Vallejo & Co. reproduce la presente entrevista fue publicada originalmente por su autor en la Inti. Revista de literatura hispánica, N° 46/47, en los años 1997-1998, pp. 285-292.

 

Por: Víctor Rodríguez Núñez*

Crédito de la foto: Entrega de medalla

de honor del Congreso a Blanca Varela

Lima, 2007.

Cortesía: Caretas.

 

 

Blanca Varela:

«la poesía ya no es una dama burguesa»

 

 

Blanca Varela tiene la transparencia, la precisión y la dureza de una gota de agua. Si uno se asoma a sus bordes, queda ebrio de tanta claridad, ciego de tanta turbulencia, pues en ella se condensa el mundo. Como toda auténtica gota de agua, esta mujer no se parece a nadie, y mucho menos a otra gota de agua. Su discurso fluye e influye, negando a la piedra. Río que no va a dar a la mar, sacudida eléctrica más que corriente. Al fin, después de mucho buscarla, pude calmar mi sed con ella. Fue en una de las blancas mesitas de la terraza del antiguo Hotel Veracruz de Medellín, un buen sitio para ver llover sobre la ciudad, en el verano de 1993. Le pregunté entonces lo que siempre pregunto.

 

BLANCA VARELA y FERNANDO DE SZYSZLO en la playa de Puerto Supe.

Blanca y de Szyszlo en la playa de Puerto Supe.
Puerto Supe, c. 1947.
Cortesía: Archivo Blanca Varela

Entrevista

 

 

Víctor Rodríguez Núñez [VRN]: ¿Por qué, entre todas las formas de expresión, haz elegido la poesía?

Blanca Varela [BV]: La poesía no se elige, es un destino. Se viene al mundo con esa formación o deformación: la necesidad de la poesía… Yo comencé a escribir desde muy pequeña. Provengo de una familia en que todos, mal o bien, han escrito siempre. Pero comencé a hacer algo que realmente podía llamarse poesía alrededor de los 16 años, cuando entré a la Universidad…

 

[VRN]: ¿Es posible el aprendizaje de la poesía?

[BV]: A mi juicio, el aprendizaje de la poesía no es posible. Se puede aprender a escribir poesía, que es una cosa bien distinta. La poesía es algo natural, un don humano, una manera de ver el mundo. Es una interpretación permanente de las cosas de la vida. Pero el oficio se puede ir conduciendo, mejorando…

 

[VRN]: ¿Quiénes fueron tus maestros dentro del oficio?

[BV]: En ese sentido, para mí fue muy importante conocer a Sebastián Salazar Bondy. En la Universidad, donde coincidimos, un día me dijo: usted escribe poesía. La repliqué evasiva que cómo lo sabía, y la cosa quedó ahí. Pero otro día le enseñé algo y entonces me dijo: usted tiene una gran influencia de Juana de Ibarbourou. Me prestó libros y, a través de él, pude conocer a poetas de mi generación y también a poetas mayores. Y, sobre todo, pude conocer a José María Arguedas, quien también influyó mucho en mí. Él había nacido y se había criado en la sierra. Parece que perdió a la madre de niño y que la madrastra, que lo trataba muy mal, se lo dio a los indios. José María era una persona que me vinculó mucho con Perú…

 

[VRN]: ¿Te sientes parte de alguna generación literaria?

[BV]: Claro, soy parte de una generación literaria específica. Siendo mujer y, de alguna manera, la única que han considerado dentro de esa generación, me siento muy acogida por ella. Pienso que es importante para un poeta tener conciencia de generación. Con tus contemporáneos se comparten ideas, gustos. Unos a otros nos alimentamos…

 

[VRN]: ¿Cuándo comenzaste a escribir en serio, digamos profesionalmente?

[BV]: Nunca me he sentido un poeta profesional. La poesía es algo que he llevado con mucha discreción, como mi otro yo. Pero creo que debo aceptar que con los años he hecho algunas cosas, que me han publicado algunos libros pequeños y que tengo muchos amigos…

 

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La poeta caminando en Santa Beatriz.
Lima, c. 1945.
Cortesía: Programa «Sucedió en el Perú», canal 7.

Una guerra privada

[VRN]: Baudelaire afirmaba que la poesía no tiene otra finalidad que ella misma…

[BV]: Así es. La poesía, como parte de la vida y como la vida misma, no tiene otro objetivo que servir a ella. Es el acto más desinteresado que existe. Aunque hay gente que vive de ella, porque trabajan un estereotipo. Los poetas auténticos viven de otras cosas.

 

[VRN]: Poe sostenía que era capaz de detallar, paso a paso, cómo surgía cualquiera de sus obras…

[BV]: Yo no, para nada. Según mi experiencia, la poesía es un fenómeno natural, algo incontrolable. Surge de pronto, de algún encuentro con la realidad — la sociedad, lo que tú eres y no eres. Se produce como una reacción química entre el ser y tu manera de mirar… Me imagino.

