Por Silvina Mercadal*

Crédito de la foto (izq.) Ed. Lisboa /

(der.) www.lavoz.com.ar

 

 

Augusto Munaro: entre refundar y refundir la gesta

 

 

En nueve cantos y mil cuatrocientos noventa y cinco versos se desarrolla Gesta Cornú de Augusto Munaro, el memorial del reino Sur que editorial Lisboa publicó en el año 2013. El canto está precedido por el epígrafe de Witold Gombrowicz “¿Cómo hemos llegado a este grado de exceso?”, una traducción introductoria y un breve paratexto. La filiación con el poema épico nacional de José Hernández se disuelve transcurridas las primeras líneas pues lo que sigue es desconcertante: la refundación y refundición satírica de la mítica gesta de la lengua literaria.

A principios de siglo XX se sitúa la llamada fundación de la literatura argentina, esto es, la invención de la tradición que otorga un lugar central al Martín Fierro en las letras nacionales. Se cuentan entre sus hitos la serie de conferencias que en 1913 Leopoldo Lugones ofreció en el teatro Odeón —a las que asistieron el presidente y todo su gabinete—, donde lo define como “el poema épico de la Argentina”, incorporándolo en la prestigiosa genealogía que lo vincula con la epopeya griega. En el discurso inaugural de la cátedra de Literatura Argentina Ricardo Rojas ofreció análogas relaciones y comparó al poema de Hernández con la Chanson de Roland y el Cantar de Mio Cid.

En la introducción firmada por A. G. Velmont —localizada en la remotísima Katmandú— el autor cuenta el extraordinario hallazgo del manuscrito —en medio de un viaje a las Islas Orcadas del Sur— donde busca restablecer su equilibrio psíquico mientras realiza tareas de corresponsal en la zona. La “bizarra epopeya” es encontrada en las ruinas del primer asentamiento en la isla Laurie, en una lata de cubanitos rellenos, “de esas importadas que solían verse durante el menemato”. Las indicaciones de espacio y tiempo no son caprichosas, aunque el poema parece entregado al dislate. El manuscrito describe acontecimientos históricos y rituales sociales que se sitúan en el futuro, es decir, en época reciente la épica deviene gesta decadentista del pater —pere-versión—, versiones del padre rebajado en la letra. El mismo Velmont aporta claridades ahí donde todo parece críptico —traza similar analogía que Ricardo Rojas— y reconoce que la extensión del poema es menor que sus prestigiosos antecedentes. Y escribe: “Como su naturaleza obscura lo denota, Gesta Cornú exige una lectura cuidadosa. Su estilo hermético —infecto de vulgarismos y neologismos de toda laya— opera a través del desplazamiento continuo del sentido, lo cual frustra al lector desprevenido o poco afecto a lo lúdico”. Luego refiere la singularidad de recursos narrativos, procedimientos retóricos, contaminación lingüística, pastiche loco, donde Munaro inscribe la propia política de la lengua: la gesta de la lengua como aventura que desarma los engranajes del cliché.

 

El poeta Augusto Munaro.

 

¿Qué gesta la Gesta? Un idioma indigesto, una lengua popular ilegible, un juego de hibridación, una carnavalización que trastoca todo orden lingüístico y división clasista del habla. En la contratapa Sebastián Bianchi aporta dos maravillosas claves para seguir esta gesta: “Cuando hace un tiempo decíamos que servían de ejemplo: “¡Oh!” “¡Ah!” “¡Sus!” “¡Eh!” “¡Puf!” y que en la voz del poeta eso se traducía “¡Olas estúpidas que a las orillas vais, a dar! ¡Ah! ¡Es a la poesía!”, estábamos en plena duermevela, siguiendo el recorrido melindroso de nuestras vocales por los bordes de las letras encontradas”. Primera clave: la voz del poeta deviene frase por los bordes de la letra, y aquí el borde es bordado del excedente —plusvalor extraído al trabajo con la lengua—, pues no sólo hay términos de distinta procedencia sino una operación de descomposición y ensamblaje fonético, montaje docto y gozosa jeringoza que provocan el efecto risible.

Sigue Bianchi: “Así, saltando de hito en hito, con la lengua en forma de cuchara que es su anzuelo, restos de azulejo en el desastre de una lengua madre, el ojival tum-tum frente al cual se le reprocha”. Segunda clave: la gesta es huida de la gestante lengua madre, o más concretamente, voluntad de partir hacia Llamas de Madariaga —en un doble rebautismo del periodista y la ciudad gaucha al sur de la provincia de Buenos Aires—. Y aquí el desliz es literal porque Cornú está en llamas —en Madariaga o donde sea—. Y también porque “Deseoso es aquel que huye de su madre” (Lezama Lima).

En una secuencia de peripecias abruptas y delirantes se cuenta el nacimiento de Cornú, su partida, travesía, la aparición del Cauchito Gil con el mando de formar parte de la milicia, donde lo recibe el sargento Cabrales —quien se instruye con la lectura de la mística santidad televisiva Peperino Pomoro—. Luego de enfiestarse sin consenso debe huir al desierto, en el lugar se salva milagrosamente de su captura por desertor y conoce a la chinita de “green eyes” Herminia, la pareja se bate a duelo con la tropa de Cabrales, asciende a gobernador y colapsa el reino: “¿Cume dexirlo? ¡Viva la pepa… ira 1 balurdo canejo; 1 chocolate Jack con sorpresa saliba mil millones ´e cruceiros. Si el xiudadano kería orrar, istaba in th´orno. La loca istaba in tut lares, folks. Cerraron colegios, fundieron nosocomios, los enfermos comecou a morir like moscas; uvo cacerolazos; urtos mil, asesinatos, naides importaba 1 pitos”.

 

 

El argumento es un puro diferir del poema épico nacional. El protagonista Caucho Cornú no entona congojas, hace más bien lo que se le antoja; no enfrenta el poder político, luego de ciertas peripecias aspira a convertirse en poder y termina entronizado como pater de la patria; no deviene por el infortunio de la vida en la frontera en gaucho matrero y sentencioso, sino luego de una etapa “libertina y didáctica” en la milicia se asume caucho matrero y bailantero.

En Munaro se evidencia aquella “puesta en obra de la pasión por el juego” de la que habla Héctor Libertella. Pero tal pasión supone que el trabajo con la materia escrita no tiende de manera ingenua a la transparencia, sino que juega a desarticular, enrarecer y extraviar la lengua. El texto objeto de una producción particular cruza registros diversos (culto-popular-masivo en fusión si cabe todavía tal estratificación), la fantasía sociológica es sustituida por la moral del bufón, y nos confronta con una historicidad agonizante y la obscena carencia de vida comandada por el capital.

En un periódico de circulación nacional Mario Wainfeld publicó hace tiempo —en octubre de 2017— una columna de opinión con el lúcido título “A refundar y refundir”, condensando en dos términos los efectos de la contemporánea gesta que perpetúa el linaje satirizado por Cornú.

 

 

 

 

*(Córdoba-Argentina, 1971). Poeta. En la actualidad se desempeña como docente en la Universidad Nacional de Villa María (Argentina). Ha publicado en poesía Nupciario (2007), Acuario de la morsa (2009), Un bosque oriental (2010), Las aventuras de la piña monstruo (2013), La cautiva, alucina (2016), La esquina del fresno (2016) y Orange (2017).

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