Entre el 31 de julio y el 4 de agosto de este 2019, se realizará una nueva edición de la ya conocida ANTIFIL de Lima, en su IV edición. En ella, como siempre, se presentarán y venderán libros de toda temática, habrá música y artes escénicas en vivo e, ineludiblemente, habrán recitales de poesía con la participación de poetas nacionales y extranjeros. Esta se llevará a cabo en la Asociación Guadalupana (Av. Alfonso Ugarte 1398-Breña).

Aquí, a modo, de entremés para que les pique la curiosidad de su asistencia, presentamos 1 poema de cada poeta invitado.

Pase y lea.

 

Selección por Franco Osorio

Crédito de la foto Antifil

 

 

Breve selección de poemas de los invitados

a la ANTIFIL 2019 (Lima-Perú)

 

 

Miguel Orozco (Jalisco-México, 1988)

 

Lenocinio II

 

(Alegoría a la adaptación de la novela

de Harper Lee, To Kill a Mockingbird)

 

¿Quién orbita tu rostro de negra coyuntura?

¿Quién sabe del sabor que parece obsidiana

cuando me toca caminar por tu piel

como por un páramo de flora desahuciado?

¿Quién, a horcajadas, me grita tu nombre

sin saber pronunciar el canto de la rana?

Mis calvas manos de piel

están plagadas

en el suelo de la arena.

Al hablar del río oscuro que recorre al sumiso vapor,

he comido rocas,

he comido sierpes;

he sido luna encontrando su fulgor

en el tiránico sueño de tu amada esquina.

No he nublado lo que el cactus sonrojó

más bien he tirado un rojo río por tus ausencias,

ni he embriagado con el pan estas licencias

que me permiten corroborar el hambre que siento

por congratularte a mis marismas

sin lo más incierto del viento;

sería como matar a un ruiseñor

sobrado de tinta al escribir sobre las plumas

que quisieron escribirme en tono y en torno a tu honor

cantando coyunturas

de una vuelta y un embiste.

 

 

 

Héctor Hernández (Santiago de Chile-Chile, 1979)

 

Tú de mí

 

Vámonos a mi casa

me dijo mi niño

y mientras cantábamos todas

las islas del archipiélago

bailaban junto a nosotros

Llegamos a su ciudad

y mi niño la

convirtió en un libro

para mí Yo por

vez primera era feliz

y quería que el

tiempo se acabase para

siempre Íbamos de la

mano y besándonos por

toda la comarca y

los imbéciles de turno

nos miraban muertos de

envidia porque nuestros nombres

estaban escritos en el

mismo cielo al que

ellos pedían perdón Pisamos

todas las calles de

la ciudad y ellas

nos pisaron a nosotros

y nos sentimos perdidos

de tan felices de

estarlo gritando Soñé Soñé

y la pasión explotaba

en nuestros oídos y

sangramos de loco amor

y nos abrazamos como

si fuéramos los mismos

brazos y nos besamos

como si fuéramos la

misma boca frente a

los estupefactos rostros del

siglo pasado Estuvimos allí

donde los locos caminan

sobre los árboles y

los árboles se ponían

azules de felicidad por

nosotros Estuve contigo y

tu ciudad se nos

ofreció para descuartizarla entera

y los miembros se

esparcieron por dentro de

nuestros cuerpos como regalo

por ser tu cumpleaños

y también el mío

porque nacimos juntos solamente

por una razón Amarnos

mientras exista la literatura

 

 

 

Amador Luna (Sevilla-España, 1973)

 

–ME SIENTO COMO UNA– LLAVE QUE OLVIDARA SU ÚNICA CERTEZA

FRENTE A LA CERRADURA

UN GLACIAR DE CALCIO SE DERRITE

SUCUMBE

ANTE EL CALOR DE LOS OBJETIVOS

DE ARCÁNGELES PODRIDOS POR

UNA FE ENDEBLE

ASÍ

COMO DE HURACÁN FINGIDO

APRIETA LA BRANQUIA SOCIAL

MECÁNICA DEL SONIDO

RUIDO DE FONDO

QUE ENGENDRA HIELO EN LOS IMPULSOS

Y DOTA DE PREJUICIOS A LA TRIBU

 

 

 

Valeria Sandi (Santa Cruz-Bolivia, 1991)

 

Arte poética

 

Hay silencios

tejiéndose entre mis dedos

mientras yemas

de sangre caliente

mueven en ondas

mis sueños.