 

[VRN]: ¿Te has propuesto, alguna vez, construir un poema?

[BV]: Jamás. Sólo he hecho uno, digamos, por encargo. Cierta universidad norteamericana me invitó a un homenaje para Kafka. Yo creí que era sólo una invitada a presenciar las cosas, y no, me habían programado para leer. Tuve que fabricar un poema rápidamente y, como soy una kafkiana tremenda, no me salió mal del todo.

 

[VRN]: Para Williams, el poema es una máquina de palabras creada para trasmitir ideas, sentimientos…

[BV]: No me parece una definición acertada. Claro, el poema es un objeto que no se puede hacer sino con palabras. Pero es un objeto expuesto al cambio, que has creado y luego corriges, suprimes líneas y hasta estrofas completas. Pero cuando menos lo esperas, el poema alcanza un crecimiento que ya no puedes controlar, se torna algo monstruoso que te agobia y te destruye. Sí, la poesía es una guerra privada.

 

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La perfección no existe

Blanca Varela nació en Lima, en 1926. Estudió Letras y Educación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Allí alternó con varios escritores de su promoción, la llamada Generación de los años 50. Vivió largos años fuera de Perú: entre 1949 y 1955 se estableció en París, donde hizo amistad con las principales figuras del existencialismo; luego pasó un año en Florencia y, de 1958 a 1960, residió en Washington. A la par de su esencial quehacer poético, que la sitúa entre los mayores poetas hispanoamericanos del momento, ha traducido autores de varias lenguas y ejercido el periodismo escrito, radial y televisivo.

 

[VRN]: En tu quehacer poético, ¿qué lugar ocupa la inspiración?

[BV]: La inspiración es un término sobre el que se debate en casi todas las épocas. Lo cierto es que hay estados especiales, de mayor sensibilidad, pero no creo correcto llamarlos inspiración. Eso de que a uno le dictan cosas, que escuche voces, me parece ridículo Lo que te puede pasar es que escribas algo y, después, creas que no hayas sido tú quien lo haya hecho. Eso sí me ha pasado varias veces…

 

[VRN]: ¿Buscas la originalidad?

[BV]: Tampoco creo en la originalidad. Me parece imposible que uno pueda hacer algo a priori. Tú no puedes ser original porque decidas serlo, la originalidad tiene que ver más bien con la autenticidad. Si las cosas que la persona dice son, de verdad, esas que debe decir, llegan a tener una incuestionable originalidad…

 

[VRN]: ¿Y la perfección?

[BV]: No existe. La imperfección es, de alguna manera, la verdadera belleza…

 

[VRN]: ¿El poeta pierde fuerza cuando persigue un fin moral?

[BV]: Sin dudas. Es que hay otra moral en la poesía, por ejemplo la autenticidad. Una persona puede tener ideas políticas cerradas y, sin embargo, ser muy honesto, escribir lo que no puede dejar de decir. Si es fiel a lo que está sintiendo, en términos morales, logrará una obra poética de calidad…

 

[VRN]: ¿Arriesgarías alguna definición de la poesía?

[BV]: Definir la poesía es algo difícil, muy complicado. Hay ciertos estados que no tienen nombre, que no son comparables con otros, que son únicos. Además la poesía es algo que sugiere en otro que eso, lo pensado o lo sentido, podrían ser parte de él…

 

[VRN]: ¿Para qué te sirve la poesía?

[BV]: A mí la poesía me ayuda a ver. Cuando leo buena poesía es como si me abrieran una ventana, y me digo: esto es lo que yo había percibido, lo que había sentido sobre ciertas cosas. La buena poesía es la que logra comunicar ―ideas, estados de ánimo, sentimientos― con más frecuencia y con mayor eficacia.

 

vicente y lorenzo en barranco lima 1988 Foto Herman Schwarz  Archivo Blanca Varela

Lorenzo y Vicente con su madre, Blanca.
En Barranco, Lima, 1988.
Crédito de la foto: Herman Schwarz.

Un breve viaje interior

[VRN]: ¿Y cómo nacen los poemas de Blanca Varela?

[BV]: Nacen de las cosas más absurdas, de una conversación, de una experiencia. Puedo ver algo en la calle que me impresiona… La impresión puede venir, incluso, de una lectura.

 

[VRN]: ¿Tienes un método de trabajo?

[BV]: Lo único que hago es conseguir, en ciertas ocasiones, un poco de soledad para poder pensar. Para mí, la poesía es un breve viaje interior. Un viaje a veces muy peligroso, porque te vas a ver persiguiendo cosas extrañas. Una idea, una imagen, algo que jamás vas a poder decir…

 

[VRN]: Para algunos, la poesía hoy no tiene la presencia, la difusión de antes. ¿Será cierto?

