Los abismos inquietantes de los que están fuera:

Fuera de lugar, de Pablo Brescia

 
 

Por: Cecilia Eudave

Crédito de las fotos: Der. Diego Trelles Paz

Izq. http://ceciliaeudave.blogspot.de/2012/10/fuera-de-lugar-de-pablo-bresica.html

 
 

Escribir es adentrarse en un abismo tan profundo como la psiquis personal de cada escritor y sus fantasmas. Es un acto solitario, una verdad propia que busca eco en otros solitarios que leen ese signo de la misma forma. Escribir —y también leer— nos permite, cuando la obra es personal, salir de la educación estandarizada de la estética y el consumo. Escribir es en palabras de Ernesto Sábato, “la reacción violenta de los artistas contra la civilización burguesa”. Escribir un libro como Fuera de lugar  del escritor Pablo Brescia —cuyo título ya anuncia con ironía la programática del texto—, lleno de personajes que cohabitan espacios reales e irreales, oníricos, a veces fantásticos o probables, es comprobar que la ingenua creencia en la realidad externa nunca nos mantendrá a salvo.

Por ello Fuera de lugar (Borrador editores, Perú, 2012; UNAM, México, 2013) es una propuesta inquietante, no sólo por la prosa a veces sórdida y perturbadora de Brescia, sino porque sus textos desafían la literatura convencional, aquella llena de protagonistas planos casi siempre involucrados en historias predecibles que recorren las páginas de un texto pregonando un diseño cuya digestión nos promete un sueño tranquilo. En este conjunto de relatos, por el contrario, Brescia nos invita a observar a estos seres enfermos de angustia o soledad desde una perspectiva de representación diferente: la de universos alternos que van y vienen entre nosotros y contienen personajes que, a pesar de enfrentarse a múltiples peripecias, no se acomplejan ante esa realidad sobre valorada. Son seres que viven bajo condiciones cotidianas, tal vez algo tristes, y desde ese vivir no intentan razonar, ni buscar una lógica, ni adaptarse al sentido de las cosas, sino sobrevivir. Todos los personajes de Pablo Brescia están fuera de lugar, sí, pero no por ello dejan de buscar el centro, no por ello renuncian a un espacio que los saque de la periferia personal, mental o emocional.

Los hombres y las mujeres de estos cuentos, a veces crueles, otros tantos descarnados, son tratados de igual manera: se materializan para romperse y fracasar, para levantarse y admitir que han perdido una batalla pero están dispuestos a otra. Nos sorprenden, porque no son cobardes ni recelosos, porque en el fracaso mismo comienzan a confeccionar su victoria. Alzan la voz para desafiar el destino que se les ha adjudicado pero no desde la solemnidad de un discurso filosófico, proselitista o de conmiseración, sino bajo una constante que denota quizá un estilo: la ironía, recurso fundamental y constante de un escritor que viste las tramas de humor negro y nos obliga a sonreír de lado.

En Fuera de lugar las anécdotas varían pero las preocupaciones permanecen como visitantes reincidentes en las doce historias que integran el volumen dividido en dos partes: Lugar y Fuera. Los relatos de “Lugar” se ubican ya desde el subtítulo como una insinuación a la búsqueda y reafirmación de lo propio desde el territorio alienante de los Estados Unidos. Al no encontrar un espacio físico en el cual depositar y conservar sus orígenes, su historia cultural o familiar, los personajes —a pesar de interactuar con los locales—, construyen universos paralelos para subsistir y, desde la inventiva, recrear lugares concretos y habitarlos: un objeto coleccionable y ambiguo como en el cuento “Objetos raros”, un hotel fantasmagórico que, en “Realismo sucio”, entraña diversos niveles de realidad confundiendo el transito cotidiano de sus personajes, un recuerdo mortificado lleno de cajas de mudanza como en “Frank Kermode”, o la imagen de los dedos del pie en “La belleza sobre en mis rodillas”  En la prefiguración del espacio y en la configuración de sus personajes, Fuera de lugar nos dice que el gran tema de la literatura no es ya la aventura del ser humano lanzado a la conquista del mundo exterior sino la aventura de aquellos que exploran los abismos y cuevas de sus propias almas.

De ahí que la segunda parte, “Fuera”, mediante esa ironía sutil que se filtra serena y certera, se presente como el reclamo de estas almas abismadas o al margen de la existencia en esa necesidad de ser tomadas en cuenta: la mujer que se ha trasformado por amor al grado de ya no reconocerse en “Mire, por favor,”, o el cuidador de un cementerio al que le obsesiona la idea de pasar a la posteridad en “Lapivideo”. Y tocan todas las puertas posibles desde sus desgracias, desde sus batallas personales, sin justificarse, sólo mostrando y buscando un “lugar”. En esta sección el discurso cercano a lo fantástico, a lo extraño, pero también a la intolerabilidad de lo real, se intensifica con el sólo propósito de establecer un diálogo más profundo con los infiernos particulares de los habitantes de estas narraciones.

Los relatos contienen ecos de Raymond Carver, David Foster Wallace, Frank Kermode o Jorge Luis Borges, ofreciendo al lector diferentes niveles de hacer y placer literario. Brescia reta a sus lectores a perderse en estos laberintos evocativos y a encontrar una salida. Pero no todos los cuentos son una delirante puesta en escena erudita o una crítica ácida y hacia los Estados Unidos desde la perspectiva del emigrado. Estos relatos apuestan a narrar mundos donde los personajes necesitan encontrar un refugio para dar consigo mismos. La prosa depurada, fluida, acaso melancólica nos conduce con cautela, pero sin escatimar en recursos literarios, sin omitir la sorpresa, dando una vuelta de tuerca al lugar común, a la emoción reprimida o violentada.

Fuera de lugar, nos ubica, curiosamente, en un lugar: el de la reflexión, para decirnos que se transita no solamente en lo otro o por el otro, sino en la palabra, única vía de comunicación posible entre el recuerdo y la vida imaginada, ahí donde nunca estamos fuera de lugar.

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