Por Javier Gil Martín*

Crédito de la foto (izq.) La Garúa /

(der.) www.tigresdepapel.es

 

 

Bajo el signo de la precariedad.

Entrevista a Víktor Gómez sobre Sobrante (2019)

 

 

En un fragmento de “Mescal para los cuidadores”, recogido en el libro antológico que vas a sacar en América, encontramos esto sobre Sobrante:

Sobrante ~la palabra emerge~ no sé exactamente qué quiere decir o reunir. Tengo miedo a cumplir lo que me pidió Pedro Montealegre, en una de nuestras últimas conversaciones. La poesía no es para los cobardes advertía Gamoneda. Pedro me pidió que escribiera sin remilgos, con total autenticidad y desnudez. Atreverse a morir. Es una manera de jugarse la vida, un descaro.  ¿Cómo burlar a tu ego, para que la palabra sea leal a la palabra de honor? ¿Cómo burlar a las palabras para que no escondan lo necesario, lo todavía por crear? ¿Quién narra lo ausente, lo impúdico, lo imborrable, el ardor de los despliegues de lo desconocido del otro y de ti, el sustancial miedo? Sobrante será un juego peligroso o no será. La poesía también es una manera de delinquir y necesariamente ofender a algunos de los que la caligrafía me irá despresentando. Necesito jugarlo todo a ese impulso, a ese liberar la conciencia del lenguaje a través de la caligrafía del cuerpo. Tentativa a full. No importa tanto el resultado como el trayecto. El «entre». Ya estás muerto si no escribes. La sumersión en una sintaxis y gramática corpórea y emancipada de lastres, errores, prudencias, Pobreza, piden paso, fuerzan cierres, como Chezz y Luna, felinos que nunca se dan por domesticados. Una fiebre, un balbuceo, lo Incompleto, por ahí se empieza a no mentir. Entonces, solo, sí. Gateo. Goteo. ¿Es un ruido? No hay seguridad de entenderse.   ―La curiosidad dio siete vidas al gato. Pero antes, ¿no fue la muerte?.

 

Y desde ese dolor que expone y para asomarnos algo más a ese riesgo que te invitó a asumir, ahí van algunas preguntas o perplejidades a parir de Sobrante

 

El poeta Viktor Gómez

 

Entrevista

 

Javier Gil Martín [JGM]: Huérfanos aún, Los barrios invisibles, Detrás de la casa en ruinas, Incompleto, Pobreza, Mediodía… Desde sus títulos, casi todos tus libros están marcados por el signo de la precariedad, y esta está presente en Sobrante. Podríamos empezar por ahí, contándonos un poco de este signo que atraviesa tu obra… 

Víktor Gómez [VG]: Antes que nada, agradezco la oportunidad de conversar, a modo de un “indagar, cuestionar, repensar juntos” parte de lo que podría animar la lectura consciente, de atención plena, “sobrante”. Me suscribo a lo que en su día ya expuso el poeta cordobés Vicente Núñez, cuando decía, sin falsa modestia, que el autor es el menos autorizado a hablar de su obra. Quiero decir, pues, que lo que vaya exponiendo aquí no debe excluir otras maneras de leer, indagar, cuestionar, vía una obra poética que he firmado, y de la que soy más deudor o acompañante que dueño.

Y yendo sobre el tema de la precariedad, hay algo de “ruego, súplica, preces”, de lo que el capitalismo no da ningún valor. Precario soy de la estima hacia el nadie, y la autoestima hacia mí, y, entremedias, de la salud de los vínculos. Cuando publiqué Huérfanos aún, asumí que la idea-motor desde la que arrancara esa escritura era una vivencia radical de orfandad, ya no solo personal, sino histórica y cultural.