[BV]: Al contrario. Fíjate no más cómo acude la gente por millares a las lecturas de poemas en Medellín… Lo que pasa es que la poesía ha dejado de ser una dama burguesa, se salió para la calle. Ya no es un asunto de ricos, ni de ciertos personajes pedantes y bohemios, que la sociedad mantenía como vacas sagradas. La poesía anda por ahí, cualquiera es capaz de percibirla.

 

[VRN]: Tú le has dado entrada a la prosa en tu poesía…

[BV]: Sí, de alguna manera, aunque evito la anécdota. Yo he escrito poemas en prosa y, en algunos momentos, no sé si son solo prosa.

 

[VRN]: ¿Serán realmente contrarias poesía y prosa?

[BV]: No. Yo creo que hay límites. Las novelas más extraordinarias son aquellas sobre las que la gente dice: qué atmósfera, qué lirismo tiene esta novela. El realismo plano nunca es poético.

 

[VRN]: ¿Puede haber un arte no poético?

[BV]: No, eso ya es artesanía ―pero no artesanía popular, que tiene cosas muy hermosas. O sea, un poco de construcción, manejo de materiales, nunca otra mirada.

 

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Con mucho más calor

Entre los singulares poemarios de Blanca Varela se cuentan: Ese puerto existe (1959, prologado por Octavio Paz), Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972) y Canto villano (1978). Su obra poética ha sido recogida en las antologías Camino a Babel (1986) y Poesía escogida, 1941-1991 (1993). En 1993 dio a la luz otro par de poemarios: Ejercicios materiales y El libro de barro. Sus libros de versos han aparecido, además de en su país natal, en México y España. Asimismo, su obra ha sido traducida, entre otros idiomas, al inglés, francés, alemán, ruso, italiano y portugués. Es de lamentar que esta espléndida obra aún no haya recibido la atención crítica y académica que merece.

 

[VRN]: ¿Cuál es tu método de trabajo?

[BV]: Yo trabajo todos los días como un obrero. Solamente puedo dedicarme a la poesía por las noches y el fin de semana. Yo no soy una señora burguesa, como piensan algunos, tengo que trabajar para ganarme la vida… He hecho todos los trabajos que puedas imaginarte. Trabajos que, como regla, no me gustaban. Desde hace algunos años trabajo en una editorial, represento en Perú al Fondo de Cultura Económica de México. Incluso, para comer he hecho periodismo, radio y televisión. No me gusta el periodismo. Yo soy muy tímida y, para hacer el periodismo que me hubiera gustado, se requeriría salir al frente de las cosas.

 

[VRN]: La experiencia con el periodismo…

[BV]: Para un poeta, puede ser positiva. Siempre y cuando no sea una obligación, algo que te agobie tanto que te deje árido para lo tuyo, que es la poesía. Además, yo he escrito poemas que han salido de una línea periodística…

 

[VRN]: ¿Se puede decir todo con la poesía?

[BV]: No todo, hay cosas que no. Creo que la poesía puede decir las cosas en un grado de alta combustión, con mucho más calor. Además, hay más identidad, más condensación en la poesía. A mí me hubiera encantado escribir narraciones, sobre todo novelas. Nunca lo he intentado. Sí he escrito algunos cuentos, pero nunca los he publicado. O los publiqué alguna vez, pero para ganar unos centavos… Tengo una novela frustrada. Una novela que me apasionó, que escribí como loca en París, cuando era bastante joven. Por cierto, alguien me dijo que era una novela demasiado progresista, aunque no era ni mucho menos panfletaria.

 

[VRN]: ¿Te consideras una poeta comprometida?

[BV]: El compromiso con la sociedad está implícito en el buen arte. Un artista cumple su rol social si es bueno y honesto. Ser un buen poeta es la mejor manera de servir a los demás, la mejor manera de estar y actuar en la sociedad PARA NADA AGRESIVA

 

[VRN]: ¿Por qué se escriben tantos poemas tristes y tan pocos poemas alegres?

[BV]: Porque la condición humana es supremamente difícil, porque el hombre no tiene muchas cosas de qué regocijarse. Yo escribo a veces una poesía muy negra, muy severa, muy dura. Y sin embargo, mi aspiración mayor es poder escribir una poesía que se pueda cantar.

 

[VRN]: La poesía peruana se suele ubicar entre las mejores de Hispanoamérica. ¿Se mantiene esa tradición?

