Jaime Panqueva: “Selecciono historias que me cautiven y,

a través de mi tratamiento narrativo, cautivar al lector”

 

 

Por: Enrique Solinas

Crédito de las fotos: Jaime Panqueva

 

 

Panqueva Básico

Nació en Bogotá, Colombia, en 1973. Desde 1998 reside fuera de su país. Ha radicado y adelantado estudios en Alemania y España, donde finalizó la Maestría de Estudios Latinoamericanos en la modalidad de Humanidades en el 2002. Reside en México desde el 2003 y ostenta también la nacionalidad mexicana. Su primer trabajo narrativo de largo aliento, Tribulaciones de Chinos en Indias, fue galardonado con el premio nacional Juan Rulfo de primera novela 2009 otorgado por CONACULTA y el INBA, y fue publicado en el 2011 por Grupo Planeta bajo el nombre de La rosa de la China. Se trata de una novela de aventuras ambientada en la Nueva España del siglo XVII, protagonizada por Catarina San Juan, la china poblana. Su trabajo narrativo más reciente consiste  en una colección de cuentos El final de los tiempos, editado por Nortestación, 2012.

Ha colaborado en las revistas literarias Letras Libres, Los Suicidas, revista en versión impresa y blog literario, UNI-Diversidad de Puebla y Parteaguas de Aguascalientes. Colaborador habitual del diario El Espectador de Colombia, en versión impresa y blog literario, del Diario del Istmo, Coatzacoalcos, donde publica de forma semanal en la sección Hebdomadario. Así como de El Sol de Irapuato, ciudad donde reside en la actualidad, y donde publica una columna de opinión semanal. Es colaborador de Casa de la Cultura y coordina un taller de creación literaria, además del programa de Taller de Escritura Joven de Irapuato.

En 2014 obtuvo la prestigiosa Beca de Residencia Shanghái Writing International Program.

 

 

 

Entrevista

 

1)    Has viajado por el mundo y viviste en diferentes sitios hasta llegar a México y decidir que ésa era tu casa ¿Cómo sucedió este proceso y cómo se refleja en tu escritura?

Un buen amigo escritor mexicano, César Tejeda, comentaba que el viaje es algo casi omnipresente en mi escritura. En un texto muy simpático que leyó en una presentación enumeraba mis andanzas y mudanzas, uno de los más sorprendidos fui yo. Pero considero que el viaje siempre ha sido una constante en mi vida. Mis primeros recuerdos infantiles, por ejemplo, no son de Colombia, sino de Costa Rica, donde viví un par de años. Por fortuna he sido un viajero voluntario y no un transterrado. En casa, aunque la situación no fuera muy boyante, mi padre siempre pensaba en llevarnos a algún lugar de tierra caliente para pasar unos días y vacacionar. En el momento de pensar estudios en el exterior o viajar por mi cuenta, siempre me apoyó, y creo que el desprendimiento y aprendizaje o aprehensión de otra cultura, o forma de pensar implícitos en cada viaje han ido moldeando las historias que he querido contar a lo largo de los años.

 

2)       A la hora de leer, ¿cuál es tu literatura favorita?

No tengo un favorito en especial y van cambiando en la medida que voy haciendo los descubrimientos. Por ahora me gustan mucho algunos ingleses como William Trevor, Julian Barnes, Ian McEwan, y David Mitchell, distintos estilos y excelentes escritores.

 

3)       ¿Cómo supiste que La rosa de la China era la historia que debías contar?

Cuando descubrí que no había sido contada de la forma que yo quería hacerlo. Busco ante todo contar historias poco conocidas, o abordar temas y géneros abandonados por mis contemporáneos, como la novela de aventuras.

 

4)       ¿Siempre te interesaron los temas orientales?

No necesariamente, me interesan los encuentros entre diferentes formas de pensar, los acercamientos interculturales. Las culturas orientales, sin embargo, creo que tras esta experiencia en Shanghai tendrán un peso más importante en futuros trabajos.

 

5)       En tu libro de cuentos, El final de los tiempos, se nota la preferencia por un narrador protagonista. ¿A qué responde esta elección?

La elección del narrador depende mucho de lo que quiero contar. La primera persona me gusta porque habla de forma muy directa y cercana al lector. Produce un efecto de verosimilitud que algunas historias requieren y permite también diferenciar las voces narrativas. Incluso, como escritor, permite desdoblarte y, como dice Mónica Lavín, vivir otras vidas con mayor intensidad.

