Por: Ingrid Galanín*

Selección de poemas: Román Antopolsky

Crédito de la foto: www.panoramio.com

 

5 poemas de Sepulcro,

de Ingrid Galanín

 

 

Las nubes

se lanzaron a imitar

a los transeúntes

y tú preguntas cuántas

veces más pasarán

mientras cambiaba el color

y las nubes no se iban

la respuesta no se oía

hasta que tú te dijiste

en voz sumisa

primero es mejor

saber qué imitan en

los transeúntes

y después preguntar.

 

 

 

La noche es escasa

donde por un estrépito

entro y no me encuentro

sino con mil colores

sin poder verlos.

 

 

 

Era mi madre doblada en mi bolsillo

lo que tocaba con los dedos y

cuando a mí me tocan me

toca abrirme como si tuviera

mi mano cerrada la abro

para chocar contra un cuerpo

que no escucho ni ahora ni ayer ni

mañana sin saber cuándo es que

encontraré mi cuerpo sin que

me aprieten la mano.

 

 

 

Cerré el día con llave y abrí la mente

y oí una voz con que cerraba un recuerdo

como si naciese hace tiempo y nunca

más. La voz hablaba y ya no oía. Decía:

“la hija es tiempo, es el presente”

y mi mano en mi memoria crecía en tamaño.

 

 

 

Hay nubes cuando en el aire

nadie llora y ceibos cuando

nadie mira.

 

Hay una mujer alojada en la

muerte en un rincón sólo

que todos ven.

 

Hay una niña que no logra

acomodarse y muere

cuando llueve sobre las flores.

 

 

 

 

 

*(1961). Tras desempeñarse treinta años como consultora en ingeniera química, principalmente en Europa y los Estados Unidos de América, reside de modo permanente en la ciudad de Pittsburgh-EE.UU. Los poemas aquí mostrados forman parte del poemario Sepulcro. Ha publicado en francés la breve colección Amis similaires (Montpellier, 1983).

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