Vallejo & Co. reproduce la primera parte de una extensa entrevista que le hiciera Diego Alonso Sánchez, en enero del 2007, al poeta José Watanabe quien falleció tan sólo dos meses después de la misma, por lo que esta charla cobra trascendental importancia al ser una de las últimas declaraciones que ofreció el poeta. En esta conversación -de algo más de 30 minutos- la charla procura ahondar en algunos aspectos poco conocidos de la obra del vate de Laredo. Esta sección fue publicada en el diario La Primera, en Lima-2007.

 

 

Por: Diego Alonso Sánchez

Crédito de la foto: (Izq.) Twitter de Diego A. Sánchez/

(der.) www.discoverynikei.org

 

 

«Ama rápido. Lo único que te queda es amar rápido»,

entrevista a José Watanabe*

(Parte I)

 

 

Diego Alonso Sánchez [DAS]: ¿Qué libro consolidó tu poesía? ¿Podría ser Cosas del cuerpo?

José Watanabe [JW]: Yo más bien creo que el libro —si hablamos de consolidación de mi estilo— fue Historia natural, más que Cosas del cuerpo, a diferencia de Álbum de familia que tuvo un éxito que yo no esperaba.

 

 

[DAS]: Por el premio Poeta Joven del Perú…

[JW]: Por el premio, las encuestas y todo eso, resultados que yo no esperaba. Entonces vino Historia natural, donde creo que fui más conciente de lo que yo escribía, de lo que estaba tratando de establecer. Cosas del cuerpo es un libro escrito ya más relajado, sin presión.

 

 

[DAS]: Tanto como Habitó entre nosotros. ¿Qué puede decir sobre eso?

[JW]: Cuando escribí Habitó entre nosotros fue un intento de cambiar el canon. Nunca se llega a tener un dominio total en poesía, pero cuando tú llegas a tener cierto control, digamos, a uno le nace una cosa interna que te dice «cambia un poco». Y eso intenté con Habitó entre nosotros, que es mi único libro que desarrolla un tema y que tiene un eje central que es la figura de Cristo. Además creo que es un libro que no ha sido muy bien comprendido. A mí me gusta y algunos críticos dicen que no tanto, pero a mí sí me gusta.

 

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[DAS]: ¿Es el libro más arriesgado?

[JW]: Es el libro más arriesgado, sí. Además el problema no era hacer un poemario religioso ni teológico, sino escribir poesía con la figura y las circunstancias que vivió Cristo, y que tampoco se debió a un problema de fe que yo hubiera tenido. No. Lo que sucede es que un día me puse a leer la Biblia y me provocó escribir algunos temas con algunos pasajes. En realidad, el poemario empezó viendo cuadros bíblicos que tenían que ver con la vida de Cristo. A mí me gusta mucho la pintura y después me di cuenta que tenía algunos poemas. Allí hay poemas que hago directamente a partir de los evangelios.

 

 

[DAS]: También se le vinculó con la parábola.

[JW]: Sí. Estas circunstancias que se narran en Habitó entre nosotros, las de Cristo, se prestaban para la parábola. Incluso hay un poema donde se habla directamente sobre lo que es la parábola.

 

[DAS]: ¿«El sembrador»?

[JW]: Sí. Como algo físico se puede convertir en conocimiento, en parábola.

 

 

[DAS]: Volviendo a Historia natural, ¿crees que marcó tu madurez poética?

[JW]: Madurez no. Marca quizás la decisión tardía de que ese es el estilo que quisiera usar y seguir usando.

 

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[DAS]: ¿Le ves muchas diferencias con Álbum de familia, tu primer poemario?

[JW]: En lo físico no hay mucha diferencia, pero para mí sí.

 

[DAS]: Sí hay diferencias. En Álbum de familia había un interés por el yo un poco más mundanizado, coloquial. En Historia natural, la cotidianidad pasa a ser el eje central…

[JW]: Pero no una cotidianidad inmediata, sino la que yo había vivido cuando era niño.

 

 

[DAS]: Ese es uno de los rasgos que más te caracteriza.

[JW]: Sí, pero la cotidianidad inmediata más la poetizó [el Movimiento] Hora Zero, siendo distintos a mí. Pero si hay una característica más o menos común en ellos es el de poetización de la realidad inmediata.

 

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[DAS]: Además está muy ligado a un sentido de añoranza.

[JW]: Nostalgia. Muchas veces yo he dicho que escribo por nostalgia. Porque creo que la nostalgia es un buen motor. La nostalgia no es una cosa aguada, no es algo flojo. La nostalgia puede ser algo muy fuerte, una motivación fuerte.

 

 

[DAS]: Y dicho sea de paso, está muy ligado a Laredo.

[JW]: Es Laredo.

 

 

[DAS]: Y sobre todo el desierto…

[JW]: El desierto. Y es extraño porque en Laredo no hay tanto desierto. Pero en los alrededores sí. Entonces, a veces desdeñamos el verde que ya nos inundaba mucho, que ya era demasiado dichoso, entonces nos íbamos a buscar los desiertos que estaban en las faldas de los cerros.

 

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El poeta Joé Watanabe.

[DAS]: Así como mencionas en uno de los poemas de Banderas detrás de la niebla, que la casa se agrandaba hasta los exteriores del pueblo, porque los chicos se soltaban y se iban con toda tranquilidad de que no iba a pasar nada

[JW]: El pueblo era la casa. No es lo que vivimos ahora.