Otras veces

se desborda la hoja

picada en llantos

ahogada está la tinta.

Cuando hay ojos luminosos

extendidos pájaros blancos

escriben en su espalda mejores días

Y cuando

el viento resuena las hojas

se desgrana el vientre de la vida

va dejando de palpitar la tierra

hay caravanas nocturnas

me encierran en sahumerios

envolviendo mis letras

sobre alas de alquitrán.

 

 

 

Daniela Gaitán (Bogotá-Colombia, 1993)

 

C         O         L         L         A         G         E

 De la imagen número uno, la garsa  (el cielo espeso figura rectangular donde A encuentra a B  y le entrega una piedra preciosa) la nostalgia, la nostalgia es el intermedio entre la felicidad y otras banalidades) siempre es posible ver a través de los agujeros negros) arrancar el camino desde una esquina y la que sigue es igual, igual) (sobretodo) (patas largas) (lo inaccesible) como pequeñas ecuaciones que alargan el orgasmo.

De la imagen número dos aquella garsa bicromática blanca blanca y negra negra apuntando a la inmensidad azulsobreazul (hoy sí que valdría la pena buscar solución a los problemas elementales ¿no? No sé, no sé (la garsa canta canciones de cancionero) el levísimo  cambio on preposition of place: piernas esbeltas apuntando a la otra inmensidad) un paso atrás lejos de la orilla el agua roza sus pies. Ya es noche , ya es noche en un mes será abril y como los animales, usaré una lengua entrañable para comunicarme (mientras tanto del pico naranja al intermedio es geometría (los astros valían dos sorbos únicamente. En un mes fue abril.

De la imagen número tres los cuadros callejeros y después esta capacidad de ser parte del concurso invisible contra el tiempo.

De la imagen última con que el camino se impone (nos quedamos así, pegados)(así de pie arboles permanentes) de pie garsa incansable.

 

 

 

René Silva Catalán (Santiago de Chile-Chile, 1971)

 

EN LA VENTANA

 

Desnudo como el cráneo del sol

lanzo murmullos de nubarrones

y a tientas

fecundo el cuello pálido de la luz

Un bocado en ella se traga la agonía

en los charcos

imágenes cansadas

La lluvia se detiene

sumergida en el aullido

y en la tribuna de mis ojos

descubro el rosario de mi madre

En la ojera de la luna

transita

un cigarrillo

y el gorrión de barniz

picotea un orificio en la metáfora

Mientras yo

escribo para el salario de la tarde.

 

 

 

Daniela Prado (Cali-Colombia, 1994)

 

Peces tropicales

 

Escribo con el cerebro en mis manos

y el corazón en los ojos

Todo lo que percibo

se recubre de nostalgia

entonces, se hace cristalino y frágil

 

Como esos pequeños peces trasparentes

que se camuflan con mis lágrimas

cada vez que me asomo

al acuario vacío.

 

 

 

Victoria Guerrero (Lima-Perú, 1971)

 

La casa roja

 

La casa roja es un poema:

………………………………….….Tuve un esposo que se fue a la guerra

Trajo cosas de ella

Cosas antiguas de un saqueo

Entre ellas un libro de Anna

Anna Ajmátova

Todo estaba en ruso

Él sabía ruso

Era la época

Todos querían estar en la guerrilla

Escribir poemas

Hacer una película Irse a Moscú

Yo no hice ninguno

Bueno a veces escribía poemas

Pero me fui a los Estados Unidos

A Nueva Inglaterra

Con gran culpa después de todo

 

En las calles de mi juventud

Las paredes decían “Yankees go home”

Esa era la consigna

El inglés machacado a la fuerza

El francés fue mi lengua

El uniforme gris de escuela mi traje de batalla

Y los sueños de la Comuna mi bandera

 

No hice la guerra

Ni aprendí ruso ni llegué a Moscú

Pero leí a Anna Ajmátova

 

