Por Peter Gizzi*

Traducción por Martín Rodríguez-Gaona

Crédito de la foto (izq.) www.hyperallergic.com/

(der.) Wesleyan Poetry Series

 

 

5 poemas de Some values of Landscape and Weather

(‘Algunos valores del paisaje y el clima’, 2003),

de Peter Gizzi

 

 

Tontaina

 

Una forma de ver, entrecerrar los ojos

para que la luz sea facetada, embellecida quizá

–es todo tan lento aquí en la cripta,

un ojo con flecos mirando fijamente un mundo inmóvil.

La hora del día me obstaculiza,

rompe mi concentración en pedazos,  brilla.

Una sierra eléctrica en el patio del vecino.

Pero quería que esta pintura fuese una obra maestra

para poder así retirarme a una torre de encaje,

cuidar mi terrario y la tortuga que vive en él.

Esa es ciertamente una vida. ¿Dónde estás?

Conduciendo tu coche, maniobrando

los cambios mientras te diriges a la curva.

Pienso en ti más a menudo ahora que estoy muerto,

y espero que tu chevrón te lleve a las estrellas

que tan impacientemente invocas.

No te preocupes, están esperando, parpadeando

ahora y de nuevo. Encontrarás tu camino.

 

 

 

Viento

 

Quién no es raro cotejando piedras,

un examinador profesional de estampillas caducadas.

Un niño, pensabas confiar en las canciones

tatuadas a un brillante evento.

 

El deseo se elevó en el altivo árbol de aquellas tardes.

Deshuesado cromo o solitaria huella de neumático –eran lo mismo.

Sigue la cola de la cometa –sus guirnaldas

y cintas- ella renovará tu fe

 

en las pequeñas cosas. Una palabra concreta así pronunciada

lo hará. Las notas (lo son todo)

reconstituyen el crepúsculo mientras entras

en la canción, la calle, la casa, la ducha.

 

El poeta Peter Gizzi leyendo. Crédito: Youtube. Dia Art Foundation (2016)

El poeta Peter Gizzi leyendo.
Crédito: Youtube. Dia Art Foundation (2016)

 

En defensa de nada

 

Supongo que estas caravanas apiladas en el terreno al lado de la carretera

            serán apropiadas.

Supongo que también ese árbol torcido de eucalipto.

Supongo que esta carretera lo será y los coches y la gente dentro de ellos

            en su viaje.

El presente está siempre alcanzándonos, circundándonos.

Es difícil imaginar átomos, difícil imaginar

            el hidrógeno y el oxígeno combinándose, tendrá que ser así.

También este cielo con sus nubes manchadas

            y esa torre eléctrica a la izquierda, una línea rota libre.
 

 

 

Estaba lloviendo en Delft

 

Un pilar. Pilas de mármol. Reborde y ladrillo.

Vi tejados. El sol después de la tormenta.

Liz, hay niños con chaquetas rústicas. Adoquines

            y el sol ahora en una piscina al borde de la acera.

Te llamaré en una hora adonde estás durmiendo. He estado caminando

            siete horas en tu nombre hoy.

Muerta, ahora te estoy llamando.

No hay columnatas. Envoltorios amarillos en la plaza.

            Precisamente lo que sospechabas: un mercado con flores y matronas,

                        carteras.

La belleza anda en este mundo. Todo lo envejece.

Estoy lejos y soy un animal y soy sólo otro poema sobre el yo, un poema

            que ve, un poema de ellos aman.

El verde. Todas las distintas ventanas.

            Hay mucha piedra aquí. Y césped. Tan bella cada traslúcida

            hoja eléctrica.

            Y el ruido. Alegría plegándose al tráfico. Estas cosas.

            Cosas que han sido muchas veces dichas:

hoja, cremallera, gorrión, dintel , bufanda, persiana.

 

9780819566645

Empezando con una frase de Simone Weil

 

            No hay mejor tiempo que el presente cuando hemos perdido todo. No se refiere a

la lluvia cayendo

            en cierta declinación, a una velocidad variable

sin propósito o diseño.

            El todo presente se pierde en el tiempo, según las leyes

de la física las cosas varían

            cuando perdemos el presente de vista,

            cuando no hay más todo. No más presencia en todo lo que amamos.

 

En el modelo en expansión las cosas varían lentamente y cualquier

cosa mejor que el presente se pierde muy pronto.

            Un día se abona de acuerdo a la gravedad

            y el bicho bola marcha. Ido, la bisagra se resquebraja,

la puerta oscila una brisa,

            brisa fortuita sobre una gracia abierta al aire,

            la velocidad vinculada a disparar a un objetivo de arcilla. Cada nada en su

peculiar estación.

 

            El sol brilla mientras se despinta, desvanece el valor espectral de todo lo

observado. Y el caos no es un modelo mejor

            cuando vamos a la deriva.

            Cuando hemos perdido una presencia cuando no hay más

un todo. No más presencia en todo lo que amamos,

            perdiendo todo en el presente. Oí el zumbido de una mosca. Oí a la naturaleza

revelada,

            coches en las calles y la basura, rastros de un mundo,

cada mosca una ventana eterna,

            vida genuina, ecológica, pináculos de alquitrán.

            No hay mejor todo que la pérdida cuando tenemos tiempo. Ninguna ausencia en

el presente mejor que todo.

            En este modelo en expansión la lluvia cae

            según las leyes de la física, las cosas varían. Y cualquier

cosa mejor que el presente se pierde

            muy pronto. Cierta declinación, una velocidad variable.

            ¿No hay mejor presencia que la pérdida?

            Una gracia abierta al aire.

            Ningún tiempo mejor que el presente.

 

 

 

 

 

*(Michigan-EE. UU., 1958). Poeta y catedrático en la Universidad de Brown (EE. UU.), la Universidad de California  (EE. UU.) y la Universidad de Massachusetts  (EE. UU.). Obtuvo el Premio Lavan para poetas jóvenes de la Academia de Poetas Estadounidenses, así como becas de la Fundación Howard, la Fundación Rex, la Fundación para las Artes Contemporáneas y la Fundación Guggenheim. Ha publicado en poesía Archeophonics (2016), Threshold Songs (2011), The Outernationale (2007)  y Artificial Heart (1998). Ha editado The House That Jack Built: The Collected Lectures de Jack Spicer (1998) y ha coeditado My Vocabulary Did This to Me: The Collected Poetry of Jack Spicer (2008) con Kevin Killian.

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