 

6)       A la hora de escribir, ¿cuáles son los temas que te interesa contar y profundizar?

Es una buena pregunta que no sé responder de forma adecuada. Para mí es algo intuitivo, no me considero un escritor profundo, ni que busque revelaciones filosóficas o literario-religiosas en lo que escribe (tal vez conozco demasiados que las buscan). Selecciono historias o temas que me cautiven y, a través de mi tratamiento narrativo, cautivar al lector.

 

7)       Escribes para diferentes medios, ¿te interesa la crónica literaria como género?

Sí, mucho, justamente es lo que tratamos de hacer con varios escritores en Irapuato, la ciudad dónde vivo. Aprehender nuestro presente por medio de la crónica. Creo firmemente en su función social.

 

8)       ¿Cómo es tu experiencia como docente?

Doy conferencias sobre los temas que he investigado como divulgación, y dirijo algunos talleres de creación, pero no estoy adscrito a ninguna escuela o academia en particular. Esto me exige seguir aprendiendo y transmitir algo de lo que aprendo. Es genial.

 

9)       ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Trabajo en un par de novelas, una juvenil de aventuras, relacionada con el Lejano Oriente. La otra es un tema más «colombiano», pues quiero publicar algo en mi tierra natal. La rosa de la China les pareció demasiado «mexicana». El tema, como podrás imaginar, tiene raíz histórica y versa sobre algunos personajes olvidados.

 

 

ASÍ ESCRIBE JAIME PANQUEVA

 

Mi padre

Recuerdo aquel verano de la manera en que él siempre quiso que lo hiciera. La piscina bajo el sol del trópico, mis hermanas en sus tumbonas, mi madre hojeando una novela. Él con su libreta de apuntes descansaba bajo la sombra de un parasol. Mi mirada se cruzaba con la suya, mientras observaba con orgullo al grupo familiar. Era consciente de su felicidad. Por esa razón no dudo en prestarle mi memoria cuando sé que el Alzheimer está terminando de devorar la suya. Hoy intento conservar ese recuerdo para regresárselo cuando olvide nuestros nombres y el suyo. Un solo pensamiento empaña mi proyecto de simbiosis mnemotécnica: la incuestionable probabilidad de la herencia genética.

 

 

 

Alicia

Me gusta soñar que soy secretaria. Secretaria bilingüe. Trabajo para un abogado de ascendencia alemana, alto y rubio, que defiende a los pobres y tiene los modales de un príncipe europeo. Él llega todas las mañanas temprano al despacho; le gusta madrugar, e incluso cuando llego yo, ya ha preparado el café y tiene varias cartas que dictarme. Me siento con mi faldita corta frente a él y cruzo la pierna. Noto el estremecimiento íntimo que lo sacude y que logra controlar, porque eso sí: mi jefe es un caballero. Ahí comienza lo mejor de mi día; mientras trabajo, esforzándome mucho para que todo quede como debe ser, mi jefe me lanza miradas tiernas y habla muy bien de las cosas que hago. Se ha hecho tarde y debo volver a casa con mis papás, me despido. Él, con su mano cálida, envuelve la mía, dice que el despacho jamás funcionaría sin mí. Me ruborizo, luego abro los ojos.

Lisbeth llega al congal arriando madres y descorriendo las cortinas. Dice que hoy es domingo, los mineros llegarán temprano. Me tocan mínimo dieciséis.

 

 

 

Una moneda

La pieza de metal aterrizó sobre el plástico del recipiente. Tome chino, vaya ahorrando pa’ uno destos… El cofre platino del Porsche rugió, eran doscientos caballos encabritados; el niño no se movía, estaba absorto con la moneda, un círculo pulido y perfecto. Cuando ésta reflejó el destello verde, al cambiar la luz del semáforo, las llantas chillaron y el auto fue devorado por el asfalto nocturno de la Quince. El estruendo del motor disimuló la voz aguda del rallón. El niño contempló sus dedos arqueados alrededor de la moneda, salpicados de escarcha plateada: pintura made in Germany. Antes de limpiarse los mocos con su manga, cerró el puño para atesorarla y al final, sonrió.

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