Por: Mirko Lauer

Crédito de la foto: Archivo MP

 

Abril, una viñeta

 

Hace no mucho han sido los 75 años de la aparición de Hollywood (Relatos contemporáneos), acaso el conjunto de textos más importante de Xavier Abril, al que solo cabe colocar entre los poemarios subvaluados de la vanguardia peruana. Pero a la distancia estas 200 páginas cobran una extraña venganza: su sintonía con el cosmopolitismo de este cambio de siglo. Madrid y las japonerías, el clima de una parte importante de los textos, han vuelto a ser parte de un filo duro estético radical. Lo aristocrático y lo prostibulario vuelven a fundirse en estos años como lo hacen en este libro aparecido en la estela de la crisis de 1929, y parcialmente concebido en medio de ella. El libro es de una escandalosa actualidad. Que es para lo que fue concebido desde el inicio.

Dos textos dan el tono de este Hollywood europeizante. Uno es de la autobiografía que abre el libro: «Pasé una temporada de señorito marinero (grumete) en un buque de la Marina peruana. Allí principié a tomar alcohol ―los marinos me daban whisky y charlaban conmigo pornográficamente― pornografía horrible y abstencionista― de las mujeres del puerto. Había conocido una mujer que me enfermó de una blenorragia, entonces para mí ideal. La gonorrea tiene siempre una época de aclimatación ideal en el hombre: la adolescencia. El fraile que decía misa en el Grau tenía fama de ser un perfecto cabrón místico. Y además era muy pintoresco (año 1922)».

El otro texto es un lujoso fragmento de la larga serie de comentarios sobre mujeres en el espacio cosmopolita: «Las mujeres tienen el lujo de los automóviles. Las mujeres ruedan. / Por las avenidas de espejos, del sexo ―siglo XX―, grita la sorpresa: / ¡Mujeres hermafroditas! / Las manos de las mujeres abren las puertas de los automóviles al sueño. / Se mueven las ciudades de espejos. / Las estrellas de los vestidos ruedan por el sueño terso de la noche. / En los cabarets, las mujeres fuman cigarrillos de topacio al arcoiris del libido».

 

5metros

Abril es un autor perdido entre Lima y el Río de la Plata, un poeta atrapado en un movimiento sumergido. Obras de la calidad de Trilce (1922), de César Vallejo, y Cinco metros de poemas (1927), de Carlos Oquendo de Amat debieron poner a la poesía vanguardista peruana en el mapa, por lo menos en el de la literatura local. Pero más allá de la celebridad internacional de estos dos grandes poetas (Oquendo hasta fue citado por Mario Vargas Llosa) el movimiento ha tenido hasta hace poco escasa suerte editorial o crítica. Del medio centenar de poetas que miraban con intensidad diversa hacia el ultraísmo español entre 1916 y 1930, ya en 1960 muy pocos se habían salvado del olvido total.

Uno de los que más afectado quedó (en lo editorial y en lo personal) por el deslizamiento que produjo los años de indiferencia al vanguardismo fue Abril (Lima 1905–Montevideo 1990), quien concibió su poesía como el proscenio de sus sueños, y en esa medida como un andamiaje para juegos con una trasgresión candorosa («Por todas partes voy a la locura»). Huyó temprano del Perú ―como los principales vanguardistas peruanos: Oquendo, Vallejo, Alberto Hidalgo, Juan Parra del Riego, Juan Luis Velásquez― y de entre ellos acaso fue el que más viajó, y sin duda el que con más holgura lo hizo entre las dos guerras mundiales. Fue un joven rico que no sufrió las penurias de Oquendo o de Vallejo, ni el furor autodestructivo de Hidalgo, ni la tuberculosis de Parra del Riego. Pasó la mayor parte de su vida en Madrid, París, Buenos Aires y Montevideo, donde por largos años fue agregado cultural del Perú.

Empezó a escribir sobre los transatlánticos del vanguardismo (con alguna levísima distracción inicial en el indigenismo), pero muy pronto se desplazó hacia la periferia del surrealismo, del cual suele ser considerado introductor en América Latina, por sus poemas de 1923 a 1925 («El insomnio está lleno de ratones, y dientes, y pestañas»). Es además uno de los poetas peruanos más felices en la expresión abierta del erotismo, también una lección surrealista, en este caso aprendida de Jean Cocteau. Poesía fresca y algo epatadora. En 1928 mereció un elogio entre eurocéntrico y turístico, y ciertamente enigmático, de André Bretón: «[Abril] nos trae ese misterio de Jauja en sus poemas». Abril a su vez adoraba a numerosas figuras del hemisferio norte. Charles Chaplin y Josephine Baker fueron sus íconos predilectos: «La intención de Chaplin está ya en los ovarios de las madres contemporáneas»; «Europa año 2940, reconocimiento del África. / Canonización de Josefina Baker».

 

50165819

 

Viajó a Europa en 1926 y regresó a Lima en 1936, apenas estalla la Guerra Civil Española. Volvió a salir, esta vez al Río de la Plata, en 1948 y ya solo reapareció por Lima de visita. Su cosmopolitismo es el más genuino de la corriente, y para el poeta Washington Delgado «está hecho con el aire de todos los días, de calle ciudadana y con un traje común, matinal y sin brillo». En cambio Enrique Anderson Imbert le reprocha al poeta precisamente ser vanguardista: «sería un poeta efectivo de no aflojar su esfuerzo y caer a veces en una retórica vanguardista». Luis Alberto Sánchez lo llama «poeta deportivo, nada figurativo, cuasi abstracto, aunque hiciera a menudo referencias a sucesos inmediatos, como la presencia de Chaplin en el arte contemporáneo y la revolución rusa».

Su libro más cercano a una línea dura vanguardista con ambientes internacionales y reflexiones decadentes es Hollywood (publicado en Madrid 1931, con poemas escritos de 1923 a 1926), mientras que Difícil trabajo (1935, con poemas escritos de 1926 a 1930) está más cerca de un cierto romanticismo hispanizante, una vena que cultivó a todo lo largo de su vida.

Abril pasa sus últimos decenios entre Uruguay y Argentina, concentrado en la crítica literaria, en que destacan los trabajos sobre su Vallejo, quien fue particularmente amigo de su hermano el diplomático y diletante Pablo Abril. En su juventud el medio literario limeño criticó oblicuamente al poeta por lo que se percibía como una indiferencia de expatriado elegante frente a los temas sociales, percepción reforzada por la temática de sus poemas más conocidos. Más tarde asumió un discurso izquierdista-cultural, que mantuvo hasta su muerte.

Deja un comentario