Para Vallejo & Co. es un privilegio mostrar al público algunos emails, que conforman parte de la correspondencia personal, que intercambiaron los poetas Lorenzo García Vega y Reynaldo Jiménez. El intercambio epistolar fue realizado entre los meses de abril y noviembre de 1999. La presente muestra, se dará en dos entregas.

 

 

Por Lorenzo García Vega*

Crédito de la foto www.in-cubadora.org

 

 

Desmontaje y laberinto:

Algunos correos enviados

por Lorenzo García Vega a Reynaldo Jiménez

(Parte I)

 

 

 

Subject: De Lorenzo García Vega

Date: Fri, 30 Apr 1999

 

 

Playa Albina, y final de abril 1999

 

Amigo Reynaldo Jiménez:

Acabo de recibir tu saludo de e-mail. Menos mal, ya podremos comunicarnos mejor.

Sí, empecé a soñar viaje a Buenos Aires, pero se me torcieron los planes. El corazón empezó con amenazas, y he terminado con 4 bypasses. No ha sido asunto bonito, pues he terminado soñando que, por dentro, me baila el esqueleto.

En fin, ¿podré intentar un viaje en el 2001? La fecha me parece con un toquecito de ciencia ficción, pero todo puede ser posible. Aunque lo único cierto es que, por ahora tendré que permanecer en la Playa Albina con unos ejercicios terapéuticos y unas caminatas post-operatorias.

¿Cuándo vuelve a salir Tse-Tse?[1]

Terminé ya mi autobiografía (tiene 356 páginas), El oficio de perder, y estoy buscando al editor posible. No parece que estoy en buena faena, ya que no tengo contactos editoriales, pero estoy haciendo lo poco que pueda por publicarlo.[2]

A Octavio Armand lo pienso llamar, así que le hablaré de ti.[3]

 

Saludos, y no dejes de seguir en comunicación.

Lorenzo García Vega

 

 

*

 

 

Subject: De Lorenzo García Vega

Date: Thu, 27 May 1999

 

 

Playa Albina, mayo y 99

 

Amigo Reynaldo Jiménez:

 

recibí número cinco de tu revista y estoy en espera del seis. Y en cuanto al siete, dime cuándo quieres la colaboración, y cuántas cuartillas puedo mandar. Estoy indeciso en si te envío páginas de “El oficio de perder”, o de un “Taller del desmontaje” que ahora estoy intentando y que, como cosa curiosa, va recogiendo mi post-experiencia del libro que acabo de escribir. ¿Post-experiencia?, ¿cómo es eso? Nunca me había sucedido nada parecido. Resulta que siempre, cuando he terminado un libro, he quedado sin imágenes, sin palabras, y sin querer buscar más. Pero ahora me ha resultado lo contrario, me ha resultado una experiencia rara, y es que “El oficio de perder” podía llevar como subtítulo “No mueras sin Laberinto”, y así, durante todo el tiempo del libro me estuve con eso de fabricar el Laberinto, y pocas veces di pie con bola, y a veces ni bien sabía qué era eso de un Laberinto que yo debería de construir. Pues bien, aquí viene lo extraño y nuevo para mí: después de haber escrito el libro he comprendido lo que he querido buscar, he comprendido lo que quiere decir el Laberinto, y lo que he querido decir con un kaleidoscopio que es también caballito de batalla de mi libro.

He comprendido y, lo que es más curioso, he terminado, después del libro, y después de mi operación de bypass, convertido en un Postmodernista total. Ahora comprendo que el Laberinto que he buscado era el descentramiento, o la deconstrucción, o lo que demonios sea. Lo he comprendido, y sé bien que es así. Pero como he llegado a Derrida, y a Deleuze, y a los otros postestructuralistas sin conocer bien su jerga (pues resulta que sé que he llegado —como si fuera un místico— a un lugar, sin saber bien —tengo que confesar mi incultura— qué es lo que se habla en ese lugar), mi condición me parece bastante extraña.

