Nota y entrevista por Blanca Morel*

Crédito de la foto (izq.) Kokoro /

(der.) www.youtube.com

 

 

Abismarse en el misterio del lenguaje.

Entrevista a Jorge “Coco” Serrano

 

 

Al pasar las hojas de POéBRICA (2019) como un flipbox los poemas se suceden en formas sin solución de continuidad que recuerdan escaleras, cajas, pasadizos, torres o puentes. POéBRICA debe ser primero mirado pues produce un placer estético visual. Jorge “Coco” Serrano** es un obrero del lenguaje, carga con sintagmas, palabras o letras a modo de ladrillos, voladizos o remates para construir poemas arquitecturales. El poema toma el espacio de la página como cuerpo físico. No pensemos que son caligramas —aunque algunos funcionan como tales— sino una suerte de cristalización de la palabra en la página, siendo esta última un espacio de correspondencia con la mente del autor, en tanto que hallamos una inmanencia de forma-sentido, un proceso de individuación poemática. El poema alcanza su ser ahí, en su despliegue espacial.

Cada poema es una obra funcional construida con el “propio” (propio porque el poeta lo hace suyo) lenguaje. En POéBRICA la forma y el fondo cohabitan y el sentido (común) se transmuta y fulgura. Tras contemplar el poema y adentrarnos en la lectura percibimos que el lenguaje se hace maleable y pierde la rigidez de la gramática, la sintaxis y la ortografía. En esta desnormativización resuenan significantes mántricos y masmedúlicos girondescos. A modo de telón nos encontramos con fotografías del autor que muestran cuerpos humanos descorporeizados como marca territorial entre las distintas partes del libro en las que existe una continuidad formal y estilística.

Seguimos con Jorge “Coco” Serrano que nos ha respondido por correo electrónico a algunas cuestiones.

 

El poeta Jorge «Coco» Serrano en su niñez.

 

Entrevista

 

Blanca Morel [BM]: El poeta Óscar Pirot ha señalado de POéBRICA su naturaleza alquímica. ¿Cómo ha sido su proceso de creación?

Jorge “Coco” Serrano [JCS]: Seré honesto en un 77 %. El 23 % restante es tan subjetivo como lo que señala el amigo Pirot. Empecé a esbozar el libro en el 2010, me refiero solo al decodificado de percepciones y a su traspaso del corazón al papel. En realidad, POéBRICA siempre estuvo ahí, como la fresca masa pasma de un bizcocho dentro de un fogón en perenne combustión, insuflado por mi estrella. Me explico: Todo es karma, el universo mismo lo es, ya que su acto es acción y su acción consecuencia: Fue mi karma “apropiado” quien creó los versos de POéBRICA.

Estas conclusiones milenarias no podría explicarlas en una sola entrevista, sin embargo, usted, querido lector, también con un karma apropiado, leerá estas líneas, porque nada es fortuito. Ser alquimista es ser artista y nadie lo es por casualidad. El fin de un alquimista es mezclar y separar elementos hasta conseguir la panacea: El aurum del plomo. Pero en realidad el verdadero arte de la alquimia es limar el fuero interno: pulir la piedra filosofal, con el fin de transformar el karma en misión. En este caso el saneamiento de POéBRICA es la raíz misma de su infancia: El balbuceante; su balbuceo; la oración interrumpida: el néctar primigenio.

Sospecho que Pirot designa a POéBRICA de “naturaleza alquímica” por la transmutación de mi lenguaje poético/plástico, ya sea en su expansión fragmentada por la hoja, o por su contracción, al sintetizar conceptos, cual pócimas adheridas por su propia aleación. Pirot, tal vez me imaginó religar en un atanor a los cuatro objetos maleables en medio de un rústico e inflamable laboratorio de Lavapiés, apenas alumbrado con cirios mal encajados en alambiques, en medio de óleos, coladores, tenazas y morteros. La naturaleza es la Gran alquimista y yo, como parte de su micro cosmos, no pude evitar mudar de piel cuando me abordaron: “aquellos residuos imperceptibles, diseminados en el tiempo”.

 

 

[BM]: En POéBRICA la letra “h” tiene especial importancia. La “hiedra” combina con la “piedra” y la unión de ambas, la “phiedra”, es un ejemplo del resultado de un proceso de transmutación del lenguaje como sustancia transmental. ¿Puedes comentar algo acerca de esta manera de conducirte por el lenguaje?

[JCS]: Dionisio mi apolíneo. En los barrancos de Lima que dan al mar, las reflexivas piedras conviven en armonía con las sigilosas Hiedras. En aquellos lugares escabrosos comulga el eterno romance de la escasez y la fortaleza, de la inercia y el dinamismo. La Hiedra se expande en busca de luz y las piedras, en su vibrar invisible, afloran humedades: umHo; gotas progenitoras. Digamos que la nueva palabra: pHiedra va en camino de ser el “oro purísimo”, la genuina conversión, el insólito supraser hacedor de microclimas. Donde hay pHiedras hay revolución, hay resistencia, hay mutación y, si hay evolución hay magia, por ende; poesía. Otro “neologismo” constante es nHada: Mitad ausencia, mitad Hado, destino: Hada. Otro vocablo constante es vHacío. ¿Qué se hace en el vacío? “Hacío” de Hacía, de Hacer, de crear, alrededor de, en torno al propio vHacío: Una nHada engendradora, un fHondo predecesor.

