Por: Mónica de la Torre

Traducciones: Cristián Gómez O.

Crédito de la foto: New York Social Diary
(http://www.newyorksocialdiary.com/node/1907663/print)

 

Migrating Birds

Victor got a real sense of power
from making his own raisins. He’d buy
pounds and pounds of grapes
and leave them to dry
on the kitchen table.

Theresa didn’t want to hear about
her ex-husband’s cancer. Not on Father’s Day.
She took a train all night
to have breakfast with her cousin.
All Sunday she rode the train back.

Once Martin’s wife had left,
he decided to take advantage of her space.
He built a sauna where her closet was,
sat there every morning, to read the paper
and Buddha.

One night Helga wore her prettiest dress,
though she knew he wouldn’t be there.
She drank dry white, got drunk
(she was on a diet), and fell down.
Later he saw the holes in her pantyhose.

María was usually bumping into
furniture. Each time she got closer to what
she wanted. «What do you want from me?»
«Nothing,» he replied, so she took off
and felt like migrating birds. But many.

Pájaros migratorios

Víctor se dio cuenta de lo que realmente
era el poder cuando secó sus propias pasas.
Él había comprado libras y más libras de uvas
para después dejarlas secándose sobre la mesa
de la cocina.

Theresa no quería saber nada
acerca del cáncer de su ex-marido. No el día del
Padre. Tomó un tren que la llevó a través de la noche
para tomar desayuno con su prima. El tren de vuelta
se demoró el domingo entero.

No bien su esposa salió por la puerta,
Martín decidió sacarle provecho al espacio
que ella abandonara. Donde estaba su closet construyó
un sauna, donde cada mañana se sienta a leer el periódico
y a Buda.

Una noche Helga se puso el mejor de sus vestidos,
aunque sabía que él no iba a estar ahí. Tomó un vino blanco y
seco, se emborrachó (estaba a dieta), se cayó.
Más tarde él se fijó en los huecos de sus medias.

Por lo general, María siempre chocaba con
los muebles. Cada vez estaba más cerca de lo
que quería. «¿Se puede saber qué quieres de mí?»
«Nada», le respondió él, así que ella se fue
y en lugar de sentirse como si fuera un pájaro migratorio,
se sintió como si fuera muchos de ellos.

On Translation

Not to search for meaning, but to reedify a gesture, an intent.

As a translator, one grows attached to originals. Seldom are choices

so purposeful.

 

At midday, the translator meets with the poet at a café at the intersection

where for decades whores and cross-dressers have lined up at

night for passers-by to peruse.

 

Not a monologue, but an implied conversation. The translator’s

response is delayed.

 

The translator asks, the poet answers unrestrictedly. Someone

watches the hand movements that punctuate the flow of an

incomprehensible dialogue.

 

They’re speaking about the poet’s disillusionment with Freud.

 

One after another, vivid descriptions of the poet’s dreams begin to

pour out of his mouth. There’s no signal of irony in his voice.

Nor a hint of astonishment, nor a suggestion of hidden meanings,

rather a belief in the detritus theory.

 

«Se me aparece un gato fosforescente. Lo sostengo en mis brazos

sabiendo que no volveré a ser el mismo.»

 

«Estoy en una fiesta. De pronto veo que el diablo está sentado frente

a mí. Viste de negro, lleva una barba puntiaguda y un tridente en

la mano izquierda. Es tan amable que nadie se da cuenta de que

no es un invitado como los otros.»

 

«Anuncian en el radio que Octavio Paz leerá su poema más reciente:

‘Vaca . . . vaca . . . vaca . . . vaca . . . vaca . . . vaca . . . vaca . . .'»

 

«Entro a un laboratorio y percibo aromas inusitados. Aún los recuerdo.»

 

The translator knows that nothing the poet has ever said or written

reveals as much about him as the expression on his face when he

was asked to pose for a picture. He greets posterity with a devilish

grin. To the translator’s delight, he’s forced to repeat the gesture at

least three or four times. The camera has no film.

Sobre la traducción

No buscar significado, sino reedificar un gesto, un intento.

 

Como traductor, uno se encariña con los originales. Rara vez

son tan premeditadas las decisiones.

 

A mediodía, la traductora se reúne con el poeta en un café que está

en esa intersección  donde por décadas travestis y rameras se han puesto

de noche en fila para que echen un vistazo los que caminen por ahí.