[BV]: Por supuesto… Lo más interesante en estos momentos allí es la promoción de mujeres poetas. Algunos nombres: Carmen Ollé, Giovanna Pollarolo, Rocío Silva Santiesteban, Patricia Alba, Magdalena Chocano. La mayor es la Ollé, que tiene 40 años; las demás andan por los 20, los 25. Ellas hacen una poesía muy erótica…

 

[VRN]: La condición de mujer, como poeta, ¿te ha perjudicado o favorecido?

[BV]: En cierto sentido, me ha ayudado. Yo soy una mujer solitaria dentro del panorama de la poesía peruana. Como era una especie de lunar dentro de mi generación, siempre he sido muy bien tratada. En honor a la verdad, eso se debe también a que he sido discreta, para nada agresiva… Tengo mucha simpatía por el feminismo, mucho respeto por él, es algo que tenía que venir, que debía suceder… Pero no soy una feminista activa, porque jamás me sentí en un plano de inferioridad. Me sentí, en cambio, en un plano de no competencia.

 

Blanca y Fernando de Syszlo.
Lima, c. 1945.
Cortesía: Archivo Blanca Varela.

 

Yo me siento muy chola

Este cronista estuvo entre los que vieron a Blanca Varela leer sus versos la noche del 2 de junio de 1994. Fue en el Teatro Metropolitano de Medellín, la ciudad que ha decidido conjurar la violencia con la poesía. Su voz ha sido calificada de «áspera», de poseer «una extraña dureza». Además, de decir las cosas «como son, sin remilgos ni contemplaciones». Creo que es más bien reflexión emotiva, agua maldita y relámpago de nieve. Desde aquella noche estoy entre los que llevan sus versos ―sin duda «el dolor es una maravillosa cerradura»― empozados en el alma. El alma, ese país de sed que fundara su mejor coterráneo, la patria grande de Vallejo.

 

[VRN]: ¿Qué opinas de la situación de Cuba?

[BV]: Me parece muy difícil. Yo encuentro que es sumamente injusto el bloqueo, pero también creo que en la sociedad cubana hay cosas que deben cambiar. Algo se tiene que hacer, fuera y dentro de ese país, para que el bloqueo sea levantado. A los pueblos no se les puede castigar así, ni imponerle soluciones extrañas. Sí, en Cuba se deben cambiar muchas cosas, pero el pueblo debe decidir por sí mismo…

 

[VRN]: ¿Y la situación del Perú?

[BV]: Es terrible. Aparentemente, hay cosas que han mejorado con la ayuda de alguien que no tiene nada que ver con el Perú. Nuestro actual presidente es peruano pero no tiene tradición, no tiene memoria histórica del país. Para él ha sido muy fácil hacer cosas que debimos haber hecho nosotros mucho antes. Parece que este señores muy insensible, muy dictatorial. Además, nunca sabemos si nos gobierna él o nos gobiernan los militares. Se trata de una especie de híbrido tremendamente extraño y peligroso…

 

[VRN]: Y en este contexto dramático, ¿cuál es la situación de la cultura?

[BV]: Nuestra cultura apenas sobrevive… En eso los peruanos somos heroicos. Además, la poesía es una manera de protegerse contra la adversidad política. Para mí ser peruana es una casualidad, pero es también algo que asumo totalmente. No puedo ser otra cosa que peruana, no quiero vivir en otro lugar. La idea de adquirir otra nacionalidad me produce una especie de mareo. Yo me siento muy chola…

 

[VRN]: ¿Cómo definirías lo peruano?

[BV]: Lo peruano es algo muy triste. Somos un país que no está integrado, donde jamás nos aceptamos los unos a los otros. Tenemos diferencias raciales, culturales, sociales. Hasta ahora, no es precisamente lo peruano aquello que nos define. Pero superar eso conlleva el trabajo de toda una vida. Si los peruanos sintiéramos que todos somos peruanos seríamos un país más digno.

 

 

 

 

*(La Habana-Cuba, 1955). Poeta, periodista, crítico, traductor y profesor universitario. Actualmente, es subdirector de la revista cultural La Otra y profesor de Literaturas Hispánicas en Kenyon College-Estados Unidos. Recientemente, ganó el Premio Loewe 2015. Ha publicado en poesía: Cayama (1979), Con raro olor a mundo (1981), Noticiario del solo (1987), Cuarto de desahogo (1993), Los poemas de nadie y otros poemas (1994), El último a la feria (1995), Oración inconclusa (2000), Con raro olor a mundo: Primera antología (2004), Actas de medianoche I (2006), Actas de medianoche II (2007), Todo buen corazón es un prismático: Antología poética, 1975-2005 (2010), thaw/deshielos (2013), Desde un granero rojo (2013), Cuarto de desahogo: Antología personal, 1975-2010 (2013), entre otros; en ensayo Cien años de solidaridad: Introducción a la obra periodística de Gabriel García Márquez (1986), y La soledad de América Latina: Escritos sobre arte y literatura, 1948-1985 (1990).

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