Por: Alethia Alfonso

Crédito de la foto: Alethia Alfonso

 

 

De Modernización y tropicalizaciones,

Dominique Gonzalez-Foerster

 

 

O que é mais violento? Os animais?

A força da natureza?

Sepultura

 

 

Dominique Gonzalez-Foerster 1887-2058 es una exposición temporal en el Centro Georges Pompidou. Consta de varios espacios que dan cuenta del transcurrir temporal ficticio entre 1887 y 2058, relacionado con la subjetividad humana. Me llama la atención que entre las influencias, casi pastiches, de la exhibición haya literatura —Joseph Conrad, Oswald de Andrade, Clarice Lispector, Roberto Bolaño por citar algunos—, arquitectura, paisajes, ópera y alusiones a las artes menores, cambiantes todos según los siglos y las décadas. El pasillo que conecta los espacios tenía como sonido ambiente la lluvia incesante del trópico y es de hecho otra de las piezas de la exhibición. Hay espacios donde la artista aparece transmutada en cantante de ópera, espacios donde exhibe una suerte de película parecida Belle du jour y espacios donde fragmentos de otra ópera dan un sentido artístico-histórico a un lugar. Tantos espacios cerrados, abiertos y parcialmente accesibles tienen como obsesión primaria un país grande en extensión, etnias, geografías y climas: Brasil.

Dominique Gonzalez-Foerster ―DGF― (Francia 1965- ) habita intermitentemente en Brasil y Francia. Parte de su trabajo en los últimos 10 u 11 años ha sido el entendimiento, interpretación y la crítica frente a la adopción de la tropicalización. Entendida esta última como una estrategia cultural ajena al centro que adapta para sí términos, estrategias, culturas, fenómenos arquitectónicos, artísticos, industriales —los latinoamericanistas además agregamos la canibalización de Oswald de Andrade. Tropicalizar para un latinoamericano es hacer propio, tropicalizar para un europeo, como bien señala Pablo León de la Barra, al citar a Hélio Oiticica, es tratar de aprehender y potencialmente transformar en elemento de consumo una modernidad exótica. Para una artista y carioca eventual como DGF, “las condiciones tropicales parecen ser capaces de revelar el hermoso e inmaduro caos que genera la modernidad” (DGF apud León). Con la modernidad, los problemas creados por la modernización y la tropicalización en mente, retomo tres de piezas de la exhibición “Brasilia Hall”, “1887” y “Promenade”. No sólo remiten a Brasil, también cuestionan por su disposición la modernidad, el pasado y la manera peculiar con que los latinoamericanos insertamos la natureza en el imaginario moderno o no.

La exhibición inicia con “Brasilia Hall”, un espacio con paredes blancas, letrero de la pieza en neón rojizo-rosa, y piso de pasto artificial verde. Una de las paredes tiene empotrada una pantalla que muestra imágenes de los edificios de Brasilia. El espacio en la exhibición es amplio, como los espacios y los edificios en ese ciudad. Hay amplitud, cierto. Pero es artificial, como el intento de modernidad y modernización que obedeció la creación de Brasilia. Queda sin embargo en la pieza de González-Foerster y en Brasilia una lección: no importa la magnitud de las obras —el hall es grande, los edificios en Brasilia monumentales— palidece ante dos insoslayables: el espacio físico, lleno de átomos, y el imaginario mediador, capaz de crear estructuras como Brasilia y “Brasilia Hall” con cimientos igualmente endebles, por ejemplo las ideas de progreso y modernización.

 

Brasilia Hall

«Brasilia Hall», de Dominique Gonzalez-Foerster
Crédito de la foto: Alethia Alfonso

“1887” es otro espacio dentro de la exhibición. Consta de varias sillas mecedoras, con respaldos y asientos hechos de tejido de palma. En una esquina de esta instalación hay libros, sombreros de copa y restos de dos fonógrafos. El piso tiene alfombra, como la de los estudios en casonas decimonónicas. La instalación remata con un espejo ondulado que refleja a los visitantes aunque no les permite tener una imagen clara de sí mismos. Llama la atención que haya cadencia en la pieza. No hay música sin embargo el vaivén al que cada visitante somete a la mecedora de su elección, la ondulación que recorre la pared espejo y a la alusión al sonido grabado como fuente moderna de entretenimiento laten en la pieza. También es curioso cómo la exhibición no tiene un orden cronológico. “Brasilia Hall” corresponde a fines de 1950, seguida de una pieza titulada “2077”, posteriormente el visitante descubre “1887”.