(Antes de entregar la respuesta, le escribí a la entrevistadora, la poeta Morel, que llevaba siete páginas, solo en esta pregunta. Prometo publicar tal “des/ensayo” en mi próxima existencia, recordármelo por favor.)

 

 

[BM]: Se percibe un sustrato psíquico que viene del inconsciente ¿Qué tipo de materiales mentales trabajas en POéBRICA?

[JCS]: poesía / se llama hiperestesia. Obviamente voy a rehuir de la ciencia para que la entrevista no se convierta en una pésima intención de respuestas protocientíficas, ya que asistimos a una materia tan calata, insomne, simbólica, rupestre, subjetiva, íntima e intangible como es la poética de POéBRICA. Siento rubor en mis palabras, ahora mismo experimento; helor, resol y desierto, ya que voy a contar algo muy íntimo: Antes escribía con la zurda, ahora solo tengo dislexia. Vamos al sustrato: Al pintar, pero siempre al escribir, uno se instala en otro espacio/tiempo, por lo tanto, es otra la percepción y la noción del instante. Si estoy en gestación me licuo con todos esos monstruos: pequeños niños-dioses atestados de luces y traumas. Es en ese soplo donde me considero un oscuro esclarecido: soy el esclarecer de mi buena sombra, de mi mal reflejo, el agua póntica en medio de su propio fango, el mismo fango emocionado que nada próspero y desolado en medio de su agua póntica.

Poesía es causa y efecto. Poesía es experiencia y silencio. Poesía es secreción. En intramuros, sentado en mis aristas, me mira el horizonte y pregunta: ¿a qué voz obedece la materia? Trato de situarme en la intersección de la nHada y la vida, entre la muerte y la nHada, pero ya que la muerte está tan viva, termino delicioso en el centro de su ausencia. Es en ese ahí, que no es lugar, ni donde, en el que desgloso mi incienso. Me inflama en demasía percibir ese tris, periquete que tanto tememos y amamos los que trabajamos con el misterio, y no tanto con el pesimismo, ya que construir y deconstruir es fuerza vital. Me alivia pintar, me apasiona fotografiar, pero me hace dichoso si logro divisar algo que no debería de estar, pero habita.

 

 

 

[BM]: Ese niño que eres/fuiste, es reivindicado en el primer poema titulado “Biografía”. POéBRICA parece escrito por un niño que descubre el lenguaje y no se somete a sus normas, sino que disfruta trastocándolas. Al hilo de la anterior pregunta, ¿el yo poético tiene que ver con un arquetipo interior que se ha impuesto en el proceso de escritura?

[JCS]: Todo empezó el día que vi caer en una habitación oscura, un halo de luz artificial sobre algunos higos en descomposición. Fue la imagen más insólita que presencié de niño. Aquella postal daría inicio a n a t u r a l e z a / i n c i e r t a, pequeño poemario dentro de POéBRICA. Escribir un poema es investigarse. Como diría mi madre: “Coquito juega con sus coquitos”. Ya lo aseguraba Giambattista Vico cuando dijo: “La poesía no es sino la lengua natural de los niños y de los salvajes”. Y así me siento, eternamente niño y siempre salvaje. Me refiero a “salvaje” como poco doméstico, ya que no me someto, ni en libertad ni en cautiverio. Más bien tiene que ver con la necesidad de explorar las profundidades de mis ríos, que hunden y hacen aflorar a una infinidad de yoes.

En la resaca salvaje de mi orilla, o me sano o enfermo. El niño “naufrago” no nace en blanco, trae consigo una mochila llena de actos y vocaciones. El poema b i o g r a f í a es POéBRICA en estado puro, es arquetipo y karma. Cuando era niño no podía pronunciar mi nombre, ni decir niño. Tenía que empezar por los apellidos y formular niño como: ÑIÑO. Me sincero; fui asmático y tartamudo (algo me queda de ambos). Todo esto tuvo mucho que ver con el proceso creativo de POéBRICA. Cuando mi inconsciente se hizo consciente (en lo que respecta a lo poético) me adosé a esos frescos detalles, gracias a las conversaciones con mis padres.

El poemario se inicia con esta premisa: estos escritos conservan activos / los vínculos entre la autonomía del texto / y los sucesos vividos por el autor. Uno de los diálogos que perforó mi consciente, es el que sostuvo mi madre con el médico: “¿Qué estaremos pagando doctor?”. A lo que el pediatra respondió: “Siga suministrándole Nethaprin y dele infusiones de hierba luisa para templar sus nervios”. Al ser un niño alérgico solo recibí tratos especiales. A diario llegaban a mis manos centenares de hojas para dibujar y nuevos cuentos para leer.