 

No un monólogo, sino una conversación implícita. Se difiere

la respuesta de la traductora.

 

La traductora pregunta, el poeta responde sin restricciones. Alguien

observa los movimientos de la mano que marcan el flujo

de un diálogo incomprensible.

 

Están hablando de la desilusión del poeta con Freud.

 

Una tras otra, vívidas descripciones de los sueños del poeta comienzan

a escaparse de su boca. No hay señales de ironía en su voz.

Ni un asomo de estupor, ni rasgos de algún significado escondido,

sino más bien la fe en la teoría del detritus.

 

“A phosphorescent cat turns up. I hold him in my arms

knowing I won´t be the same again.”

 

“I´m in a party. Suddenly I see the devil is sitting right across me.

Dresses black, has a pointed beard and a trident in his left

hand. He is so kind that nobody realizes that is not a guess

like the others.”

 

“The radio announces that Octavio will read his newest poem:

Cow … cow … cow … cow … cow … cow … cow …”

 

I go into a lab and perceive unusual aromas. I still remember them.

La traductora sabe que nada de lo que el poeta haya nunca dicho o

escrito revela tanto sobre él como la expresión de su cara cuando

se le pidió que posara para una foto. Sonríe para la posteridad con una

mueca diabólica. Para placer de la traductora, tiene que repetir el gesto

unas tres o cuatro veces por lo menos. La cámara no tiene rollo.

Poem in Spanish

The grave has more power than the eyes of the beloved.

An open grave with all its magnets.

This weight on the wings. The sky is waiting for an airship.

 

I have the feeling that I haven’t got much life left.

Three hours after the celestial attack.

 

Why don’t I respond when I’m being offended?

Because my religion doesn’t allow me to.

Exterior maps: geography. Interior maps: psychography.

And in your hard cathedral I kneel.

Mountains pass camels pass

like the history of wars in antiquity.

 

Of all the men I am, I can’t find any of them

without the control of the intruding eye.

Problems. Mysteries that fasten themselves to my chest.

All I want is not to see businesses nor gardens

nor markets nor eyeglasses nor elevators.

 

In order to serve all radio listeners,

without discriminating between social classes, I speak a tongue

that fills hearts with the law of communicating clouds.

I have my brain or whatever it is full of skull moths.

For the world to go on being what it is it must

—per force—take another form.

 

True poems are fires. When something cherished burns

instead of the fireman I call, rushes forth the incendiary.

It says: live, live, live!

It is Death.

Poema en español

La tumba tiene más poder que los ojos del amado.

Una tumba abierta con todo su magnetismo.

Este peso en las alas. El cielo está esperando un dirigible.

 

Tengo el presentimiento de que no es mucha la vida que me queda.

Tres horas después el ataque celestial.

 

¿Por qué no respondo cuando me ofenden?

Porque mi religión no me lo permite.

Mapas exteriores: geografía. Mapas interiores: psicografía.

Y en tu dura cathedral me arrodillo.

Montañas pasan camellos pasan

como la historia de las guerras en la antigüedad.

 

De todos los hombres que soy, no puedo encontrar a ninguno

sin el control del ojo invasor.

Problemas. Misterios que se amarran ellos mismos a mi pecho.

Todo lo que quiero es no ver más negocios ni jardines

ni mercados ni gafas ni ascensores.

 

Con el fin de atender a todos nuestros radioescuchas

sin discriminar entre clases sociales, hablo una lengua

que llena los corazones con la ley de las nubes comunicantes.

Tengo mi cerebro o lo que quiera que sea lleno de las polillas de la muerte.

Para que el mundo siga siendo lo que es tiene

—por fuerza— que tomar una forma otra.

 

Los verdaderos poemas son llamas. Cuando se quema algo muy querido

en lugar del bomber que yo llamo, sale a relucir el incendiario.

Dice: vive, vive, vive!

Se trata de la muerte.

 Demolition Derby

Sonya’s so good that all the guys pick on her, so the evening’s narrative goes. I’ve
heard she wears yellow t-shirts each time to match her hair. Last time her tennis shoes got
so dusty that she had to throw them out because there was no way on earth that they could
be white again.

