Por Ashle Ozuljevic Subaique*

Crédito de la foto (izq.) Ed. Liliputienses /

(der.) Laura Bennett

 

Botánica fue concebido durante el verano en un jardín asolado por la sequía de La Serena, comenzó a escribirse en invierno de ese año en Porvenir, capital chilena de Tierra del Fuego, y fue desarrollado en una ciudad a las afueras de Barcelona, lugar donde la existencia de un balcón en el que quepan algunos maceteros es motivo de agradecimiento.

Allí donde no hay sequía ni gelidez patagona, pero tampoco hay tierra.

 

 

3 poemas de Botánica (2020),

de Ashle Ozuljevic Subaique

 

 

El agua que no se mueve

se congela

en Tierra del Fuego

se llena de sales

quienes pueden escucharla

terminan por comprenderlo

y se van

 

la lenga

tiene todas las ramas mortificadas

también le obedecen

algunas

y no saben cómo salir del calambre

que no hallan dónde empieza

 

pudo

papá

caminar por la estepa patagónica

reconociendo hierbitas empecinadas

que su madre no usaba para sanar los dolores

pudo su sangre

crecer en la hostilidad

 

caminar por la llanura

recordar el lugar exacto del cerco de madera que el tiempo ha despintado

recordar

no a su madre ni a sus pomadas contra la quemazón

única imagen que la vuelve humana

 

no el verano ni los primaverales amores

recordar

fue recordar al guanaco

que lo lanzó un par de metros

recordar

que lo pateó a una edad

en que los números eran difusos

y él ya era huérfano.

 

El ser que no se mueve

se desfigura

en Tierra del Fuego

acostumbrándose a los tormentos

pregúntale al ñire

pregúntale al michay

 

el agua que no se mueve

se congela

 

jugamos en el cementerio con

un bloque de hielo que alberga

musguito de la tumba de mi abuela

sphagnum magellanicum

un nombre borrado sin siquiera

plásticas rosas la flora

común de esta ciudad blanca en miniatura

 

el frío constriñe las moléculas

una densidad en la que nunca

 

existe siempre

el congelamiento

dificulta

la podredumbre

inhibiendo la descomposición

fortalece la muerte.

 

«L’albero della casa di mia nonna». Fotografía analógica. Crédito de la foto: Irene Meneguzzo

 

 

En la mucha sabiduría hay mucho sufrimiento;

y quien añade ciencia, añade dolor.

Eclesiastés 1:18

 

 

La pared celular es una capa protectora rígida

que permite

a veces

el paso de algunas sustancias

 

que no saliva ni semen ni lágrimas de esta mañana o la

pasada noche temblando

que no que no sangre, ante todo

 

es frágil y sin embargo

más fuerte que su interior:

he ahí la necesidad

el nacimiento de esta cubierta externa

 

se yuxtapone a la membrana plasmática

de la vida vegetal

bacteriana

fúngica

 

no existe en los animales

que tienen de sobra con colmillos

y cadenas de palabras que sueltan entre los labios.

 

Necesito

la pared celular:

digo soporte

digo protección

un guante:

celulosa polimérica de carbohidrato

 

pectinas, necesitamos, mi amor

que ayuden aunque sea a la adhesión celular de nuestras paredes adyacentes

 

hemicelulosa y polisacáridos

cosa alguna que nos dé fuerzas

y flexibilidad

 

¿será que la estructura provoca la ruptura?

demasiada turgescencia en la vulnerabilidad

o es que nunca desarrollamos plasmodesmatas suficientes

y nos fuimos muriendo en esta incomunicación vegetal.

 

Citoesqueleto cloroplastos complejo de Golgi lisosomas mitocondrias

y enormes

enormes

enormes vacuolas

 

de ser necesario

llenar la cama

con

peptidoglicanos.

 

Schinus molle. Témpera y lápiz color.
Crédito: Fernando Tapia Marzal

 

Lathyrus odoratus

 

En las paredes de esta casa

cuelgan venenos tan hermosos

coloridos y perfumados

como las peores ponzoñas

el amor

y todos sus jugos

 

neurolatirismo o seducción

odoratismo o calentura

agonías lentas de neurotoxinas

por la boca muere el pez

 

del lathyrus, latirismo

del amor, enamoramiento

de la vaina

un incrustarse:

la entrada perfecta

es con fricción

 

no saben mis clarines

que

no se toca nada de lo que se toca

los colores son impresiones producidas por la luz

toda percepción es una mentira

penetrar

no es una penetración.

 

Dice Mati que Nancy dice

que entrar es tocar por dentro:

 

y es tan profundo el toque de la semilla

del lathyrus en tu garganta

que lo sigues sintiendo

mientras agonizas.

 

Lathyrus odoratus. Lápiz sobre papel.
Crédito: Magdalena Díaz Ozuljevic

 

 

 

 

 

*(Chile). Poeta, ensayista y narradora. Estudió Literatura en Santiago de Chile y Yoga en Buenos Aires (Argentina). En la actualidad, trasplanta hiedras. Ha publicado en narrativa Vidas robadas (2011) y la novela experimental Anteojos de sal (2013); en ensayo El silencio final: Representación y gesto en Diario de muerte, (2015); y en poesía Tres (2016) y Botánica (2020). Este año se publicarán Cartografía (narrativa) y una reedición ampliada de Tres con ilustraciones de la autora.

 

 

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