 

[DAS]: Y esta referencia al desierto, ¿por qué es tan patente? Porque se dice mucho que en este poemario has intentado representar tu arte poética, que tiene mucha cercanía con la muerte, cosa que se refleja en La piedra alada que se desarrolla en el desierto, donde la piedra es la figura de lo perenne y el ala de lo fugaz…

[JW]: Pero ahí tú estás haciendo una lectura del poema. Obviamente yo nunca me propuse esa simbolización que haces tú. La forma que yo tengo de escribir es caminar con la mente más o menos abierta y encontrar los poemas. Como que los poemas los encuentro siempre. Es cierto, yo soy un poeta naturalista. En España alguien dijo: «el otro realismo». Hay otro realismo en mis poemas. Y yo encontré efectivamente una piedra, y esta piedra estaba pegada a un ala de pelícano, y vi que ahí había un poema, que eso te decía algo. La naturaleza de alguna manera a veces se acomoda como para darnos un mensaje y decirnos algo que no sabemos qué es.

 

 

[DAS]: Y para eso está el ojo del poeta.

[JW]: El ojo del poeta le da un sentido a eso, un sentido aproximado. Ahí ya vendría la lectura que tú has hecho: efectivamente, la piedra es lo terreno y el ala es el vuelo, la necesidad de vuelo. Pero eso ya es una lectura, el sentido que comienzas a darle al poema a partir de lo que ves en la realidad, en ese evento.

 

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[DAS]: Y en Banderas detrás de la niebla, ¿por qué ese afán de querer hablar sobre la poesía?

[JW]: Todo el que escribe se pregunta por qué escribe la poesía que escribe, qué lo motiva, qué es realmente, en esencia, la poesía. Y me he hecho esa pregunta y he tratado de dar varias respuestas, pero si tengo que elegir una de ellas, es eso: Banderas detrás de la niebla, donde de pronto la realidad se abre —como que hay una fisura en la realidad— y tú ves que allí hay algo, hay un mensaje, alguien que nos quiere decir algo.

Tú te has puesto en el ángulo correcto para verlo. Ahora, ves lo físico, pero ¿qué sentido tiene eso?, ¿qué me quiere decir? No lo sé. A veces solo es la belleza. En Banderas detrás de la niebla no digo nada en sí: es Banderas detrás de la niebla, es la belleza de la cual yo no voy a seguir hablando, para que siga siendo solo belleza.

 

 

[DAS]: Yo entendía que en Guardián del hielo proponías una poética, un poco más de acción. ¿Cómo te aborda a ti la realidad?

[JW]: Eso que dices de «cómo te aborda a ti» es absolutamente cierto. A mí la realidad me abordó, no esa realidad que decías tú, que es más amplia, sino ese pedacito de realidad que sí me abordó. Es un hecho real, me crucé con el heladero, en Laredo, y lo encontré con la carretilla averiada, se le había roto la rueda, y antes no había hielo seco sino había ese hielo normal que venía, me acuerdo, en bloques envueltos en aserrín. Entonces, no iba a arreglar la carretilla cargando el hielo, así que me dijo «cuídamelo», y me dio tremendo bloque de hielo para que lo cuidara. Yo lo recordé ese año, que fue muchos años después, y lo vi como el abuso que le habían hecho a un niño, que cuide algo que no es posible detener: su derretimiento. Se iba a hacer agua de todas maneras y le habían dicho a este niño que no se derrita. Entonces se me ocurrió escribir un poema, y ya ahí viendo, otra vez, qué sentido le vas a dar a ese hecho real.

Será el sentido de fugacidad. Cuando digo: «Yo soy el guardián del hielo», trato de cuidar lo que fuga, lo que va rápido, lo que va a desaparecer. Luego viene el diálogo con el sol que al final me dice: «Ama rápido». Lo único que te queda es amar rápido: ama no solamente el amor conyugal, sino ama todo. Esa idea la tengo muy clara dentro de mí, pero no lo estoy buscando cuando camino por la calle o voy por el campo. Se aparece, porque es tu preocupación.

 

 

 

 

 

*(Laredo-Perú,  1945-Lima, 2007). Poeta, narrador y guionista de cine y documentales de TV. Nissei hijo de Harumi Watanabe. Inició estudios de Arquitectura en la Universidad Nacional Federico Villarreal, los que abandonó tras dos años sin concluir, época en la que obtuvo el I Premio Joven Poeta del Perú con Álbum de familia (1970). Fue uno de los mayores cultores del haiku japonés en la poesía de habla hispana del Siglo XX. Trabajó una adaptación de Antígona de Sófocles con el grupo teatral Yuyachkani. Ha publicado en poesía Álbum de familia (1971), El huso de la palabra (1989), Historia natural (1994), Cosas del cuerpo (1999), Antígona (versión libre de la tragedia de Sófocles, 2000), Habitó entre nosotros (2002), Lo que queda (antología, 2005), La piedra alada (2005), Banderas detrás de la niebla (2006) y Poesía completa (2008); y, en narrativa infantil, Andrés Nuez perdido entre las frutas, Andrés Nuez y los colores, Andrés Nuez cuenta hasta diez, Perro pintor y sus elefantes azules, Un perro muy raro, Don Tomás y los ratones, Don Antonio y el albatros, Lavandería de fantasmas, El pájaro pintado, Melchor el tejedor y El lápiz rojo.

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