Vivimos en tiempos de gran orfandad. La compasión, la justicia, la belleza, la lealtad parecen difuntos a los que contemplamos en mitad de su entierro, junto al entierro de tantos inocentes que mueren en las orillas del Mediterráneo o en la diseminación de una mundialización de la guerra por los recursos y el poder, en la que los civiles son las principales víctimas, en muchos casos invisibilizadas, y en otras tantas criminalizabas por vivir donde están los bienes materiales, lo que les llevará a ser pobres. Entiéndase que la aporofobia separa a los enriquecidos de los empobrecidos con un sesgo de superioridad y endiosamiento por parte de los primeros, así como por una existencia de opresión, tortura y muerte precipitada por parte de los segundos. Así reconocemos rápido la lengua cínica del sátrapa, el silencio de “los torcidos de la historia”. Hay una precarización de la cultura, del lenguaje, en la ideología imperialista, de dominio.

Los poemas que han ido imponiéndose sobre el papel, desde 2005, conllevan un doble signo. Esa visión e impotencia ante las violencias estructurales contra los colectivos más vulnerables, y una vivencia, en carne propia, de privilegiado, ya que fui un niño con una infancia y adolescencia feliz (paraíso perdido) en la que ya era consciente de ser un extraño entre mis iguales, un rarito, un extranjero en su propio barrio, escuela, sociedad.

Así Los barrios invisibles son las cárceles, los campos de refugiados, las periferias urbanas donde sobreviven los ninguneados de la historia, etc. Incompleto devino como una conciencia clara, en su momento: el lenguaje es insuficiente y tramposo, no da cuenta del ser y sus vínculos, de sus experiencias más importantes. ¿Cómo comunicar, expresar, la muerte de un ser querido de verdad, o un fracaso íntimo, por ejemplo? La muerte de mi madre, y en especial un periodo de mes y medio en el hospital sin poder comunicarme con ella de manera mínima, eficiente, real, dieron por resultado Incompleto. Detrás de la casa en ruinas es una imagen que nació de observar en reiterados viajes a Alfambra, Bronchales y alrededores de la provincia de Teruel casas semiderruidas y abandonadas en la mitad del campo. Casas que serían de agricultores, pastores, y que en la España vaciada del interior mostraban el abandono de lo rural, con sus graves consecuencias a nivel sociocultural y ambiental.  Eso se unía a la sensación de que la vida en las ciudades había sido erosionada, casi hasta su desaparición, de los vínculos y afectos vecinales, laborares, familiares. Un creciente superindividualismo se había apoderado de nuestras rutinas, se había naturalizado hasta el punto de invisibilizarse. Y marcaba el pulso, latido de la vida urbana.

Así que Detrás de la casa en ruinas presentí una posibilidad doble de existencia, la alienante e insensible que predominaba, alejándonos de la naturaleza y de los otros, o reconquistado la salud de los vínculos, humanizándonos nuevamente con espíritu colaborativo, empático, compasivo, creativo, estÉtico, comunitario. Pobreza marca desde una experiencia muy personal, autobiográfica, la consciencia de la pérdida de coraje, honestidad y voluntad de resistencia en ese presente de exaltación a lo egocéntrico en el que el sobrevivir estaba sustituyendo al vivir, en el que es tan fácil “desconectar” de los problemas ajenos y mirarse uno solo su ombligo. Esa era mi pobreza, no tanto material como intelectual y espiritual. Y esa pobreza no-material era cómplice de las estructuras opresoras, colonialistas, patriarcales y capitalistas que acrecientan las desigualdades sociales. Precariedad no ya del tener, sino del ser. Pude constatar, en los últimos años que muchas mujeres, de diversas edades, condición social, moral, cultural, eran capaces de superar adversidades con tesón, valentía, resiliencia, y resolver conflictos, si bien la sociedad no siempre les reconocía esa briosa capacidad de luchar por la dignidad y justicia de una manera adecuada, razonable, justa.

De ahí, del ejemplo de esas mujeres surgió Mediodía. Tanto Pobreza como Mediodía bordean lo utópico como praxis realizable. Utopía que trabaja la praxis escritural, sicut palea, contra toda relevancia o privilegio mercantilista o de poder, desde la insurrección que deviene de los desechos, del estiércol, de lo insignificante de vida desplazadas, ninguneadas, asesinadas.