Trunks shrink like deflated accordions, like melodramatic arguments after they’ve
met face to face with someone’s indifference. A baby cries and pouts while her mother is
trying to scoop more Velveta on to her nacho. The father is strung out on something,
someone in back of us says. A teenager with severe acne turns around and fires a dart full
of cavities into my gaze. We give in to the pleasure of destruction for the sheer sake of
waste. What inside, the collision, the jerk on the nape that makes the driver wonder whether
this one is it. Swallow me dust while the crowd cheers and claps its French fries away into
the space between a nearby neon and the floodlights gathering an army of many sized
moths.

Derby de demolición

Sonya es tan buena que todos los tipos la molestan, o por lo menos así va la narrativa del atardecer. He escuchado que todo el tiempo ella lleva poleras amarillas que hagan juego con su pelo. La última vez, sus zapatillas quedaron tan sucias que ella tuvo que botarlas, porque no había forma en este mundo de dejarlas blancas otra vez.

Los pantalones cortos se encogen como acordeones desinflados, como melodramáticos argumentos una vez que han sido expuestos a la indiferencia de alguien. Un guagua está llorando y hace pucheros mientras su madre intenta echarle más Velveta en sus nachos. El padre es adicto a alguna cosa, le escuchamos decir a alguien cerca de nosotros. Un adolescente con un severo acné se da vuelta y tira un dardo lleno de huecos atravesando mi mirada. Nos dejamos llevar por las ganas de echar a perder las cosas por el puro placer del desperdicio. Y adentro, la colisión, el tirón en el cuello que le hace preguntarse al conductor si este en realidad es. Que me trague el polvo mientras el gentío celebra y reparte sus papas fritas en el espacio, entre un neón que queda cerca y los reflectores que reúnen un ejército de polillas gigantescas.

Olímpicamente

 

For María del Rosario Espinoza

 

It was my feet. They were oversized for my age,

restless and strong enough to do more than pick fruit or sell fish.

For kicks, in my hometown of two thousand, I tried taekwondo. I was five.

The neighbors, they thought of me as marimacha.

Women around me were tough, but they were no tomboys.

Dad, a fisherman by trade, was undeterred. He’s good at cultivating.

He and I, we’re driven people. The kind that look

beyond the horizon — westward and eastward in step.

Hence we outgrew the dirt roads of La Brecha (The Gap) in Sinaloa.

Did I choose the art; was it the art that chose me?

But for a white uniform, I had the essentials.

This was my calling: self-defense for which you needed no arms. Only fists.

Rock solid. And limber limbs and a feistiness

not antagonistic. Think dealing blows so less blows

are dealt — aiming to stop the fight, but not destroy your rival, your equal.

Where I am from, some folks do things differently.

My way’s the way of the hand and foot, and unity

of purpose. On the tatami, I write their bodily calligraphy.

Olímpicamente

 

Para María del Rosario Espinoza

 

Fueron mis pies. Demasiado grandes para mi edad,

intranquilos y lo suficientemente fuertes como para algo más que recoger frutas

o vender pescado. Para las patadas, en mi pueblo natal de dos mil habitantes, probé con el taekwondo. Tenía cinco años.

Mis vecinos me veían como una tomboy.

Las mujeres a mi alrededor eran duras, pero ninguna era una marimacha.

Mi papá, pescador de oficio, no se desanimó. Es bueno cultivando.

Somos gente decidida, él y yo. Del tipo que mira

más allá del horizonte — al este y al oeste, pero sin perder el ritmo.

De ahí que nos quedaran chicos los caminos llenos de desperdicios allá en The Gap (La Brecha), en Sinaloa.

¿Fui yo la que escogí al arte, o fue el arte el que me escogió a mí?

Sin embargo, para un uniforme blanco, ya me sabía lo básico.

Este era mi sello: una defensa personal para la cual no se necesita que los brazos sean armas. Sólo puños.

Sólido como una roca. Y miembros indesmembrables y un espíritu guerreo

que no fuera antagonista. Piensa en repartir golpes para que menos golpes

sean repartidos — el propósito es terminar la pelea, no acabar con tu rival, tu semejante.

De donde vengo, hay gente que hace las cosas de otra forma.

Mi camino es el camino de la mano y del pie, la unidad

del propósito. En el tatami, escribo su caligrafía corporal.

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