Por Matías Ayala*

Crédito de la foto Oleo Ed.

 

 

5 poemas de Falso recuerdo (2019),

de Matías Ayala

 

 

Valle central

 

Si la memoria fuera un abanico

en sus pliegues oscilarían imágenes

 

azarosas como roqueríos y olas

o esa masa de niebla

 

que flota río abajo en invierno

junto a cerros y sus matorrales

 

como presagio nocturno:

eso podría ser Santiago también

 

pilas de piedras en un riachuelo

a medio secar.

 

En cambio acá, la distancia deshace

la madeja de la ausencia

 

aunque tenga la certeza de un cuerpo

–un instante entre los dedos–

 

o los trazos de una evidencia

imposible de comprobar.

 

Casas caídas por el terremoto del 2010 en Talca (Chile).
Crédito : el autor

 

Billete de cincuenta pesos

 

Pudo haber sido el billete

celeste de cincuenta pesos

 

que nos regalaba el abuelo

bajo apariencia pedagógica.

 

Su compleja trama azul y verde.

Gratuidad de filigrana en sus ondas.

 

El severo rostro de Arturo Prat

mira su calvicie barbada

en un espejo ovalado al plegarse.

 

Y en su reverso, unos barcos

sobre el mar hinchan sus velas

hacia una gloria pasajera.

 

Yo los gastaba más rápido

que la inflación esa

que los hizo desaparecer.

 

 

 

Elegía (selección)

 

1

Intento, entonces, dar silueta

a las astillas de la memoria

y como un niño

que trata de armar lo que desarmó,

 

no sabré el mecanismo

sellado por el calendario y la ausencia,

cómo presionar sus ranuras,

cuál el engranaje, por dónde empezar.

 

Esta es la elegía ahora

que sobrepaso en edad

al que habría sido mi padre.

 

Brillan los recuerdos al desaparecer

como agua que retrocede

y erosiona los granos de arena

 

3

¿Existiera aún la mañana e

n que mi padre me pasó

la afeitadora eléctrica?

 

¿Un pie fuera de la sábana?

¿Ese 404 blanco o Peugout celeste?

¿Existiera el penúltimo techo

en donde ver Los ángeles

de Charlie en un televisor

 

o la carrera con una ambulancia

por la calle Manquehue, el verano

en que nos hartamos de nueces?

 

Existieran sí como imágenes residuales

que insisten en el ritmo de un teclado,

por ejemplo, una escoba al deslizase en el cemento.

 

4

Nunca pude asociar los eventos

con años o fechas precisas.

Por eso me habrá costado aprender

la tabla de multiplicar del 7

 

y la envidia

de los que retienen

el nombre de los jugadores

de un partido del 84.

 

Lo que nombramos como pretérito

permanece intacto

–se suele creer–

 

pero el presente lo moldea

con lentitud tan persistente

que lo hace imperceptible.

 

5

Supe de Rocky Balboa y Lex Luthor.

Vi Juegos de guerra y Terremoto

en el cine Santa Lucía. Sentí atracción repulsiva

hacia Monga, la mujer gorila.

 

La primera vez que crucé

la Alameda en el Centro

fascinado y nervioso por la multitud.

Entré al circo Chino, los Harlem Globetrotters.

 

Enumerar recuerdos

era leer una guía de teléfonos

sentado en el baño:

 

extensas listas, desconocidos

que han de vivir, comer, tener

parientes hasta dormirse las piernas.

 

7

Recuerdo una cocina repleta de rostros

cansados, restos de whisky, mujeres

que persistían el mecanismo

absurdo de un rosario.

 

Recuerdo la altura de una cama

de hospital en el medio de la pieza,

un cuerpo inconsciente, enterrado

en sí mismo.

 

Recuerdo que había toque de queda

encerrados por una noche en esa casa,

se fumaba bajo un nogal enflaquecido.

 

El niño que era se había quedado

dormido. Él aún no estaba muerto

pero yo ya era otro.

 

9

En las fotografías

mi padre es más joven que yo

 

aunque aún

se ve más viejo.

 

En algunos años

sin embargo

 

tendrá la apariencia

del hijo que nunca tuve.

 

Esta paradoja se deshace

con los aniversarios.

La frase anterior me lo termina

de confirmar

 

 

A dos años del terremoto

 

Pasó lo de compartir testimonio

como moneda de asombro y horror.

Vidrios, huesos y escombros

fueron arreglados o escondidos.

 

Quedan grietas en el estuco

y anchos muros de adobe

arruinados en la maleza:

tierra seca en suelo.

 

Y en la única pared restante

brilla un grafiti de colores saturados

cuyo diseño que marca el segundero

desafía el espacio al borde de la ley.

 

Casas caídas por el terremoto del 2010 en Talca (Chile).
Crédito : el autor

 

Grafiti sobre adobe derruido

 

Hay algo singular en esta mezcla

de tiempo y destrucción en Talca

como una parodia del pacto social

ya que todos ganan esta vez.

 

La única muralla en pie de esta casa

será rematada con una máquina

antes de levantar el próximo edificio,

¿para qué pintarla, entonces,

si es sólo escombro aún en pie?

 

De esta forma, la juventud ensaya

la nueva estética con el beneplácito

ciudadano: si el adobe no aguantó

el terremoto del 2010, qué lástima.

Hay que atrincherarse para el futuro.

 

 

 

 

 

*(Chile, 1973). Escritor, crítico e investigador. Filosofía y Ph.D. en Romance Studies por Cornell University (EE. UU.). Ha publicado en poesía “Escafandra” (1998) y “Año dos mil (2006); como editor “Una nota estridente de Enrique Lihn” (2005) y en ensayo “Lugar incómodo. Poesía y sociedad en Parra, Lihn y Martínez” (2010) y “La poesía de Óscar Hahn. Anacronía, fantasmas, visualidad” (2018).

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