Por Rodolfo Häsler*

Crédito de la foto (izq.) la autora /

(der.) Ed. Visor

 

 

Sobre De la metáfora, fluida (2019),

de Verónica Jaffé**

 

La poesía venezolana es rica, y en ese contexto, la poesía escrita por mujeres es realmente excepcional. En España hay muestras suficientes de ello, antologías, publicaciones personales, y una antología específica, Cantos de fortaleza, publicada por Kalathos, aquí en esta ciudad, y Verónica Jaffé que desde hace un tiempo reside en Madrid, es un destacado ejemplo. Pero vayamos al libro, al tomarlo en las manos nos atrae su título, De la metáfora, fluida, esa coma que parte, que separa y a la vez añade, es la punta de un hilo que nos invita a tirar, seguir un recorrido que nos irá deteniendo en cada poema, un ovillo que es vida, es pensamiento, y es luz.

La poesía de Verónica Jaffé es, quiero decirlo con admiración, asentamiento, poso lento, de vivencia personal. La poeta mira hacia adentro y busca en un recorrido vital en el que la lengua, el vehículo de la escritura, es doble. Y eso le hace descubrir un peso, la obliga a hacer una elección. Cuando aparece la necesidad de elegir, cuando surge una dificultad de tanto calado, y la persona se ve obligada a cuestionarse y a cuestionar todo el entorno recibido, salta una luz.

 

La poeta Veronica Jaffé.

 

Como dice la poeta en un poema memorable, su padre hablaba alemán y español con fuerte acento alemán, ahí coincidimos, el mío igual, y la madre español materno. Conviven dos formas de comunicar, dos conceptos, y elige uno para escribir, pero el otro está, debajo, permanece, insiste y toca la superficie, para darle un sostén a tan peculiar y definitoria experiencia. Y por todo eso la lengua tiene un peso, que hay que ir limando, definiendo, cortando, hasta dejar el lenguaje en pura médula, arrancando capas de deja vú, de lengua de madera, como se dice en francés, y destacar aquello que punza.

Escribir es traducir. La poeta, el poeta, crea lentamente su universo personal acumulando lecturas. Es tan importante al inicio leer como escribir, y con las influencias y la insistencia en los poetas cercanos, se encuentra el camino. Eso es en cierta manera traducir, traducir un universo personal, pasarlo a escritura, limarlo, ajustarlo. La poesía de Verónica Jaffé es un ejercicio límite, por un lado, y un equilibrio, por otro, entre traducción y cultivo de una mirada única. Relacionar mundos, hacerlos propios, un “sentimiento abierto”, como aparece en el prólogo del libro, escrito por Igor Barreto. Adueñarse, sin miedo, sin prejuicios, de todo lo que resulta necesario.

 

 

Hay un hilo comunicante entre realidad vivida, experiencia propia, y sueño. Ese estado en el que todo es permitido y que abre el subconsciente, del que evidentemente la poeta se nutre, es aquí una vía de conocimiento, y sin llegar a ser un ejercicio cercano a las teorías del surrealismo, el sueño le permite llegar más allá, indagar y dudar, ver y sentir, descubrir y descubrirse. Hay una manera de pensar que busca la aclaración, una explicación que se comparte entre poeta y lector, el lector puede entrar y estar, y así vemos en este poema de la pg. 69, “Châterau d´Yquem”, donde las bellas ideas, al aplicarse, al intento de llevarlas a cabo, acaban como una mala borrachera con su posterior resaca y enajenación. El peligro de las ideas, a menudo del pensamiento, quizá mejor sólo ver, sentir, en lejanía. Dice: como entrada o como postre / de pasiones que luego / justifican grandes / masacres tristes explanadas.

Pero la poeta sabe que sea como sea hay que apoderarse de algo indebido, de la vida, de la otra existencia, y de esa forma abrir un espacio desconocido que tanto la diferencia. De la metáfora, fluida es un libro lleno de rayos de luz, es un libro flecha, dardo, un punzón. Un escalpelo que pincha y suelta todas las preguntas y posibilidades sobre la propia identidad, la nuestra como lectores, con tanta precisión que constatarlo hasta duele. Escribir con todas las palabras, pero las palabras justas, aquellas que son imprescindibles, y acompañado de una lupa para ir cultivando el asombro. Todo para convivir con la libertad, absoluta libertad personal.

 

Madrid, 4 de noviembre de 2019

 

 

 

 

 

*(Santiago de Cuba – Cuba, 1958). Poeta. Ha publicado en poesía Poemas de arena (1982), Tratado de licantropía (1988), Elleife (1993), De la belleza del puro pensamiento (1997), Poemas de la rue de Zurich (2000), Paisaje, tiempo azul (2001), Antología poética (2005), Antología de Tenerife (1982-2007) (2007), Cabeza de ébano (2007), Nueve gacelas por el monte Líbano (2014) y Lengua de lobo (2019); además de las plaquettes Okantomí (1994) y Mariposa y caballo (2002).

 

 

 

**(Caracas – Venezuela, 1957). Poeta, ensayista, traductora y artista plástica. Licenciada en Letras con PhD en Literatura Alemana por la Universidad de Múnich (Alemania). Ha publicado en poesía El arte de la pérdida (1991), El largo viaje a casa (1994), La versión de Ismena (2000), Sobre traducciones, poemas 2000-2008 (2010) y De la metáfora, fluida (2019); ha traducido los Cantos héspericos de Friedrich Hölderlin, así como a Gottfried Benn y Else Lasker-Schüler.

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