Por: Paola Gallo

Crédito de la foto: Juan Fielitz

 

 

delay (el esqueleto del viento) (2014) de Laura Alonso,

poesía uruguaya reciente

 

  is it better to abort than be barren?

  Samuel Beckett

 

La Wikipedia dice que delay es un retraso, más precisamente: “un efecto de sonido que consiste en la multiplicación y retraso modulado de una señal sonora”. Así, los poemas de este libro (Trópico sur, 2014) modulan también una estela dividida en dos momentos bien diferentes: un primer envión; el vértigo de una corriente de versos que derrapa, quebrándose, sobre la página y a continuación —el eco, la correspondiente rémora— coda de poemas en prosa donde todo el recorrido anterior queda expuesto en el derrumbe en picada de solo tres versos finales: el dulce amor/  una visión/  anticipada y errónea”.

Es vox populi que el secreto oculto de la poesía no puede ser expuesto en un abordaje crítico, ni descifrado por un discurso interpretativo. Lo que dice un poema nunca se suelta. Este rasgo de la poesía —fijado por la naturaleza ambigua que supone el orden simbólico— no deja otra opción, para los que estamos del lado de afuera, forcejeando con el cerrojo, que entablar una conversación con el poema. Lectura íntima, entre visos, donde vernos borrosamente reflejados.

Una de las primeras imágenes con las que despunta delay (el esqueleto del viento) es una moneda lanzada al aire. Desde el comienzo, desde “los cimientos” dice la poeta, estarán juntos deseo y peligro, como el doble fondo que demanda el salto al vacío de este tipo de apuestas: “la fuerza del hombre/ sonido a moneda?// al aire/ metal/ la vida arrojada”.

En algunas entrevistas Laura Alonso ha dicho que el libro fue escrito a partir de una experiencia de ruta (durante nueves meses viaja a trabajar en Punta del Este, un balneario a tres horas en ómnibus de Montevideo) y de un regreso, también, al mundo de la arquitectura, al trabajo en obra. De esto no cabe ninguna duda, delay está plagado de alusiones a un paisaje de cemento, aparecen plomadas, está el tallado de un buril y el hilo tensado. Están también las manos calientes y ásperas de un hombre levantando un edificio: “lo que fueron otras manos //calientes // de trabajo vertical // aparejado”. El elemento erótico, la naturaleza salvaje de un deseo en estado de furia, es otro de los centros de fuerza que mueven el poemario: “el deseo/ sube//?una lumbre//?detrás de una ventana”.

Encontramos por eso reiterados momentos de elevada tensión: “parece qué // sube una pierna/ dos?// la forma sube?// redondo la lengua/ la forma saliva/ tronco a la fruta?// turgente espera/ la cáscara/ bañada alcohol carne vení?// la cremallera de un golpe”,? hasta llegar a la exposición más explícita de su deseo: “blanda quiere/ sinuosa espina líquida/ savia sinuosa?//quiere corriente/ pueblo del árbol el hombre/ tasajo echáte así?//corteza contra ombligo”.

 

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Sin embargo, el anuncio del derrumbe, temporal de viento (“el mar encrespado en las costillas del viento”), se escucha insistentemente de manera profética, como bien advierte la poeta cordobesa Rocio Pochettino en el prólogo del libro: “La señal profética llega desde los confines del estruendo. «Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.» Es un antiguo rumor que vuelve, y este libro está escribiéndose en el delay de esa transmisión”. De allí en adelante sólo resta dejarse caer: “dirá la mujer al caer sentí// los árboles en usufructo/ sentí la ruina […] sentí acarrear en arrastre”.

El delay da cuenta del retraso de una certeza: el amor aborta, la señal del ya no va más se escucha nuevamente: el dulce amor/  una visión/  anticipada y errónea”. Sólo quedará el paisaje de lo que habría podido ser; la tejedura en obra negra del esqueleto del viento: “como un tejido más hondo // en paralelo a la altura/ un edificio escondido/ porfiado cuelga// el edificio del viento / aún asciende // blando de sangre/ en la furia// frío hormigón”.

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