Y ésa, entonces, es la tarea que me estoy proponiendo con “Taller del desmontaje”: volver al Laberinto que quise construir en “El oficio de perder”, volver al kaleidoscopio, y a los sueños, y a las cajitas, y a una serie de piezas que desde hace años me obsesionan, y mirarlas ahora desde ese especial Postmodernismo que me ha caído. Un especial Postmodernismo, te repito, que es como de pianista que sólo tocara el piano de oídas, o de pianista sin piano que creyera entender, a su manera, unos alambicados textos que, en realidad, muchos de ellos no los logra entender.

¿Podré decir lo que quiero decir?

Quisiera me hablaras —aunque sé que por e-mail la cosa es difícil— sobre tu viaje a la India. Hace años he estado rondando en torno al Zen, al Nagarjuna, y a la búsqueda sin búsqueda del Vacío, sin que… Pero todo ese andar y andar, como buscando el sentido de una colchoneta tirada en un solar yermo, me ha dejado su huella. Una huella que a veces se identifica con un color, o… Pero me temo todo haya sido una experiencia fallida, o…, aunque…, quizá…, este extraño Postmodernismo (¿anacrónico ya? puede ser, yo tengo tendencia al anacronismo) que ahora me ha tocado, sea como una consecuencia de todos esos años que le he estado dando vueltas al Vacío.

¿Podremos hablar a través del e-mail?

 

Un abrazo.

Lorenzo García Vega

 

Lorenzo García Vega, Héctor Libertella y León Félix Batista en casa de María Inés Aldaburu, Buenos Aires, 2000.

*

 

 

Subject: De Lorenzo, carta y colaboración

Date: Fri, 4 Jun 1999

 

Playa Albina, junio y 99

 

Dilecto reynaldo jiménez:

 

por supuesto, acepto ese diálogo, intercambio de emails, de que me hablas. Creo que la cosa pudiera resultar buena. Pero no quisiera que se centrara en mi escritura, sino en algo que sería semejante a esto: yo he establecido comunicación contigo buscando comprensión para un texto que, quizá, sea texto de la incomunicación: este Taller del desmontaje, del que ahora te envío unas páginas. Pero ¿por qué estoy buscando esta comprensión?, ¿me siento más inseguro que nunca? No, no creo. Siempre he temido que, en algunos momentos, mi escritura haya podido estar bordeando en lo ininteligible autista. Esto me ha sucedido desde un libro de mi juventud, Cetrería del títere, un texto que quisiera esconder ya que, desde el mismo momento en que lo publiqué, en 1961, tuve dudas si no pudiera ser, en algunas de sus páginas, como muestra de lo que no se sabe cómo decir.

Siempre he temido, pues, caer en esa, como escritura autista que, a pesar de todo, parece que no deja de atraerme (después de uno de mis libros últimos, Espacios para lo huyuyo, no dejé de sentir un miedo de haberme metido, con ciertos relatos, en un hueco negro), pero ahora, no sé, mi miedo y mi inseguridad toma otra forma: he terminado, después de tres años de escribanía, mis memorias, El oficio de perder, y como ya te dije en email anterior, este libro que acabo de terminar, libro en que me propuse la construcción de un Laberinto, extrañamente se ha encaramado sobre mí, precisamente en el momento en que lo he terminado. ¿Qué quiero decir con eso? Quizá me estoy repitiendo, pero ahí va: quiero decir que el Laberinto que quise construir, ahora sí se ha mostrado de verdad: las piezas de un kaleidoscopio, con las cuales estuve jugando durante las páginas de “El oficio de perder”, ahora se me muestran como piezas para una extraña iniciación postmodernista (un postmodernismo, por supuesto, a mi manera, pues como ya te dije, toco al piano sin piano), y todo se me vuelve como un aluvión donde lo autista, o lo ininteligible, parece estar en primer lugar. Pero aquí, entonces, viene la pregunta con que he comenzado este email: ¿por qué busco la comprensión?, ¿me siento más inseguro que nunca? No creo tener respuesta, y no creo que nunca se sabe bien la razón de lo que se está haciendo, en el mismo momento en que uno lo está haciendo. Así que lo único que sé, sencillamente, es que, con ese taller del desmontaje, quisiera comenzar a escribir un libro mal escrito (¿no sería bueno, alguna vez, proponerse la escritura de un libro mal escrito?), y que, lector de tu poesía, me gustaría que encaramaras tu diálogo a ese posible comienzo. Pero ¿diálogo?, ¿qué diálogo? ¿Una aprobación? No. Quisiera…, quisiera que, con estos email, me contestaras con tu inmadurez, o con tu autismo, a lo que me temo que, en este “Taller del desmontaje”, sólo sea inmadurez y autismo. ¿Podríamos hacer un texto sobre el texto que te envío? Parece que esto, o algo semejante a esto, es lo que me gustaría que hiciéramos. No estaría mal, en dos literatos, un como…, como diálogo subliminal. O sea, repito, lo que me gustaría, si es que llegas a sentirte afín con mi texto, es un diálogo en que podamos intercambiar lo mismo las más sencillas preguntas, que los más alambicados silencios escritos. En fin, ¿no estoy delirando?