Hablaban francés en San Petersburgo

Ciudad de derroche y refinamiento

Allí empezó la revolución

Allí me perdí con Roxana en la estación del metro

De camino a la casa de Dostoievski

(El alfabeto cirílico me mareaba)

 

La familia de Anna fue perseguida

Asesinado su esposo

Se pasaba horas al pie de la cárcel

Para visitar a su hijo en Leningrado

Igual le pasó a Marina

Marina Tsvietáieva

Los hijos muertos

El esposo deportado

 

Yo escribo ahora después de un siglo

La poesía ha muerto

Mi esposo ha muerto

Y la casa roja está llena de cosas antiguas

Objetos de guerra

Objetos de vida & poesía

Mi inglés es absurdo

Y los dueños del mundo ya no nos temen

 

 

 

Rafael García Godos Salazar (Lima-Perú, 1979)

 

el sonido de los autos en retroceso

a Diego Pacheco

 

Mejor limpiemos este desorden

paremos la búsqueda

por lugares no revelados

 

mejor limpiemos el desorden que hicimos

con el pasado el futuro el descontrol

junto al hombre corazón mandarina

 

mejor escuchemos

el sonido de los autos en retroceso

como lenguas en una cinta magnetofónica en retroceso

y detengámonos ahí

cuando fuimos a buscar a las partymonsters

ahí

cuando las tomamos de la mano

ahí donde dejamos de entender

la energía de esta letra

de la tinta que limpio

para hacerle un favor al amigo lector

al que le llegue este libro

para que lo encuentre como suyo como nuevo

mejor limpiemos

antes

el desorden

antes

del sonido de los autos en retroceso.

 

 

 

 Alejandro Susti (Lima-Perú, 1959)

 

 

UNA MUJER PELA UNA MANZANA

(Ter Borch, 1661)

 

a Clara y Alina

 

Ellas son dos niñas en el fondo de mis ojos

 

habitantes ambas de la casa de mis días

 

una pela una manzana

 

…………………………………………………………..la otra vive en el asombro

 

 

 

La madre niña es mi hija

 

y posa la mirada en la carne blanca que se abre

 

en la curva comisura del vástago de la manzana

 

y así la roja cáscara cae en su regazo

 

y lentamente descubre el velo de su cuerpo

 

la blanca superficie de la sábana que sacude la memoria

 

y el tiempo que antes reposaba en el acto

 

se desnuda y retorna en su pequeña hija

 

 

 

Ella, con sus ojos mudos y perplejos

 

contempla las manos de su madre

 

y en el cuarzo estrellado de sus ojos yo recuerdo

 

a su madre preguntando a diestra y siniestra

 

sobre mares pulpos y muñecas

 

………………………………………………………..….sirenas ciervos y princesas

 

llevando ese sombrero viejo que ahora calza la pequeña

 

sombrero hecho para niñas preguntonas

 

que no se satisfacen con saber que el mundo

 

es una manzana roja cuya cáscara se curva con el tiempo

 

hasta caer sobre el regazo de su madre

 

 

 

Giovanna Pollarolo (Tacna-Perú, 1952)

 

A VECES OCURRE

 

te despiertas a medianoche

enciendes la luz y la luz no se enciende

caminas a oscuras, adivinando.

O te quedas pensando

tratando de olvidar que tienes sed.

O frío

tanto, tanto frío

sabes que necesitas una frazada pero no te levantas

prefieres no levantarte

esperas que venga el sueño. Esperas, esperas.

El sueño tarda pero termina por llegar.

Y al día siguiente

sin saber por qué

aprietas el interruptor

y el foco se enciende

recuerdas el frío y ves una frazada, estaba a la mano

ahí, a un paso.

Puede ser que te preguntes

¿qué me habrá pasado?

o no te preguntes nada porque ya es de día;

dices: ya pasó la noche y no quiero pensar

pudo haber sido un sueño.

Y te lo echas a la espalda, como todos los sueños.

 

 

 

Violeta Barrientos (Lima-Perú, 1963)

 

Pasión

 

Sentada en un trono

Llega la noche.

Descubre su pecho,

Dos amables pezones aguardan ser tocados.

