Por Maite Martí*

Crédito de la foto (izq.) Ed. Aerea /

(der.) la autora

 

 

5 poemas de Todos vienen al funeral de Rick (2018),

de Maite Martí

 

 

Casablanca empieza a parecerse a un solar en obras

 

(En Chez Bennis compramos cuernos de gacela, cogemos el tranvía hasta Aïn Diab y seguimos a pie hasta el Blue Parrot para tomar la última copa)

 

Las losas del suelo florecen.

Rick me libra de lo que surge de ahí

mientras cubre el tejado con sus pajas.

Es solamente un hombre

que se ha colado en la manga abierta.

Me entristecen sus pies llenos de barro.

No se venera la desvaída luz,

la cinta rota de una sandalia.

No pasa nada. Te volverá a crecer.

 

Una iglesia de hormigón blanco con dos torres

ha sido desacralizada, se eleva sobre un peñasco

el morabito de Sidi Abderramán.

A un amor viejo no acuden animales.

Al bajar la marea la tumba atrae a aquellos

que creen que tienen los ojos malos.

 

¿Por qué injertar?

Por si fallo

entono la plegaria más difícil:

 

 

a papá le duele la cabeza;

no querrás que papá siga enfermo, ¿verdad?

 

Porque masticaba pan de hojas de betel

y le caía el líquido rojo por todas partes.

 

Puede decirse poco con muy poco:

a veces un hilo no se rompe cuando está tirante

y sí lo hace cuando está suelto.

Te aprieto, te sujeto con rafia

para que se propague

la especie.

Con esto llegamos a uno de mis sucios secretos:

y yo además puse el óvulo.

 

El trono de Rick se erigió sobre las aguas y ahora

su techo es retráctil y su suelo de granito de Tafraute.

 

La cabeza sobresale ampliamente del cuerpo

y está dotada de largas mandíbulas con dientes finos y afilados.

A la menor señal de peligro se mantiene al acecho en galerías verticales.

Sobre dos entresuelos y oculto de la vista tiene capacidad para cinco mil mujeres.

 

El deseo insaciable produce floraciones imprevistas:

ser amado por una persona concreta.

 

 

 

Película en la cual una madre abnegada es la heroína

 

No hay excusa para azotar bebés.

Nacemos en el centro de la noche

y en el centro de la noche morimos.

Oso de cara corta

que me enseña el cañón

y un poco el haz.

 

Se cierra la carne sobre sí misma.

El hombre who eats wood and raw fish.

El hombre with horns and legs whose breath kills

and is associated with jealous wives.

Maldito seas que pusiste fin a mi jornada

y multiplicaste en mí los hijos

y me llenaste de miel los cántaros.

 

La poeta Maité Martí

La poeta Maité Martí

 

Sobre el cuarto miembro de la trinidad

 

Por nombrar uno,

siempre apuntando hacia arriba con el báculo.

El hombre that covers its eyes no se maquilla.

En los antiguos films en Technicolor no se maquillaba a los actores.

El hombre del sombrero de fieltro suda tanto

que echa a perder todas sus camisas.

La seguridad física le favorece.

Una astilla que saltó en medio de una refriega.

Casi nunca bebe en las comidas y cuando está alegre

se posan las moscas sobre su barba.

 

 

Me escondo en la cisterna vacía, detrás

de un tenderete de ropa.

Me escondo al alcance de su mano.

¿A dónde va Rick después de la tormenta?

 

 

 

La tristeza se manifiesta ante todo por un decaimiento de la cara

 

La primera vez en un cuarto de baño

era la estrella de mar digiriendo a su presa.

 

Era era era él

la luz del amanecer

que no vino anoche

ni tampoco ayer

 

Una cara marcada por el asco es una cara que hace una mueca:

Las cejas están fruncidas, las mejillas y los orificios nasales se elevan,

la boca

cae.

Una debilidad abre la puerta a

y no sabemos qué es ni para qué sirve.

 

Ea ea ea

ea ea é

 

Es la gente que pasa junto a nosotros evitando el contacto

y que avanza a empellones por la calle.

Tengo una postal firmada con las siglas “R.B.”, en la que se dice

que no importa tanto la vida cuando tantos quieren que mueras.

 

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Dígame, Rick, ¿qué le ha traído a Casablanca?

 

Aquí hace su entrada el diablo:

camina arrastrando los pies el niño

que no quiso lavarse la cara.

 

A cada uno su estrella.

En 1991 se puede pasear, fumar, tomar consumiciones.

En 1991 700.000 personas visitan en Venecia la muestra sobre los celtas.

En 1991 Montero afirma que el terrorismo toca a su fin.

 

Nunca fue al colegio y menos aún a la universidad.

A los diecisiete años abandonó su puesto de aprendiz

y se marchó a Casablanca.

 

¡Cielos, mi marido!

Tu cara en la cara de mi marido.

En 2001 más de 5000 personas estrenan la temporada de esquí en el Pirineo de Lleida.

En 2001 Bush exige a Arafat una acción decisiva para acabar con el terrorismo palestino.

Me gustan las fotos en las que parece que no tengo nariz

ni órganos sexuales.

 

Qué pena tener que llamar a las cosas por su nombre

dos años antes de la muerte de Rick.

Algunos aman obedeciendo a sus convicciones homicidas

pero la mayoría lo hacemos por miedo.

¿Qué tanto podré contener?

El temblor de las plantas sin semilla,

Cada noche sufro la tumba que hay en mí.

 

¿Qué dirá tu piel si le pregunto cuándo vendrá la siega?

Releo atentamente “Sobre la extinción”:

cuando no quedaban piñas en los bosques de alerces…

 

Rick lo lee todo:

una necrológica publicada en un periódico local,

una historia insignificante de gente insignificante,

la fealdad del marido.

 

No comprendo lo que me dicen las pesadillas.

Es muy difícil hablar de despertar.

Durante horas me interrogo sin recurrir a la lengua:

¿tengo sangre todavía?

 

Rick en conclusión.

Rick afirmado explícitamente en la ciencia.

 

Sin estas jaculatorias las nubes nunca se habrían levantado.

¡Que sí, que no,

que caiga un chaparrón!

A una con el agua. De abrasar también se harta el infierno.

 

 

 

 

 

*(Barcelona-España, 1979). Se desempeñó como librera por más de 10 años y como colaboradora en la revista Thalamus Magazine. Ha publicado en poesía Todos vienen al funeral de Rick (2018).

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