 

 

[BM]: ¿Con qué criterio has realizado la ubicación de los poemas y las fotografías en las diferentes partes del libro?

[JCS]: para la luz todos somos invisibles. Siempre desde la causalidad. Si la fotografía es luz, yo trabajo solo con un ápice de ella. El libro está dividido en cuatro apartados, cada uno de ellos se inicia con una foto en B&N que encarna la sustancia de su imaginario; su dual difuminado: La ebriedad de sus sombras. POéBRICA es un “álbum fotográfico” y yo no soy fotógrafo, solo utilizo la cámara como un pincel que me permite pintar, descomponer, desenfocar y multiplicar la erótica sensación espectral: El temblor de sus luces. No pretendo transmitir lo explícito, mi intención es incomodar al lector, sacarlo de las imágenes convencionales para generarle preguntas sobre algo que ya es una incógnita. Sin misterio no hay poesía, sin poesía no hay arte, sin arte no hay vida y sin vida no se puede volver.

 

El poeta Jorge «Coco» Serrano, leyendo, 2017.

 

[BM]: ¿Qué libros, música, fetiches u entes de cualquier tipo te han acompañado durante la escritura?

[JCS]: Antes de escribir delineo perfiles, dentro de esos rostros abstractos trazo sin freno docenas de ojos. Ya en calor proyecto lo inminente fugitivo. Para reverberar en mis acústicas dibujo en automático, muchas veces sin alzar el bolígrafo de la hoja, como si quisiera entrar en comunión con algo que se me concede y a la vez me abstrae. Con este poemario entré en bucle con “Chopin: Nocturne op. 9 no.1 in B flat minor”. / Ligeti: Artikulation / Angèle Dubeau: Spiegel im spiegel y largas horas de cuencos tibetanos.

 

 

[BM]: Una última cuestión: ¿POéBRICA responde a un camino místico de creación? 

[JCS]: Dios eres tú, el gato que acaricias y la fruta que vas a masticar. Ya sea porque emprendí POéBRICA en Calle de La Fe (Madrid, barrio de Lavapiés) soy un ser de fe, o porque no me quedó de otra para salir de mi animalidad. Soy una amalgama de coches y conductores que tratan de sostener su divinidad: mi propio numen. POéBRICA fue una gran batalla de espejos contra espejos, como una granada de vidrios por todas mis caras. A la pregunta: sí, absolutamente.

El poemario lleva un trajín contemplativo y energético. Fue/es un curioso proceso de extrañamiento y de perseverancia. Practico el budismo Nichiren, pero como periodista y amante de la antropología religiosa, no puedo evitar nutrirme de otros avatares. Confieso que no hice distinción entre las poéticas de POéBRICA y mi vida silvestre. Decir metapoesía es decir metavida. Los escritos de este libro se perdieron dos veces. La primera en el paseo marítimo de Cádiz (2014). El viento llevó mis apuntes al océano. La segunda vez se borró el poemario terminado en algún ordenador con virus de La Casa Encendida (2016). El presente libro es una RE-REconstrucción de ambas desgracias. A este tipo de infortunio hay que agradecerle por la oportunidad que nos brinda para transformar el veneno en medicina. Estas anécdotas terminan por confirmar el camino místico del poemario. Aquellos accidentes tenían que suceder para que el resultado final suscite en la entrevistadora estas concienzudas preguntas.

POéBRICA fue un terrible verdugo y mi Gran maestro. ¿Qué utilidad tendría entonces salvarse la vida sino es para escribir poesía? Soy artista y aspiro a ser feliz, como lo anhela mi yo niño, mi yo salvaje, mi yo cuántico y mi yo camarero. Con POéBRICA cerré los ojos y abrí unos pocos. Gracias al Gohonzon hice oíble mi mudez.

 

 

 

 

 

*(Madrid-España). Poeta y narradora. Periodista por la Universidad Complutense (España). Magíster en Literatura comparada y crítica cultural por la Universitat de València (Valencia). Ha participado en la creación de la performance y el libro-objeto Hypnerotomaquia -batalla en el sueño- (2017). Ha publicado en poesía Bóveda (2008), Pájaro sangre (2016), Pan impuro (2017), La ladrona (2018) y No hay domingo al oeste de Omaha (2019); y en cuento Misión secreta (2019)

 

 

**(Lima-Perú). Poeta, periodista y pintor. Reside en Madrid (España). Desde el 2008 realiza exposiciones de fotopoesía y pintura en España. Es miembro cofundador del colectivo itinerante de poesía Lavarca Ebria. Ha publicado en poesía Cotidianidades Esquizofrénicas (2010), POéBRICA (2019) e Hypnerotomaquia -batalla en el sueño- (en coautoría, 2017). Prepara un libro de fotopoesía MarAradO (inédito).

 

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