 

Dos cubos de azúcar sostienen un poema: mirar al cotidiano.

Notas sobre Dos cubos de azúcar (2014), de David Bustos

 

 

El poemario de David Bustos**, Dos cubos de azúcar (2014) se abre como un libro que apela a lo que vemos y a lo que tocamos, dos cubos de azúcar que hablan al tacto y la vista. El objeto es cuadrado blanco y sobre él se leen letras finas que dicen: “Dos cubos de azúcar”. Al entrar en el libro, recorre en el lector la idea de que este poemario transcurre como el tiempo en que demoramos en ver cómo se disuelven dos cubos en una taza de algo caliente.

Nos encontramos ante un libro que habla del compromiso con lo cotidiano como una práctica, tal como lo señaló Charles Bernstein en Attack of the Difficult Poems, no un estilo, sino que algo en lo cual nos comprometemos, es la práctica de lo cotidiano (177). El sujeto poético que atraviesa las páginas nos lleva a través de numerosas imágenes y cosas que pueblan los días: insectos, papeles, cuentas, paisajes, y así nos preguntamos ¿Cuánto de esto es material de la poesía? Todo, pareciera ser la respuesta, partiendo por los cubos de azúcar, arbitrariamente cuadrados, como el lenguaje que encierra nuestra cotidianeidad, palabras y palabras. Si una rosa es una rosa o: “Rose is a rose is a rose is a rose”, como dice el citado verso de Gertrude Stein, podemos señalar que aquí la poesía no ocurre desde la metáfora o desde una compleja yuxtaposición de imágenes. [1] Por el contrario, la imagen que atraviesa el libro, la de los cubos, es y no es al mismo tiempo la materialidad de una imagen y de un lenguaje, esa alusión a la mirada de los cubos, su apariencia, contorno y forma, apuntan, creo, al proceso de creación y de construcción de un poema. La mera existencia de estos objetos, los dos cubos, refieren también a su desaparición.

 

El poeta David Bustos

El poeta David Bustos

 

Citaré algunos ejemplos del poemario, para dar cuenta de estas imágenes que son lenguaje y también materialidad, que se crea a partir de la misma lectura. En el “Poema 19 (Versión libre de Marianne Moore)” vemos como esa limpieza del poema nos lleva desde afuera hacia adentro, así los versos: “un pelicano porta en su hocico / la bolsa de agua de la tormenta / curvan los pastos las estrellas” todo se curva así también adquiere la forma de un signo de pregunta “¿?” La que pareciera descifrar la gaviota del “Poema 20”: “Una gaviota descifra / las rocas oscuras del borde costero” (1-2).

Estamos ante una poesía cercana a los imagist poems (no solo por la evidente referencia a Moore y quizás a un poema como “An Octopus”), el que es definido según Pound como: “a radiant node or cluster… from which, and through which, and into which ideas are constantly rushing”, o bien una concentración en imágenes que vienen del día a día, y mostradas en un lenguaje también que surge de esa cotidianeidad, de manera que ellas entregaran tanto una mirada tanto objetiva como subjetiva. [2] Una escritura que desde ahí nos remite a un registro del aquí y del ahora de lo humano y lo residual: las cuentas sin pagar, la piel, los paisajes que atraviesan la mirada inevitable del sujeto que escribe y que atraviesa las páginas.

 

dos-cubos-de-azucar

 

“La bolsa de té arrugada al costado de la taza. El reflejo ovalado en la cuchara.” (1-2). Estos versos del poema 41, nos vuelven a hablar de lo cotidiano, de los cubos de azúcar, lo que se disuelve, lo que contiene el instante y aquello que queda y se marca como una huella, así también como si deviniera en una línea en nuestros rostros: la bolsa de té arrugada al costado de la taza, como una extensión del tiempo de lo que queda, habla así de lo residual: una presencia que continúa a lo humano. De este modo, en el poemario, los cubos operan como una sinécdoque del relato de lo cotidiano, la contención de esa escena y de la vida, tal como aparece en esta instantánea del “poema 5”: “Las palmas de las manos / como el mapa de una ciudad / encrucijada que cambia imperceptible” (1-3).

Si para Charles Bernstein lo que el poeta persigue es en cierto modo una práctica que contradiga la alienación de lo cotidiano, más que domesticar o naturalizar esta alienación (177). Así podemos leer y adentrarnos en el poemario de David Bustos como un ejercicio que permite no solo mirar desde otro lugar, si no que lleva a esa visión a intentar mirar el entorno desde un acto de re- sacralizar lo cotidiano, mirar el sublime desde la imagen simple y perfecta, una visión oblicua, según como se mire, de dos cubos de azúcar.

 

 

 

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[1] La primera aparición de este verso se atribuye al poema “Sacred Emily” (1913), aunque este es repetido en distintos textos de Stein. Para mayor referencia, ver el archivo digital de University of Pennsylvania, EPC, en el siguiente sitio web: http://writing.upenn.edu/library/Stein-Gertrude_Rose-is-a-rose.html

[2] Citado en la Princeton Encyclopedia of Poetry and Poetics (Oxoford, Princeton: Princeton University Press, 2012). 1527. Para una breve definición del término Imagism, recomiendo ver el siguiente link también de University of Pennsylvania, The Center for Programs in Contemporary Writing: http://www.writing.upenn.edu/~afilreis/Alumverse/imagism-def.html

 

 

 

 

*(Santiago-Chile, 1978). Investigadora y poeta. Ph.D. en Literatura Hispanoamericana por Rutgers University (EE.UU.). Su investigación se ha especializado tanto en la poesía chilena y latinoamericana del siglo XX, como en el cine y crónica chilenos con énfasis en teorías de la memoria y el paisaje. Ha publicado artículos académicos sobre poesía chilena de la postdictadura y la ciudad, así como también textos sobre crónica y cine chileno en revistas especializadas del campo literario y cultural como Revista Iberoamericana, Chasqui y Revista Chilena de Literatura. En la actualidad, investiga sobre la formación y circulación de redes entre poetas y artistas de la post vanguardia en Chile y Perú entre los años 1930 y 1950 y se desempeña como investigadora del CIDOC y profesora asociada de la Escuela de Literatura, Facultad de Comunicaciones y Humanidades de la Universidad Finis Terrae (Chile). Ha publicado en ensayo Ensayos para leer poesía (en coautoría, 2018) y en poesía Jersey City (2009) y Escrito sobre el agua (en prensa).

 

 

 

**(Santiago-Chile, 1972). Escritor y guionista. Vive en Algarrobo. Como guionista ha participado en teleseries y series de televisión. Fue tres veces becario del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Formó para del comité editorial de Ediciones del Temple, donde dirigió la colección Amarcord. Coeditó Horroroso Chile, ensayos sobre las tensiones políticas en la obra de Enrique Lihn (junto a Guido Arroyo, 2013). Recibió el Premio Municipal de Literatura de Santiago (poesía, 2007). En la actualidad, es columnista en El Desconcierto. Ha publicado en poesía Nadie lee del otro lado (2001), Zen para peatones (2004), Peces de colores (2006), Ejercicios de enlace (2007), Jardines imaginarios (2010), Hebras viudas (2011), Dos cubos de azúcar (2014) y Arial 12 (2018). Publicó el disco de poesía sonora Todo empieza por casa (2014).

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