Sobrante entronca con todo lo dicho y lo excede. El mundo, el presente —lo íntimo y lo social— están a punto del colapso. Se sitúa en el aquí y ahora de lo reventado, como se ve en el primer fragmento de la primera sección del libro, “ssobrante”, con esos dos peces muertos en la orilla de la playa, con los vientres reventados por haber ingerido plásticos que los humanos hemos echado al mar (y que parte de una anécdota real).

Es un libro difícil de abordar, de leer, que no ofrece consuelo, que se centra en la vivencia del “dolor del tendón”, tendón que une vida y poesía, y que por sus microfracturas ha perdido su capacidad de darle juego a la articulación, lo que imposibilita caminar bien, mostrando una cojera en aumento. Cojera de un mundo gravemente enfermo. Cojera que aún sostiene “la sombra de una revuelta” que dice Arturo Borra en el epílogo. En Sobrante no parece claro el principio, y no hay un final, sino una interrupción en el habla entrecortada, dolida. Recuerdo que mi experiencia de la creatividad poética se sitúa en un “impoder”, no en la disputa del poder o contrapoder. Al mismo tiempo, la precariedad llega a un punto, lo insufrible, que cierra un ciclo de escritura de 15 años, de 10 años desde la publicación de Huérfanos aún. El lector, una vez más, tiene la última palabra, es decir, la primera, en la relectura de Sobrante. Será quien complete el texto, quien lo haga vibrar, en música de sentido.

 

 

[JGM]: Otro de los elementos consustanciales a tu poesía es el riesgo, el hecho de que uno casi nunca puede predecir qué vendrá en el siguiente verso, en la siguiente línea, siendo así una sorpresa constante que supone además un desafío. ¿Cuánto hay de desafío e intención en esta imprevisibilidad y cuánto de hecho connatural a ti mismo? 

[VG]: Revisando mis libros, preparando lecturas, constato lo que comentas. Ese riesgo, esa imprevisibilidad no son impostadas, no buscan lo retórico, no se pretende ser oscuro, para nada. Lo que se escribe es al dictado de lo que la propia escritura creativa, la poesía, que siempre ha ido por delante de mi razón, de mi control mental de las ideas que tengo sobre esto o aquello, ha ido facilitando como no falso, no vanidoso. Creo que el mapa que tengo de la realidad, del sistema-mundo, de mi vida y sus aledaños, de los otros y sus cuitas, es fragmentario, complejo, contradictorio, incompleto, cambiante o dinámico. No me llegan tanto las identidades (la propia, las ajenas) como las identificaciones. Y eso sí, huyo de la severidad estulta del dogma, ya sea político, científico, religioso, estético.

El escepticismo fue creciendo en mí a la vez que iba tratando de escribir poesía. Desde ahí, mi escritura ha resultado ser en ocasiones fragmentaria, y los textos, sin un orden previsible, sino más bien rizomáticos. Ocurre en mis libros, como en mis procesos mentales, que salto de aquí a allí, y de acá a acullá, constituyendo como un collage. Así llevo también mis lecturas, mi aprendizaje salta de una materia a otra, bien diversas. Mis amistades y relaciones personales son con personas muy diversas entre sí. Quizá sea que, al final, mi escritura es una huella de mí mismo, con sus flujos, saltos, superposiciones, itinerancias. La actitud es de atención y escucha a lo diferente, que es prácticamente todo y todos. Entonces, si el texto, fragmento o poema es “verdad”, ¿qué previsibilidad va a tener sino a “esperar lo inesperado”?

 

 

[JGM]: En el proceso de escritura de Sobrante hay una doble vía: la publicación gradual, vía Facebook, permitiendo así a los lectores ir viendo el propio hacerse de tu escritura; y la posterior reelaboración para la estructuración del libro en sí que hoy presentamos. Cuéntanos de esta doble vía. 