Tibia, se posa con el cuerpo de espaldas,

Separa las piernas. Unos labios oscuros hablan

De un mundo de climas y lenguas hecho carne,

De un ser vivo que abre su misterio

Para ser contemplado por única vez.

 

 

 

Christian Briceño (Lima-Perú, 1985)

 

I

 

Y el instinto de supervivencia hizo de mí un hombre de veinte años. Por entonces, la poesía me recordaba a la imperfección: a veces era un clavo de olor incrustado en el diente cariado; otras, una espada hundida en la parte más blanda de mis debilidades. Pero hablar de Dios corona mis escritos. «Si no crees en Dios, no lo cites», dijo alguna vez Valéry cuando estaba listo para dejar la poesía», dice Jack Spicer en sus Love Poems. Es el contrapeso de

mi razón. Sin Él, el sufrimiento se combinaría con la angustia. Sería como mezclar helio y oxígeno. El ser se extinguiría de un chispazo, aunque no sepamos qué es el ser. Digamos que lo que era ya no sería. Es decir ser, pero en pasado. En el pasado todo posee una cualidad de asimilación menos arbitraria. En el pasado nada fue simultáneo. Y, mientras convalecía de una rara enfermedad, especulaba con más turbación sobre el alcohol. Y pensé

que quizá mi actitud le era dolorosa a Dios. Señor, no he sido el mejor de tus hijos. Pero también tengo en claro que te alimentas de mis yerros. Qué sería del mundo sin pecadores. Una esfera impoluta, una landa de decrepitudes, lo estático, lo puramente conjetural. Mi ser vive gracias a ti. Y tu amor me ha hecho un ser confundido. Pues mis actos son onzas en una balanza. No es temor. No es nada. Tu silencio me invita a creer en ti. Una sensación a derrumbe me invade y toda noción de lo temporal se ha desbaratado junto a mis últimas certezas. Si nacer es un acto involuntario, entonces podría remediarse. Si la culpa es un

acto voluntario, culpemos al furor. Hay un estigma en cuanto al suicidio que promovieron los concilios y el sistema romanopost-cristo —pienso en suicidas famosos como Sansón, Saúl o el mismo Cristo—. Dante los colocó en el círculo de los violentos contra sí mismos. Pero si el perdón remedia la falta, ¿por qué no perdonarnos de antemano? Posibles epílogos para un suicida en potencia: 1. Purgatorio; 2. Infierno; 3. Lavado gástrico, masajes cardíacos, coma inducido, fracturas cervicales, suturas de más de quince puntos, transfusiones sanguíneas exitosas, estadios de limbo (si ves una luz al final del túnel, debiste haber doblado a

la izquierda en Albuquerque, doc (!!)). No tengas hijos. El éxito radica en no sembrar nada en el mundo que nos haga amar al mundo. Stultitiae, dirán mis mayores. Los labios de Natalia se han cerrado y ya no son míos. Intuyo que la molécula del amor será sintetizada por futuros farmacéuticos. Y entonces la muerte será sexy, provocativa, la admirarás con una fijación anfetamínica, evocará todo aquello que creímos que fue una vida bien vivida… Otra cosa es la felicidad.

 

 

 

Óscar Limache (Lima-Perú, 1958)

 

Vuelo de identidad

 

No moriré ahora. Un día entero

se desata frente a mí.

Drummond de Andrade

María Reiche

nos vio

caer volando

bajo el cielo de arena

 

Nasca fue nuestra muerte

 

Sobre

las bolsas de plástico

nuestros cuerpos

se alinearon azules

sin conocerse

el cráneo asombrado

carbonizados los muslos

sangrando la entrepierna

 

Los peritos

identificaron

nuestros dientes

las cavernas sin párpados

las horas digitales

nuestras líneas terrestres

 

Esquirlas

de aire entre los brazos

documentos atrofiados

geometría del espacio

sin ropa

sin manos

emparentados con las aves.