Seguiremos en comunicación, para seguir hablando de la incomunicación.

Marta te envía saludos.

 

lorenzo

 

 

P.D. Me quedé pensando en ese “primer pensamiento cerca de algo, ese que surge justo antes de que uno tenga tiempo para pensarlo”, pero ¿eso es así?, ¿es un pensamiento que surge, o es la pura energía que de inmediato se desintegra en pensamientos? A esa energía la estuve tratando de cazar —¡delirante que soy!—, durante años de esta Playa Albina, pero debido a mi oficio de perder, nunca conseguí nada.

 

P.D. Me gusta mucho Tsé-Tsé. Te agradezco la gran acogida que siempre me has dado en la revista.

 

No sé si podría, un día, intentar un número especial sobre la vanguardia hispano-americana. Me gustaría que se recogiera, más que las buenas traducciones que se hicieron de lo europeo, lo autóctono disparatado, y hasta lo autóctono kitsch de nuestra vanguardia. Hay un disparate que había que sacar a la luz, ya que puede ser que no sea, del todo, un disparate. Estoy pensando en personajes como el dominicano Domingo Moreno Jimenes, el Postumista, a quien no dejo de recordar en un texto, Homenaje a Duchamp, que espero salga publicado en Venezuela.[4]

 

P.D. Como ves, te invito a que compartas autismo e inmadurez. ¿Es que quiero, sin ninguna justificación, convertirte en cómplice? ¿No es esto una señal de inseguridad? Pero ¿yo no ceso, nunca, de darle vueltas a lo mismo?

 

P.D. Recibo tu último email con el chofer endemoniado, y eso me confirma el terror que siempre le he tenido a los viajes. Pero…, para seguir con el delirio, he estado pensando en la posibilidad de que emprendiéramos una especie de Tsé-Tsé por la Internet. ¿Cómo sería? Imagino la cosa como unos números collage, compuestos por email enviados por los escritores que quisieran colaborar con nosotros. Pero, en fin, si te interesa la cosa podemos seguir hablando por email. Marta también está muy interesada en eso. Vale.

 

Tapa de Una Cuba: cinco voces, tsé-tsé/CCEBA, Buenos Aires, 2005. Libro que recoge los conversatorios entre Lorenzo García Vega, José Kozer y Soleida Ríos, más la lectura de textos enviados por Antonio José Ponte y Reina María Rodríguez, en un evento coordinado por Reynaldo Jiménez en el Centro Cultural de España en Buenos Aires en 2004, edición al cuidado de RJ.

*

 

 

Subject: cetrería

Date: Fri, 11 Jun 1999

 

Playa Albina, junio y 99

 

Amigo reynaldo jiménez:

 

este email es para estar seguro: ¿tu dirección sigue siendo Conde 1430, 2 (segundo piso) 1426 Buenos Aires, Argentina? Contéstame pronto, pues pienso enviarte una copia del único ejemplar que me queda de “Cetrería del títere”, más “Espacio para lo huyuyo”, y más otro resto de lo que he publicado (un resto que junto con “Vilis”, y los “Poemas para penúltima vez”, se mantienen en lamentables cajones de cartón en espera de que Papá Dios los lea, el día del juicio final). [5]

Tengo interés en que leas mi “Cetrería”. No la había vuelto a ver hasta el momento en que escribí “El oficio de perder”, que acabo de terminar. Por eso, la copia que te envío está llena de los subrayados que me hice ahora, al entrar en autocrítica de un libro que, después de haberlo publicado, no quise volver a verlo.