[VG]: En las redes sociales cuelgo “improntas”, son como anotaciones sin revisar, que dejo al fresco de la ventana de Facebook o Instagram, y que algún internauta ve, comenta, o deja sin cliquear. A cada impronta le asigno una etiqueta. Y las guardo en su correspondiente carpeta virtual. Con el tiempo junto esas improntas a otros textos que he trabajado a solas, los reviso, pulo, elimino, configurando algo más próximo a lo que será finalmente el archivo que le facilito al editor pertinente. Antes de soltarlo, es cierto que lo comparto con algunas personas de confianza, cuyo criterio respeto, y que haciendo de espejo me ayudan a tomar yo luego decisiones sobre el cómo de cada poema, sección, libro… Lo que aparece en las redes sociales es un juego, divertimento, llamada de atención también: “Ey, mira, por acá va ahora mi tentativa poética, ¿qué te dice?”.

 

 

[JGM]: Walter Benjamin nos dice en Tesis de filosofía de la historia que “la regla es el «estado de excepción» en el que vivimos”. ¿El desorden en tu poesía funcionaría así como una forma de “no admitir el orden catastrófico” (que decías en una entrevista de Arturo Borra), de rebelarte desde el propio cuerpo y la propia escritura contra el sistema del arrase, el arrase sistemático, este “estado de excepción” en que vivimos llamado capitalismo? 

[VG]: En la plaqueta de 2011 Diciembre, abría justo con esa cita benjaminiana, para a continuación exponer un poema narrativo, onírico, en el entorno de una persecución y exterminio de unas personas en plena montaña nevada, sin testigos. Ya entonces tenía esa percepción, que se ha acrecentado, de que vivimos cada vez con menos libertad, con más desinformación o noticias más manipuladas y discursos más totalitarios y reaccionarios, supremacistas, fascistas, dentro de esa estrategia o paradigma que incluye el “fascismo de baja intensidad” que acuñara Antonio Méndez Rubio; y que ahora podría estar entrando en una fase más intensa y descarada. ¿De ahí pudiera derivar el desorden en mis escritos?

Es cierto que rechazo el logocentrismo, la rigidez de las formas sintácticas convencionales, el discurso del amo, la retórica efectista y elocuente de la propaganda, la publicidad, el sermón, la moral del esclavo, las servidumbres voluntarias. Así que cuando escribo, camino sin esas muletas, no respeto el camino prefijado, la valla o frontera, la normalización del arte. Escribo como bailo, con un cierto desorden, de manera algo caótica, o en cualquier caso disruptiva. El cuerpo cuando no se siente siervo de la mente controladora, bienqueda, políticamente correcta, se mueve al ritmo intuitivo o perceptivo acorde al momento y el entorno. El capitalismo es una gran maquinaria, yoística, endiosada, autodestructiva, irresponsable y creo que incontralable por nadie ni por nada, vamos, ni por sí misma. Con el capitalismo solo cabe o destruirlo o ser destruidos por él.

Tan extrema situación no me anima a escribir de otra manera que dislocadamente. Cada vez que busco suavizar las formas y ensamblarlas armoniosa y embellecidamente, creo estar mintiendo, cediendo a la hipnosis colectiva que para soportar la demencial forma de vida y civilización actual utiliza todo tipo de cosméticos, disfraces y discursos que muestren una estética “sin-ética”, simulacros de vida y convivencia, distracciones en un ocio vaciado de conciencia, sensibilidad y atención a la privación de dignidad o vida de los otros, de lo otro. El otro es mejor que sea siempre un enemigo a eliminar o un salvaje a reeducar. Educar en lo edulcorado, en la servidumbre voluntaria, en la asimilación del egocentrismo, desconexión vital con tus conciudadanos, familia, etc. Educación en las normas inflexibles que llevan a “normalizar” el pensamiento, el habla, las costumbres.