 

 

 

Lourdes Aparición (Apurímac-Perú, 1993)

 

Mamaqocha

Mamaqocha

que nos pariste en esta tierra bendita

nacimos de tus extrañas y doradas dunas que rodean tu rostro

donde el wayra grita que la independencia fue creada en tu vientre

porque sabemos que morir aquí es volver a nacer

 

desde niña correteo por este desierto

mis manos encajan con su historia

con el candelabro

cerro colorado

sus momias

los zorros jugueteando en la reserva

y todo lo que se encuentra

y se pierde

Pertenece a este pecho

Llamado Paracas

 

Mamaqocha

El wayra hoy a susurrado en una tarde de Marzo

que Paracas

es una bahía construida por los provincianos y provincianas residentes

de Huancavelica / Ayacucho/ Apurímac/ Puno/ Cusco

de todos esos pueblos donde cantan

somos libres, seámoslo siempre

por eso llegamos a Paracas

porque la libertad tiene nombre de lluvia

pero de arena

tiene forma de charco

pero de bahía

como un hijo que crece

y crece

y crece

y nunca deja de crecer

que se alimenta de los peces que suelen acompañar madrugas frías

y si allá en la sierra conocimos al apu

mientras sembrábamos papa y cortábamos tuna

aquí encontramos a la madre que nos faltaba

la mamaqocha

 

mamacocha me contó

cuando acampé allá en Yumaque

que te ha visto llorar dentro del mar

que a veces jalas las redes

como quien trenza los cabellos de tu hija

desde que convertiste este desierto en tu casa

 

que nos ve de noche pidiendo un deseo a una estrella fugaz

aunque a veces los fugaces somos nosotros

quienes dejan que la vida pase

como una ola en la orilla de Lagunilla

y que a veces nos ve reírnos en el Chaco

construyendo castillos de arena los domingos

como quien construye sus sueños en Santa Cruz, Las Antillas o Paracas.

 

 

 

Lisbeth Curay (Lima-Perú, 1993)

 

Luz insuficiente

 

Todas las superficies ásperas

me seducen,

al pintar una pared de blanco

y no tener las manos vacías

encuentro un placer primordial

en las lijas pequeñas

en los contornos de los vidrios

en todas las ventanas

dos veces fue demasiado sombra

guardo el fuerte olor de la

vainilla derramada

siento el ardor de los bosques

que se incendian

allá, muy lejos

las víboras escapan

y estás cavando una zanja

para sembrar azucenas amarillas

se pierden los muertos que

dejé olvidados

los árboles se quejan de sus frutos

la partícula se asienta (¿dónde?)

la mujer desaparece (eso fue un sueño)

llegan las lluvias, la barca se pone en marcha (lo dice la biblia)

no sé quién tocó la puerta (seguro un niño y se fue corriendo)

cada escama de pez

es un trozo de mar

lo dijo un pescador

entre sus redes

germinan algas

las tortugas vienen a comer

He permanecido inmóvil

Al borde de un abismo fulgurante

Nada se ve

no sé quién pudo dejarme

ahora que amo el día

y esta pequeña luz es

insuficiente.

 

 

 

Tilsa Otta (Lima-Perú, 1982)

 

Gore

 

Tengo un problema

y tomo conciencia:

mi corazón es estéril e irradia ondas sonoras.

Mis huellas digitales –tengo testigos-

se están resquebrajando desde que era pequeñita

y podía sentarme en el carrito del supermercado.

No me sale amar

(dios sabe que he intentado)

pero la piel es una necesidad,

como la sangre para un vampiro,

alimenta mi soledad y al mirarme suspiro:

por qué soy totalmente esa parte de mí que nadie puede ver?

 

 

 

Andrea Cabel (Lima-Perú, 1982)

 

[En breve cárcel]

 

Muera lo que deba morir; lo que me callo.

Antonio Gamoneda

 

 

Invades el camino,

De punta a punta,

Como una rueda

Y tu nombre mastica una espera

Sentada

Sobre el lomo de un erizo,

Con la mirada en la puerta,

Con tus carencias latiéndote en los ojos

Con tu esperanza en un nombre de estómago amplio

 

Y mi necesidad de salir del borde del suelo

Para olvidar tu abandono para acariciar por dentro

esta voluntad donde pende una línea

como una boca que se abre frente a la voz de un animal que llora.

