Por Patricia Jawerbaum*

Crédito de la foto (izq.) la autora  /

(der.) Ed. Modesto Rimba

 

 

Ejercicio de lectura.

Bailando con poemas de Fuga de buey (2018),

de Karina Cartaginese

 

 

“en la instantánea mudable de hablar/ masticando un silencio paralelo”.

Donde los llamados “reinos” se cruzan, se saludan, nos avisan, emiten señales, pistas. Se nos entre-donan y entregan sus esbozos- accesos al ¡ah! ¡Ahí era! ¡No, no, de ahí escapaba! Ahí donde boga la salud de las palabras hace que el cuerpo, los cuerpos puedan surgir en vivo cabalgando su propio polvo ¿las monturas?  Serán los reinos esos ¿qué eran? mineral, vegetal, animal y agreguemos alguno que no cuadre en esa estricta tripartición.  Agregados todos los que traslucen algo de sí, cambiada su química por la épica que va rezumando entre cuerpo-palabra, posibles movimientos-momentos, manchas, marchas ¿epifanías? de un conjunto que se espera al otro lado de una serie, ahí donde se agazapa otro andarivel al que pasarse y volver, como púa en disco de pasta, como pentagrama de orquesta de distintos instrumentos.

 

“Buceo desde la rótula que me cincela el caminar

Un dibujo acuático nos interna en el cuerpo como escultura, modela el espacio si es rozado por la intención de abrirse paso: la acción es y no es enteramente ocupada. Si la rótula comanda ¿a quién? que bucea y al hacer escritura pone la detención en volumen, hace de tensión, escultura-movimiento. Paso a paso, milímetro a milímetro el poema toma el ancho de la hoja. Porque hay cuerpos-palabras, cuerpos de palabras soltándose sus sustantivos por verbos de nombres mágicos que los despiertan luego de muertos. Verbos díscolos en sustantivaciones nómades. Porque entre reinos estos soplos se hacen largos préstamos. Caben en cuevas, curvas, direcciones diagramadas por las coreográficas variaciones en que la piel se re-conoce por el grito que salta la ratio de a ratos. Se trazan líneas “en la dirección de un símbolo que sintoniza” resolviendo de esa tierra que habita un decir que hace hueso del acto. Si seguimos hacia donde lleva el poema, o hacia donde se va:

“en dirección de un símbolo que sintoniza lo sísmico de la respiración

 

La poeta Karina Cartaginese

La poeta Karina Cartaginese

 

Ahí tierra y cuerpo hacen yunta porque “el devenir del verbo nómade” está haz-siendo su movimiento entre.

Se resuelve que, si impulsa, porque pulsa algo de sí, el verbo será escapista de la tarea que le hace hacer ser, y se meterá en problemas en la sustancia de las cosas. Renegará de ser mero conductor de la acción. Pero si se rebela, ¿revela su artilugio díscolo a la acción que proponía o propinaba? Lo in-forma el poema, lo manda a la maestra mineral rodocrosita, piedra que sabe de la trama, de las vetas, del corazón de la tierra y la carne juntas. Así se muestra;

la rodocrosita de explicar/la porción de cada reino aleatorio”

 

Porque más que por hacer se puede entrever a través de esa carne piedra mostrándose. El mineral da cursos, de vetas porque la poeta nos cambia el switch de la intención por la apuesta a la intensidad: intuición que en su gesto mismo de torsión es guía interregnos.

De arrastrar el sentido en pos de iluminaciones parciales que pulsan sus luciérnagas el saber quedará en pie del saber de la piel: gesto, palabra, imagen, corteza, cornisa, derrumbamiento, ecos-fugas y otros animales.

Saber será encontrarse en el lugar que se va. Preguntarse por el espacio o el espaciar.

“el no tema de la anatomía para armar” (…)

“donde baila la canción que va a ese lugar/

donde todos los lugares vienen para irse” (pág.37)

 

Se seña y señala, se enseña donde no se está: es el paso de danza que fuga del lugar que se muestra y presenta lo que baila como ese espacio que el cuerpo desaloja.  Ahí era, ahí estaba. Fulgor, cuerpo mnemónico en el vacío recién abierto:

“en el baile hambrienta de vibrar refugio e intemperie” ¿Qué hace que el adentro es afuera y lo vise que lo versa?

 

Cada “porción de reino aleatorio”, de palabra en palabra se sube al trasbordo de su mercancía a fuerza de esos fragmentos de sentido-sonido, fonemas, fragmentos, rastros pulsan el cuerpo que se impulsa de fuego en fuego. Así se entra en el juego a “punto de telar Adán” (pág. 35)

Hay una línea del decir que sigue a la música hacia otra pista de baile. Mientras en una el cuerpo aún habita en la del silencio, en la otra ya está bailando. La palabra subida o bajada a otro andarivel viaja la senda paralela que derrapa de “punto de telar adán” por fuerza de tensión muda, muta hacia “te la darán” en cambio por entrar al juego que Karina enseña.  Si reverbera en los oídos de otra escucha, esa casi oculta escala, menor o mayor de tono, vibra para algún oído cuyo laberinto cambia las frecuencias a toda risa.  En esa otra capa, es el envés en el matiz, que nos precipita a través.

 

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hacia el hambre que no ni Eva”.

Hacia lo que va haciendo, que todo suene, vibre, rebote, trasmute del frío al calor, que queme entre gemas sonoras en clave de videncia que alitera, aligera alegra:

Cuando todo “en clara videncia de la rivera rema” ¿No somos nosotros lectores, lectrices, parte de ese río que rema?

María Zambrano hablaba del claro del bosque, lugar díscolo, que se deja fugar, como Karina al buen buey:

“El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda (…)”

 

Porque “la claridad a punto nieve es señal” dice Karina. Aportando la pista más clara al detenernos, al poner a las palabras en las lindes para ir llegando con encuentros paulatinos de trinos, en trineo, a las notas secretas y a la vista, que convidan un reguero de pasos de baile, internos entre letras, muescas, rastros, hormigueos de fonema. Que imantan y contagian entre sí las pruebas para más entrar en la corriente y ser remados por ella hacia el claro, en el fluido desde donde tal vez nos pesquemos bebiendo al buey fugado.

Mientras, se nos ejercita en saltos. Seductora, el agua corre entre esas piedras del lecho por el que baja cantarina, va a ritmar al oído el ripio en cada rebote que apura entre sus cuerpos el canto robado. Piedras y cuerpos de letras. Entre ellas rueda, rodamos, ojos que, al bailar la voz, palabra que ahí deviene, se atora y desatora, gorgotea.

 

 

 

 

 

*Poeta y psicóloga por la Universidad de Buenos Aires (Argentina) con posgrado en Literatura infantil por la UNSAM. Auspiciadora y coanfitriona de la Estación Orbital Alógena. Experimentó con Alogenitos, taller de invención literaria para jóvenes de 8 a 12 años. También se desempeña como ilustradora, buceadora visual y verbal, realizadora, narradora de kamishibai y bailaora Flamenca.  Lic. en psicología UBA con posgrado en literatura infantil UNSAM. Ha publicado en poesía Imprudentes Insensatas (1990), Luna Park (2000), y mantiene inéditos Poeta serial (poemas) y Hasta que los insectos no enciendan las lámparas (poemas infantiles). Obras para kamishibai Sevilla era una fiesta (junto a Sergio del Popolo), Tío lobo y Hotel de hadas.

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