Presentamos 3 poemas del libro “Manicomio” del poeta peruano Maurizio Medo traducidos al inglés por Benito del Pliego y Brian Gravely.

 

Crédito de la foto: ©Vanessa Martínez

 

Three poems from Manicomio, by Maurizio Medo

Translation from Spanish: Benito del Pliego and Brian Gravely

ETUMINA

 

Dance, holy men

 

Dance in a frenzy of blue purples

Dance with the heat that proserpines flowers dead in sidereal rooms

Dance there where god died

Dance against the depraved night in which the ruses punish

Dance maenad in the green shadowed hospital

Dance upon the sores

Upon the bilis

 

Upon the pain.

 

 

ETUMINA

Baila santo varón
Baila en un vértigo de púrpuras azules

Baila con el calor que proserpina las flores muertas en los cuartos siderales

Baila ahí donde murió dios

Baila contra la noche crápula en la que torturan los engaños

Baila ménade en el verde umbroso hospital

Baila sobre las llagas

Sobre la hiel

 

Sobre el dolor

 

 

 

SPARAGMOS SPARAGMOS

I sang oreibasic to the sound of tambourines of deaf booms.

 

But you didn’t dance, Etumina.

 

You entered me extreme surreal to irrigate yourself with aerosols’ speed.

We fell and whilst you numbed each Orphic impulse, your colorless sap sealed a Pollock upon the canvases of the most naïve supposition. I yelled Munch, Paris, 1883. I screamed at Harold Salomon, 1956.

And little by little, I was gradually cross-dressing in the placebo of a shapeless being.

 

Now I am the substance that infiltrates your veins sibyl until I dilute your adrenaline.

The mortal seppuku of all anxieties.

A pause in your martyred heart, humanity.

The narcotic haze whom you lean toward.

The shrew that covers your brains with its dregs.

The trapeze from which you fall.

I am the drug that deluges you with imbecility.

I am Etumina.

 

 

SPARAGMOS SPARAGMOS

 

Canté oreibástico al son de panderos de sordo retumbo.

 

Pero tú no bailaste, Etumina.

 

Entraste en mí hasta irrigarte harta surreal con la velocidad de un aerosol.

Caímos y en tanto adormecías toda órfica pulsión, tu savia incolora rubricaba un Pollock sobre los lienzos de la más ingenua suposición. Grité Munch, París, 1883. Aullé a Harold Salomon, 1956.

Y poco a poco fui travistiendo en el placebo de un informe ser.

 

Ahora soy la sustancia que se infiltra sibila en tus venales hasta diluir la adrenalina.

El seppuku mortal de todas las ansiedades.

Una pausa en tu mártir corazón, humanidad.

La bruma narcótica ante quien te inclinas.

La musaraña que te cubre los sesos con su hez.

El trapecio del que caes.

Soy la droga que te colma de imbecilidad.

Soy Etumina.

 

 

THE SEDATIVE EFFECT OF ETUMINA was gradually diminishing, and I knew already not to recognize myself, just as anguish bitterly savored hope. Emboldened by the inertia of valium, I began to look at the banned rosters.

Bukowski dreamt of Mickey Rourke, whilst Rourke dreamt of Chinaski. Ginsberg howl gay soul petty, with his legs on his nape, his anus to the wind. Jack the ripper jamming splash, residual starry coloratura.

For the wisteria-covered pergola, the thermometers, Viel Pantocrator, bursted, bombarded by fever. Closer, Shelley gave birth, in a vaginal hybris, to the most precise language metaphor.

Mapplethorpe said: No, Chanel, beauty is another.

Breton Dada in the catacombs. Gala signed Dalí. He invented her. She was the end.

At Gardel’s reverse the greedy fervor of the crone Perlongher…

Anyhow, there is poetry, that heap of dead things that refuse to die.

 

 

EL EFECTO SEDATIVO de Etumina fue menguando y supe ya no reconocerme, conforme la angustia saboreaba amargamente la esperanza. Envalentonado por la inercia del valium, púseme a mirar las nóminas proscritas.

Bukowski soñaba con Mickey Rourke, mientras Rourke soñaba con Chinaski. Ginsberg howl gay soul baladí, con las piernas en la nuca, el ano al aire. Jack the ripper jammin splash, constelada coloratura residual.

Por la pérgola cubierta de glicinas los termómetros, Viel Pantocrátor, estallaron ametrallados por la fiebre. Más acá, la Shelley paría en hybris vaginal la metáfora más precisa del lenguaje.

Mapplerthorpe dijo: No, Chanel, la belleza es otra.

Breton dadá en las catacumbas. Gala firmó Dalí. Él la inventó. Ella fue el fin.

En el resve de Gardel el goloso fervor de la vieja Perlongher…

En fin, ahí la poesía, ese montón de cosas muertas que se niegan a morir.

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