 

Te encuentro entre grandes voces semejantes a la mía

Estirando los muros con latas rellenas de piedras

Cubiertas de frutas secas

dulces como el rostro de una anciana

dulces como la mordida de una tormenta

el camino bordeado de plantas de sed, de rostros muertos,

Mírame, llena de puertas cerradas

cubierta de una infancia mal curada

 

mírame frágil

 

sabiendo de mi tiempo como una habitación rota

como un colchón sumiso al tiempo

a un cuerpo solitario

nadando entre rabia

y pudor

nadando

austero

 

inválido.

 

 

 

Victoria Mallorga (Lima-Perú, 1995)

 

baby you thought we were giants

(but we were cacti)

 

cómo nos encontramos más allá de

la inconstancia y de la incertidumbre

de haber retenido en nuestros cuerpos

toda la esperanza de vida

de haber sorbido

del tiempo

toda la esencia

que necesitaban

campos enteros de flores

para sobrevivir el verano

 

así que ahora eres

el centro de este pastizal

y a tus pies germina la quinua

y las bayas de verano crecen donde vertiste

tus lágrimas hace unas horas

y cada cierto tiempo tienes que

escupir para que ese rosal sobreviva

y para que cada uno de tus pasos no

mate a los germinados has decidido

prescindir de cualquier tipo de calzado

así que no te preguntas por qué

cuando la primera ave hace su nido en tu cabello de ramaje

de primavera

porque al fin y al cabo

has bebido tanto de la fuente de la vida que

no puedes sino dejarte usar

por sus seres

como un hogar y

criadero a la espera de un relevo

como atlas

un atlas botánico

un atlas que sostiene un vivero sobre sus hombros

cuyo cabello son enredaderas de jazmines del cielo

azules sobre verde florido,

hasta

el relevo.

 

pero entonces,

cómo nos encontramos.

 

 

 

Virginia Benavides (Lima-Perú, 1976)

 

El signo que resuena en esta lengua azul, en este aleteo mudo, en esta insonoridad no es más que el descifre de resanar una lengua agrietada. Si es que resanar significa un ancla. Si es que ancla es el roce de fondos que se evaporan apenas se quedan. Así, resuena y resana son vetas del creer, un presente como filo oxidado pero dispuesto al tajo incertero, a la fijación de un instante que se deshace en alas de luciérnaga, vida. Y lengua, atravesabas la herida del sin estar, la ausencia de luz donde la cura se vuelve una procesión de ruidos, una estratagema del buzo por no salir a flote, solo en la danza del que lanza señales de hundimiento. Como una música tribal para aliviar la grieta y fertilizar la tierra nueva, semilla huera, el arte de suspenderse en pez que no ez

 

 

 

Julia Wong (Chepén-Perú, 1975)

 

Mayo

 

(Suspicacia, carne prieta, venganza

Organización, matrimonio, sangre y sentimiento).

 

Madre, hoy es el día de regado de plantas

El verde lejano que ausculta mis manos resecas.

Las voces eternas, debajo de todo este polvo caliente

Claman de manera muy ordenada, oyen también, despotrican.

Flautas, flautas, ruidos de tambores (o son niños con panzas vacías)

Notas musicales olvidadas, con el tiempo se han hecho de piedra.

 

Madre, hoy es el día cuando el sol hace su círculo rotativo

A través de cada mácula callada

Los agujeros lunares en las hojas rupestres

Y las jabas de fruta en medio del cochinero.

Madre, hoy es el día en que los taxistas van cantando un aleluya en medio del calor insoportable

Y tú, y tú, madre

Sacas los senos y los muestras ferviente

Y jadeas

Por más hijos

Mientras más pequeñas y pueriles tus sustitutas.

El tambor hueco donde cualquier sonido es virgen.

Verbena acicalada por perros fieros.

Madre, tu naciste para ahogarme

En tu enorme brazo protector

Que va desde el Atlántico hasta conquistar el Mediterráneo.

No me pidas que te contemple bajo el manto de la azul paciencia.

No me pidas depilaciones oportunas, ni hormonas felices.

Madre, mira mis pies tanmalbailando

Mis piernas pedaleando de cocina en cocina.

Me alejo de ti como una pluma olvidada de paloma herida

Como un birote engordado por secuestrador compasivo.

Madre, este sol se mete por las costillas y el páncreas.