No sé, me parece que la “Cetrería” está llena como de la protomateria de lo que, después, he venido a ser en mis escribanías. Pero como es una protomateria no resuelta, por eso sólo tocar el libro me hace sentir como culpable. Me gustaría por eso que trataras de comprender a ese personaje, autor de un libro no resuelto, que fui en aquella década del 50 en que escribí la “Cetrería”. Me interesa enormemente tu opinión.

Me hablas, en tu penúltimo email, de un Jimenes sin z, no sé qué podrá ser eso. A lo mejor mi dedo, al equivocarse en el tecleo, hizo que apareciera ese personaje inexistente.

 

Un abrazo.

lorenzo garcía vega

 

 

P.D. ¿Qué edad tienes? Nunca he visto tu fotografía, así que, por lo menos, debo conocer tu edad. A lo mejor resulta que, cuando yo andaba escribiendo las cetrerías tú, todavía, andabas por la patria donde están los nonatos.

 

P.D. Dices que te gustó mi “Taller”. Siempre me emociona lo generoso, y entusiasta, que eres en tus elogios.

 

P.D. Fíjate que tengo otra dirección de E mail. Siempre puedes usar la de Marta, pero estoy tratando de aprender a hacer esto yo solo y me he conseguido la mía propia. Es la siguiente: lgv14@hotmail.com

 

*

 

 

Subject: Cetrería

Date: Sat, 26 Jun 1999

 

Playa Albina, fin de junio y 99

 

Amigo reynaldo:

 

Como te he dicho, “la cetrería” es asunto que me resulta difícil. Años me he pasado sin tocarlo, temiendo… Cuando acabé de publicarlo, comenzaba el fiestongo de la revolución cubana, y a unos jóvenes, embriagados con Sartre, el Che Guevara, y Hemingway, graciosamente se les dio el control de la única publicación cultural del país. Así que, ya te puedes imaginar el resto: fui tratado como si fuera un imbécil, por haber aparecido con la “Cetrería” en aquellos años de existencialismo marxista y, desde entonces, quedé con la duda sobre ese libro: ¿me había metido en un berenjenal autista?, ¿queriendo seguir la huella de Macedonio, había escrito un libro que no sabía escribir —esto, sobre todo: siempre he temido que “Cetrería” sea el libro que no supe escribir— o…?

En fin, pasaron años y años, pasó un águila sobre el mar, y mi miedo a tocar el títere continuó hasta que, debido al hecho de meterme en mis memorias de “oficio de perder”, no me quedó más remedio que volver a la lectura del texto y, con ello, aunque acabé dictaminando que la “Cetrería” fue una experiencia fallida, algo me indicó, y me sigue indicando, que el haberme metido en ese libro era un fracaso que no podía eludir, pues formaba parte de mi Laberinto. O sea, he llegado a un punto en que debo aceptar (como karma), lo que fue un fracaso (literario). Pero aunque he llegado a este punto, uno nunca acaba de dejar de tener inseguridades, por lo que he deseado que tú, nonato en aquel tiempo en que escribí aquella “Cetrería”, me confirmes en mi diagnóstico de karmánico fracasado. ¿Por qué así? Por suerte, no creo que al preguntarte sobre esto me encuentre como en situación de dependencia (el padre que quiere que el hijo lo oriente), sino de algo que nunca me había sucedido, y que ahora me ha pasado después de escribir “El oficio de perder”: a este libro lo he subtitulado “No mueras sin laberinto”, y mientras lo estuve escribiendo no daba con el Laberinto, pero ahora, después de haberlo terminado, voy comprendiendo el pasadizo para ir hacia esas cetrerías, o imposibilidades conque he tropezado siempre. O sea, que puedo seguir confundido y con dudas, pero ya sé dónde situar, en el Laberinto que creo podría construir, mis confusiones y mis dudas. Sin embargo… Pero, me detengo aquí, no sea que empiece a desvariar.

