Por: María Emilia Cornejo

Crédito de la foto: www.quenofunciona.blogspot.pe

 

 

5 poemas de En la mitad del camino recorrido (1989)

de María Emilia Cornejo

 

 

 

terriblemente tuya

acudo noche a noche a la inquietud de tu cama,

bric-a-brac, bric-a-brac, bric a brac,

los grillos nos espían,

un torrente de mariposas

cubre la desnudez de nuestros cuerpos

y celosamente conserva las ondulaciones de tu talle.

yo

guardo en mi memoria

tus labios explorando mi cuerpo.

 

 

 

entro lentamente por tus venas

hasta inundar

todos los rincones de tu cuerpo

rescato tu nombre milenario

en cada arteria

te pierdo y me encuentro

en la profundidad de tu mirada

sin compañía alguna

invado tus pulmones

y vivo

y me creo

con el aire que respiras

avanzo por debajo de tu piel

y organizo con exactitud

el metabolismo de tus penas

y tu cuerpo se convierte

en la zona sagrada de mi vida.

sin embargo,

hoy es mañana

y mañana será nunca

 

 

 

tímida y avergonzada

dejé que me quitaras lentamente mis vestidos,

desnuda

Sin saber qué hacer y muerta de frío

me acomodé entre tus piernas

¿es la primera vez?

preguntaste,

sólo pude llorar.

oí que me decías que todo iba a salir bien

que no me preocupara,

yo recordaba las largas discusiones de mis padres,

el desesperado llanto de mi madre

y su voz diciéndome

«nunca confíes en los hombres».

 

Comprendiste mi dolor

y con infinita ternura

cubriste mi cuerpo con tu cuerpo,

tienes que abrir las piernas, murmuraste,

y yo me sentí torpe y desolada.

 

 

 

te beso en los ojos, en la cóncava mudez de tu inocencia,

te beso y todo tu cuerpo se viste

con flores de un canto primaveral,

te beso y conviertes las cosas

 

en hechos silenciosos y llenos de asombro,

te beso al fin

te beso.

 

 

 

soy

la muchacha mala de la historia,

la que fornicó con tres hombres

y le sacó cuernos a su marido.

 

soy la mujer

que lo engaño cotidianamente

por un miserable plato de lentejas,

la que le quitó lentamente su ropaje de bondad

hasta convertirlo en una piedra

negra y estéril

soy la mujer que lo castró

con infinitos gestos de ternura

y gemidos falsos en la cama

 

soy

la muchacha mala de la historia.

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