Frente a todo eso, la poesía se activa en resistencia, busca otros modos de expresar, conectar, respirar, bailar, interpelar, problematizar la deshumanización lacerante, visibilizarla. Lo cierto es que prefiero las metáforas a las ideas a la hora de hilar los fragmentos que van haciéndose constelación, lo que finalmente llegará al lector como un “archivo”. Un archivo que dialoga con lo secreto, que “secretea”, como un secretario de lo indecible, de lo por conocer, como segregación de una mancha legible a medias, no como una obra cerrada.

 

El poeta Víktor Gómez, leyendo

 

[JGM]: En algunas partes Sobrante funciona como un diario íntimo de una insurrección personal, de “una revuelta subterránea”, como lo llama Arturo Borra, en el que se da lugar a las reflexiones, pero también en el que se viaja e indaga a través del propio cuerpo. En más de un sitio reivindicas el concepto de “cuerpear”, ¿cómo lo relacionarías con este libro, tan lleno de movimientos del cuerpo, de fruta madura, pomelos, saliva, huesos, labios?… 

[VG]: Es desde el cuerpo, lo que el cuerpo sabe, desde donde he ido liberándome y redescubriéndome como persona, como poeta, como lector (estudiante). La fisicidad de la materia (orgánica e inorgánica), la plasticidad y belleza de los cuerpos, las plantas, los animales, la vibración que me dan el aire, la luz, los aromas y olores, las texturas y cromatismos, me han mostrado un modo de estar en la naturaleza o en los espacios urbanos más consciente, desvelando complicidades y sinergías, dando cuenta de esa unidad de la que soy observador y observado, interlocutor, testigo y parte. Intuición y percepción permiten desde los sentidos, la (hiper) sensibilidad, la atención plena, disolver las divisiones que las ideologías, religiones, fanatismos, supersticiones han puesto entre el sujeto y los objetos, entre un tú y un yo. Cuerpear es eliminar prejuicios y experimentar desde el aquí y ahora cada situación, experiencia, lectura, encuentro, como único y singular, y fluir con la inmanencia sin pre-sentir, o pre-razonar, dándose en el momento concreto a sentir y razonar lo que es, lo que hay, lejos de taxonomías, etiquetas, clichés.

La abundancia que hay en lo diario de experiencias y aprendizajes, de juego y revelaciones es casi infinita. La poesía muestra la extrañeza ante esa abundancia, de lo felicitario, como también de los obstáculos que ponemos o pone el sistema-mundo a una presencia real y armoniosa con el entorno, con los otros. Cuando dejas que el cuerpo actúe, “cuerpee”, estos y otros claroscuros se muestran. ¿Son crisis o son oportunidades? Son la vida, imprevisible y asombrosa, entre lo que eres capaz de crear y lo que eres capaz de desaprender. El cuerpo sabe despojarse de lo superfluo, la mente mucho menos. En mi poesía, menos es más.

 

 

[JGM]: Aunque Sobrante supone un ejercicio de desaprendizaje personal (y secreto o íntimo), la cosa relacional aparece de varias maneras: por un lado, en las citas de Pedro Montealegre, Clarice Lispector, María Ramos, César Vallejo, Juan Hermoso, Carolyn D. Wright… Y en las dedicatorias finales, pero también, de una forma más inusual, en las postales que ha hecho Natalie Bellón a partir de fragmentos del libro y en la pintura Gabriel Torres Chalk. Cuéntanos de estas dos últimas colaboraciones. 

[VG]: La salud de los vínculos es con personas, pero también con lugares, con lecturas. Las obras artísticas plásticas, visuales, me fascinan porque en cierta medida logran en mí lo mismo que una pieza musical o un poema: sintetizar, esencializar, pulir y exponer “lo suficiente”. Así que he procurado colaboradar, dialogar, con artistas como Gema Polanco (fotografía analógica), Nathalie Bellón (ilustradora), Gabriel Torres Chalk (tinta china), Gabriel Viñals (arte efímero), entre otros. Sus obras son “maestros involuntarios” que trascienden mis poemas, me llevan más allá de donde podría ir con la escritura. Soy deudor de sus lienzos, dibujos, fotografías.