Mencionas a Girri, ¿ha sido Girri un krishnamurtiano? Y, con respecto al Nagarjuna ¿qué es lo que pasa con él? ¿Tienes un rechazo hacia lo budista? Me detengo por hoy. Pronto vendrán los reyes magos. Un abrazo,

lorenzo

 

*

 

 

Subject: lorenzo presente

Date: Thu, 08 Jul 1999

 

playa albina, julio 99

 

dilecto reynaldo:

 

no ha habido ningún problema con tu email. He estado enterado de todo, pero algunas ocupaciones me han mantenido alejado del diálogo peruano-cubano. De todas maneras, mañana, o a lo más pasado mañana, volverás a tener a lorenzo presente. Espero que ya tu hija esté bien. Los Tusquets de México enviaron mi libro “El oficio de perder” a un concurso de memorias en Barcelona. Uno de los jurados es tu coetáneo Vargas Llosa. Entrar en un certamen literario es como jugar a la lotería. No espero nada de eso, pero como los mexicanos enviaron mi libro, y no tuve que hacer ningún esfuerzo, ahí va eso.

Un abrazo,

lorenzo

 

 

 

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[1] Se refiere a la revista tsé-tsé, en la que Lorenzo colaboró con inéditos desde el primer número (1995) y en cuyo número 7/8 (otoño 2000) saldrían varias de estas misivas junto a “Taller del desmontaje”.

[2] El oficio de perder saldría finalmente editado por la Dirección General de Fomento Editorial de la Benemérita Universidad de Puebla, en su Colección Asteriscos, México, en 2004. Un año después aparecería otra edición, por Ediciones Espuela de plata, Sevilla, España. El ejemplar de esta segunda edición nos fue entregado en mano por el propio Lorenzo, con la siguiente dedicatoria: “Para Reynaldo y Gabriela, amigos del sur, hasta el final de los tiempos. Lorenzo, Buenos Aires, agosto y 05”.

[3] De hecho fue Octavio Armand, con quien ya mantenía contacto epistolar desde la década de 1980, quien nos puso en contacto a mediados de la siguiente década, aunque gracias al correo electrónico, algunos años después, fue que logramos establecer un intercambio menos esporádico.

[4] Palíndromo en otra cerradura (Homenaje a Duchamp) saldría publicado por Pequeña Venecia, Caracas, en 1999. Una reciente edición es la de Barataria, Madrid, 2011.

[5] Lorenzo me hizo llegar este libro en fotocopias, mientras que sí me hizo llegar por correo las respectivas ediciones de Vilis (Éditions Deleatur, Colección Baralanube, Angers, Francia, 1998, con dibujos de Ramón Alejandro; en realidad me hizo enviar varios ejemplares, que repartí, a su pedido, entre los colaboradores de tsé-tsé) y de Poemas para penúltima vez 1948-1989 (Escandalar/Saeta, Miami-Caracas-Santo Domingo, 1991), Espacios para lo huyuyo (La Torre de Papel, Coral Gables, 1993), así como Collages de un notario (La Torre de Papel, Coral Gables, 1993), Variaciones a como veredicto para sol de otras dudas (La Torre de Papel, Coral Gables, 1993) y años más tarde Papeles sin ángel (Colección Contemporáneos, Coral Gables, 2005), además de otras obras suyas que me obsequiara en mano.

 

 

 

 

 

*(Matanzas-Cuba, 1926 – Miami-EE.UU., 2012). Poeta, narrador y ensayista. Abogado por la Universidad de La Haba (Cuba) y doctor en Filosofía y letras Representante de grupo Orígenes. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Cuba (1952). Publicó Suite para la espera (1948), Espirales del Cuje (1952), Ritmos acribillados (1972), Los años de Orígenes (1979), Poemas para penúltima vez (1948-1989) (1991), Collages de un notario (1992), Variaciones a como veredicto para sol de otras dudas (1993), Vilis (1998), Palíndromo en otra cerradura (1999), No mueras sin laberinto (2005), Cuerdas para Aleister (2005), Devastación del Hotel San Luis (2007), entre otros.

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