Me cocino en medio de la Bahía de Acapulco y los cien cajeros automáticos

Que financian la existencia de un Sancho abandonado

No hay caballero de ilustre figura

Ni aspa de molino y menos viento.

 

Así es mayo, Madre, yo pinto figuras lejanas en islas cardiacas

Algo que mantenga mi hipotálamo en ritmo de fiesta

Para no sucumbir ante el ácido y antipalaciego humor de pobre

Humor de cabaña rota, de casa amada que nunca se construyó.

La luna negra se cuela por las paredes rotas

Y pesa esa enorme carga de estar sucio, reírse de sí mismo y ser terriblemente grotesco

Quisieras enjuagarte los ojos, enmudecer. No recordar que tu cuerpo

era uno con el lirio y la espada quebrada de los ángeles.

Así es mayo, Madre, tiempo de cataclismos moleculares.

 

 

 

Diego Alonso Sánchez (Lima-Perú, 1981)

 

un estudiante de poesía

 

Decenas de pliegos yacen sobre el empedrado del jardín, dispersos a voluntad del viento. El cielo está tranquilo y yo sigo escribiendo con ánimo irrefrenable. Sobre mi piel persiste aún el perfume de ella, como sutil testimonio de nuestro encuentro. Decido dar un paseo para calmar mis pensamientos mientras repito estos versos:

 

Un destello azul

rasga la tarde

bajo nubes peregrinas.

Pasos silenciosos

entre flores de fuji

 

 

 

Vanna Urquía (Cajamarca-Perú, 1999)

 

III

 

mi cabello jala cigarro

me da cerveza su madre

y grito.

 

 

Lloro las sonrisas apretadas de noviembre

los senos enudados de metro

al vigilante rey David de a tres

al pellizcon aplaudido por dos penes

al bloqueo abierto de su rostro ondulado

 

lijo la cicatriz

 

ahora todos tienen su sonrisa de 1.80

los seis huecos en piel

sus guitarras me muestran su uña

 

tiembla su lengua codiciosa

 

Me vengo

Me voy

Pero pulida y vestida.

 

 

 

Gabriela Wiener (Lima-Perú, 1975)

 

foto en blanco y negro

 

la niña que será mi madre

coge un rifle

y me apunta con cierta sonrisa

 

si esa niña fuera mi amiga

le pediría su arma de fuego

y ambas dispararíamos al aire

para alejar a los curiosos

 

del cielo caería un ganso dorado

 

conociendo a mi madre

lo llevaríamos en una camilla de guerra

corriendo sobre la hierba

de los panteones

poblados de involuntarias flores

y trataríamos de convencerlo de que está vivo

 

esto no se verá en la foto

pero hay un momento en que yo

le arranco un ala

la empuño corriendo en dirección del viento

y le muestro a mi madre

por primera vez

(algo que piensa que ella me enseñó a mí)

la equívoca intersección del vuelo y de la pérdida

 

 

 

Gino Roldán (Trujillo-Perú, 1983)

 

Absalón (de luminosa cresta)

 

A este árbol han quedado prendidos tus cabellos

Y tu incipiente corona ha rodado sobre la hierba

Roble de generosas raíces, hombre de párpados abiertos

No se halló en estas tierras, figura más imponente

Absalón,

…………………….El estertor de un cuerno

Ya no ha de anunciar la victoria antes presentida

Ni tu mano alzada contra el cielo

Cual peso terrible en la sangre y ceniza dispersa en las cabezas

Oh, príncipe de un linaje venturoso

¿Qué ha sido del viento que ennoblecía tu cabellera,

De tu carroza trepidante, tu voz pródiga en resonancias?

¿Qué ha sido de tu cuerpo, yerto ya, cubierto de raíces,

Tu sombra, su tajo brillante entre la niebla?

No era tu sino el de la tragedia

Mas ahora te precipitas incesante, agitando las crines,

Absalón, implacable el viento, el vértigo, las horas,

Ahíto ya de esplendores, limpias todas las máculas

Rodando como una roca sobre la pendiente

……………………………………………………………….…..Absalón, Absalón,

No has de perderte bajo el espesor de tus párpados,

El choque de bronces, las sombras crujientes de las ramas.

 

 

 

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