 

1887

«1887», de Dominique Gonzalez-Foerster
Crédito de la foto: Alethia Alfonso

 

Habrá quienes comparen la ondulación con los experimentos con ajenjo y algunas –ínas, entonces a la venta para todo público. No obstante, situar la pieza después de “Brasilia Hall” y “2077” obliga a ver al pasado como algo idílico —no mítico ni fundacional ni alucinógeno, sino como tendemos a ver los recuerdos personales con el paso del tiempo: borrosos y labrados a nuestro antojo. Ese pasado ondulante y poco claro, puede ser glorioso y tener el ritmo que cada memoria imponga. De hecho, en relación con la modernidad y la modernización, el pasado previo —como sea que se entienda tanto modernidad cuanto modernización— deja de ser fundacional y pierde el carácter mítico, porque el paradigma a establecer converge con la idea de progreso, que sólo inicia con la instauración de la modernidad. Y sólo admite mitos fundacionales encaminados a darle sentido. ¿Dónde queda lo pre-moderno? En el silencio rítmico de esos espejos, junto los fonógrafos inoperantes y a los libros. No deja de provocar curiosidad cómo vivir en el pasado no requiera máquinas del tiempo. Bastan una mecedora y un espacio que permita ver pasar a los transeúntes mientras cada quien impone el ritmo a seguir.

La última pieza a comentar es “Promenade” una instalación sonora que recorre un pasillo en U y conecta las otras instalaciones. El sonido consiste en una lluvia que va de constante y suave a fortísima con truenos. Quien haya vivido en el centro y sur de América, reconoce el sonido de la lluvia tropical —que en nada se parece a la lluvia europea central o a la lluvia en los extremos hemisféricos. Es una lluvia interminable. En el abrigo del edificio, los visitantes recorren el sonido de esa lluvia, se pasean por ella sin padecer el trópico, que es enfrentarse a la natureza.

 

splendid

«Splendide», de Dominique Gonzalez-Foerster
Crédito de la foto: Alethia Alfonso

 

La lluvia tropical como alegoría a la naturaleza marca parcialmente el límite de cualquier proyecto de modernización y la idea de modernidad, como “Promenade” marca el perímetro de la exhibición en el Pompidou. Por siglos, se ha pretendido domar la naturaleza —piensen en los proyectos modernizadores de vía férreas en Inglaterra y Estados Unidos— y llamar esa domesticación progreso. Los proyectos de modernización y urbanización como Brasilia entera y los edificios multifamiliares que inundaron las ciudades más importantes de Perú, México, Venezuela, Argentina, Brasil —y se volvieron un reto logístico, de mantenimiento y de convivencia comunitaria— vieron limitado su alcance frente a dos componentes. Por un lado la natureza humana que se ajustó abruptamente a la modernización, entendida como convivencia forzada en espacios reducidos, o como espacios monumentales que engullen todo ser vivo en el paisaje urbano, y terminó por modificar o abandonar paisajes urbanos hostiles. Por el otro, está la natureza sin mediación o como la traduzco, lo real. Esa natureza sin mediación que los proyectos modernizadores intentaron domar con construcciones, manuales de buenas maneras o zoológicos; que entre un ciclo y otro se deja ver con toda la fuerza asignificante —parafraseando a J.I. Padilla. Es lluvia como “Promenade”, inaprehensible pero memorable, es sequía, inundaciones, fauna salvaje que recorre urbanizaciones en antiguos territorios; es pulsión de vida entre humanos. Es para redondear la alegoría, el Jekyll latente, no con instintos psicopáticos sino con ganas de sobrevivir pese al progreso o cualquier otra idea generada para mediar entre humanos.

La exhibición no termina ahí, existen espacios de ópera, hologramas, telas, ropas, habitaciones con mobiliario de años específicos como 1982, un hotel. Las tres piezas explicadas agregan a la idea de tropicalización como propone León, además permiten continuar cuestionando la Modernidad y la modernización en países que todo lo tropicalizan o canibalizan. La voracidad caníbal, ahora me doy cuenta, es parte de esa fauna y flora tropicales que todo lo consume, del ser humano en afán por montarse a la modernidad a su manera (de Andrade), también de los sistemas de mediación que empleamos para engullir otras mediaciones hasta perdernos en espirales de sentido.

 

 

 

 

Referencias:

 

Toda las obras son propiedad de DGF. Las fotos fueron tomadas en la exhibición.

 

Gonzalez-Foerster, Dominique. http://www.dgf5.com/

“Dominique Gonzalez-Foerster 1887-2058”. Centre Georges Pompidou. https://www.centrepompidou.fr/cpv/resource/cLboMKK/r4y4qr7

Oiticica, Hélio y Dominique González Foerster apud Pablo León de la Barra. “Dominique Gonzalez-Foerster: Tropicalizaciones! Text by PLB in Tomo Magazine, July 2009”. http://centrefortheaestheticrevolution.blogspot.mx/2009/08/dominique-gonzalez-foerster.html

 

 

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