El presente texto fue leído por el poeta Víctor Vimos como presentación del poemario La Música del Hielo (2015), de Luis Cruz.

 

 

Por: Víctor Vimos*

Crédito de la foto: izq. Foto del autor

der. www.institutoraulporras.org

 

 

Ante La música del hielo (2016),

de Luis Cruz

 

 

¿Qué hace que una persona sea considerada poeta? ¿Cuáles, si existen, son los requisitos que dan forma a esa categoría? Abro una sospecha: en ella caben palabras como «sensible», «inconforme», «inspirado», «rebelde», que confluyen en un afuera capaz de aceptar el orden lógico del discurso identitario. Se es poeta, desde esta perspectiva, por un consenso que dota a la persona de cualidades estrictamente verbalizadas, a ratos, vacías.

¿Ser poeta?¿Cómo? Atino a recordar que Valerý relacionaba lo más bello con lo más tiránico: un oficio de extremos que no acepta superficies, que se desboca sobre el tiempo con clara intención de enfrentarlo. Corta entonces la poesía todo puente que tiente al regreso. De golpe, y sin aviso previo, el poeta enfrenta un camino  en el que solo es posible conocer el mundo que se ha elegido construir.

Ser poeta, sospecho, tiene parentesco con una labor de artesano: labrarse  buscando dar con la forma de los astros. «No soy nada excepto espíritu» acusaba Descartes siguiendo esta premisa.

Creo que allí reposa una de las sustancias capaces de desdibujar la realidad dada. Y su efecto inmediato se asienta en el lenguaje. No se puede volver a pronunciar el universo con palabras que saben, de nacimiento, quemadas.

Ser poeta, sospecho, tiene parentesco con una labor de artesano: picar en la piedra del sonido hasta dar con la curvatura del silencio.

La Música del Hielo, ensaya esa acción. Su semilla, el Poema 0, inicia a la media noche, en la visagra donde no hay llenura ni vacío, y torna  la pupila al olvido de la formas. Se busca inaugurar un viaje que, partiendo desde la nada ponga en jaque toda marca de seguridad que otorga la identidad.

Aunque su autor, Luis Alonso Cruz, sigue siendo Luis Alonso Cruz, en el libro, no lo es más después del Poema 0.

Cito: «Solo saltar/eres un hilo/ya tensaste demasiado el puente/ deja que todo se caiga»

 

Portada-La-música-del-hielo

 

Ha invocado con ello el ansia de dejar de pertenecer. De desprenderse del padre, de la madre, de las ciudades y del tiempo, como si buscara, como si fuera necesario para ingresar en este canto, vaciarse de toda sospecha del pasado.

El Sinore, la primera parte del libro, no halla sostén en la voluntad del recuerdo, esa «cáscara de sal» que según Cruz prolonga el único terreno donde es posible seguir existiendo.

¿Dónde se acienta entonces el poeta? En la idea de irse de uno mismo, en el empeño por sacarse de encima la infancia para ingresar en el desierto.

Propongo el desplazamiento como otra condición para descifrar este libro. Un símbolo condensa esta idea: el agua. Como un lago sobre el que se yergue una isla de palabras, atraviesa con su sombra luminosa las páginas de La Música del Hielo, ese líquido maduro, capaz de incendiar los montes.

Tengo la sensación de una vez vacío el cuerpo del poeta, su Yo, se deja llevar por el arrullo líquido, cumpliendo con su destino de ser un cuerpo que ha vertido sus deseos para engendrar de nuevo en el agua materna. Solo que esta vez él será su padre, él su madre, y también él su único hijo.

Cito: «Soy un hombre al fin/ y espero no olvidarlo»

Los retratos oxidados, segunda parte del libro, materializan el adentro en el intercambio de voces que ensaya el autor. No son pocos los pasajes en que otra voz, probablemente, más antigua, superpone observaciones al tránsito del lenguaje. La extrañeza de este ejercicio es mínima pues, si el autor ha decidido alejarse de orilla conocida lo ha hecho consciente de que a dónde quiera que las aguas lo lleven, tendrá que valerse de todo recurso posible para mantenerse a flote. «El mundo es el espejo de mis pensamientos» apuntaba Parménides, y no hay nada más exacto para definir la forma que toma este viaje.

Se trata de una escritura reposada, que busca decir ahí donde el silencio se estira como una bestia joven bajo la lluvia. Por momentos, logra urdir en la vena de la realidad y extirparle de forma sencilla aprendizajes.

Cito: «Y la pesadilla sigue en pie/ nos mira a todos/ sabe que es más que nuestro miedo»

«¿Qué camino de la vida seguiré?» preguntaba Ausonio preso de un ansia irrevocable. Cruz elige volver al punto de partida. No regresar, pues eso implicaría desconocer lo andado. Sino, fundar un nuevo espacio donde todo comience en blanco y negro.

Pulsar el Hielo, sección final del libro, revierte al Yo a su cotidianidad. Ya no se pregunta por el padre, ya no se nombra a la madre para recalcar que yace lejos, debajo de un árbol quemado. Ahora son otros poetas los que surgen en la combinación de letras, apellidos que se adueñan de la página como fantasmas reclamando un territorio en el espíritu del autor.

Es como si el hijo hubiera aclarado la voz y necesitara dictar el mundo para decir algo de sí.

Se trata de canciones y poemas que regresan a cobrarle la cuenta. Si quieres avanzar, parecen decirle, deberás florecer en nosotros. Deberás fracasar de una forma mejor. Y Luis Cruz lo acepta, otorgándole la sensación del paraíso.

Cito: «¿Debo tener verguenza de guardar tanta esperanza?/ quizá la respuesta está en la estrella lejana/que ahora es polvo y cae sobre este pensamiento/ lo traspasa»

Canta en estas páginas el ciclo de un descubrimiento. Ser poeta, sospecho, tiene que ver con la labor del artesano: aprender a soltar las piedras para que dentro suene el río.

Luis Alonso Cruz acierta con este libro a mostrarnos parte de esa acción. Lo hace arriesgando aquella pureza que duerme en el anonimato de lo escrito. Ser poeta, sospecho, tiene que ver con el riesgo. Es el riesgo. Aquí, donde el agua vuelve a convertirse en ladrillo, se edifica la naturaleza de un tiempo nuevo.

 

Lima/ tiempo de calor

 

 

 

 

*(Riobamba-Ecuador, 1985). Miembro fundador del Colectivo Artístico El Noctambulario. Ha participado en la organización del Primer Encuentro Nacional de Poesía Sarandearte (2006), y obtuvo el segundo Premio Provincial de Poesía (2004), así como el Concurso Provincial de Cuento (2005). Ha publicado  Perinola (2007).

Deja un comentario