 

 

[JGM]: A lo largo de Sobrante aparecen neologismos, palabras que en muchos casos son combinaciones de dos conceptos, o sustantivos que se convierten en verbos como, por ejemplo, tardemudecen, des infiernarse, cuerpear, sin-ética, sin-tiento, piel-piedra, secretea, sedbosque, cerillacuosa… Háblanos de ellos. 

[VG]: Cada vez le he dado más espacio en mi poesía a lo que pudiera trasvasarse desde el inconsciente. Escribiendo desde ahí surgen esos neologismos de manera impensada. “Tardemudece” surgió por primera vez en un texto de 2014, y luego ha aparecido en diferentes poemas o libros. La tarde va perdiendo luz solar, claridad, entra en un aparente enmudecimiento, si bien en realidad lo que hace es dar pie a otra habla, la de la nocturnidad, la oscuridad, la luminosidad estelar, lunar.

Esto va parejo a que, en su momento, sentía que estaba en un umbral vital, intrahistórico, y que mi voz se apagaba, no para desaparecer del todo, definitivamente, sino para dar paso a otra voz, desde otro lugar o experiencia. Este neologismo al igual que los otros son fruto de intuiciones de la escritura semiautomática. Se me imponen en función del trance de la creatividad no racional. Suelen, como pasa con la música, permitir expresar más de una sensación a la vez, por ejemplo, en “sin-tiento” sería algo así como sin tiento, es decir, sin tocar, pero a la vez “sentimiento”, es decir, captando por una sensibilidad que podría ser olfativa, visual, qué sé yo. “Cerillacuosa” nos llevaría quizás de la brevedad de la cerilla, a la extensión de lo acuoso, su manar, su transcurrir, o también de la luz al agua.

No lo había pensado hasta ahora, pero sospecho que es una analogía posible entre mi escritura poética y el habla conversacional más corriente. El peso del simbolismo, ¿a qué obedece? ¿Una fuga de lo pre-establecido, de lo acordado, de lo normalizado, ordenado, previsible? Pudiera ser, algo hay de eso. Y con todo ello, quizás convenga rescatar lo que dijera Lacan: “No se trata de la liberación inmediata del inconsciente lo que hace posible la creación artística, sino más bien su veladura simbólica”.

 

Paterna, a 9 de marzo de 2020

 

 

 

 

 

*(Madrid-España, 1981). Licenciado en Filología española, se dedica al subtitulado de series, películas y a la corrección de libros. Desde 2006 dirige la sección “Versos para el adiós” de la revista Adiós Cultural. Fue coeditor (con Víktor Gómez y Miguel Fernández) de las colecciones de poesía “Instrucciones para abrir una caja fuerte” y “Señales de vida”, los pliegos “Manuales de instrucciones” y la segunda serie de los “Cuadernos Caudales”. En la actualidad, forma parte del consejo editorial de la colección Lengua de agua de EOLAS Ediciones. Ha publicado en poesía Motivos para después de la muerte y Propiedades del pájaro solitario (ambos inéditos y sin ganas de ver la luz), Lento naufragio, Poemas de la bancarrota (2015), Poemas de la bancarrota y otros poemas (2018) y Museo de la intemperie (2020).

 

 

**(Madrid-España, 1967). Poeta, editor y coordinador de eventos culturales. Reside en València (España). Coordinó ciclos de poesía y lectura crítica en Librería Primado (2007-2018) y colabora con Tendencias XXI desde 2011. Cofundador del Club Nuevo Mundo (2017). En la actualidad, es coordinador de Lengua de agua para el sello EOLAS Ed., y voluntario en El Casal de la Pau y València És Refugi; se desempeña como estudiante. Ha publicado en poesía Incompleto (2010), Pobreza (2013), Mediodía (2016), Sobrante (2019), ¿Bailas? Le dice la soga al ahorcado seguido de Siseo (en prensa, 2020).

 

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